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Internacional - Rel. Internacionales / Geopolítica versión imprimir Enviar esta noticia a un amig@ Convertir a PDF Noticia Anterior Noticia Siguiente
El Ejército rojo y la guerra civil rusa (*)
  La revolución rusa tuvo dos momentos por encima de todos, Octubre naturalmente, la guerra civil que fue una victoria en la derrota. Victoria porque el Ejército Rojo se impuso, pero derrota también porque las condiciones materiales quedaron al borde del abismo…De todo esto hace ahora 90 años.
Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaos en la Red) [13.03.2008 22:33] - 701 lecturas - 5 comentarios


            Las revoluciones rusas de febrero (marzo), la democrática, y la de octubre (noviembre), la socialista, fueron (lo mismo que el «ensayo general» de 1905), provocadas por los grandes cata­clismos militares del zarismo en declive irreversible. Pero, mien­tras que en 1905 las tropas se mantuvieron fieles a la autar­quía a pesar de su vergonzosa derrota en Siberia oriental y China frente al Japón, y de la crisis abierta con la gran matan­za de ciudadanos en San Petersburgo, en 1917 dicha fidelidad fue radicalmente quebrada por un proceso revolucionario mar­cado por la descomposición militar y unas imperiosas exigen­cias de paz que, de la mano de unas grandes reivindicaciones democráticas y sociales, deter­minaron el «impasse» del gobierno provisional y el ascen­so de los bolcheviques, quienes para cumplir los objetivos de la revolución se vieron forzados a protagonizar una nueva guerra. Una guerra que destruiría las ya atrasadas condiciones socio-eco­nómicas de un vasto territorio que en 1920 estaba en ruinas.

Hay que recordarlo, el (mal) llamado «golpe» de octubre se efectuó en nombre del progra­ma que las masas habían forjado en sus movimientos, un progra­ma que el gobierno provisional no podía cumplir sin romper sus ataduras con los restos del zaris­mo y con los Aliados. Fue un «golpe» básicamente incruento, sin resistencias significativas y en nombre del los soviets en el que todas las oposiciones al zarismo podía expresarse.

Octubre comenzó a andar por la historia con la nobleza y la ingenuidad de una buena per­sona. Entre sus primeras medi­das se cuentan la abolición de la pena de muerte y la procla­mación del derecho a la libre determinación de todas las naciones «encarceladas» por el zarismo; los ministros del gobierno provisional fueron liberados pronto y el general Krasnov, uno de los primeros alzados, lo fue igualmente tras dar su palabra de no volver a luchar contra el poder de los soviets. Los ejemplos en este en este sentido son abundantes. Los cadetes gozaban de libertad cuando se sublevaron, y los eseristas (populistas) de izquierda estaban en el gobierno cuando organizaron un levantamiento en Moscú y planificaron una serie de atentados que acabó con las vidas de dos Comisarios del Pueblo (Volodarski y Uritski) y Dora Kaplan dejó malhe­rido a Lenin. Después de todo esto, Trotsky pudo constatar con firmeza: «No entraremos en el reino del socialismo de guante blanco y sobre parquet encera­do».

          La revolución se arma.- Tradicionalmente la corriente socia­lista, en sus distintas manifes­taciones, había sido primordiamente pacifista y raramente había reflexionado sobre algo que teóricamente algunos reco­nocían, a saber que «en última instancia, la cuestión del socia­lismo es la de las armas» (Karl Liebknecht). Y aunque puede decirse que, dentro de esta tra­dición, los bolcheviques eran de los más «aguerridos», la con­trarrevolución armada les cogió en pleno idealismo revoluciona­rio.

Al llegar al poder tomaron en sus manos el compromiso de una paz unilateral, lo que sig­nificaba ante todo la retirada de Rusia de la coalición aliada y la firma en condiciones de infe­rioridad de un tratado de paz con Alemania (Brest-Listovk), lo que conllevó la ruptura con los eseristas de izquierdas y un grave conflicto interno en el par­tido gobernante entre una ten­dencia de guerra con honor y la que consideraba que había que consolidad el poder revo­lucionario con unas nuevas fuer­zas armadas capaces de resistir la contrarrevolución. El princi­pal responsable de este último cometido será León Trotsky, un amateur en la materia, lector de El nuevo ejército, de Juan Jaurés, y corresponsal en los Balcanes durante los primeros años de la Gran Guerra.

            Los blancos inician la guerra en mayo de 1918 con el levan­tamiento de la Legión Cheka, unos 50.000 checos con mandos franceses que forman una fuerza temible y marchan hacia el oes­te, ocupando sucesivamente Cheliabinsk y Omsk, para alcan­zar el Volga en Rusia. Los Alia­dos encuentran ahora una puer­ta abierta para intervenir de for­ma concertada, así mientras que las tropas franco-inglesas desembarcan en Murmansk a principios de junio y luego en Arkagel, en esta ciudad hay ya concentrados 12.000 soldados para «proteger» la región de un ataque alemán. En el sur, Denikin, crea un ejército de volun­tarios armados por el gobierno británico —que envía además una misión militar—, y comien­za a avanzar. Entre mayo y septiembre de 1918 los blancos se extienden como un reguero de pólvora.

        Comisario de Guerra, Trotsky ha de improvisar un nuevo ejército marchando   contra reloj, partido bolchevique se y nace un ejército en nentos bastantes heterogéneos como son la Guardia Roja creada como milicias de los soviets, un grupo de unidades del ejército nacional (muy en particular con los marineros de la flota báltica), el reclutamiento de una amplia base de volun­tarios enrolados por tres meses a 150 rublos por mes y que en febrero de 1918 eran 150.000 hombres, y finalmente un grupo cada vez más extenso de pro­fesionales del ejército zarista, lo que suscita una dura controver­sia. Lenin explicará esta singu­laridad diciendo que en este caso —como en tantos otros— se trata de construir el socia­lismo con los ladrillos viejos de la sociedad anterior.

Sin esta idea —la construcción de una nueva sociedad— no se puede comprender el gran giro de septiembre— cuando Trotsky, a la cabeza del V Ejército Rojo, derrota a los checos y reconquista Kazan— y todo lo que viene después.

              Muerte o victoria. Desde noviembre de 1918, las tropas alemanas resultan, en un prin­cipio, eliminadas, pero los Alia­dos le sustituyen por las puertas abiertas del Báltico y los Dardanelos. Dueños de Vladivos­tok, los japoneses dudan si seguir su avance. En 1919 tiene lugar la gran ofensiva combina­da de Koltchak, Denikin y Yudenich, y en abril del año siguiente entre en acción el ejército pola­co de Pilsudski, llegando hasta Kiev. En el ínterin, en el bando blanco, los elementos zaristas han prescindido de los sectores mencheviques y eseristas y el almirante Koltchak se hace con el mando único de la coalición antibolchevique. 1919 es un año de incertidumbre. Las tropas francesas desembarcan en Odessa, y los soldados ingleses ocu­pan Batum y Bakú, controlan el Cáucaso, el Kuban y el este del Don e imponen gobiernos blancos en toda la zona como los franceses habían hecho ya en el sur de Ucrania y en Cri­mea. Un especialista, Louis Fischer, resume así la situación:

        «Al oeste, Rusia estaba separa­da del mundo exterior por el Báltico, los alemanes, la flota inglesa y Polonia; al norte por las tropas inglesas, francesas, norteamericanas y serbias; al sur por los franceses en Ucrania, por Denikin en el Kubán y por los ingleses en Caucasia y Trans­casia; por último, al este de Siberia se encuentran los japo­neses y sus fieles aliados cosacos y al oeste los checos y Koltchak».

      Sin embargo, no todo está deci­dido. Ni mucho menos, un dato de que no es así lo ofrecen las dudas de los Aliados. Mientras Clemenceau quiere una inter­vención mayor, los británicos no están seguros. Lloyd George teme el rebrote de motines y desórdenes sociales y dice: «Si se iniciase una empresa militar contra los bolcheviques, ésta ter­minaría por bolchevizar Ingla­terra y por crear un soviet en Londres».

          El Ejército Rojo, que había comenzado la campaña con una extraordinaria inestabilidad, es ya en 1919 una poderosa maqui­naria de guerra. Desarrolla una lucha en todos los terrenos, de una forma muy lejana a las reglas clásicas, impulsado por una auténtica vanguardia prole­taria, una élite que antes había sido el alma de octubre de 1917 y que en estos años vivirá y morirá por la revolución. Una amplia hornada de antiguos militantes bolcheviques encabe­zan regimientos regulares y guerrilleros, entre ellos algunas mujeres excepcionales como la escritora Larisa Reisner y la hija de catalanes, llamada Eugenia Bosch. Cuando una zona está ocupada por los blancos, como la que rodeaba Petrogrado el 19 de octubre de 1919, la llegada del célebre «tren blindado» (un ver­dadero bazar militar en el que no faltan incluso los utensilios más inconcebibles en una guerra como pueden ser los libros) de Trotsky, las arengas de éste gal­vanizan a los defensores, exigen un esfuerzo postrero a los obre­ros agotados y el día 21 Yundenich tiene que replegarse.

            Un antiguo libertario, Víctor Serge, que se define contrario a la idolatría, escribirá sobre este hombre decisivo: «Lev Davidovich Trotsky es hoy, aquí —en Petrogrado—, el alma de la resistencia. Si las fuerzas de ataque se vuelven a formar a algunas leguas de la ciudad y se ponen metódicamente en movimiento; si los trenes de víveres, de municiones, si todas las fuerzas del pobre país agotado se mantienen, se organizan y se emplean con método para vencer, es porque están encau­zados con inteligencia y dirigi­dos por su voluntad. ¡Dura labor! Frente de Siberia, frente de Ucrania, frente de Carelia, frente de Arkángel... Frente de guerra civil en el interior. Terri­ble labor la del hombre que debe de pensar en todo y que debe, como verdadero revolu­cionario, obrar despiadadamen­te...».

          El régimen soviético ha estado con el agua al cuello pero emer­ge victorioso. Kolchak será fusi­lado después de haber sido rechazado hasta detrás del Ural mientras los últimos restos de su ejército serán destruidos. El peligro que plantea la interven­ción de Polonia acaba con una contraofensiva que llega hasta las puertas de Varsovia donde Lenin espera encontrarse con un movimiento favorable de los tra­bajadores, pero no es así. Pilsudki con la ayuda aliada, con­sigue detener a Tujachevski, el gran teórico de la ofensiva, una pretendida «ciencia proletaria» de la guerra que Trotsky rebate como después lo hará con la teoría de la «cultura proleta­ria»... En noviembre de 1920 Denikin será rechazado en Cri­mea.

                    Los desastres de la guerra.-     La victoria bolchevique conmovió y asombró al mundo.

      Para vencer tuvieron que que­mar todo lo que antes adoraban —la paz, un ejército de milicias clasistas, planes utópicos diver­sos, el pluralismo—, y adorar todo lo que antes quemaban —la guerra sin cuartel, la mili­tarización de la vida civil, la cen­tralización y el mando único, etc.—, y pusieron en este empe­ño una energía que solamente se conocen en la historia de las grandes gestas nacionales, reli­giosas o revolucionarias. Tuvieron que luchar en todos los frentes, contra sus naturales limitaciones y contra enemigos de dentro —comprendidos los que habían sido antes compa­ñeros— y de fuera — fueron hasta 21 las naciones que de una manera u otra apoyaron al Ejér­cito Blanco—, y en unas con­diciones como éstas, cuando en la conciencia de tal esfuerzo penetraba muy hondamente el ideario de una civilización, no hay tiempo para dialogar con los disidentes, conceder mucha importancia a los problemas humanos inmediatos y. la cen­tralización se hace necesaria, imprencindible.

        Sin el apoyo entusiasta de la gran mayoría de la clase obrera y de buena parte del campesi­nado y de otros sectores sociales — los patronos y terratenientes estaban excluidos-toña hubiera sido a te  impensable. Igualmente hubiera sido sin libertarías de los primeros años sin la reforma agraria, la libertad de separación de las nacionalidades; y tampoco lo hubiera sido sin el  descrédito “ancien régime», descomposición que llegó hasta, el alto mando  de los “Blancos”, a unos generales estirpe de Komilov que no tenían entre sus proyectos alguna forma de República democrática…

          El terror fue un hijo bastardo de la revolución. Nació en de la guerra, como una respuesta a la escalada terrorista de los eseristas de izquierda —tan habituados a estos méto­dos— y al auge de los actos con­trarrevolucionarios que prepara­ron el terreno para la emergen­cia del Ejército Blanco. Antes de arribar la actual moda denigratoria, los historiadores de mayor prestigio no tenían dudas en reconocer que la balanza de las atrocidades, los bolcheviques no causaron, ni de lejos, el número de víctimas y locuras que llevaron a cabo los blancos. Recordemos sin entrar en mayo­res detalles que éstos fueron virulentamente antisemitas y que la identificación —típicamente fascista— entre judaísmo y bolchevismo tuvo una gran fuerza en su acción y su propaganda. Solamente olvidando el contexto, la actuación de los blancos, la intervención extrema, y todo lo demás, es posible hacer, a la manera de Soljenitsin “historia­dor”, un juicio descalificados del bolchevismo, presentando a éste como mero heredero del Terror jacobino. Esto es violentar la his­toria con los mismos métodos que llevaron a Stalin a hacer desaparecer de las crónicas de aquellos años a Trotsky, algo tan inaudito —escribía Orwell— como lo puede ser omitir el papel de Nelson de la batalla de Trafalgar.

La guerra civil rusa fue materia de primera mano para diferentes generaciones de escritores rusos de los más variados matices, y ninguno de ellos, ni tan siquiera el oficialista Mijhail Sholojov, se atrevió a esconder el hecho de que el Ejército Rojo aplicó sin complejos la ley de «en la guerra como en la guerra».

(*) Artículo aparecido en el fascículo nº 9 de la Historia del comunismo aparecida en el diario Mundo a finales de los años ochenta.



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Hay 5 comentarios de los comentarios de esta noticia
#2 antisemitismo criminal durante la guerra civil rusa.
gonzalo blanco [2008-03-14 22:41:02]

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Es muy posible que los ejercitos blancos zaristas matasen a unos 100.00 judios durante la guerra civil, los mataban acusandolos de comunistas aunque la mayoria no tenia nada que ver con la politica, los mataban en masa incluyendo a mujeres y niños en pogroms espantosos donde los cosacos los  asesinaban a sablazos. En esa epoca estaba difundida la idea de los protocolos de sion y de hecho esta idea salto al ideario nazi en alemania de parte de emigrados rusos blancos como Rosemberg.
En este caso se seguia la linea de las centurias negras antigua organizacion de la policia secreta zarista, cuyo lema era "matad a los judios y salvareis a Rusia".
ver el libro de Norman Cohn
EL MITO DE LA CONSPIRACION JUDIA MUNDIAL


 
#3
[2008-03-15 00:48:17]

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Está bien el artículo, y está claro que la guerra civil influyó en la actitud posterior de los bolcheviques ante una realidad que se mostraba extremadamente terca de la mano de la contrarevolución. Pero... ¿no hablaba Lenin antes de arribar a Petrogrado en 1917 de Terror, es decir, antes de la invación de las tropas extranjeras y del alzamiento de los blancos? Esto se podría interpretar como su convicción preclara de que la contrarevolución no se quedaría de brazos cruzados ante el avance del socialismo, pero tambien como perpectiva de acción o punto programático (despiadado), si no es que ésto último es consecuencia de lo primero, naturalmente. Agradecería se me contestase a estas dudas.
 
#4 Lenin en 1917
pg-a [2008-03-15 12:22:39]

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            Hay algunos artículos míos sobre Lenin en 1917 que han aparecido en Kaos...Lenin como Trotsky consideraban que los causantes y cómplices de la "Gran Guerra" carecían de la menor autoridad moral para exigirles "medidas humanitarias"...Estaban obsesionados por que la revolucón no acabara como las anteriores, con la destrucción del movimiento obrero...De ahí que no les temblara el pulso a la hora de pasar por las armas a toda la familia zarista, incluido los herederos que podrían haber sido utilizados como bandera, ¿no se inventaron a Anastasia?. Esta será la parte más oscura del bolchevismo, y los documentos de Lenin  que se han desclasificado, añaden sal a las heridas de Kronstadt y todo lo demás. También me he referido a esto en diversos trabajos. 

            Creo que hay que situarse ante los hechos, y hacer propósito de enmienda. La crueldad tendría que ser considerada antirrevolucionaria.

 


 
#5 La explotación, causa de la violencia social
Antonio Liz [2008-03-16 19:09:06]

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      El fusilamiento del zar y su familia fue una imperiosa necesidad. Como es sabido, se dio en el contexto de la Guerra Civil -que no la declararon los bolcheviques, recordémoslo. Si los "blancos" hubiesen liberado al zar habrían tenido una bandera aglutinante. Bandera que supondría más trabajadores  y campesinos muertos, bien en combate o fusilados. El Terror Blanco precedió al Terror Rojo. Es decir, el segundo fue la contestación al primero. Ojo, la cronología en Historia no es un adorno.

      La violencia de los explotadores es para perpetuar la explotación mientras que la de los explotados es para intentar zafarse de los explotadores. Si se estudia la Historia se ven las causas de la violenciay esto impide tener una visión a-histórica de ella. La violencia social tiene causa en la estructura clasista de la sociedad, no se olvide.

      En un proceso revolucionario la violencia de los explotadores es directamente proporcional a la resistencia violenta de los explotadores. Por cierto, si triunfa la contrarrevolución ya se sabe lo que le espera a la clase trabajadora: una represión salvaje, como ocurrió aquí en la Guerra Civil.

      Lenin no fue cruel, fue consciente. Una crueldad, en tiempos revolucionarios, es la inconsciencia, que no sólo puede llevar a la muerte a miles de trabajadores sino a la derrota de la revolución.

      Querer un mundo sin violencia social no quiere decir ofrecerle la otra mejilla al violento explotador. Eso no es moral proletaria.


 
#6
[2008-03-26 17:04:41]

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  es una mierda

 

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