El Rostro Verdadero 
Amado Sanmartín Hernández 
 
A unos diez minutos del Centro Histórico, se puede encontrar de frente el deprimente escenario de la gente que vive en las peores condiciones infrahumanas e inimaginables: sin los servicios necesarios más mínimos como el agua entubada, drenaje, alumbrado, pavimento. En todas las covachas letrinas a cielo abierto, aguas represadas y contaminadas reproductoras de focos de infección y de epidemias; veredas polvorientas y “caminos sin orillas” (remember Juan  Rulfo); viviendas y escuelas de láminas acanaladas en terrenos escarpados o en cañadas  en peligro constante de derrumbes o de inundaciones.
          Son los males crónicos no se sabe de cuantos oaxaqueños –porque los pobres no caben en las estadísticas--, que viven y mueren atrapados en el submundo al que fueron condenados por los gobiernos ciegos por el  poder y la corrupción.
          La única realidad aquí, es la marginación, la miseria, el hambre, el atraso y la falta de todo para sobrevivir o cicatrizar sus heridas que hacen sangrar los sexenios de la barbarie y el autoritarismo. Aquí… a unos diez minutos del Centro Histórico, se han quedado enterradas tantas esperanzas de todo; tantos anhelos despertados por las promesas de los gobernantes, cuyas riquezas crecen mientras más miserables hacen a sus pueblos, o sus fortunas aumentan en proporción a los pobres que como los peces de Jesús se multiplican y amanecen cada nuevo día.
          Las montañas de paradojas de este mundo del Siglo XXI: aquí… los pobres no comen porque no tienen; allá… los ricos no comen para no engordar. Aquí... los pobres no salen ni en las radiografías; allá… los nuevos ricos sexenales salen en Forbes.
          Quien quiera retratar la pobreza de Oaxaca… no tiene que ir muy lejos; también si quiere una postal de la deslumbrante y ofensiva riqueza de quienes lo ¿gobiernan?
          El rostro verdadero de Oaxaca no es su Guelaguetza, es su miseria; “de cara a la nación”, es su gobierno autoritario. 
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PARA quien todavía no lo creía –aunque lo estaba viendo y sintiendo y aun así se tragaba las mentiras del goebbeliano gobierno del Estado--, la delincuencia tuvo que meterse hasta la cocina. Otro poquito y llega hasta los mismos bebederos de Los Portales. Ya antes, una cabeza decapitada había tocado la puerta del procurador Evencio para que le hiciera justicia.
            Este miércoles la muerte anduvo rondando libre, impunemente, a unos pasos del Centro Histórico, donde no hace mucho “el helicóptero justiciero” (¿será aquel que cayó en lo blandito con el gobernador adentro?) sembró el terror en pleno tianguis y desmanteló los puestos del Mercado de Abasto durante un impresionante pero fracasado operativo de medio millar de genízaros comandados por el director de la policía preventiva, Jorge Alberto Quezadas Jiménez, quien con el geriátrico titular de la SEPROCI y el de la pomposísima Agencia Estatal de Investigaciones (FBI por su siglas en inglés), son los payasos que quien  sabe de qué circo fue a traer el gobierno del Estado para salvar el Titanic tocado por el iceberg de la inseguridad, cual peloteros emergentes para sacar a los Guerreros de Oaxaca del hoyo en que se encuentran.
            Aunque a veces los hechos son más brutales de lo que dice la prensa, --y menos de lo que difunde el gobierno--, el capítulo de ese día no debe quedar en un imaginativo rodaje de una película de los hermanos Almada; o en otra jalada oficial y la mediocracia para atribuir estos hechos a otro acto conspirativo de la Asamblea Popular, como podrían difundirlo los aduladores portavoces a sueldo, a los que después vergonzosamente andan desmintiendo importantes oficinas federales.
            Ya se habían  dado crímenes en céntricas calles de la ciudad, como el de un médico en el interior de su clínica y el de un agente ministerial en el Paseo Juárez, además de los secuestros de conocidos hombres de negocios, cuyos paraderos no han podido ser establecidos desde el aire por “el helicóptero justiciero”. Solo faltaba que como en película se diera un  tiroteo ora si que en vivo entre policías y maleantes, a fin de seguir presentando a propios y extraños nuevos y atractivos espectáculos como parte del folclor que ya los diputados deben institucionalizar por decreto, y no solamente como shows previos a la Guelaguetza.
            ¿Qué más falta en el menú para estas fiestas tan importantes para que de cara al mundo se luzcan las autoridades gubernamentales y su distinguida aristocracia invitada? ¿El mismo quiosco o el ex palacio de Gobierno serán el escenario para un próximo acto que todavía nadie conoce, a fin de que los oaxaqueños y los visitantes no pierdan su capacidad de asombro? ¿Será acaso un sacrificio humano ya no con cuchillos de pedernal, sino con ráfagas de “cuerno de chivo”? 
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MAS que por tradición, la realización de las fiestas de la Guelaguetza, para el gobierno del Estado, es por orgullo. Es prioritaria; más importante que la seguridad y el combate a las bandas delincuenciales, inclusive, en estos momentos, que las próximas elecciones para diputados federales; o el desastre económico no solo de los empresarios sino de toda la población. La Guelaguetza fue robada para legitimar la administración ulicista. Una fiesta ceremonial que se ha convertido en una especie de seguridad de Estado; antes el gobernante se rodeada del pueblo, ahora lo hace de soldados, con detectores de metales en las entradas al Auditorio, que antes era la Rotonda de la Azucena; antes la fiesta era para el pueblo, ahora ha sido desplazado por el turismo y los “acarreados”.
            Como hace un año, las fiestas de los Lunes del Cerro están garantizadas por soldados, policías federales, locales y municipales, “porros”, mercenarios y paramilitares apostados por todos lados del auditorio, pero estos ejércitos podrían alejar a posibles clientes, quienes al ver a tanta gente guardando el orden, intuirán que algo no anda bien, porque si las cosas marcharan normalmente, no tenía porqué haber tanta vigilancia. Por seguridad, cuando alguien observa a personas aglomeradas alrededor de algo, es que nada bueno está pasando, y si aprecia el pellejo y no es suicida, se aleja, pasa de largo o se va por otro lado. Sería el efecto bumerang: tanta vigilancia, haría a la gente temer lo peor.
            Por lo pronto, la Asamblea Popular anunció que no se meterá en chismes; que la Guelaguetza es boicoteada por los mismos actos autoritarios del régimen ulicista, y que gobiernos de Europa, y los Estados Unidos, han advertido a sus paisanos tener cuidado si vienen a Oaxaca, porque su seguridad no es garantizada por nadie.
            Por el momento, para el gobierno nada hay tan importante como llevar a cabo la Guelaguetza. Al costo que sea. Con la seguridad que le dan las fuerzas armadas, podría estar celebrando la Guelaguetza los lunes de todo el año, aunque hoteleros y negocios de bebidas empedantes del Centro Histórico digan que les va mal, la secretaria de Turismo y el “voz-cero” aseguren lo contrario.
            Ojalá la Guelaguetza resuelva todos los problemas de Oaxaca, porque si no es así, hay que devolverle esa fiesta robada al pueblo, y dejar de negociar con ella  para enriquecer a unos cuantos, proyectando la imagen del gobernante en  turno y los gorrones de sus invitados.
            Mientras tanto, la Asamblea Popular y los profes de la Sección 22 invitan a propios y extraños a su Guelaguetza que harán este lunes, como hace un año, en las instalaciones del Instituto Tecnológico de Oaxaca. 
#1
26-07-2008 17:31
Perdon, SON PARACAIDISTAS, O TAMBIEN QUIEREN QUE EL GOBIERNO LES DE CASA.
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