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El culto funerario

Las personas no somos ni podemos ser de una sola pieza. Sólo lo seremos -y aun así relativamente- si abrazamos el fundamentalismo religioso, político o filosófico.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 2-9-2008 | 304 lecturas | 1 comentario
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  Pero si no caemos en el fundamenta­lismo, nuestros pareceres dependerán muchísimo del asentamientoque elijamos como punto de partida argumental y de la óptica que apliquemos, independientemente del estado de ánimo que nos asista cada día. Esto no es propio de inestables, sino de relati­vistas, de de­terministas y de individuos mentalmente flexibles. Y cuanto más flexibles, más probabili­dad de instalarse en la "verdad" teórica posible...

  Por todo ello, por respetar lo que dicen y hacen los demás, que no quede... Yo respeto a todo el mundo. Desde los que viven de la Fiesta hasta los que hacen la guerra por cualquier pretexto. Respeto el cri­men, la risible vanidad de ese políticastro español mostrenco; también la so­lemne y estúpida teología del papa; de éste y de los 264 que le preceden. Respeto la tortura, los malos tratos, la violen­cia de todo gé­nero, el cinismo, la hipo­cresía, el terrorismo como ré­plica al terrorismo de Estado y el terro­rismo de Estado. Respeto la memez, la locura, la insensatez, la dro­gadicción, la prostitución, la estafa, la pedofilia y la perversión o perversidad, la crueldad, la sevi­cia... Respeto la energía nuclear y los transgénicos. Respeto la in­justicia allá donde se da. Respeto la vida y a quienes la quitan. Todo es por algo. Todo su­cede por mandato divino, por azar o por fatali­dad. En este punto y visto el panorama de la vida sin adscripciones ideológicas o mentales, sin prejucios, como animal mucho más irra­cional que racional, soy con­cluyentemente determinista aunque a renglón seguido defienda mi parcela, defienda al débil, defienda al victimario incalculable que la misma vida depara. El determinismo filosófico afirma que no somos li­bres, que si cree­mos serlo y cree­mos tener libre albedrío es, porque desconocemos las causas que nos impelen a obrar: bien o mal. Soy la reencarnación de Baruch Spinoza..

  El mundo no tiene arreglo, y los que a pesar de todo no somos pe­simistas ni derrotistas ni conformistas porque esperamos regresar al­gún día al paraíso perdido - en la otra vida o en esta liberados por los extraterrestres, que está por ver-, sabemos que el mundo está articu­lado por una filosofía univer­sal que pasa por el esforzado y casi inútil tejer de muchos y el desaliñado, fácil y mons­truoso destejer de pocos.

  Hay mucho progreso material en la medida que avanza el regreso moral representado por la anomia o ausencia de normas que nada tiene que ver con la beatífica anarquía: ese estado social ideal que proponemos los individi­duos absolutamente responsables; es decir, los individuos liberales y tole­rantes con los demás en la medida que somos exigentes con noso­tros mismos. La única anarquía posible y deseable pasaría por esa disposición total...

  Lo cierto es que avanza a marchas forzadas mucha racionalidad y mucha psicología sustituta de la ética, en la medida que progresa más la irracionalidad. Es decir, cada vez hacen más acto de presencia los comportamien­tos y actitudes individuales, colectivos e institucio­nales, torpes. Torpe es todo aquello que ni da provecho a nadie ni aporta equilibrio moral. Y equilibrio moral es todo lo que a su vez proporciona en alguna medida a la sociedad o al individuo sosiego psicológico y biológico, cada vez más buscado en las prótesis y en las autoayudas tan estériles como huidizas...

  Hay, pues, racionalidad y primitivismo a partes iguales. Y un ejem­plo es, en tiempos en que por fin se incineran los cadáveres, la pre­ocupa­ción de tantos por determinar qué cenizas corresponden al ser que­rido en las catástrofes, en los naufragios o en pasadas guerras dece­nios de añps después. Y menos racional y primitivo me parece, cuando en los hornos crematorios la industria necrófila entrega al deudo unas cenizas que son mezcolanza de las de varios finados y fi­nadas a la vez.


  Pues bien, esto, por ejemplo, es lo que no respeto. Porque veo con perplejidad en esa preocupación, el punto a que llegan estas socie­da­des bárbaras que tras inventar la play station no abandonan ni las guerras ni las religiones mercanti­les ni el absurdo culto a los muer­tos que no volverán.  Y todo y en parte, porque no tienen otra cosa mejor que hacer. En resumen y para acabar: estoy asombrado de ver cómo desde el Neanderthal se sigue respetando y venerando mil veces más a los muertos que a los vivos...

 
 
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Comentarios (1)

#1.- hurgando en los desperdicios

barrendero|03-09-2008 09:40

  encuentro y

Esto es lo que opino

  No respeto muchas cosas, al desconocerlas no puedo respetarlas aunque quiera. Si puedo ignorarlas, ser indiferentes a ellas, o cualquier otra de las tantas posiciones que tomo, aún sin saber.

  La muerte y la veneración,  me  he preguntado el porqué y he obtenido una respuesta, por ahora. La memoria perdida al andar por esta tierra.

La alienación que nos producce la educación capitalista, nos separa del ser que somos y que abarca mas dimensiones de las que tiene el ser alienado, pero no por eso dejan de estar ahí, en uno, en el otro. ¿Dos mundo separados y a la vez unidos por la delicada piel del ser?.memoria colectiva, memoria historica, memoria ...personal. ¿conciencia colectiva? 

       

     

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