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Ecuador: Unidad para la revolución

Para una salida revolucionaria se requiere no sólo la crisis del sistema, sino también que se presente una fuerza contrahegemónica que tenga capacidad de proponer y construir alternativas reales.
Napoleón Saltos G. | Para Kaos en la Red | 13-11-2008 | 296 lecturas
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Movimientos sociales se movilizan contra modelo de Rafael Correa

ECUADOR: UNIDAD PARA LA REVOLUCION

Por: Napoleón Saltos

Catedrático universitario

Estamos ante una crisis estructural del capitalismo, pero no se presentan los sepultureros, aunque los signos de llegada son cada vez más esperanzadores. El problema no está sólo en la gravedad de la crisis, sino también en la debilidad de las alternativas, en las vacilaciones de las fuerzas del cambio.

Se trata de una crisis de larga duración hacia atrás y hacia delante: entra en crisis, ante todo, la fase financiera y neoliberal del capital y la hegemonía mundial del poder norteamericano y sus aliados. Es una crisis que afecta al corazón del la economía y el poder mundial, al eje Norte-Sur que ha dominado la historia de los últimos cincuenta años, a Wall Street. Convergen diversos procesos: la crisis económica – hipotecaria, bancaria, financiera – se combina con la crisis alimentaria y ambiental, con la crisis energética y bélica.

Por ello, podemos reconocer signos de una crisis del sistema económico-político y de una crisis civilizatoria: el pensamiento dominante ha perdido su capacidad hegemónica, el modo de vida capitalista amenaza la supervivencia de la humanidad y del planeta.

Para una salida revolucionaria se requiere no sólo la crisis del sistema, sino también que se presente una fuerza contrahegemónica que tenga capacidad de proponer y construir alternativas reales, que tenga la capacidad de unificar los sueños de liberación de todos los oprimidos/as y explotados/as.

El capitalismo tiene alta capacidad de readaptación: se lanza a conquistar nuevos espacios de explotación y dominación de pueblos, trabajadores, personas, países y regiones, para trasladar la crisis hacia abajo y concentrar el poder y la riqueza hacia arriba. Los mismos culpables de la crisis quieren asumir las decisiones. El G7+1, ahora ampliado al G20 se reúne y decide el destino del mundo: se suceden las recetas de los salvatajes bancarios desde el Estado y los bancos centrales, las fórmulas de un nuevo sistema financiero, las maniobras sobre el precio internacional del petróleo y de las “conmodities”. El objetivo es succionar los excedentes que hoy están en manos de las potencias emergentes, las riquezas y la renta de la naturaleza que residen en los países del Sur, para imponer un imperio global, dominado por las corporaciones y los grandes estados centrales, con países y continentes desechables.

Por ello es urgente recoger, condensar, construir, levantar alternativas de cambio profundo: cualquier salida intermedia significará abrir espacio a la recuperación del sistema en condiciones cada vez nocivas para la humanidad y la naturaleza.

La esperanza y las pistas del cambio se condesan sobre todo en América Latina. Han surgido diversos gobiernos “progresistas” que han logrado un mayor o menor grado de desconexión del poder norteamericano, del eje Norte-Sur.

La disyuntiva está en la reconexión: o en dirección de la consolidación de una vía capitalista ampliada con la participación de las nuevas burguesías locales y regionales, con un nuevo eje mundial Este-Oeste, liderado por los BRICAS; o en dirección a una transición prolongada hacia el socialismo y un nuevo orden en favor de los pueblos.

Nuestro Continente y nuestro país son escenarios de la diputa de estos tres proyectos y fuerzas: la recomposición de las viejas potencias imperiales; la consolidación de las nuevas potencias regionales con una lógica nacionalista hacia adentro y una lógica neocolonialista hacia fuera; o la creación y condensación de un bloque nacional, regional y mundial alternativo, basado en el poder de los trabajadores y los pueblos, para avanzar hacia un nuevo sistema económico-político y hacia otro mundo posible.

Ese es dilema de las fuerzas progresistas y revolucionarias en nuestro país. O nos quedamos en el límite de algunas reformas parciales y rehuimos enfrentar las posibilidades de un cambio profundo; o asumimos el reto de alcanzar el cielo con las manos y sentamos las bases desde nuestras trincheras para participar en un mundo diferente.

En nuestro Continente, la derecha y el imperio están debilitados; pero al mismo tiempo los gobiernos “progresistas” empiezan a llegar a fronteras programáticas para el cambio.

El nuevo puntal de reordenamiento continental está en torno al IIRSA y al eje multimodal Manta-Manaos-Caracas-La Paz. En términos geopolíticos se sustenta en el eje China-Brasil; y en términos económicos, en un nuevo modelo extractivo-reprimarizador.

En nuestro país el proceso de cambio ha llegado a un punto definitorio. La energía social ha llevado el camino hasta la aprobación de una Constitución que se mueve en la ambigüedad, en los cambios a medias. Hasta ahora el Gobierno de Correa ha crecido en la crítica negativa, en la condensación del rechazo a la partidocracia, a la derecha, al poder imperial tradicional; ahora empieza un tiempo de exigencia de respuestas positivas, sobre los temas estratégicos: estamos ante fronteras programáticas.

La tendencia dominante en el Gobierno de Correa y su partido apunta al alineamiento con el eje Manta-Manaos, a la hegemonía de nuevos sectores empresariales internos y al reacomodo de representantes reciclados de las viejas fuerzas políticas. La acumulación de poder que le permite el régimen de transición

Esta orientación no garantiza una respuesta adecuada a los graves problemas que se irán agudizando en nuestro país, como efecto de la crisis mundial y como efecto de los límites de las políticas impulsadas por el régimen. No hay líneas de reactivación productiva, de reforma financiera y de soberanía integral. La incapacidad para recuperar el patrimonio nacional se combina con la baja del precio internacional del petróleo; la incapacidad para impulsar una línea de recuperación de la soberanía monetaria se combina con la debacle del dólar y de la economía norteamericana.

Por ello es urgente que los movimientos sociales y las fuerzas de izquierda asumamos una posición de enfrentamiento radical al capitalismo y todas sus variantes de recomposición, que recuperemos la independencia ante la política del Gobierno de Correa y nos comprometamos a la construcción de un polo alternativo.

El camino está trazado por las luchas que ahora ha emprendido nuestro pueblo; allí están las fronteras programáticas entre la revolución y la modernización: la resistencia de las comunidades indígenas y campesinas a la implantación de un modelo extractivo que amenaza a la vida de la gente y de la naturaleza; la lucha de los/aspatriotas contra la privatización de nuestro recursos estratégicos, empezando por el petróleo y las telecomunicaciones; la recomposición de fuerzas para enfrentar el nuevo TLC con la Unión Europea; la angustia de los/as trabajadoras ante la negación de sus derechos básicos; las acciones para detener la política de persecución y criminalización de la lucha social; las iniciativas para una cruzada ética de lucha contra las viejas y las nuevas corrupciones.

Esta perspectiva de cambio requiere un nuevo sujeto que nazca de la unidadde los movimientos sociales, del movimiento indígena, de las fuerzas políticas revolucionarias y democráticas, de los hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a construir el Ecuador que soñamos, un país soberano y justo.

Hay un largo camino que hemos andado; es tiempo de que los nuevos sepultureros del capitalismo enarbolen sus banderas, con “una mística susceptible de milagros, apta para llenar a los desgraciados de esperanza, a suscitar mártires y transformar el mundo con promesas de bondad y virtud” (J.C. Mariátegui)

Respaldamos la coordinación de personas y organizaciones sociales y políticas, a fin de constituir en forma urgente un referente de unidad de la izquierda, en defensa de la vida y la soberanía. Unidad en la calle y en la política: respaldamos las movilizaciones que inician los trabajadores, los pueblos indígenas, los campesinos, los profesionales, para trazar un camino diferente.

Quito, 8 de noviembre de 2008

 
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