No hay nada, absolutamente nada de lo que dicen los líderes y lideresas del PP que no esté viciado de estupidez, que no contradiga a fondo actitudes y afirmaciones rotundas del más o menos próximo pasado suyo, o que no sean fruto de algo entre risible y exasperante cinismo. Lo mismo que hacen los neocons yanquis, y la misma línea de provocaciones que emplean los teocons arzobispales españoles.
  En estas miserables condiciones psicológicas nos pasamos la vida desde que se instaló la esperada, prometedora y frustrante democracia. Pero hay más. Es que desde que razonaban el mimético y astuto Fraga de los principios titubeantes democráticos, el Herrero de Miñón o el Hernández Mancha, hasta ahora que simulan razonar los Aznar, Acebes, Zaplana, Rajoy, Aguirre y los obispos hay un abismo de retroceso en sentido común e incluso en sentido a secas.
  Entre la fiebre constructora y la neurastenia privatizadora la gente del PP pretende lo que se está viendo lleva a la ruina Bush a su país con sus guerras para vengar al dady, con sus desmesuras y promesas tan mentirosas como mentirosas fueron y son todo lo que dice desde que se aupó al poder con ayuda de los jueces de Florida, etc, etc. Y la mayor ruina la sufren y pagan siempre los que ya estaban arruinados...
  Mientras el votante no se percate de que los figurantes del PP son unos frenópatas ambiciosos que sólo piensan en sus bolsillos y en último término en los de familiares y allegados, este país no avanzará ni social, ni económica, ni política, ni moralmente. No sólo eso, es que volverá al tribalismo en el que ya más o menos está, y al desplome. Como al desplome total se dirige el Imperio de los yanquis: que es lo que esperamos y deseamos la mayoría de los que no hemos perdido -todavía- el juicio.