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Es imposible...

Es imposible no saltar cada día  de la silla  al  recordarnos  los medios (aunque su propósito es engatusarnos con ella), que vi­vimos inmersos en una democracia burguesa inmunda...
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 29-3-2008 | 281 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/es-imposible

  Los periódicos (como si, según los hipócritas que afirman que "no todos son igua­les", fueran casos aislados) llaman escándalo a irre­gularidades y deslices dolosos, cuando los escándalos, informativa­mente hablando, podrían ser mucho más numerosos si el perio­dismo se decidiese a investigar más a fondo tanta corrup­ción como la que oculta bajo las aguas el iceberg que sólo asoma una séptima parte de su volumen. Pero el periodismo se dedica mucho más a li­gerezas y a la anécdota, que a levantar liebres... En parte para no generar en el país más impre­sión de la que ya tene­mos de que es un enorme muladar social.

  Es imposible oír impertérritos al necio nacional de actualidad y líder del partido de la oposición decir que es "partidario de endurecer las penas". Y lo es, porque no es posible endurecer más las penas y porque sabe muy bien que lo que ocurre es que la alta delincuencia de la sociedad (véase el caso de “los Albertos”, “Galindo”, “Vera”, “Conde”, “Muñoz” y tantos otros) apenas las cumplen mientras que los desgraciados del montón las cumplen a rajatabla y a veces con exceso. Es imposible no escupirle a la cara cuando él sabe bien que el secreto no está en endurecer las penas, sino en saber robar a mansalva para pagar fianzas y luego ir a recoger el botín llevado a ban­cos de países del sistema encantados de ponerlo mientras tanto a buen re­caudo.

  Es imposible tolerar que un violador de una niña gitana, de su pro­pia hija e incluso de otras menores durante la condena que no cum­plía por negligencia funcio­narial, acabe de ingresar ahora en la cár­cel de Huelva cuando tendría que haber entrado en se­tiembre de 2007, fecha en que el juez acordó una de­tención que no se produjo pu­diendo y debiendo haber sido practicada.

  Es imposible no vomitar ante el caso de un tal Roca, magno esta­fador de miles de millones y violador a su vez de ordenanzas muni­cipales y causante de un desastre urbanístico y ecológico sin prece­dentes, en la costa andaluza y otras, que salga ahora a la calle (con riesgo, además, de fuga) mediante una fianza de la friolera de un millón de euros. Es imposible, a menos que el juez de turno sea be­nevolente con el estafador y falsificador gracias a una interpreta­ción condescendiente de las leyes hechas para casos y personajes como éste, encajar de buen grado este arbitrio judicial. Pues indagando de dónde ha de proceder esa millonaria fianza, conocería la etiología del delito por el que ha sido condenado. Pero le da igual. Y le da igual, pues aquí tenemos un sistema fiscal inde­cente que permite enri­quecerse hasta ese punto en poco tiempo a los patricios. ¿Cómo? Pues mirando a otra parte, primero los ins­pectores de Hacienda y luego los notarios los registradores de la propiedad, los fiscales, los jueces...

  Es imposible creer que no vivimos en un país no bananero cuando, hasta orgullosos, siguen en su puesto concejales, funcionarios y empleados municipales de la operación "Guateque" de Madrid, enri­quecidos a base de incontables coacciones a comer­cios que han de solicitar licencia de apertura.

  Es imposible no sentir indignación ante un alcalde, Gallardón, que con toda su fascista desfachatez se declara irresponsable por los actos realizados por los delincuentes de su alcaldía. Pero en­tonces, si lo es, qué pinta como regidor de la capital de la nación un “irres­ponsable”?

  Es imposible no imaginar que España es un paraíso para unos en la medida que es una  pocilga para otros, cuando los consejeros de to­dos los Bancos, Cajas y los principales holdings de empresas se suben año tras año el sueldo y se lo blindan mien­tras sus emplea­dos no llegan a fin de mes y la pobreza alcanza a cifras de ver­güenza...

  Es imposible no pensar que éste es un país de cretinos, cuando todos los canales de televisión dedican horas y horas a mostrarnos cómo se cocinan platos supersofisticados, cuando hoy día, fuera de los restaurantes, sólo se piden pizzas, apenas se cocinan espague­tis, y la mayoría no sabe ya, ni quiere aprenderlo, ni freír un huevo...

  Sabíamos que este sistema, incluido el judicial que le da soporte con unas leyes hechas a la medida de las clases y de las etnias his­panas dominantes, es un repulsivo montaje. Pero está llegando todo a extremos insoportables, después del escándalo mayúsculo que pasará a la historia del desprecio a la ciudadanía. Me refiero a aque­llos dos casos que jamás olvidaremos: la burla que Aznar y su go­bierno hicieron al 92 por ciento de la ciu­dadanía que se opuso a la invasión de Irak, y la venal actuación del ministro entonces de De­fensa, Trillo, a propósito del accidente de los militares del “Yack”.

  No es este juez ni aquella jueza; ni este político o aquella política. No es este policía nacional ni aquella policía autonómica. No es este empresario cabrón ni aquella empresa que, protegida por los cuatro costados, es más fuerte que la Política y los políticos, que los fun­cionarios y la función pública... No es esta Constitución ni aquella casa real; ni tampoco siquiera los padres de la Constitución ni la madre de esta democracia repugnante... lo que causan el desa­gui­sado permanente en este país podrido que empezó a corrom­perse en cuanto depuró la dictadura para enfermar de corrupción de­mo­crática. No. Es el sistema en globo en su conjunto. Es el capitalismo feroz re­forzado por una idiosincrasia de esas etnias dominantes a las que me refiero; idiosincrasia frívola, ventajista, picaresca, men­daz, pre­potente, avasalladora, conquistadora y odiosa como pocas en Eu­ropa, lo que hacen imposible creer en  la democracia  cuando hay ya tan­tos su­midos en un enredo de hipotecas impagables y en el intermi­tente desempleo que hacen de un tercio de la población de Es­paña millones de enfermos sociales...

  Es imposible decir, hacer y omitir todo eso y tantas y tantas cosas como éstas, sin que se conmuevan los cimientos del periodismo crí­tico que dice fiscalizar la política y presume de poner a cada político en su sitio.

  Sobre todo, es imposible que sucedan tantas imposturas, abusos, irregularidades, burlas y desmesuras juntas y sucesivas, sin que los ciudadanos bien nacidos no deseen renunciar a esta nacionalidad después de apostatar de la siniestra religión impuesta en una época y consentida hasta la náusea en ésta...

 
 
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