La imposición de políticas neoliberales en América Latina no sólo ha devastado la economía de la mayor parte de los países del continente, sino que ahora pretende aumentar el hambre y la pobreza a través de la producción de agrocombustibles como "alternativa" para contrarrestar la crisis energética que enfrenta el mundo actual.
Teniendo presente también las nefastas consecuencias de los Tratados de Libre Comercio, se realizará próximamente en Nicaragua el Primer Encuentro Continental de los Trabajadores de la Agricultura y la Alimentación. En la cita, se discutirá la situación social del sector rural de la región, el problema de la tierra y los recursos naturales, el desarrollo de los transgénicos, además de los procesos de organización, unidad y lucha de los trabajadores por una seguridad y soberanía alimentaria contraria al modelo neoliberal.
Recientemente, visitó la sede en La Habana de la Federación Sindical Mundial para las  Américas, José Agualsaca Guamán, quien es Preside la Federación Ecuatoriana de Indígenas y el comité organizador de este evento.
-¿Cómo valora la cuestión de la agricultura en América Latina?
«Realmente ha venido teniendo un retroceso debido a que se han entregado tierras inservibles a los campesinos, indígenas y trabajadores rurales, mientras que las grandes extensiones con alta capacidad productiva permanecen en manos del Estado, las Fuerzas Armadas y los terratenientes.
Los gobiernos nacionales no han creado políticas orientadas a garantizar la sostenibilidad de la agricultura, la asistencia técnica, el sistema de créditos y la comercialización justa. Ellos apoyan en su mayoría la agricultura "moderna" y de exportación, por supuesto en busca de los dólares que al final salen fuera del país para guardarse o invertirse en bancos extranjeros y que no generan empleo alguno. Son los pequeños y medianos sembradores los que realmente van a alimentar a la población.
Por otra parte, los países industrializados como los Estados Unidos, diseñaron una serie de mecanismos para avasallar la agricultura interna latinoamericana. No podemos olvidar, por ejemplo, la revolución verde, que no significó implementar los transgénicos, abonos químicos, pesticidas y una serie de elementos nocivos para los cultivos».
-La identidad indígena se ha venido perdiendo paulatinamente como resultado de la exclusión en la vida política y económica de las naciones ¿Con qué óptica mira usted esta problemática en este continente?
Desde la década de los 80 hasta hoy se ha hecho sentir con más fuerza el movimiento indígena latinoamericano en el mundo. Comenzamos a ser reconocidos no solo como pueblos originarios, ancestrales, alternativos, sino también como organizaciones con impacto político. Esto es fundamental porque la FEI se funda en 1945, o sea, ya desde esta fecha se luchaba con el apoyo de la Revolución Rusa, después con Revolución Cubana, hasta que se expande por todo el continente y la disputa es fundamentalmente por la tierra.
Hace más de dos décadas que venimos exigiendo también un reconocimiento político y social dentro de nuestros países, es decir, iniciamos la lucha por la inclusión. En este sentido hemos avanzado mucho, y particularmente en el Ecuador hemos logrado que se reconozcan los derechos fundamentales del hombre, porque antes éramos considerados no como seres humanos, sino como seres de cargas de trabajo, como seres no pensantes.
Al mismo tiempo, próximamente va a ser implementada la ley de educación bilingüe, para enseñar tanto el castellano como las lenguas maternas originarias de cada provincia o pueblo, por ejemplo yo pertenezco al pueblo Kichua, y esa es mi lengua. 
Conjuntamente se ha reconocido la ley de la salud indígena que registra los conocimientos de las comunidades para curar y prevenir las enfermedades más tradicionales. En respeto a nuestra cosmovisión, dentro de la constitución ecuatoriana está incluida la ley de los derechos colectivos que exige la aplicación de la justicia indígena, en rechazo a las políticas de otros Estados que nos obligan a regirnos por sus leyes únicamente.
A mi juicio, lo más importante en este momento es unirnos como se  unen los pueblos indígenas y la sociedad ecuatoriana para impulsar una lucha más frontal por políticas de desarrollo, empleo, seguro social, educación y políticas que reclamen a los gobiernos una distribución más  equitativa de las riquezas.
En el caso especial del Ecuador, la mayor parte de los que llegaban al gobierno —hasta que tomó el poder el economista Rafael Correa— eran de derecha y se repartían las riquezas del Estado, eso sumado a la corrupción de los banqueros, financistas, los agroexportadores, etc. Estos presidentes arrasaban con la soberanía del pueblo con la aplicación de medidas económicas sin la consulta popular como fue el caso de la dolarización.
-En Bolivia por primera vez un líder sindicalista de procedencia indígena asumió el poder de manera democrática y apoyo abrumador del pueblo. ¿Cree que este hecho permanecerá aislado  en el continente o podría multiplicarse?
«El caso especial del compañero Evo Morales como primer presidente indígena latinoamericano es un resultado del proceso de lucha que hemos venido manteniendo.  Sin embargo, eso también ha causado grandes resistencias neocolonialistas excluyentes, porque aún algunos se preguntan por qué un indio puede estar gobernando un país.
Aspiramos que Morales redistribuya bien las riquezas, gobierne de manera alternativa, demuestre que se puede ser presidente en favor de la sociedad, sin buscar intereses personales. Lo más importante es que deje ese ejemplo a nivel latinoamericano, porque creo modestamente que los indios estamos preparados para asumir cualquier reto».
- Evidentemente existe un acercamiento entre el movimiento indígena ecuatoriano y el mandatario Rafael Correa, ¿qué puede decirnos al respecto?
«Cuando comenzó la primera vuelta de la campaña presidencial todas las organizaciones indígenas firmamos un acuerdo para promover la candidatura del economista Rafael Correa, con el que nos une más que nada un proyecto político alternativo.  La instauración de la Asamblea Constituyente por ejemplo es una propuesta que el movimiento indígena y social ecuatoriano había planteado desde hace aproximadamente 30 años.  Además, su programa de gobierno de una revolución alternativa y ciudadana, un no a la corrupción, sale de la experiencia colectiva de los campesinos e indígenas que viven en el campo. O sea, lo importante es que Correa con su firmeza ideológica y política logró capitalizar a la población ecuatoriana desesperanzada, y enunció  un proyecto a corto y largo plazo para cambiar la realidad del país.  Este proyecto nos está permitiendo reorganizar nuestra fuerzas indígenas, sociales, sindicales, porque también en este camino nos falló el coronel Lucio Gutiérrez al cual habíamos apoyado y terminó a los pies del imperio norteamericano».
-¿Cómo describe las actuales relaciones del movimiento Indígena con el Gobierno ecuatoriano? ¿Piensa que puedan semejarse las historias de Lucio y Correa?
«No, nosotros no creemos que eso pueda suceder, lo significativo es que existen buenas relaciones con el presidente. En este momento él  trata de instituir la unidad nacional, por lo que el sector indígena no ha tenido una prioridad, pero tanto nuestro movimiento como el campesino tenemos espacios de organización. Lo que nosotros tememos es que con esta propuesta nos metan en un mismo "saco" a todos porque los pueblos indígenas tenemos nuestras diferencias.
Igualmente consideramos que en el gobierno de Rafael Correa todavía hay gente de derecha, es decir, que no es un gobierno puro si no que está en construcción. No obstante, allí estaremos en las grandes luchas que de seguro va a vivir el país».
-¿Cuál fue la reacción del movimiento indígena ecuatoriano ante la violación de la soberanía de su territorio por parte del Gobierno colombiano?
«Fue un hecho repudiado por toda la población ecuatoriana y América Latina. La muerte del comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC), Raúl Reyes, demuestra nuevamente la acción del imperio en el continente. Realmente no pueden compararse las fuerzas beligerantes de las FARC con un imperio que trata de decir que el problema son las guerrillas. Para nosotros este movimiento es un pueblo organizado, un pueblo en armas que lleva a cabo un proceso de lucha.
No nos olvidemos que durante las décadas del 70 y 80 en la mayor parte de las naciones latinoamericanas había fuerzas que trataban de tomar el poder por las armas como sucedió con la Revolución Cubana. Los compañeros de las FARC también están luchando por la toma del poder político. Sin embargo, se toman otros matices en el empeño imperial de detener los procesos contrarios al modelo neoliberal, particularmente los de Ecuador y Venezuela. También hay otro trasfondo y es la intención de apoderarse del petróleo venezolano y todos los recursos naturales del Amazonas, la región andina.
Entonces, nosotros planteamos que no fue ni el gobierno colombiano ni sus militares los que actuaron, sino el Comando Sur de EEUU. ¿Y dónde están ubicados? Pues justamente en nuestro territorio, en la base de Manta, base que hemos pedido al gobierno nacional que la elimine porque desde ahí vigilan a los mandatarios latinoamericanos  y hacen daño a Ecuador.
Por lo tanto, aquel fue un acto criminal en el que jugó un papel preponderante en rechazo a las actitudes del imperio nuestro presidente Rafael Correa, con su liderazgo y firmeza política».
El imperialismo siempre se ha empeñado en tratar de fraccionar el movimiento sindical bajo el lema "divide y vencerás". ¿Cómo cataloga este empeño en nuestra región?
«Yo creo que una de las tantas estrategias que tiene el imperialismo es precisamente dividir el movimiento sindical organizado, no tocar temas que son fundamentales como son el derecho al empleo o a las necesidades básicas de los trabajadores.
  Es por eso que el imperialismo siempre tendrá sus armas y artimañas para abrir una brecha ante el movimiento sindical clasista.
En este caso el imperio va a tratar de detener el avance de la FSM y sus organizaciones afiliadas en todos los países de A. Latina y el mundo. Nosotros lo que si tenemos es un trabajo de conciencia organizativa, que hoy es nuestra gran arma, cuando las otras centrales lo que tienen es gran cantidad de recursos económicos que utilizan para comprar la moral de dirigentes, pagar viáticos y honorarios, enviarles casi todos los meses a los mejores países donde, se hospedan en los mejores hoteles, y viajan en primera clase de las mejores aerolíneas, cosas que evidentemente en la FSM no existen. Es  desde esta perspectiva que vemos como nuestra arma principal en proceso organizativo y la recuperación de una FSM, fuerte primero en A. Latina y luego en el mundo».
Próximamente en los primeros días de mayo se celebrará en la capital de su país el Encuentro Sindical de Nuestra América, al que ya se han adherido más de 50 organizaciones sindicales de todo el continente americano. ¿Qué se propone la FEI para esta importante cita?
«Bueno, lo que nosotros estamos preparando para el Encuentro de Nuestra América en el Ecuador es que no sea este un encuentro de saludo a la bandera. Yo creo que hay que profundizar más. En el movimiento sindical tenemos que hacer algunas autocríticas, ya que América Latina ha sufrido la división y el sometimiento de muchos gobiernos al imperio, por eso creo que lo más importante de todo es la unidad, pero la unidad con un objetivo claro.
Lo primero es la lucha contra el modelo neoliberal que ha implementado la tercerización   y el trabajo infantil entre mucho otros.
Por ejemplo, hoy en ecuador solo se entiende por trabajadores aquellos que laboran en el ministerio de salud, los del sector eléctrico, y el de servicios, olvidándose un poco del sector campesino, o sea nos olvidamos que el campo es la base social de la creación de fuentes de empleo y riquezas.
Otro tema a analizar es que el movimiento sindical solo se ha quedado luchando por el salario, o por un contrato colectivo para evitar despidos, es decir, por cuestiones secundarias, dejando de actuar política  e ideológicamente. Y es entonces por esto, que el Encuentro de Nuestra América debe retomar cómo trabajar en la fuerte preparación política e ideológica para enfrentar el modelo capitalista-neoliberal tanto nacional como internacional».