Niño alcanzado por el glifosato
Noticias de la semana pasada en la prensa norteamericana me invitan a hacer un comentario. Un estudio de las Naciones Unidas reporta que los cultivos de coca en Colombia crecieron en un 27% el año pasado. Esto luego de varios años y billones de dólares de ayuda de los Estados Unidos enfocados en la erradicación aérea de los cultivos de coca en Colombia, regándoles el herbicida Round-Up Ultra producido por Monsanto, el cual es variedad que contiene una alta concentración de glifosato. La fumigación, llevada a cabo a mucha mayor altura de la recomendada por Monsanto (las instrucciones para el Round-Up vendido en los Estados Unidos sugieren regarlo a una altura de 120 centímetros, mientras que en Colombia se fumiga a 10 veces la altura recomendada).
La fumigación mata los cultivos de pancoger, destruyendo así la economía de subsistencia de campesinos, comunidades indígenas y afrocolombianas en donde tiene lugar la fumigación indiscriminada. Mientras que los fabricantes advierten que ni los animales de una finca ni las personas deben entrar a la zona fumigada durante varias horas luego de que la fumigación haya tenido lugar, la embajada de los Estados Unidos, según se lo ha declarado a varias delegaciones de Colombia Support Network, determina cuándo y dónde ocurrirá la fumigación, y rehúsa avisar con suficiente tiempo a los dueños de la tierra o a los alcaldes u otras autoridades oficiales cuando va a fumigarse en su respectiva área. Más aun. las fumigaciones se desvían en el aire y han cruzado la frontera colombiana hacia el Ecuador, causando daño a las cosechas, enfermando a los animales y a hombres, mujeres y niños expuestos a la fumigación.
Luego de años del Plan Colombia y del Plan Patriota, desde mediados de los 90 hasta hoy, las comunidades que han sufrido las fumigaciones han demostrado que estas causan problemas de salud y que son inefectivas para controlar la coca. Ahora hay una evidencia indiscutible de que la fumigación no reduce efectivamente las cosechas de coca. Noam Chomsky, en una conferencia organizada por Colombia Support Network en 1997, sugirió que el propósito real de la campaña anti-droga de los Estados Unidos y de la cual forman parte las fumigaciones en Colombia, no es para eliminar las cosechas de coca, pero sí para ejercer un control social sobre los pobres y desamparados tanto en Colombia como en los Estados Unidos. Cualquiera que sea el propósito, se llegó la hora de demandar el fin de las fumigaciones y que aquellos que patrocinaron las fumigaciones sean responsabilizados por el daño que sus decisiones costaron.
Esto es parte de la educación que esta columna ha sugerido deben recibir los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos: la campaña de las fumigaciones de las plantaciones de coca ha causado muy serios perjuicios. Estas deben acabarse y se debe compensar a los perjudicados.