Desde 1917, Trotsky fue algo más que un personaje…Para las clases dominantes era la encarnación del Diablo. Tanto fue así que un tal José Antonio Primo de Rivera en una carta dirigida al general Franco para que éste asumiera el liderazgo de una contrarrevolución preventiva, le asegura que detrás del Octubre asturiano podía olerse su presencia…
          No todo el mundo interpretó el tercer exilio de Trotsky con renglones derechos. Stalin se arrepintió severamente de haberlo permitido, sin embargo, Churchill creyó ver una mera división del trabajo, uno se quedaba y el otro agitaba. Casi nadie sabía muy bien quien era ese Stalin, y pocos sabían qué estaba sucediendo en la URSS en un momento en que el mundo entraba en una espiral de crisis con el “crack” bursátil de 1929. Aunque la gran crisis revolucionaria de 1917-1923 parecía lejana, Gran Bretaña había conocido la mayor huelga general de su historia, y China la revolución se había puesto al orden del día. En Alemania, donde existía el mayor movimiento obrero, amén de los mayores partidos socialistas y comunistas de Occidente, la situación era cada vez más agitada…
          Al llegar a Prinkipo, nada en el horizonte político inmediato permitía a Trotsky hacer cábalas sobre un retorno triunfal por encima del cadáver político de su enemigo (y así se lo hizo saber a sus más impacientes partidarios), ya que era evidente la consolidación de la burocracia durante un tiempo imprevisible y, mientras en la URSS una parte de la “vieja guardia” oposicionista (Radek, Preobrazhenski, Smilga) había claudicado, en el socialismo internacional un núcleo relativamente reducido de comunistas de la primera hora, había alcanzado a comprender un fenómeno tan insólito como era el  estalinismo (un singular maridaje entre las normas bolcheviques con las tradiciones burocráticas herederazas del zarismo), que iba a cubrir una etapa muy larga del comunismo mundial.   La mayoría seguía en la “película” anterior, o sea en la  defensa incondicional de la URSS que había pasado de ser la antesala de una revolución internacional, a convertirse en la “patria del socialismo”.
            Pero, no todo estaba dicho, de ahí que un testigo especialmente lúcido como el periodista norteamericano John Gunther (muy popular hasta los años sesenta)   pudo titular una de sus más famosas crónicas de 1933 como Trotsky en Elba (1). Como el propio título indica,   Trotsky podría volver como un general, y todos aquellos pequeños cenáculos de intelectuales y jóvenes militantes que ahora conspiraban podrían cobrar alas en medio de las tormentas que se avecinaban; al menos así lo veía Gunther, quien amplió su retrato sobre Trotsky con una vivida descripción de algunas de las reuniones iniciales del grupo trotskista madrileño, según todas las indicaciones, en casa de Juan Andrade y Mª Teresa García Banús.
              Aunque Stalin lo había subestimado como un “caballo muerto”, como un Anteo que no era nada desconectado de una crisis revolucionaria,  Trotsky desplegó en esta última aventura una capacidad de trabajo que asombraba a sus amigos más jóvenes. Se entrevistó y mantuvo correspondencia con “todo el mundo”, y también comenzó a tratar problemas políticos y organizativos de diversos países, especialmente de Alemania y Francia, después de la URSS, claro, en tanto que sus libros comenzaron a traducirse en los más variados idiomas. A pesar de que en los libros de historia estalinistas se le había quitado cualquier protagonismo revolucionario, por algo seguía siendo el mito por excelencia de Octubre. No obstante, precisamente esto mismo, ningún país del mundo le quería brindar asilo. Era tan temido dentro como fuera de la URSS. “Por la misma razón —escribió en su Diario del exilio— que me tocó en suerte participar en grandes acontecimientos, mi pasado me impide toda posibilidad de acción. Me veo reducido a interpretar los acontecimientos y tratar de prever su futuro.” Pero ni esto se le iba a permitir por mucho tiempo. Su paso por Francia y Noruega estuvo lleno de tensiones provenientes tanto de la extrema derecha como de los partidos comunistas. En Noruega, un gobierno del partido socialista de izquierdas que había simpatizado con Octubre e incluso con la oposición de izquierdas, le expulsó tras claudicar a las presiones de la embajada soviética, al frente de la cual se encontraba Alexandra Kollontaï.
              Temeroso de ser llevado demasiado lejos de los escenarios de la historia, a cualquier colonia apartada del centro de la lucha de clases, Trotsky vivió en pleno desconcierto hasta que encontró al fin la mano tendida del último representante gubernamental de la revolución mexicana, Lázaro Cárdenas, quien tan significativamente había mostrado su solidaridad con la República y la diáspora republicana. Cárdenas puso su tren personal para el viaje de Trotsky hasta la casa de los Rivera, y permitió a Trotsky de una vez por todas descansar y trabajar sin estar pendiente de la residencia, al menos hasta su muerte. Pierre Broué titulará su llegada a México como “una resurrección”. Entonces su posición ante el movimiento obrero era más difícil y lo sería mucho más desde el momento en que un todopoderoso Stalin dictaminó que el trotskismo había dejado de ser una variante del menchevismo para convertirse en la más peligrosa “quinta columna”. Por lo menos convenció a alguien, al embajador de Roosevelt, Joseph H. Davies que interpretó los “procesos de Moscú” como una limpieza de la “quinta columna”. Habría que matizar que para Davies, ese término podría entenderse con mayor precisión, para él podía serlo los revolucionarios de cualquier país.
            Por su parte, la socialdemocracia internacional, se dividió. El sector más moderado   lo vio justamente como un duro y viejo adversario, e insistió en su premisa sobre la Revolución rusa: la dictadura de Stalin no era más que la continuidad de la que ya existió con Lenin y Trotsky (no obstante esta reserva, después del ascenso de Hitler al poder, una amplia tendencia de izquierda socialista, sobre todo en las juventudes, se aproximó a las posiciones de Trotsky; otra tendencia lo hizo a favor del “realismo” de Stalin)…El sector más joven y radical lo asumió como uno de sus referentes. Tal como he explicado en otro artículo, las juventudes socialistas radicalizadas fueron los principales aliados del movimiento trotskista en este periodo.
          La derecha, y muy especialmente los fascistas, encontraba en él profundos motivos de repulsión: bolchevique, internacionalista, ateo, judío y, lo que era peor, un demonio capaz de organizar una insurrección con sus tácticas (así lo describió Curzio Malaparte en su Técnicas de golpe de Estado (1931), un auténtico impacto entre la clase política conservadora)…En su libro, asegura que el moderno golpe de Estado se preocupa por mantener una apariencia de legalidad. El primero de estos golpes lo realizó Bonaparte en la Francia de finales del siglo XVIII. "El arte de conquistar el poder le parecía un arte esencialmente militar: la estrategia y la táctica de la guerra aplicada a la lucha política", escribe Malaparte: "Desde el año de 1797 empieza a tomar cuerpo en su espíritu la idea de que el instrumento del golpe de Estado debe ser el ejército, pero que este instrumento debe parecer que obedece a las leyes, que su acción debe conservar todas las apariencias de la legalidad. Esta preocupación por la legalidad revela en Bonaparte la formación de un concepto del golpe de Estado distinto de los ejemplos clásicos".
                Lo que Malaparte pretendía demostrar comenzaba con la deconstrucción del proceso que condujo a la Revolución de octubre en 1917. El estratega de la revolución fue Lenin, pero el táctico del golpe de Estado que llevó al poder al partido bolchevique fue Trotsky. Por lo que Malaparte concluye que no es de la estrategia de Lenin de la cual deben temer los Estados modernos, sino de la táctica de Trotski. La estrategia leninista no se le puede comprender, ni es aplicable fuera del contexto de la Rusia zarista, en cambio la ausencia de circunstancias favorables no impiden el empleo de la táctica trotskista, porque lo que cuenta es la táctica insurreccional, la técnica del golpe de Estado. Para Lenin se debía contar con el avance revolucionario de todo el pueblo, en cambio Trotski consideraba que todo el pueblo era demasiado para la insurrección: lo que se necesita es “una pequeña tropa, fría y violenta, entrenada para la táctica insurreccional.” 
              Todo ello contribuyó a la psicosis según la cual nuestro hombre pasó a personificar la revolución se acrecentó desde el momento en que dejó Prinkipo, cuando el mundo se convirtió en “un planeta sin visado”, aunque la prensa reaccionaria lo veía detrás de cada conflicto social. Una detrás de otra, las fronteras europeas se cerraron a su paso. Conservadores, liberales, socialdemócratas y estalinistas coincidían en ello, de modo que los tratos con Inglaterra, Alemania, España, Países Bajos, los países nórdicos, Suiza, Francia, Estados Unidos, etc. le mostraron que el mundo se había convertido para él en ”un planeta sin visado”, frase que, por cierto, dará nombre a un célebre manifiesto surrealista. Las presiones del Estado ruso fueron más fuertes que cualquier otro motivo, y países como Estados Unidos o Gran Bretaña, que bien podían desafiar la diplomacia rusa, mostraron por igual temor y aversión por el exiliado.
            (La popularidad del libro llegó hasta los años sesenta, y recuerdo muy bien como el camarada “liberado” del PSUC que mantenía conversaciones con un servidor allá por el verano 1966, para demostrar que estaba advertido de mis inquietudes respecto a Trotsky me aseguró que lo conocía muy bien porque “había leído a Malaparte”).
            Este método de emplear a Trotsky como el “fantasma” de la revolución siguió siendo utilizado por doquier, como en México, e incluso en Estados Unidos, donde hubo toda una movilización policíaca para que no pudiera entrar en el país para declarar ante el tribunal presidido por el célebre filósofo liberal de izquierdas norteamericano John Dewey. Todavía en vísperas de su muerte, en el momento en que Hitler se disponía a invadir el territorio soviético —con el Ejército Rojo desencajado por las últimas “purgas”, y con un Stalin confiado en la presunta “seguridad” del pacto firmado entre Molotov y Ribentropp—, aparece la sombra de Trotsky como una opción revolucionaria a considerar. Se la plantea al propio Hitler el embajador de Vichy en Berlín, Couloudre, cuando le confiesa su temor a que la invasión pueda despertar la opción de Trotsky, a lo que Hitler responde que no lo cree posible, pero no la desdeña. “Si la sangre francesa y la sangre alemana tuvieran que correr, no habría más remedio que pagar este impuesto de sangre, por muy pesado que fuera; los estragos de una guerra ciertamente larga arrastrarían un cortejo de atroces miserias. Si efectivamente pensaba, que resultaríamos victoriosos, tenía también el temor de que a la salida de una guerra no habría más que un vencedor real, el señor Trotsky. Interrumpiéndome, el canciller (Hitler) exclamó: “¿Por qué, entonces, se ha dado a Polonia un cheque en blanco?”” (Couloudre, embajador de Francia, a Hitler, 25 de agosto de 1939).
              Durante estas fase de “pasividad” militante, Trotsky escribió algunas de sus obras más brillantes, como Mi vida o la Historia de la revolución rusa, ambas en buena medida obligadas por la escuela de falsificación estalinista, pero que tuvieron la virtud de los trabajos reposados e hicieron que muchos comentaristas lamentaran con el paso del tiempo que Trotsky no se hubiera dedicado exclusivamente a escribir, algo que él nunca pretendió.   Ésta será también la época de la inflexión ultraizquierdista del estalinismo impuesta por el VI Congreso de 1928, en unas condiciones profundamente marcadas por un giro paralelo de 180º que significa la puesta en marcha de la liquidación de los kulaks y el inicio de las colectivizaciones forzadas en la URSS. En dicho congreso se adopta una orientación llamada de “clase contra clase”, que convertía a la socialdemocracia en el enemigo principal. Trotsky aprovecha el tiempo para profundizar en el balance de diez años de experiencia en una reflexión que verterá en una crítica sistemática a la línea de zigzags de la Internacional rusificada.
        Condena el abandono de la consigna de los Estados Unidos de Europa, rechaza la confusión entre su teoría de la revolución permanente y la hipótesis de la ofensiva en permanencia forjada por el Nikolai Bujarin más izquierdista (uno de los argumentos más manidos para descalificar esta teoría dentro del estalinismo), y caracteriza el fascismo como un «estado de guerra civil» llevado por la sociedad capitalista contra el proletariado. Esta línea abocará a muchos partidos a una crisis terrible (el español tardará en recuperarse, y lo hará gracias a los factores coyunturales de la Guerra Civil), pero será en Alemania donde tendría lugar el mayor desastre que la historia de la humanidad haya conocido…
          Solamente por su labor de denuncia del binomio sectarismo estalinismo-oportunismo socialdemócrata, por todos sus escritos a favor del frente obrero antifascista, sus análisis del carácter y significado del nazismo, la labor de Trotsky en su tercer exilio merece la más alta consideración. Es un trabajo realizado casi en solitario ya que todos los grandes de los años veinte, o han muerto (Lenin, Rosa Luxemburgo), o están neutralizados (Gramsci), o se adaptado al estalinismo, (Lukacs), o han perdido el sentido de la orientación por su sectarismo (Bordiga)…
 
---1) Incluido en Líderes del siglo XX, Bruguera, Barcelona, 1968, tr. de Mireia Bofill); también está reproducida en la www.fundanin.org.
#1
04-03-2008 15:44
o han perdido el sentido de la orientación por su sectarismo  (Trotsky)
Menudo panfleto trosko...
Valoración: -5
#2
04-03-2008 17:38
Cómo se pueden decir tantas mentiras en tan poco texto?
Valoración: -7
#3
04-03-2008 17:55
Los trosquistas siempre hablando del pasado (retocándondolo a su gusto claro), alguna vez me gustaría oirles hablar de algo que sea de actualidad. Para ellos lo único actual es el debate con Stalin de los años 30 y personalmente eso ya me aburre.
Valoración: 1
#5
04-03-2008 21:15
Me uno a lo que dice Parrilla...tal evz entrando en alguna web de alguna organizacion trotskista tengas bastante material de actualidad
Valoración: 3