Liberal sí, pero mientras no se responda como se merece al catolicismo aún dominante y estridente, y mientras se practique la esgrima de salón en la réplica al sistema; es decir, mientras el florete gráfico o crítico lleve la punta embolada. Porque si se le punza y hiere certeramente, cualquiera puede ver su libertad gravemente comprometida. Sobre todo si lleva apellido euskaldún...
  Esa propensión y facilidad la encarna hoy día a pedir de boca un locutor de radio paradigma del antiperiodismo. Más: del periodismo de comadre. Esa clase de periodismo que nada tiene que ver con el espíritu de los contramedios o medios dedicados a la contrainformación que intentan contrarrestar el vicio de la manipulación informativa y opinante; ese periodismo que no pone en evidencia la injusticia, la extravagancia, la hipocresía o la desmesura, sino que las sustituye por las suyas...
  Pues bien, ese locutor arzobispal para olvidar ha puesto precio al honor de un alcalde, si es que los alcaldes tienen honor; sobre todo, si es que, en democracia un alcalde o un rey tienen más honor que el ciudadano común.
  Es más, en una democracia quienes sobresalen en la política y en los círculos mediáticos que se retroalimentan entre sí, ¿creen ustedes que han de tener honor? Pues yo creo que en una sociedad como Dios manda, el honor sólo es patrimonio del ciudadano del montón. Los que comparecen en público la mayor parte de los días del año con infinidad de canonjías y montones de billetes amén de comisiones, no tienen honor. No pueden tenerlo sencillamente porque el poder -sea político o mediático- corrompe, y todos -políticos y periodistas-, salvo excepciones, están corrompidos por acción o por omisión. Y los políticos y periodistas excepcionales que no se han corrompido, no distan ni una micra de los ciudadanos comunes que ni medran, ni se enriquecen, ni se venden. Ambos son sólo los que tienen honor...
  Pues ¿quién se atreve, visto lo visto, a asegurar que el honor de un periodista llamado Pedro Jota o un tal Jiménez tiene algún valor? Por el contrario, ¿quién negará que el honor de otros periodistas, como María Antonia Iglesias o Enric Sopena, no está muy por encima no sólo de ese tal Pedro o ese mengano Jiménez, sino también del honor sospechoso del rey de copas?
#1
18-06-2008 14:17
Bueno, Antonia Iglesias o Enric Sopena no son tan demagogos como los otros citados; por usar un calificativo suavecillo.
Incluso a veces estoy de acuerdo con lo que dicen.
De todas formas no me interesa gran cosa lo que digan, pues cuando los veo compruebo que son como Mayra Gómez Kemp (la presentadora del 1,2,3), cuando decía eso de..... ¡¡¡y hasta aquí puedo leer!!!..... Pues esta peña son igual, saben lo que pueden decir y lo que no. Sinceramente, cada día me interesa menos lo que se ve, escucha o lee en los medios de masas. "Confieso" que cuando los sigo es para decirme a mí mismo: mira, ahí han mentido; ahí han manipulado de modo bochornoso; ahí han omitido la opinión o punto de vista de la otra parte; allí no le han dado ni bola; ahí tratan de vendernos una moto de algo, etc., etc., etc.
En fin.
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#2.- tambien aqui
18-06-2008 19:33
Lo que dice Kaos todos los dias el lo mismo que dices tu de sopena o la otra todos los
  dias lo mismo no te vayas a creer que cambia en algo 
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#3
18-06-2008 19:38
Sí, la verdad es que en los medios 'normales' es difícil encontrar críticas que vayan al corazón de los problemas. Se elude, probablemente porque quienes hablan -siempre los mismos, por cierto- se quedan en una especie de izquierda dulzona y superficial. No sé si por convicción o por temor a que dejen de invitarles (y pagarles), claro. Ni la menor crítica al entorno (anti) democrático en que se desenvuelve la mayor parte de nuestra vida. No se critica al neoliberalismo, ni a las conignas fascistas que emanan de los burócratas europeos, ni la más que discutible actuación de la justicia, de los cuerpos de seguridad, ni la razón por la que hay miembros de nuestro ejército fuera de nuestras fronteras. La mayoría de los 'debates' se notan encorsetados, dentro de los límites permitidos. Y, claro, no se invita a nadie del que se sospeche que pueda dar la nota. Todo dentro del orden dirigido desde arriba. No, la verdad es que los pocos periodistas con honor, no están en los medios. Sólo pueden ser leídos en estas páginas de internet. Al menos yo, son los únicos a los que creo.
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