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Es el capitalismo, estúpido

(Artículo extenso) Mi crítica itinerante no sobre grandes acontecimientos dignos de mención en materia científica, de arte o de filosofía (que en este cada vez más inculto país nunca tienen lugar, dicho sea de paso), sino so­bre una falta absoluta de visión de futuro de tanto necio au­pado a la notoriedad por sus mezquinos y contrahechos discursos, me la aho­rraría con sumo gusto.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 16-2-2008 | 320 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/es-el-capitalismo-estupido

  Me la ahorraría... si en la sociedad dominante se apreciase algún amor por la Naturaleza y por la justicia social, y me­nos apego a los le­galismos y al consumo atroz.

  Desde luego mi espíritu no marcha con este siglo. Sólo en una cosa va al compás: en el asunto del desengaño. Es el siglo de las grandes decepciones. Si otros fueron oscurantistas, otros irraciona­les y otros de las Luces, éste es, como he dicho en otras oca­siones, el siglo de la Mentira y me temo que también proscenio de abundan­tes ca­tástrofes a escala planetaria.

  Pese a la inestable estabilidad de los climas propia de la insegura e imprecisa "ciencia climática", un cierto régimen envolvía a la Natu­ra­leza como una madre arropa con su toquilla a sus hijos. Ahora, esa inestable estabilidad se desvanece y va minando, poco a poco pero vertiginosamente, lo que fue vida esplendorosa de miles de es­pecies orgánicas. Puede decirse, sin hipérbole, que la Naturaleza agoniza. La metástasis cancerígena puede observarse por doquier. Aunque en unas áreas avanza más deprisa que en otras. Y la pe­nínsula ibérica, dentro de la Europa política, va a la cabeza. Por otro lado, la moral, amorfa, ni refrena ni consuela ni ayuda a mantener la vertical. El hedonismo, alentado por el capita­lismo y por el señuelo de la envene­nada y falsa libertad para la mayoría, se ha hecho el dueño de la psi­cología colectiva. Espe­cialmente -siempre todo lo peor es­pecialmente-en esta sociedad. Las artes y las humanidades están por los suelos, pese a tanto es­fuerzo de unos pocos queacaban desmoralizados o emigran. El brillo de unos cuantos dura poco, por­que o es inmerecido o la fa­tiga colectiva se encarga enseguida de empañarlo para suplirlo cuanto antes por otros brillos asimismo tan inmerecidos y efímeros como los suplidos...

  La política, una dimensión pensada originariamente como ins­tru­mento al servicio del bienestar general, es ya un fin en sí misma o medio de enriquecimiento rápido y seguro. Es, con los me­dios que la propulsan, la actividad social estrella principal. Ayuno de ella este país du­rante casi medio siglo, se refocila en la política como ningún otro del sistema. Ninguna otra actividad humana, aparte los espectáculos que satisfacen más la excitación nerviosa que el sosiego, concita tanta atracción -que no interés- como la política. No la alta y noble po­lítica del administrador pru­dente, sino el ruin y cansino trapicheo de agravios, libelos y acusa­ciones de los hábiles, siempre con el único propósito de alcanzar el poder y, con él, muchos la riqueza.

  Este marco es el habitual. Ahora se le incrustan lentejuelas electo­rales para mayor esplendor de la memez, al mismo tiempo que hiede la sequía. Pero ¿cuánto durará el papel estelar de la po­lítica huera y nos alzaremos en armas porque no ha sabido ni que­rido atajar la gran catástrofe?

  ¿Extraño? En absoluto. Estamos en pleno capitalismo. Nada deja de ser sometido al rodillo de sus ansias. Los propios tali­ba­nes capitalistas son sus peores enemigos, pues lo poco justi­ficada que a su abrigo esté la pésima distribución de la riqueza, lo hacen ellos añicos con su desmedida y enfermiza voracidad del beneficio.

  Así las cosas, ¿quién piensa, entre los capitanes de es­tas genera­cio­nes, con la prudente antelación para evitar los abusos sobre el me­dio ambiente cu­yas consecuencias nefastas recaerán sobre sus hijos y sus nietos, e in­cluso éstas sufrirán también de uno u otro los efec­tos?

  Estamos en un año de sequía pertinaz en España. Una sequía que, por el ya probado cambio climático y la deriva que año tras año viene anunciándose desde hace por lo menos dos lustros, era tan previsible como que tras este sábado viene el domingo y a fe­brero le sucederá marzo. Cada año se viene salvando in extremis en el azaroso juego a que la Naturaleza, que tiene en todo la úl­tima pala­bra, somete a pue­blos y países. Esa Naturaleza cien ve­ces más generosa con el ser humano de lo que el humano lo es con ella. Todo esto viene su­ce­diendo en el mundo, pero zonas como la espa­ñola están en la avan­zadilla del caos. Y esto es consecuencia de la sinergia de mu­chas co­sas. Pero sobre todo del necio comporta­miento de unos cuantos en cada país; unidos to­dos ellos por la adoración de los dos becerros de oro: el coche y el dinero.

Ese comportamiento pone la impronta a las sociedades occidentales que todo lo dominan y todo lo pueden. Todo lo pueden... a excepción pre­cisamente de la Naturaleza que escapa burlonamente a sus dicta­dos devolviendo el correspondiente castigo a sus abusos.

  Las sequías extremas, alternadas con de­vastadoras lluvias torren­ciales donde menos se esperan y más daño hacen, no son un fenó­meno global que irrumpa repentina­mente en la escena mundial y me­nos en la "nacional". Es una ten­dencia muy mar­cada que viene anun­ciándose en el horizonte desde hace mu­chos años. Pero no han hecho caso, ni políticos, ni las industrias contami­nantes, ni las encar­gadas de laminar las sel­vas para allegar más ma­dera y celulosa aun­que la informática ofrecía la esperanza del consi­derable ahorro...No obstante, los intentos de concienciación llegan muy tarde. Muy pocos, y mucho menos los patricios cambiarán el baño por la ducha... Hasta que el agua no salga por el grifo, todo seguirá o menos igual. Y esos del baño y del golf, se irán a otras tierras en su jet privado para seguir con su, hoy, inescrupulosa costumbre.

  Y es que los dirigentes no necesitan propia­mente ser muy avispa­dos. Basta que fuesen previsores. Y cuanto más se anticipen, más lú­cidos.Y no necesitan serlo, pues tienen a su lado suficientes staff, aseso­res, "genios" que les aconsejan en todas las materias. Un diri­gente o un empresario o un director no tiene que ser especialmente lumi­noso. Basta que sepa rodearse de "inteligentes". Pero resulta que si en conjunto aquéllos son medio­cres, sus staff lo son aún más. No sólo mediocres: están, tanto en la Ciencia como en la Econo­mía -las dos paredes maestras del sis­tema- al servicio de lo de siempre: a fa­vor de la ventaja de unos po­cos y de las clases domi­nantes. Clases a las que en estas democra­cias burguesas no per­tenecen los trabajado­res que mayoritaria­mente constituyen el grueso de la población... ¡Qué sar­casmo, qué paradoja, qué des­comunal disparate!

  Pues bien, en medio de esta barahúnda de colisiones entre el inte­rés de unos pocos y el sacrificio o la renuncia de la mayoría mileu­rista o casi, del amparado por su familia o del mendigo se hace la sequía que vienen despreciando dirigentes centrales, te­rritoriales y locales desde hace mucho, hasta que ven el lodo del embalse. Sa­bido es hasta qué punto la Ciencia solapa el acuciante problema para tierras, pueblos y humanidad desde hace años, para no degollar a las gran­des estructuras de poder. Pero como estamos en el capitalismo puro y duro, cuando el nivel del agua embalsada al­cance cotas de de­sespe­ración aún seguirán los constructores de campos de golf y los inge­nios lavacoches funcio­nando. Y aún líderes y lideresas seguirán se­gando ecosistemas para hacer sus persona­les autopistas...

  Ahora viene, en efecto, la sequía y los dramáticos actos en el esce­nario del reparto del agua que, a ojos vista, decrece. Pero la “alta” so­ciedad sigue despilfarrando el agua, construyendo, destrozando bos­ques y arram­plando agua de acuíferos a punto de secarse.  (Son in­conta­bles las advertencias de Bruselas sobre los desafueros ecológi­cos en Es­paña. pero se ríen en sus narices dirigentes y transgueso­res). Y, lo que es peor, no está concienzada España para la restric­ción. Lo que hace te­mer que no estando mentalizada la colectividad para las vacas flacas, la estabilidad emocional, ya de por sí deterio­rada, al­cance niveles de preguerra.

  Para reponerse el nivel de los embalses al del pasado año pluvio­métrico tendría que estar quince días lloviendo. ¿Y qué más da que llueva dos semanas si el alivio sólo puede venir de una educación en frugali­dad que nunca llega; si el consumo de agua crece en pro­por­ción di­recta a la tala de árboles, al aumento del cemento, del ladrillo, de las piscinas privadas y del consumo de papel y celulosa?Siempre, como en la parábola de Aquiles y la tortuga, nunca Aquiles alcanzará a la tortuga...

  Sí, estamos en pleno capitalismo, en el supercapitalismo, estú­pido. Ciudadano: no confíes ya en nada y en nadie. Sálvate por tu cuenta y empieza a pensar en tu mísera supervivencia. El capita­lismo no quiere saber nada de los pobres, de los débiles y de los escrupulo­sos.

  Así es que ¡que se preocupen ellos! Si tienes agua, consúmela a espuertas, y si te atosiga la basura, tírala por la ventana, como se hacía con las aguas mayores hasta hace bien poco: ¡que reciclen ellos! Aunque no hayamos sido consumistas, consumamos como ellos. Así reventará este sistema del demonio lla­mado ca­pitalismo neocons.

 
 
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