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Forrarse

Un político provisionalmente raso, Zaplana, fue a la política a fo­rrarse –como él mismo dijo en una conversación grabada- y se va para forrarse fuera de la política…
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 30-4-2008 | 202 lecturas | 1 comentario
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  Todos no creo, porque es sólo si tienen ocasión y pueden, pero el espíritu del enriquecimiento personal como primer objetivo del polí­tico anida en casi todos los talantes. Enriquecerse dejando las mi­gajas al pueblo, es la filosofía del político actual me atrevería a decir que de cualquier signo. Tú privatizas antes una empresa pública y luego, después de los primeros anticipos secretos u opacos cuando estás en funciones, una vez fuera del Congreso (o del escaño muni­cipal) recoges el pago multimillonario definitivo. Esta es la filosofía de los políticos y especialmente de los políticos al servicio del capi­talismo neoliberal que a su vez, en un do ut des (doy para que des), lo ponen al suyo. ¿Hay quién dé más?

  ¿A quién puede extrañar? La cuestión es si política y penalmente eso debe o no consentirse. Porque si los estamentos, la clase polí­tica, la mediática, las instituciones, la sociedad toda se limitan a de­cir "hay que ver, ese y el otro y el otro se forran, los muy sinver­güenzas..." pero no quieren evitarlo sino limitarse a ver en el fo­rrarse el princi­pal señuelo de la política y uno de los motores de la economía social de grupo, no hacen más que contribuir a exaltar la riqueza injusta, a re­calcar el derecho a perseguirla sin frenos, y pre­sentarnos como lo más "interesante" del sistema el privilegio de los charlatanes que pasan por inteligentes porque saben insultar y son maestros del sar­casmo. Poco más que esta habilidad luce el político de moda y algunos periodistas volcados en la sátira acerca de esa lacra social... 
 
  Lo que debiera hacer la sociedad española de una vez es ponerse de acuerdo sobre si eso, forrarse en la política, desde la política y luego tras dejarla, es lícito o no. Si forrarse en los mismos círculos afectados por la gobernación del político en activo o incluso en otros diferentes, es perseguible de oficio o a instancia de parte, o es una modalidad de pago diferido al político por los servicios prestados a la sociedad.

  Porque en otros órdenes ya sabe que no está ni mal ni bien el masturbarse, que hay absoluta libertad sexual, que hay libertad de ofender a bajo precio, o que puede contaminar quien quiere si paga la contaminación después; que todavía hay medios que especulan con la sensibilidad moral de las generaciones que siguen rigiéndose por pautas ya abandonadas por las actuales, y se enriquecen gra­cias a la diferencia de tensión y tacto entre la mentalidad de las ya en declive y las actuales pujantes...

  Pero en esta materia del forrarse todo es confuso. La sociedad es­pañola en general, pero antes el reglamento disciplinario, escrito o no, de la clase política, tienen que abordar este asunto del “forrarse” y ponerse de acuerdo antes que en los pactos antiterroristas de ma­rras. Porque esto es cada vez más obsceno y sórdido. Si es lícito, si se puede ir a la política a forrarse, nadie tiene derecho a censurarlo. Si no es lícito, corríjase penalmente. Y si lo único que pasa es que "está feo", ay amigos, de cosas feas está enladrillada está sociedad. No queda ningún rincón sin alicatar de podredumbre, de antiestética y de escupitajos a la ética tradicional. Sólo los tontos y los abúlicos estarían en la política para divertirse y por servicio, y entonces habría que echarlos a patadas de la política por eso, por tontos y por abúlicos, pues un abúlico y un tonto a la vez difícilmente puede hacer bien las cosas.

  Lo que hay que hacer es cargar contra las causas y atacarlas frontalmente si eso es lo que se comprende que es bueno para la colectividad; no pasarse la vida murmurando como las comadres contra los efectos de la permisividad absoluta en el forrarse, que na­die en este nefasto modelo ha dicho todavía que sean ilegítimos sino todo lo contario. 
 
  Y digo que esto es obsceno y sórdido, porque de esta manera los periodistas y todo aquél que se pasa el día bromeando e ironizando contra el enriquecimiento, para la mayoría silenciosa, injusto de los políticos, serían despreciables "voyeurs". Aunque ya sabemos que tampoco ser “voyeur” es reprensible. Pero esto no es una frivolidad. Esto no es para reírse. Esto, forrarse a lo bestia desde la política,es un defecarse en el pueblo, en tantos y tantos que pasan dificulta­des y hambre en el mundo. O se les sienta en el banquillo o se les persigue a palo limpio como a ratas de cloaca, o se les desprecia por indeseables si ni la justicia ni los de su clase les condenan. La ironía y las risitas sólo pueden ser comprensible para responder a los pecados veniales, no a la infamia. Y el "forrarse", tal cual, es una infamia que en otros modelos sociopolíticos merecerían la cárcel, por más que esa gentuza se crea con derecho a ello, otros la jaleen y otros bromeen a cuenta de ella.

  Por eso decía antes que todo está enladrillado de corrupción y de corruptos. La sociedad española, el capitalismo en el que sobre­nada, la democracia que lo articula, los liberales y los otros, todos están más o menos depravados. Unos directamente y otros por con­sentir tanta depravación de la política y de los políticos. Desde la White House hasta la Moncloa, pasando por el Elíseo y el Quirinal. Unos no lo saben, otros sí, pero el resto -es evidente- está a gusto viviendo o medrando en la plena corrup­ción que proseguirá hasta la absoluta descomposición de esta So­doma que son las democracias capitalistas..

 
 
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Comentarios (1)

#2.- Tráfico de influencias

Zplano|01-05-2008 01:37

Últimamente los políticos ya no necesitan ni guardar las apariencias. Los medios de comunicación y la sociedad misma con su estupidez y adormecimiento han provocado que acampen a sus anchas en el terreno de la desvergüenza y de la ilegalidad, y que sólo unos pocos caigan en la cuenta de lo que realmente pasa.

¿Qué deberíamos hacer ante esto? Perseguirles con palos y piedras no es mala idea, pero dos, tres o incluso 100 somos pocos para todos los ladrones y caraduras que hay en este país, desde lo más alto de la pirámide hasta el punto más bajo, porque los votantes del Partido Popular, esa base estúpida que forma gran parte de la sociedad española, ésos que van los domingos a misa con el abrigo de pieles, no se dan cuenta (o si se la dan miran hacia otro lado), de que sus representantes políticos se pasan todos los supuestos mandamientos divinos por el forro.

Lo que ha hecho este proyecto de hombre es dar la espalda a su puesto como diputado, incumplir el juramento de servir a su partido y al gobierno, y fallar a su obligación para los miserables que le votaron, y todo ello por enriquecerse de forma vil y con un alarde de tráfico de influencias. Hasta mi vecino de dos años sabe que eso es delito. 

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