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El gran negador: 19. El profeta armado, de Isaac Deutscher

Lom ediciones de Santiago de Chile acaba de reeditar Trotsky. El profeta armado (1879-1921), el primer volumen de la trilogía que Isaac Deutscher dedicó a Trotsky, y sobre la que se llegó a decir que era la mejor biografía jamás escrita.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 24-1-2008 | 663 lecturas | 4 comentarios
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Isaac Deutscher

Lom ediciones de Santiago de Chile acaba de reeditar Trotsky. El profeta armado (1879-1921), el primer volumen de la trilogía que Isaac Deutscher dedicó a Trotsky, y sobre la que se llegó a decir que era la mejor biografía jamás escrita. Una exageración que a algunos que la gastamos de tanto leerla, no nos lo parecía. Es una edición que está siendo distribuida en nuestras librerías, y de la que añadimos el prólogo.


Este libro célebre formaba parte de un vasto proyecto de su autor del que cumplió la primera parte, Stalin. Una biografía política (cuyo poscriptum se puede encontrar en la Web de Viento Sur), la trilogía, y La juventud de Lenin, una primera parte dedicada a El águila de la revolución…Su retrato de Stalin fue maldecido casi por igual por el estalinismo que entonces no se cuestionaba nada, así como por derechistas y socialdemócratas que lo consideraron una “apología encubierta”. En su más completa biografía de Trotsky (Fayard, Paris, 1989), el propio Pierre Broué se hace –incomprensiblemente- eco de esta apreciación citando al historiador austriaco George Lichteim…Resulta casi ineludible confrontar estas dos biografías, indiscutiblemente las más extensas y elaboradas del fundador del Ejército Rojo. Se podía sintetizar diciendo que en cuanto a los daos, la de Broué no permite comparación. No solamente porque ha contado con muchísimos más fuentes, también porque el historiador francés era mucho más riguroso en este punto. Pero Broué no alcanza la brillantez literaria de Deutscher, y en opinión, también está mucho más atado a Trotsky a pesar de que su perspectiva es obviamente mucho más amplia.

Y es que, aparte de historiador, Isaac Deutscher (Chrzanow, Polonia, 1907 - Roma, 1967), un militante con un potente historial amén de un escritor, alguien que en otra circunstancias seguramente habría destacado en las letras. Su primer impulso fue ser poeta, alo que las circunstancias de su tiempo no le permitieron. Criado en el seno de una familia burguesa de origen judío muy parecida a la de Rosa Luxemburgo, a la que tanto admiraba, Isaac fue educado en la estricta observación de los dogmas hebreos hasta que, a los diecinueve años de edad, después de una rápida opción por las ideas socialistas, se afilió a los veinte años en Varsovia al Partido Comunista polaco, al que habría de permanecer ligado hasta 1932, cuando fue expulsado de sus filas por su severo enjuiciamiento de los métodos estalinistas. El motivo oficial de su expulsión fue que “sobrestimaba” el peligro fascista.

En el curso de esos seis años de militancia, Isaac Deutscher se significó por sus constantes aportaciones teóricas, publicadas en diferentes medios de comunicación afines a su ideología marxista; pero, a raíz de su expulsión, su autorizada voz se fue convirtiendo progresivamente en un severo órgano de revisión y condena de socialdemócratas y estalinistas que, en su opinión, se habían apropiado del auténtico discurso de Marx. Desde entonces hizo su camino con Trotsky y la Oposición de Izquierdas, cuya influencia en el partido oficial llevó a stalin a ordenar su práctica liquidación por el pecado de “luxemburguismo”. Entre 1934 y 1939 figuró en las filas de la izquierda del Parido Socialista polaco siguiendo el planteamiento de sectores del trotskismo internacional orientado a la radicalización de importantes franjas de la socialdemocracia internacional de la que en España fue expresión el “caballerismo” y las juventudes socialistas entre 1933 y 1935. En 1938, Deutscher, junto con el veterano Hearch Mendel, comunista judío cuya actividad militante se remontaba a 1905 en las filas del partido de Lenin, se mostró muy crítico con la opción de la mayoría de la antigua Oposición que crearía la IV Internacional. Éste debate lo introducirá Deutscher en el tercer volumen de su trilogía, y explica en parte su distanciamiento con el movimiento trotskista. Sobre sus ideas ya publiqué tiempo atrás en Kaos un trabajo titulado Las concepciones internacionalistas de Isaac Deutscher, que fue reproducido en varias páginas electrónicas.

Al principio de la II Guerra Mundial, Deutscher abandonó definitivamente la Europa del Este y se instaló en Londres (1939), en donde pronto tuvo a su disposición algunas de las tribunas periodísticas del mundo occidental, como los rotativos The Economist (con el que colaboró entre 1942 y 1949) y The Observer (donde publicó sus artículos desde 1942 a 1947). Merced a la amplia difusión de estos diarios, Isaac Deutscher demostró ser uno de los mejores conocedores del marxismo en Rusia. En los años sesenta se convirtió en uno de los líderes indiscutibles del movimiento "Teach-in", surgido como una enérgica respuesta pacifista a la Guerra de Vietnam…En esta época, la mayor parte de su obra ya estaba traducida al castellano, y lo sería al completo en los años siguientes, reforzando los criterios marxista y antiestalinistas de lo que se llamó “la nueva izquierda”. Su influencia en personalidades marxistas como Perry Anderson y Tariq Ali es bastante conocida.

Esta reedición era algo que clamaba al cielo. A finales de los años setenta faltó el canto de un duro para que lo fuese en la Editorial Bruguera, pero la empresa quebró en medio de una crisis generalizada del libro de izquierdas, en la una fase en la que los libros de ERA se podían comprar a precios de saldos. En los últimos años, éste ha sido un proyecto largamente acariciado, pero los jóvenes que lo buscaban solamente lo pudieron encontrar en las librerías de segunda mano o por prestación. Esperemos que la reedición funcione, y que las siguientes entregas aparezcan sin mucha dilación.



Prefacio de Trotsky. El profeta armado (1879-1921).


Cuando por primera vez concebí la idea de escribir una trilogía biográ­fica sobre los dirigentes de la Revolución Rusa, pensé incluir un estudio
de Trotsky en el exilio, no una biografía completa. Los últimos años de
Trotsky y el trágico fin de su vida estimulaban mi imaginación más pro­
fundamente que la primera parte, más mundana, de su historia. Al reflexionar sobre el asunto, sin embargo, empecé a dudar de que Trotsky en el exilio pudiera ser comprensible si no se narraba la primera parte de la historia. Después examinando los materiales históricos y las fuentes biográficas llegué a darme cuenta, más claramente que antes, de cuan profundamente enraizado estaba el drama de los últimos años de Trotsky en las fases anteriores, e incluso más tempranas, de su carrera. Decidí por lo tanto, dedicarle a Trotsky dos volúmenes separados rela­cionados entre sí: El profeta armado y El profeta desarmado, el primero de los cuales presentaría lo que podría describirse como el "ascenso" de Trotsky, y el segundo su "caída". Me he abstenido de usar estos términos convencionales porque no creo que el ascenso de un hombre al poder sea necesariamente la culminación de su ida, ni que la pérdida de su posición equivalga a su caída.

Los títulos de estos volúmenes me han sido sugeridos por el pasaje de Maquiavelo que aparece en la página 13. El presente estudio ilustra la verdad de lo que allí se dice, pero también ofrece un comentario un tanto irónico sobre dicho pasaje. La observación de Maquiavelo en el sentido de que “todos los profetas armados han vencido y los desarmados han sido destruidos”, es en verdad una observación realista. Lo que puede ponerse en duda es que la distinción entre el profeta armado y el desarmado, y la diferencia entre vencer y ser destruido, sean siempre tan claras como le pa­recían al autor de El Príncipe. En las páginas que siguientes, vemos primero a Trotsky venciendo sin armas en la revolución más grande de nuestra era. Después lo vemos armado, victorioso, y agobiado bajo el peso de su armadura: el capítulo que lo presenta en la cúspide misma del poder lleva el título de "Derrota en la Victoria".Y cuando a continuación contemplemos al Profeta Desarmado, se nos planteará la interrogante de sí no hubo un poderoso elemento de victoria en su derrota.

Mi descripción del papel de Trotsky en la Revolución Rusa sorprenderá a muchos lectores. Durante casi treinta años la poderosa maquinaria pro­pagandística del estalinismo trabajó en forma frenética para borrar el nombre de Trotsky de los anales de la revolución, o para dejarlo allí sólo como sinónimo de architraidor. Para la generación soviética actual, y no sólo para ella, la historia de la vida de Trotsky es ya como un antiguo sepulcro egipcio del que se sabe que contuvo el cuerpo de un gran hombre y el registro, grabado en letras de oro, de sus hechos; pero al que los ladrones de tumbas y los vampiros han saqueado hasta el punto de dejarlo tan vacío y desolado que ya no se encuentran rastros del registro de los hechos que una vez contuvo. La labor de los ladrones de tumbas ha sido tan persis­tente en el presente caso, que incluso ha afectado notablemente las con­cepciones de los historiadores y estudiosos occidentales independientes.

Pese a todo ello, el registro de los hechos de la vida de Trotsky per­manece intacto, conservado en sus propios voluminosos (pero en su mayor parte olvidados) escritos y en sus Archivos; en numerosas memorias de contemporáneos suyos, benévolos u hostiles; en las colecciones de perió­dicos rusos publicados antes, durante y después de la Revolución; en las minutas del Comité Central y en las actas taquigráficas de los Congresos del Partido y de los Soviets. Casi todas estas fuentes documentales son accesibles en bibliotecas públicas en el Occidente, aunque unas cuantas de ellas sólo se encuentran en bibliotecas privadas. Yo he utilizado todas estas fuentes. En unión de mi esposa, que participó en igual medida que yo en la investigación y en muchos otros aspectos contribuyó grandemen­te a la preparación de esta obra, hice un estudio especial de la rica co­lección de periódicos rusos prerrevolucionarios que se encuentra en la Biblioteca Hoover de Stanford, California, donde hallé fuentes escasamen­te utilizadas con anterioridad por los historiadores de los movimientos re­volucionarios rusos. Junto con mi esposa estudié también los Archivos de Trotsky en la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard, que es con mucho la colección más importante de documentos originales sobre historia soviética que existe fuera de la URSS. (Una breve descrip­ción de los Archivos aparece en la bibliografía que acompaña a este vo­lumen.)

No tengo razones, pues, para quejarme aquí, como me quejé en el Prefacio de mi Stalin*, de falta de material biográfico. Esto se debe prin­cipalmente al contraste entre mis dos protagonistas. Trotsky era tan co­municativo acerca de su vida y sus actividades como reservado era Stalin. Permitía que personas totalmente desconocidas investigaran libremente casi todos los aspectos de su vida; él mismo escribió una autobiografía; y, lo que es más importante, una marcada e inconsciente veta autobiográfica corre a lo largo de sus veintenas de volúmenes publicados, de sus innumerables artículos y ensayos que no han sido reproducidos en forma de libro y de algunos de sus escritos inéditos. Dondequiera que fue dejó huellas tan firmes, que nadie posteriormente pudo borrarlas o disimularlas, ni siquiera él mismo cuando en raras ocasiones se vio tentado a hacerlo.

Generalmente no se espera de un biógrafo que se disculpe por narrar la vida de un dirigente político que ha escrito su propia autobiografía. Pienso que el presente caso puede ser una excepción a la regla, pues al cabo de un examen minucioso y critico sigo viendo en Mi vida de Trotsky una obra tan escrupulosamente veraz como puede serlo cualquier obra de su género. Ello no obstante, sigue siendo una apología producida en medio de la batalla desigual que su autor libró contra Stalin. En sus páginas, el Trotsky viviente luchó con los ladrones de tumbas. A la denigración estalinista en escala gigantesca él respondió con un peculiar acto de defensa propia que suena a glorificación de sí mismo. No explicó ni podía explicar satisfactoriamente el cambio en el clima de la revolución que hizo tan posible como inevitable su derrota; y su versión de las in­trigas mediante las cuales una burocracia de mentalidad estrecha, "usurpadora" y malévola lo expulsó del poder, es obviamente inadecuada. La pregunta que tiene un interés subyugante para el biógrafo es: ¿en qué medida contribuyó el mismo Trotsky a su propia derrota? ¿En que medida se vio el mismo obligado, por circunstancias criticas y por su propio carácter, a abrirle el camino a Stalin? La respuesta a estas preguntas re­vela la tragedia verdaderamente clásica de la vida de Trotsky, o más bien una reproducción de la tragedia clásica en los términos seculares de la política moderna; y Trotsky habría sido sobrehumano si hubiese podido revelarla. El biógrafo, en cambio, ve a Trotsky en el climax de su triunfo como un ser tan culpable y tan inocente, y tan maduro para la expia­ción, como un protagonista de los dramas griegos. Yo abrigo la confianza de que este enfoque, que presupone la simpatía y la comprensión, esté tan exento de denigración como de alabanza.

En Mi vida, Trotsky se propuso vindicarse en los términos que le im­pusieron Stalin y toda la situación ideológica del bolchevismo en los años veintes, es decir, en términos del culto a Lenin. Stalin lo había denunciado como el inveterado enemigo de Lenin, y Trotsky en consecuencia se esforzó por demostrar su completa devoción a Lenin y su avenencia con éste. Su devoción a Lenin después de 1917 fue indudablemente genuina; y los puntos de acuerdo entre ellos fueron numerosos e importantes. Trotsky, sin embargo, hizo borrosos los claros contornos y la importancia de sus controversias con Lenin entre 1903 y 1917, y también de sus diferencias posteriores. Pero otra consecuencia, mucho más extraña, del hecho de que Trotsky hiciera su apología en términos del culto leninista fue que, en ciertos aspectos capitales, rebajó su propio papel en comparación con el de lenin, lo cual es una hazaña sumamente rara en la literatura autobiográfica. Tal es el caso especialmente en lo que concierne a descripción del papel que él desempeñó en la insurrección de octubre y en la creación del Ejército Rojo, donde Trotsky rebaja sus propios méritos para no dar la impresión de que rebaja a Lenin. Libre de lealtades a cualquier culto, yo he intentado la restauración del balance histórico.

Por último, he prestado especial atención a Trotsky el hombre de le­tras, el panfletista, el escritor militar y el periodista. La mayor parte de la obra literaria de Trotsky se encuentra ahora sumida en el olvido y es inaccesible a un público amplio. Y, sin embargo, éste es el escritor de quien Bernard Shaw, que sólo podía juzgar las cualidades literarias de Trotsky 'a base de traducciones deficientes, dijo que "superaba a Junius y a Burke". "Al igual que Lessing", escribió Shaw sobre Trotsky, "cuando le corta la cabeza a su adversario, Ia levanta para demostrar que no hay un cerebro en ella; pero no se permite tocar el carácter de la victima…Lo despoja de todo prestigio político pero le deja su honor intacto (1) Yo sólo puedo lamentar que las consideraciones de espacio y composición no me hayan permitido mostrar este aspecto de la persona­lidad de Trotsky con mayor detenimiento. Pero espero volver a conside­rarlo en El profeta desarmado.

Octubre de 1952



1 The Nation, Londres, 7 de enero de 1922.



Cita de Maquiavelo


"... no hay otra cosa más difícil de manejar, ni cuyo acierto sea más dudoso, ni se haga con más peligro, que el obrar como jefe para introducir nuevos estatutos. Tiene el introductor por enemigos activísimos a cuantos sacaron provecho de los antiguos estatutos, mientras que los que pudieran sacar el suyo de los nuevos no los defienden más que con tibieza…

"Cuando uno quiere discurrir adecuadamente sobre este particular, tiene precisión de examinar si estos innovadores tienen por sí mismos la necesaria consistencia, o si dependen de los otros; es decir, si, para dirigir su operación, tienen necesidad de ro­gar, o si pueden precisar. En el primer caso, no salen acertadamente nunca, ni condu­cen cosa ninguna a lo bueno; pero cuando no dependen sino de sí mismos, y que pueden forzar, dejan rara vez de conseguir su fin. Por esto, todos los profetas armados tuvieron acierto, y se desgraciaron cuantos estaban desarmados.

"Además de las cosas que hemos dicho conviene notar que el natural de los pue­blos es variable. Se podrá hacerles creer fácilmente una cosa; pero habrá dificultad para hacerlos persistir en esta creencia. En consecuencia de lo cual es menester com­ponerse de modo que, cuando hayan cesado de creer, sea posible precisarlos a creer todavía. Moisés, Ciro, Teseo y Rómulo, no hubieran podido hacer observar por mucho tiempo sus constituciones, si hubieran estado desarmados, como le sucedió al fraile Jerónimo Savonarola, que se desgració en sus nuevas instituciones. Cuando la multitud comenzó a no creerle ya inspirado, no tema el medio alguno para mantener forzadamente en su creencia a los que la perdían, ni para precisar a creer a los que ya no creían."

Maquiavelo, El Príncipe, capítulo VI.

 
 
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Comentarios (4)

#1.- Aviso a Pepe

Negador Libertario|24-01-2008 22:46

Estimado amigo Pepe, te felicito por este buen trabajo  sobre  Deutscher y la alegria de  que podamos leer pronto  la triológia sobre Trotsky pero he de advertirte que este trabajo sobre El Gran Negador no es el número  18 sino el 19. Por lo demás ánimos y adelante.

Saludos N.

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#2.- OJALÁ LLEGUE A TODO EL MUNDO

Jesús, Perú|25-01-2008 00:35

Interesante la nota. Felicitaciones, señor Pepe. 
De ID, el autor del libro, podrán existir muchas críticas pero el texto  ha sido bueno y merece su reedición desde hace mucho tiempo.
Los partidos marxistas-leninistas (es decir bolcheviques o trotskistas) deberían trabajar también unidos para lanzar ediciones de textos que algunos parece no tienen en mente. En Argentina, el CEP León Trotsky hace lo suyo, aunque en Perú no se encuentra esos libros.

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#3.- BIOGRAFIA DE P. BROUE

A.Romano|26-01-2008 11:29

Aprovecho estos comentarios para sugerir la conveniencia de que alguien se relacione con Fayard de Paris para ver si se animan a traducir y editar en castellano la biografia de León Trotski de Pierre Broue.

Estoy convencido de que una simple carta  a Fayard firmada -se pueden recopilar las firmas x.e. el próximo día 29 de enero en la presentación de "La revolucion rusa" en Traficantes de Sueños de Madrid-por intelectuales del estado español- ayudaría bastante. De esa manera podríamos acceder en todos los paises de habla hispana a un documento excepcional cuya demanda estaría asegurada.

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#4.- Excelente articulo informativo de Pepe

Estrella Roja|28-01-2008 18:00

Muy interesante información crucial diria yo, una vez Pepe nos demuestra su maestria y desenvolvimiento. Y gracias a él podemos saber que ¡por fin se publica en el estado español! la Trilogia de Issac Deustcher, lo tienen en paidos y Marcial Pons editores/libreros

Una vez gracias Pepe por tu magnifica labor de información, para los marxistas-revolucionarios eres el faro que nos indica el norte por donde navegar

Socialismo o Barbarie, ¡Por la Revolución Social!

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