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La guerra mediática en América Latina
Para comprender la naturaleza y tendencias de muchos de los conflictos y disputas -culturales e ideológicas- que se desarrollan hoy en América Latina
Andrés Mora Ramírez | Tomado de CubaPeriodistas | 20-8-2009 a las 20:36 | 510 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/guerra-mediatica-america-latina


No perder de vista esta nueva dimensión de la lucha política, a saber, "la guerra mediática" o el "terrorismo mediático", es una condición necesaria para comprender la naturaleza y tendencias de muchos de los conflictos y disputas -culturales e ideológicas- que se desarrollan hoy en América Latina


Recientemente, el Grupo Nación S.A. de Costa Rica, a través de su diario insignia La Nación, lanzó una furiosa diatriba -una vez más- contra la Revolución Bolivariana y el gobierno del presidente Hugo Chávez, por lo que consideran un tratamiento lesivo que se da a los medios de comunicación ''independientes'' en Venezuela. Pero esta vez incluyó una variante. En su editorial del 11 de agosto, entre los ya oficiosos y recurrentes argumentos de las derechas latinoamericanas, La Nación dio cátedra de ciencia política cuando sentenció que ''la democracia es mucho más que el voto y solo brilla a plenitud cuando se preocupa por la protección de las minorías''. 

Por supuesto, se trata de una definición de la democracia manejada a conveniencia, pues los editorialistas de ese diario no la aplican por igual para juzgar y ''formar opinión pública'', por ejemplo, sobre al golpe de Estado contra el presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya: desde el día 28 de junio, cuando se rompió el orden constitucional, ese grupo de empresarios del periodismo no ha dedicado uno solo de sus editoriales a condenar y atacar -con la misma virulencia con la que se refiere a los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua o Cuba- la brutal represión contra el pueblo hondureño, los asesinatos y las numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por los golpistas que lidera Roberto Micheletti, y que han sido documentadas por organizaciones no gubernamentales, la comisión especial de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Relatoría de Libertad de Expresión de la o­nU. 

Este peculiar concepto de la democracia, usado a conveniencia, también se aplica a lo que ocurre, por mencionar otro ejemplo, en el para-estado colombiano. La Nación guarda silencio absoluto sobre el secuestro del doctor Miguel Ángel Beltrán en México y su traslado ilegal a Bogotá, y ni siquiera chista por la persecución de estudiantes, intelectuales, dirigentes sindicales y activistas de la sociedad civil en Colombia: minorías indefensas frente al poder político, judicial y mediático concentrado en la figura de Álvaro Uribe, y los factores nacionales y extranjeros que lo sostienen en el Palacio de Nariño. 

El problema no solo es que un medio -La Nación o cualquier otro- omita, deliberadamente, informar a sus lectores sobre estos hechos, sino que lo haga con evidentes objetivos políticos, mientras se viste con el disfraz de la defensa de la libertad de expresión y la democracia. Aquí, el silencio del medio deja de ser simple expresión de su ideología e intereses específicos (realidad con la que debemos lidiar en democracia), para adoptar la forma de una abierta manipulación de la opinión pública por la vía de la desinformación. 

Esta situación a la que nos referimos, se presenta en Costa Rica y en toda la región latinoamericana. En un reportaje publicado a finales del 2002 por Le Monde Diplomatique, el periodista Luis Bilbao analizó el papel de los más poderosos diarios, televisoras y radioemisoras venezolanas en el golpe de Estado cometido contra el presidente Chávez, en abril de ese año, y concluyó que ''los medios de comunicación en Venezuela dejaron de reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a diseñarlos según su voluntad, imponerlos como realidad virtual y luego conducirlos. La osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas en la sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha política, más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez''. 

No perder de vista esta nueva dimensión de la lucha política, a saber, la guerra mediática o el terrorismo mediático, es una condición necesaria para comprender la naturaleza y tendencias de muchos de los conflictos y disputas -culturales e ideológicas- que se desarrollan hoy en América Latina. 

En el contexto de la globalización neoliberal, los medios de comunicación hegemónicos constituyen uno de los principales ''aparatos'' de producción de consenso y de reproducción del ''sentido común'' dominante y de la cultura de masas. Ahora, además, ante el fracaso y la deriva de muchos de los anquilosados partidos políticos latinoamericanos (devenidos en maquinarias electorales y ''feudales''), se han convertido en bastiones de la oposición a los procesos de cambio social, político y cultural. 

Conglomerados como Televisa, de México; O' Globo, de Brasil; Clarín, de Argentina; el Grupo Cisneros, de Venezuela; la Casa Editorial El Tiempo, de Colombia; y hasta el español Grupo Prisa, son algunos de los principales portaestandartes de la contraofensiva de la derecha. Sus ''contenidos informativos independientes'' inundan los noticiarios, revistas, diarios, programas televisivos y radiofónicos de sus empresas de comunicación aliadas (satélites) en nuestros países. 

Se trata de un fenómeno que profundiza rasgos históricos del desarrollo de la comunicación social, y particularmente del espacio audiovisual, en América Latina, que desde mediados del siglo XX se fue configurando como una estructura oligopólica, asociada al capital extranjero e íntimamente ligada al sistema político (incluso bajo las dictaduras militares), pero que no era representativa de la población, ni expresaba las aspiraciones más profundas y la diversidad cultural de nuestros pueblos. 

Como bien lo dijo una vez Jesús Martín Barbero, destacado teórico de la comunicación, estos grupos económicos pretendían -y pretenden- ''hacer soñar a los pobres el mismo sueño de los ricos''. 

Oligarquías decimonónicas, racistas y antidemocráticas; banqueros, financistas, cámaras patronales y empresas transnacionales que aguardan la oportunidad de dar el zarpazo a los recursos naturales de la región; y junto a ellos, una infaltable constelación de figuras de eso que Atilio Borón llama la intelectualidad bienpensante, se acuerpan tras los grandes medios de comunicación y sus modernos sistemas tecnológicos de difusión electrónica, televisiva, radial e impresa. 

Una pantagruélica maquinaria que se alimenta de inmensas cantidades de dinero provenientes del jugoso pastel de la publicidad (los negocios que sirven para hacer más negocios) y, especialmente, del miedo: miedo de los opresores que ven levantarse a los oprimidos de ayer, reclamando el derecho de construir su destino; y miedo de los dueños de todo, frente a los olvidados y excluidos de siempre, dueños de nada, que con sus luchas van haciendo cada vez más fuerte aquella gran humanidad que ha dicho: ¡basta!, y que ahora marcha por nuestra América. 



(Fuente http://informa-tico.com/Telesur)

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Comentarios (1)

#2.- Calacawey, la derecha siempre ha sido dueña de la informacion, y nadie se oponía a sus mentiras

21-08-2009 16:17

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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