Devolver sus nombres originales a los pueblos kurdos o autorizar la lengua en la vida cultural: el gobierno turco de Tayyip Erdogan adopta medidas que constituyen un inicio del reconocimiento del hecho nacional kurdo.
El viernes pasado (13 de noviembre), el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, defendió ante el Parlamento un “proyecto de apertura democrática” autorizando el uso de la lengua kurda en la vida política y cultural a través de la difusión de programas de radio y de televisión. Más todavía, las ciudades y los pueblos kurdos que fueron “turquificados” podrán recuperar sus nombres originales. Los detenidos kurdos serán, a partir de ahora, autorizados a hablar su lengua en las visitas familiares. Finalmente el gobierno turco creará comisiones independientes para prevenir las discriminaciones y las torturas. Sin embargo el gobierno ha rechazado el derecho a la educación en lengua kurda, reafirmando que Turquía es un Estado unitario con una sola lengua, el turco, inmutable, incluso en el caso de una revisión constitucional.
Estas precauciones político-militares no han convencido ni a la oposición kemalista, el CHP (Partido Republicano del Pueblo, miembro de la Internacional Socialista), ni a la oposición ultranacionalista, el MHP (Partido de Acción Nacionalista), los dos representados en el parlamento. Por medio de su líder, Deniz Baykal, el CHP ha acusado al gobierno de querer “romper y desmantelar Turquía”, mientras que Deviet Bahceli del MHP sospecha que el gobierno negocia secretamente con una “banda de terroristas”.El ejército, que se define como guardián del dogma kemalista y, para quien, el PKK es un “movimiento terrorista”, todavía no ha reaccionado.
Por su parte, el PKK, que ha rechazado la iniciativa gubernamental, juzgándola “superficial”, ha indicado en un comunicado de la agencia pro- kurda Firatque “la cuestión kurda no puede encontrar solución sin el reconocimiento de la voluntad del pueblo kurdo y sin el diálogo con sus representantes”, exige el cese de las operaciones militares, que el reconocimiento de la identidad kurda sea incluido en la Constitución y que el kurdo sea también una lengua reconocida en la enseñanza.
Aunque calificados de insuficientes por los mismo kurdos. En un país donde el jacobinismo nunca ha tomado en consideración, desde hace más de sesenta años, la existencia de una minoría que representa de cualquier manera más de 15 millones de personas, las medidas anunciadas de Tayyip Erdogan constituyen de hecho un inicio de reconocimiento del hecho cultural y nacional kurdo. Y abren una brecha en el muro de la negación de la identidad y de la cultura kurda. El debate sólo acaba de empezar.