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El cambio interior

Para creyentes y ateos por igual: «Quien no se esfuerza por cambiarse a sí mismo no puede cambiar el mundo» Pere Casaldàliga.
PepCastelló | Kaosenlared | 11-11-2006 | 924 lecturas | 7 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/el-cambio-interior

Una vez más el boletín de “ecleSALia”, que se supone va dirigido a personas «religiosamente creyentes», nos interpela a la totalidad de quienes ansiamos un mundo más justo y más humano. De él destaco el título y el párrafo que he remarcado con negrilla-cursiva.


¿Qué está cambiando? es la pregunta que merece ser reflexionada. Y digo merece, pero debiera decir exige, porque según yo lo veo mientras no nos la hagamos propia no vamos a cambiar nada, ya que estaremos encendiendo de continuo una vela a Dios y otra la Diablo. Se lo oímos decir a Pere Casaldàliga en aquella entrevista que le hizo Mónica Terribes «quien no se esfuerza por cambiarse a sí mismo no puede cambiar el mundo», y lo veo implícito ahora en este escrito que envía Manuel Batalla Gimeno desde El Salvador en el cual de forma clara y contundente dice «faltan testigos y sobramos protagonistas».


Está claro que se trata de dar testimonio, no de hacer discursos. Pero lo más probable es que para poder testimoniar tengamos que cambiar algo en nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, y el problema que se nos plantea entonces es cómo hacer el cambio. Porque ahí esta la madre del cordero, en gestionar el cambio. Uno no cambia de la noche a la mañana porque quiere cambiar, ni aun en el supuesto de que haya algo que le motive. Por lo general la forma de vida de cada cual se diseña ya desde la infancia a través de la educación, y si no cambian los individuos no cambia la sociedad. A menos, claro está, que se actue sobre las nuevas generaciones, es decir, que nos propongamos el cambio desde la escuela básica.


Y aquí es donde surgen las preguntas clave: ¿Qué hace nuestro sistema educativo para configurar las mentes escolares según un pensamiento más humano que el del sistema socioeconómico del cual formamos parte? ¿Qué hay en nuestras escuelas que habitúe a la población escolar a la introspección, al conocimiento de la propia persona, al análisis de los propios sentimientos y de la propia conducta? ¿Es posible sin esta capacidad de reflexión y de análisis interno contestar las exigencias del sistema?


Nuestra sociedad tiene abandonada por completo la idea de «vida interior», un término peyorativo casi por el mal uso que de él ha hecho la religión. Pero sea con esta denominación o con cualquier otra, aprender a contemplar la propia conciencia, vivir conscientemente nuestros sentimientos, analizar éticamente nuestra conducta es imprescindible para edificarse como persona. Es una capacidad que hay que desarrollar, y esto exige una atención y una práctica que no veo yo por parte alguna en nuestras escuelas durante las etapas de la educación básica. ¿Cómo podemos esperar pues que crezca esa flor si nadie la riega?


Bien está, en mi opinión, combatir los lavados de cerebro que durante siglos han hecho en la población escolar las religiones oficiales. Fuera de la escuela catequistas y adoctrinadores religiosos de todo orden, ¡fuera! Fuera sin lugar a duda alguna, porque la escuela no es un lugar para el proselitismo sino para aprender a pensar, a reflexionar y a convivir. Pero cuidado, no abandonamos la educación espiritual del alumnado, porque convirtiendo nuestras escuelas en meros «centros de instrucción» le hemos abierto de par en par las puertas al materialismo capitalista más inhumano. Y va a ser difícil ahora corregir eso como no nos apliquemos de verdad a exigir unos programas educativos verdaderamente humanos, no meramente instructivos. Y puestos ya a exigir, exijamos también una formación humana, no meramente académica, de quienes se dedican a educar, porque la realidad nos muestra que no basta el nivel de instrucción para humanizarse, pues abundan entre las gentes inhumanas y malvadas las personas instruidas.


En mi opinión, los intereses colonialistas que defiende ese congresista republicano prevalecerán tanto en Nicaragua como en cualquier parte del mundo mientras no consigamos una sociedad más humana, más dispuesta a poner en el primer plano la dimensión espiritual de la persona, ese aspecto de la configuración mental que nos hace sentirnos integrantes de la gran familia humana y parte del universo. Y este cambio en el modo de pensar y de vivir no se producirá solo sino que hay que hacerlo. Tenemos que hacerlo cada cual en su persona para que sea posible en la sociedad, y tenemos que transmitirlo mediante la educación a quienes nos van a suceder. Pensemos, por lo menos, en ello.


Pepcastelló
[Barcelona, 11.11.2006]


¿QUE ESTA CAMBIANDO?

MANUEL BATALLA GIMENO, dominico;
batallaop@gmail.com

SAN SALVADOR (EL SALVADOR).


ECLESALIA
, 07/11/06.- Entre las cosas que me han llamado hoy la atención, están estas palabras leídas en dos artículos: “… el congresista republicano Dan Burton apareció en una rueda de prensa en Managua el fin de semana pasado con el fin de lanzar descarnadas advertencias contra Ortega, y especialmente contra sus potenciales electores. Dijo que el sandinista significa "un peligro" para los intereses norteamericanos.” (Ariel Florit) Y por otra parte: “Una de las palabras clave, a mi entender, en el lenguaje de la Iglesia de esta nueva época en la que entramos, es: compartir, y esto hacerlo en favor de los desfavorecidos y las víctimas del actual desarrollo social.” (Javier López Díaz).


Las ingerencias de Estados Unidos en Nicaragua y otros países latinoamericanos, no son novedad. La palabra compartir en el discurso eclesial y en la práctica de muchos cristianos anónimos, tampoco es novedad; las limosnas con nombre y apellidos suelen tener muy poco de cristianas. Por cierto que estoy reflexionando en estos días, desde el ámbito de la misión evangélica y eclesial, acerca de la diferencia entre testigo y protagonista, y creo que nos faltan testigos y sobramos, quizá, protagonistas… En fin, pocas novedades, pocos cambios.


Novedad sería que América Latina entera -encabezando el cambio Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua… ¿por qué no?- se uniese para hacer valer los derechos de todos sus hijos e hijas, en diálogo y acuerdos con otros bloques humanos, porque de lo que se trata, ante todo, es de vernos y tratarnos como personas humanas, no de hacernos la guerra porque ambicionamos los recursos de los que pueden vivir los otros.


En 1980, Monseñor Oscar Romero era asesinado en San Salvador, y en 1981, en Managua, en la fachada de nuestra iglesia parroquial, habíamos puesto una gran manta que rezaba: “Amar es compartir, no acumular. Si Nicaragua venció, El Salvador vencerá”, y me parece que ya entonces, hace veinticinco años, estábamos en las mismas: ingerencia norteamericana y palabras que no lograban encarnarse del todo…


No somos ciegos para no ver el desarrollo tecnológico, del que muchos de nosotros y muchas veces nos servimos en nuestra vida diaria y en nuestro desempeño laboral u otros ámbitos… Pero, cuando vemos, escuchamos, pensamos y soñamos en clave de persona, de pueblos empobrecidos, de derechos humanos y de hechos inhumanos… nos preguntamos: ¿qué está cambiando?...


Se ha satirizado mucho a quienes pretendían cambiar el mundo escribiendo lo que descubrían entre los anaqueles repletos de libros; pero, ¿es un cambio sustancial el razonar y escribir sobre lo descubierto en las páginas web?... ¿Dónde está la realidad que queremos transformar para que sirva a las personas: a toda la persona y a todas las personas?... Es una pequeña reflexión inconclusa lo que les propongo, no más.

http://www.eclesalia.net
 
 
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Comentarios (7)

Ética para una vida en plenitud de consciencia

Manel de kaos|11-11-2006 14:01

Completamente de acuerdo con el compañero Pep.

El término está muy manido y puede llevar a pensar a nuestros lectores y lectoras en que el texto se habla de ideas sectarias o de energías interiores o no se de que historias, pero nada más lejos de nuestra realidad y voluntad de pensamiento crítico. Capacidad de pensamiento libre autónomo, no limitado ni limitativo eso es lo que se respira en kaosenlared.

Por eso creo entender que lo que Pep no propone en su reflexión es que pensemos sobre nuestro andar por la vida, sobre nuestra vida interior en un sentido ético de la existencia.

Y eso amigos y amigas los anticapitalistas y las gentes de izquierda que por kaos circulamos (más de 15.000 cada día) creo que lo tenemos claro y pensamos que estas ideas de reflexión sobre nuestras acciones en la vida no se pueden abandonar, ni en la escuela, ni en la familia, ni en las organizaciones revolucionaria ni en nuestra vida personal de cada día.

Un abrazo hermano!!

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11-11-2006 14:22

Totalmente de acuerdo con vosotros... La reflexión y el análisis no sirven de nada si no existe un compromiso real con nuestra propia realidad y entorno vital, tanto personal como colectivo.

Antionio Marín

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TXAI : mas que amigo mas que hermano, mitad yo mitad vos,das la vida por mi doy la vida por vos(Amazonia)

Roberto Ipar|11-11-2006 15:44

Por aca por mi barrio se dice que "si vos no cambias no cambia nada" y concuerdo plenamente, dando testimonio desde la experiencia personal.
La conciencia personal y colectiva de la humanidad que Casaldaliga quiere humanizar sigue creciendo de manera vertiginosa, desde mi humilde perspectiva lo siento cada dia. No lo puedo probar cientificamente pero lo intuyo y contribuyo para ese crecimiento con mi granito de arena, todo esfuerzo en este sentido dara sus frutos aunque no lo veamos hoy: Mi recurso interior se libera cuando logro soltar las riendas de mi materialidad, de mis miedos e inseguridades para ser una pequeña pero unica parte de esta realidad cosmica; Evo dice ¡no podemos aflojar! y estoy de acuerdo. 
Un abrazo fraterno desde Uruguay, con rebeldia y esperanza

Roberto Ipar  

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Gràcies Pep!

Xavier|11-11-2006 17:27

Son un regalo los escritos del amigo Pep que contienen reflexiones profundas que, por lo que a mi respecta y para mi mayor tranquilidad, muchas veces rehuyo de hacer. El cambio interior es indispensable. Pero este cambio no sirve de nada si no lo aplicamos a la vida pràctica y no revisamos constantemente nuestro comportamiento a la luz de la conciencia o como queramos llamar-la.

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Irene|11-11-2006 18:18

De acuerdo con la premisa. Además creo que la revolución de este siglo será así: congruente. Ya no doble moral como lo fue la revolución francesa o la actitud de ciertos “comunistas” de los sesenta hoy gordos capitalistas. Como dijo AMLO: "debemos hacer una revolución de conciencias". Y es que sí, es nuestra cabeza la que anda mal hace tiempo: la misoginia el colonialismo el canon católico-romano-griego entre otros están incrustados en nuestras mentes marcando pautas de cotidiana conducta.

Hoy más que nunca la historia nos ha llevado al limite de nuestros actos en donde queda claro que no abra cambios si no cambiamos cada uno de nosotros y eso es algo, que se demuestra en los actos cotidianos.

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teófanes|12-11-2006 09:42

Recuerdo un curioso paralelismo entre la tradición cristiana y la revolucionaria obrera: mientras Jesús de Nazaret decía que "la verdad os hará libres", Rosa Luxemburgo decía que "la verdad es revolucionaria".

En realidad los dos nos están diciendo lo mismo. Son dos caras de la misma moneda. La verdad nos hace libres PORQUE es revolucionaria. Y al revés. La verdad es revolucionaria PORQUE nos hace libres.

Simplemente, Jesús se preocupa por los aspectos íntimos de la verdad: debes buscarla, y hallarla, para ser libre en tu interior.

Porque la única forma de ser revolucionario es partiendo de la libertad interior de cada uno.

Por eso se preguntaba Gramsci si era posible amar a toda la clase obrera, si antes no habías amado profundamente a una sola persona...

Por eso Sócrates se empeñaba en no buscar las respuestas en el mundo exterior, sino en el interior de la persona, convencido como estaba de que todas las respuestas ya están en nuestro interior...

Así, siguiendo a Pere Casaldàliga, el mundo debemos cambiarlo las personas. Por eso las personas conscientes debemos fortalecernos interiormente para poder llevar a cabo nuestra misión.

Buf, qué filosófico me he puesto...

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Por, con Marx y Engels, discrepar un poco

12-11-2006 14:24

Según anuncian los ideólogos alemanes, Alemania ha pasado en estos últimos años por una revolución sin igual. El proceso de descomposición del sistema hegeliano, que comenzó con Strauss, se ha desarrollado hasta convertirse en una fermentación universal, que ha arrastrado consigo a todas las «potencias del pasado». En medio del caos general, han surgido poderosos reinos, para derrumbarse de nuevo en seguida, han brillado momentáneamente héroes, sepultados nuevamente en las tinieblas por otros rivales más audaces y más poderosos.

Fue ésta una revolución junto a la cual la francesa es un juego de chicos, una lucha ecuménica al lado de la cual palidecen y resultan ridículas las luchas de los diádocos.

Los principios se desplazaban, los héroes del pensamiento se derribaban los unos a los otros con inaudita celeridad, y en los tres años que transcurrieron de 1842 a 1845 se removió el suelo de Alemania más que antes en tres siglos.

Y todo esto ocurrió, según dicen, en los dominios del pensamiento puro.

Trátase, sin duda, de un acontecimiento interesante: del proceso de putrefacción del espíritu absoluto. Al apagarse la última chispa de vida, las diversas partes de este caput mortuum entraron en descomposición, dieron paso a nuevas combinaciones y formaron nuevas sustancias.

Los industriales de la filosofía, que hasta aquí habían vivido de la explotación del espíritu absoluto, arrojáronse ahora sobre las nuevas combinaciones. Cada uno se dedicó afanosamente a explotar el negocio de la parcela que le había tocado en suerte. No podía por menos de surgir la competencia. Al principio, ésta tenía un carácter bastante serio, propio de buenos burgueses. Más tarde, cuando ya el mercado alemán se hallaba abarrotado y la mercancía, a pesar de todos los esfuerzos, no encontraba salida en el mercado mundial, los negocios empezaron a echarse a perder...

Para apreciar en sus debidos términos toda esta charlatanería de tenderos filosóficos que despierta un saludable sentimiento nacional hasta en el pecho del honrado burgués alemán; para poner plásticamente de relieve la mezquindad, la pequeñez provinciana de todo este movimiento joven hegeliano y, sobre todo, el contraste tragicómico entre las verdaderas hazañas de estos héroes y las ilusiones suscitadas en torno a ellas, necesitamos contemplar siquiera una vez todo el espectáculo desde un punto de vista situado fuera de los ámbitos de Alemania.

La crítica alemana no se ha salido, hasta en estos esfuerzos suyos de última hora, del terreno de la filosofía. Y, muy lejos de entrar a investigar sus premisas filosóficas generales, todos sus problemas brotan, incluso sobre el terreno de un determinado sistema filosófico, del sistema hegeliano. No sólo sus respuestas, sino también las preguntas mismas, entrañan un engaño. La dependencia respecto de Hegel es la razón de por qué ninguno de estos modernos críticos ha intentado siquiera una crítica omnímoda del sistema hegeliano, por mucho que cada uno de ellos afirme haberse remontado sobre Hegel. Su polémica contra Hegel y la de los unos contra los otros se limita a que cada uno de ellos destaque un aspecto del sistema hegeliano, tratando de enfrentarlo, a la par, contra el sistema en su conjunto y contra los aspectos destacados por los demás...

Toda la crítica filosófica alemana desde Strauss hasta Stirner se limita a la crítica de las ideas religiosas. Se partía de la religión real y de la verdadera teología. Se determinaba de distinto modo en el curso ulterior qué era la conciencia religiosa, la idea religiosa. El progreso consistía en incluir las ideas metafísicas, políticas, jurídicas, morales y de otros tipos, supuestamente imperantes, en la esfera de las ideas religiosas o teológicas, explicando asimismo la conciencia política, jurídica o moral como conciencia religiosa o teológica y presentando al hombre político,  jurídico o moral y, en última instancia, «al hombre», como el hombre religioso. Tomábase como premisa el imperio de la religión. Poco a poco, toda relación dominante se explicaba como una relación religiosa y se convertía en culto: el culto del derecho, el culto del Estado, etc. Por todos partes se veían dogmas, nada más que dogmas, y la fe en ellos. El mundo era canonizado en proporciones cada vez mayores, hasta que, por último, el venerable San Max pudo santificarlo en bloque y darlo por liquidado de una vez por todas.

Los viejos hegelianos lo comprendían todo una vez que lo reducían a una de las categorías lógicas de Hegel. Los jóvenes hegelianos lo criticabantodo sin más que deslizar debajo de ello ideas religiosas o declararlo como algo teológico. Los jóvenes hegelianos coincidían con los viejos hegelianos en la fe en el imperio de la religión, de los conceptos, de lo general, dentro del mundo existente. La única diferencia era que los unos combatían como usurpación ese imperio que los otros reconocían y aclamaban como legítimo.

Y, como para estos jóvenes hegelianos las representaciones, los pensamientos, los conceptos y, en general, los productos de la conciencia por ellos sustantivada eran considerados como las verdaderas ataduras del hombre, exactamente lo mismo que los viejos hegelianos veían en ellos los auténticos nexos de la sociedad humana, era lógico que también los jóvenes hegelianos lucharan y se creyeran obligados a luchar solamente contra estas ilusiones de la conciencia. En vista de que, según su fantasía, las relaciones entre los hombres, todos sus actos y su modo de conducirse, sus trabas y sus barreras, son otros tantos productos de su conciencia, los jóvenes hegelianos formulan consecuentemente ante ellos el postulado moral de que deben trocar su conciencia actual por la conciencia humana, crítica o egoísta, derribando con ello sus barreras.

Este postulado de cambiar de conciencia viene a ser lo mismo que el de interpretar de otro modo lo existente, es decir, de reconocerlo por medio de otra interpretación. Pese a su fraseología que supuestamente «hace estremecer el mundo», los jóvenes hegelianos son, en realidad, los mayores conservadores. Los más jóvenes entre ellos han descubierto la expresión adecuada para designar su actividad cuando afirman que sólo luchan contra «frases».

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