Los periódicos (como si, según los hipócritas que afirman que "no todos son iguales", fueran casos aislados) llaman escándalo a irregularidades y deslices dolosos, cuando los escándalos, informativamente hablando, podrían ser mucho más numerosos si el periodismo se decidiese a investigar más a fondo tanta corrupción como la que oculta bajo las aguas el iceberg que sólo asoma una séptima parte de su volumen. Pero el periodismo se dedica mucho más a ligerezas y a la anécdota, que a levantar liebres... En parte para no generar en el país más impresión de la que ya tenemos de que es un enorme muladar social.
  Es imposible oír impertérritos al necio nacional de actualidad y líder del partido de la oposición decir que es "partidario de endurecer las penas". Y lo es, porque no es posible endurecer más las penas y porque sabe muy bien que lo que ocurre es que la alta delincuencia de la sociedad (véase el caso de “los Albertos”, “Galindo”, “Vera”, “Conde”, “Muñoz” y tantos otros) apenas las cumplen mientras que los desgraciados del montón las cumplen a rajatabla y a veces con exceso. Es imposible no escupirle a la cara cuando él sabe bien que el secreto no está en endurecer las penas, sino en saber robar a mansalva para pagar fianzas y luego ir a recoger el botín llevado a bancos de países del sistema encantados de ponerlo mientras tanto a buen recaudo.
  Es imposible tolerar que un violador de una niña gitana, de su propia hija e incluso de otras menores durante la condena que no cumplía por negligencia funcionarial, acabe de ingresar ahora en la cárcel de Huelva cuando tendría que haber entrado en setiembre de 2007, fecha en que el juez acordó una detención que no se produjo pudiendo y debiendo haber sido practicada.
  Es imposible no vomitar ante el caso de un tal Roca, magno estafador de miles de millones y violador a su vez de ordenanzas municipales y causante de un desastre urbanístico y ecológico sin precedentes, en la costa andaluza y otras, que salga ahora a la calle (con riesgo, además, de fuga) mediante una fianza de la friolera de un millón de euros. Es imposible, a menos que el juez de turno sea benevolente con el estafador y falsificador gracias a una interpretación condescendiente de las leyes hechas para casos y personajes como éste, encajar de buen grado este arbitrio judicial. Pues indagando de dónde ha de proceder esa millonaria fianza, conocería la etiología del delito por el que ha sido condenado. Pero le da igual. Y le da igual, pues aquí tenemos un sistema fiscal indecente que permite enriquecerse hasta ese punto en poco tiempo a los patricios. ¿Cómo? Pues mirando a otra parte, primero los inspectores de Hacienda y luego los notarios los registradores de la propiedad, los fiscales, los jueces...
  Es imposible creer que no vivimos en un país no bananero cuando, hasta orgullosos, siguen en su puesto concejales, funcionarios y empleados municipales de la operación "Guateque" de Madrid, enriquecidos a base de incontables coacciones a comercios que han de solicitar licencia de apertura.
  Es imposible no sentir indignación ante un alcalde, Gallardón, que con toda su fascista desfachatez se declara irresponsable por los actos realizados por los delincuentes de su alcaldía. Pero entonces, si lo es, qué pinta como regidor de la capital de la nación un “irresponsable”?
  Es imposible no imaginar que España es un paraíso para unos en la medida que es una  pocilga para otros, cuando los consejeros de todos los Bancos, Cajas y los principales holdings de empresas se suben año tras año el sueldo y se lo blindan mientras sus empleados no llegan a fin de mes y la pobreza alcanza a cifras de vergüenza...
  Es imposible no pensar que éste es un país de cretinos, cuando todos los canales de televisión dedican horas y horas a mostrarnos cómo se cocinan platos supersofisticados, cuando hoy día, fuera de los restaurantes, sólo se piden pizzas, apenas se cocinan espaguetis, y la mayoría no sabe ya, ni quiere aprenderlo, ni freír un huevo...
  Sabíamos que este sistema, incluido el judicial que le da soporte con unas leyes hechas a la medida de las clases y de las etnias hispanas dominantes, es un repulsivo montaje. Pero está llegando todo a extremos insoportables, después del escándalo mayúsculo que pasará a la historia del desprecio a la ciudadanía. Me refiero a aquellos dos casos que jamás olvidaremos: la burla que Aznar y su gobierno hicieron al 92 por ciento de la ciudadanía que se opuso a la invasión de Irak, y la venal actuación del ministro entonces de Defensa, Trillo, a propósito del accidente de los militares del “Yack”.
  No es este juez ni aquella jueza; ni este político o aquella política. No es este policía nacional ni aquella policía autonómica. No es este empresario cabrón ni aquella empresa que, protegida por los cuatro costados, es más fuerte que la Política y los políticos, que los funcionarios y la función pública... No es esta Constitución ni aquella casa real; ni tampoco siquiera los padres de la Constitución ni la madre de esta democracia repugnante... lo que causan el desaguisado permanente en este país podrido que empezó a corromperse en cuanto depuró la dictadura para enfermar de corrupción democrática. No. Es el sistema en globo en su conjunto. Es el capitalismo feroz reforzado por una idiosincrasia de esas etnias dominantes a las que me refiero; idiosincrasia frívola, ventajista, picaresca, mendaz, prepotente, avasalladora, conquistadora y odiosa como pocas en Europa, lo que hacen imposible creer en  la democracia  cuando hay ya tantos sumidos en un enredo de hipotecas impagables y en el intermitente desempleo que hacen de un tercio de la población de España millones de enfermos sociales...
  Es imposible decir, hacer y omitir todo eso y tantas y tantas cosas como éstas, sin que se conmuevan los cimientos del periodismo crítico que dice fiscalizar la política y presume de poner a cada político en su sitio.
  Sobre todo, es imposible que sucedan tantas imposturas, abusos, irregularidades, burlas y desmesuras juntas y sucesivas, sin que los ciudadanos bien nacidos no deseen renunciar a esta nacionalidad después de apostatar de la siniestra religión impuesta en una época y consentida hasta la náusea en ésta...