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El ingenio fácil

La prensa de este país y las tertulias televisivas y radiofónicas que no pertenecen al ala de la derecha, dedican ríos de tinta y horas a analizar, a desgranar, a ironizar y a pulverizar los constantes dispa­rates en forma de dimes y diretes, tácticas y maniobras personales de ese partido político...
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 21-1-2008 | 259 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/el-ingenio-facil

  Me refiero a ése más parecido a una troupe cómica tipo Marx Brothers, que a una asociación pensada para gobernar en serio y respetuosamente para todos, pese a ser seguida por tantos... No sólo a eso se dedican los sesudos analistas políticos y demás expertos de la sátira:  también a destacar las increíbles y sublimes ideas y pensamiento del más grande político políglota de la España Unida de los últimos siglos: José María Aznar.

  Leo y leo cada día cosas sobre todos ellos y sobre  todos los dislates que quepa imaginar: desde frases que pasa­rán a la historia, como ésa de que “España se rompe”, pasando por lo de “los hilillos del Pres­tige” a cargo de Rajoy o que “el gobierno negocia con los terroris­tas”, hasta la irrupción, ex machina (como antiguamente Dios en los dramas) del tal Pizarro ése en la militancia del PP, supercontratado  como plañidera para  llorar a coro con los del partido  a las víctimas de élite de ETA.

  No pasa un día sin que esa troupe de falsos políticos -falsos por­que son semimafiosos metidos a tales- no den que hablar, no den te­mas para la sorna y no dejen una estela de jolgorio y de mal rollo, muy chistoso casi siempre pero muy lejos de la que dejan las chirigo­tas gaditanas una vez acabado el Carnaval.

  El caso es que aun divirtiéndome con algunas disquisiciones y gra­cietas que hacen frecuentemente los periodistas a propósito de las tontunas y las boutades de los chicos y chicas del PP, lo cierto es que estos chavales y chavalas, enredados en lo único que de ver­dad les interesa: construir, acaban rebajando también el nivel del fa­cilón ingenio de quienes se dedican a seguir sus sandeces y gilipo­yeces, como rebajan ahora el de quien suscribe este escrito.

  Yo creo que a pesar de representar más o menos a medio país, lo que merecen en realidad estos payasos retorcidos es el mayor des­precio de quien no hace aprecio... No valen la pena. A veces me pa­rece que prestar tanta atención a tanta estupidez tras otra, es como si los psiquiatras de una Casa de Salud, o manicomio como se las lla­maban antes, se dedicaran a discutir en broma o en serio con los internos más trastornados de la última planta.

 
 
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