De algunos asuntos nos preguntamos de golpe ¿Cómo es posible? Los telepredicadores (que generaron una pasable película de Bigas Luna) es uno de esos asuntos que cuando fueron novedad informativa nos asombraban, acostumbrados al cara a cara con la religión católica y también a la falta de televisión en sentido fuerte, emisión las 24 horas del día y numerosas cadenas a las que atarse.
Hoy, la televisión, el aparato ideológico del gran capital más importante, pasa como el cielo sobre nuestras cabezas, desapercibido. La telepredica ha sido una de las ocasiones en que el poder hipnótico de la televisión muestra su rostro, sonriente al comienzo y vampírico al final. El medio contribuye a reforzar el masaje a la cabeza, al estilo “Doctor Champú”, de una manera agigantada y grotesca, pocos hablan de otra cosa que no sea de lo que ahí aparece.
Porque es evidente que la existencia de telepredicadores lleva a la existencia de telepredicados, no pueden existir los unos sin los otros. El medio (las imágenes y sonidos dentro del domicilio) es tan decisivo para que las víctimas se enganchen, que no importa el tamaño de los escándalos que afecten a una parte de los telemanipuladores, siempre hay muchísimos telepredicados que siguen dispuestos a consentir el matadero mediático.
Y puede darse aún gracias a que en los telepredicadores se advierte mejor la manipulación que hace la televisión de los que ponen constantemente sus ojos en la pequeña pantalla, por cierto pequeña por tamaño pero grande por la transformación intelectual y moral a que somete.
Sin embargo aún no aparece como una evidencia que la única crítica radical de la televisión es quitarla de en medio o lo que es lo mismo excluir la televisión del lugar donde se vive.
La unificación de la experiencia sensible, con una decidida reducción de lo experimentado al encierro mediático o la realidad reducida a la publicidad en sus múltiples apariencias, encuadrada en una parpadeante pantalla que emite seductoras luces de colores, reduce la cabeza de quiénes se ven expuestos a sus emisiones a una cabeza compradora.
Esta situación hace necesario un debate político sobre la televisión, al menos entre las organizaciones que reclaman cambios de la sociedad.
Mirtila|01-07-2007 14:20
Debo confesar, que inmediatamente después del golpe de estado, todavía me costaba creer que todo había sido mediático.  Me costó aceptar que el cerebro de los disociados de derecha, está en esas condiciones por causa de la TV, sobre todo.  Ahora que mi propia ilusión mediática se derrumbó, frente a la realidad terrible, comprendo que los medios son el arma más poderosa de los enemigos de los pueblos, pues no es el caso de que éstos pierdan una horas diarias ante los mensajes planificados , sino que mientras los observan, están siendo manipuladas sus mentes y dirigidas hacia las conductas que convienen al capitalismo dominante, donde están totalmente ausentes la solidaridad, el amor al prójimo, la honestidad y la cooperación complementaria, en lugar de la competencia feroz y excluyente.  Los mensajen magnifican todo lo banal, la moda, que es una forma de control,    quitandole la importancia al  conocimiento verdadero, al estudio, a la honestidad y a la sinceridad.  Solo hay que observar las novelas, para entender los mensajes, dirigidos a las mujeres que son las que van a tener la mayor influencia en los hijos y que son muy peligrosas, para ver  como manipulan y moldean sus mentes hasta convertirlas en la carne de cañón de sus guerras mediáticas.
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