Con la frase "el pensamiento no delinque" he "defendido" (me resulta evidente la ironía de que yo defienda) sucesivamente a Martín Heidegger (conste que solamente de un libro que lo suprimía como pensador al probar su temporal nazismo), y ahora la parte buena, la ateología, de Fernando Savater. No debe tirarse al niño con el agua sucia, recordaban los clásicos.
Porque hay que advertir, con toda su importancia, que declarando libre el pensamiento, pero impidiendo que llegue a la impresión, ese pensamiento primero se agua, luego se deteriora y termina desapareciendo. Sin libertad de imprenta (que se decía antes) no hay libertad de pensamiento. Porque las ideas las sostienen hombres en mutua conversación y debate, y sin esa plaza pública de la impresión no hay debate, no existe el experimento y error de la confrontación de ideas con ideas, y por lo tanto la libertad de pensamiento resulta una mera declaración de intenciones, un fraude.
Un fraude o una "libertad" como la ofrecida por el que fue mi profesor de Formación del Espíritu Nacional, se podía escribir cualquier cosa, aunque para el cajón. Sabiendo que el cajón carece de cualquier salida.
Pero al defender a Heidegger o a Savater, independizando su actividad intelectual, digna de debate, de su postura política, también nombraba, pero bajo cuerda, a contrario, el pensamiento de Rosa Luxemburgo, de León Troski de G. Lukacs o de A. Nin; o a Althusser, el homicida de su mujer, a quién tantos no se atreven a mencionar cuando aprendieron de memoria sus traducciones (muchos de los integrantes del Aparato Ideológico del Estado por excelencia, la universidad). Es decir que el pensamiento no debe demonizarse (creo que es bastante acertado este adjetivo teologizante, dado el ambiente) sino rebatirse o aceptarse según la capacidad o el interés que guíe a cada uno en la confrontación de ideas.
Lo peor es cuando las ideas brillan por su ausencia, porque esa oscuridad de los hechos sin explicación nos acaba rellenando la cabeza, e impide que comprendamos que el debate del pensamiento aporta luz sobre los actos, nunca delinque.
El pensamiento es libre.
Victor Simón Mercado|14-09-2007 20:44
Lo que saco en claro de este texto es que el pensamiento constructivo que hace progresar al hombre no debe deshecharse por subjetividades como el caso de Heidegger expuesto por Francisco Bonal. Por otro lado, en cuanto a la libertad de pensamiento, se expone que sin imprenta no existe, es decir, que se pierde (en mi opinión) para la posteridad y por lo tanto no se dá el pensamiento constructivo al igual que un ladrillo que se guarda en el almacen de la obra y no se utiliza para la edificación de la obra. Estoy de acuerdo con el último párrafo, me recuerda el hecho de las tradiciones seguidas por la gente sin reparar en la razón de ser de las mismas.
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