En las últimas semanas han aparecido dos libros importantes de Andreu Nin, la antología de sus escritos La revolución española, 1930-1937 (El Viejo Topo), y su estudio de 1935 en catalán sobre Els moviments d´emancipació nacional (Base Barcelona), ambos prologados por Pelai Pagès, y el segundo además con un epílogo biográfico a cargo de Wilebaldo Solano.
                        Para tratarse de un pequeño partido que en sus mejores tiempos osciló entre 30 y 50 mil militantes, y de su breve trayectoria legal (1936-1937) y de ser un partido pequeño al lado de los grandes, tiene muchos libros. Esto que ya era cierto en los años setenta, cuando tuvo lugar un verdadero aluvión de estudios, ensayos y reediciones entorno a sus orígenes, trayectoria, biografías, etc, sigue siendo cierto en la actualidad. Como lector advertido, no solo registro las numerosas novedades editoriales en alguna medida relacionada con su historia,  sino que me basta dar una vuelta por la biblioteca de mi localidad para registrar aportaciones que no había advertido. A esta abundancia contribuye naturalmente sus conexiones con Trotsky, o con Orwell (1), así como su presencia en algunas películas como Tierra y Libertad, que ha contribuido poderosamente a que el POUM siga siendo familiar a unas nuevas generaciones que, a pesar de todos los cambios y trastornos de la época, siguen mirando las experiencias de la revolución española, y por lo tanto del partido que más consecuentemente trató de defenderla, contra el militar-fascismo por supuesto, pero también contra la política exterior del  estalinismo cuya divisa más definitoria podrá ser --para resumir-- para mantener el "socialismo policiaco" había que evitar que el socialismo triunfara en cualquier otro país…
                                  Y lo que es posiblemente no se considera lo suficiente: en el POUM militaron un buen número de hombres y mujeres con una fuerte personalidad militante e intelectual que, al margen de su evolución ulterior, sobresalieron en tareas grandes o pequeñas y dejaron una marca en la historia social. Son los casos de algunos de los principales fundadores del PCE como Nin, Maurín, Andrade, Luis Portela,  Pere Bonet, Daniel Rebull, Julián Gorkín, José Loredo Aparicio, Josep Arquer; mujeres que siguieron la senda trazada por Alejandra Kollontaï y Clara Zetkin, como María Teresa García Banús, Pilar Santiago, Teresa Rebull, Mitka Etchébere, Mary Low; artistas (los surrealistas) que lucharon en sus filas como Eugenio Fernández Granell, Manuel Viola, Remedios Varo, y su compañero de entonces, el poeta francés Benjamín Peret; jóvenes que luego hicieron las resistencias como Wilebaldo Solano, "Quique" Rodriguez, Carmel Rosal. Manuel Fernández Jurado; "cuartistas" como Gregorio Munis, Eduardo Mauricio, Antonio Rodriguez; activitas y teóricos jóvenes como los hermanos Arenillas, Manuel Grosssi o Ignacio Iglesias; internacionalistas como el austríaco Kurt Landau, el luego importante psiquiatra Francecs Tosquellas,  editores como Bartomeu Costa-Amic y  José Robles, amén de un largo etcétera de militantes como Josep Rovira, Joseph Pallach, Francecs del Cabo, Víctor Alba,  que, desde opciones diferentes, han dejado un legado de actividades y de testimonios que --con todo lo que en algunos casos pueda tener de controvertido--  comprenden una historia propia, la del "otro comunismo" en  España  (2). 
                            Habría que decir que el conjunto de estos testimonios y aportaciones bibliográficas tienen como objetivo central la reivindicación de la actuación del POUM como un partido que realizó una apuesta por una revolución basada en la democracia obrera, o sea por el objetivo central de todas las formaciones marxistas y anarquistas españolas desde los tiempos de la Primera Internacional. En la medida en que el POUM no era un "partido monolítico" (esta aberración es una exclusiva de la escuela estaliniana), esta actitud no implica que se den percepciones diferentes sobre algunas cuestiones fundamentales. Obviamente, todos y todas coinciden en la defensa de la honradez y legitimidad del partido, y por supuesto de sus militantes asesinados, en contra de las calumnias vertidas por el estalinismo que tuvieron un peso agobiante en el exilio español por lo menos hasta la época del mayo del 68, y de la aparición de las primeras aportaciones historiográficas que enfocaban la historia de la guerra civil desde el dilema entre revolución y contrarrevolución, algo que en cine no llegaría hasta la discutida película de Loach (3)...
                        Ya en los años setenta  las antiguas concepciones estaliniana habían sido remozadas en las historias oficiales del PCE por el "revisionismo" jruscheviano (4),  y los historiadores e intelectuales más afines a los esquemas comunistas tradicionales se orientaron hacia enfoques más razonables, y en los que las descalificaciones dejaban lugar a una controversia más política desde el momento en que se reconocía las barbaridades cometidas por el estalinismo, y se hablaba sin ambages de capítulos como el asesinato de Nin. Muy representativo en este sentido es el estudio biográfico de Francecs Bonamusa sobre el último Andreu Nin,  que puede considerarse como una ocasión señalada para que algunos de nuestros más reputados historiadores de izquierdas arremetieran contra lo que Antonio Elorza (en su reseña en la revista Triunfo, entonces "proche" al PCE) llamaba una cierta mitificación del dirigente del POUM y que ilustra con la intención explícita de Pelai Pagès "de considerar como muy importante para el movimiento obrero español e internacional la recuperación de su legado…" Para el historiador Josep Fontana (PSUC) se trata por primera vez, de una biografía que pone a Nin en sus justos términos, o sea en los de: «un buen divulgador del leninismo (yo no diría del marxismo), político desconectado de la realidad hasta 1936, hombre de gobierno en tareas poco interesantes en una breve etapa de la guerra civil y víctima, finalmente, de una tragedia tan brutal como innecesaria». Más ponderado, Josep Termes saludaba también el trabajo de Bonamusa como un ejemplo de rigor frente a una amplia sub-Iiteratura hagiográfica sobre Nin, escrita, en el menor de los casos por historiadores jóvenes (Pelai), y en el peor, por periodistas y políticos  instrusistas" abocados a una historia ideológica, orientada hacia personajes y grupos marginales en tanto más de izquierda, mejor. Termes abogaba por una nueva historia, orientada hacia la clase obrera y no hacia sus dirigentes y/o pretendidos representantes (5).
                          Está claro que bajo el manto de un ajuste de cuentas con una historia adulterada, ---sobre la cual se pueden encontrar ejemplos mucho más flagrantes en otros campos que en el del POUM (6)--, lo que se está haciendo es apología de unas tesis que, como las de Bonamusa, acarician la pretensión de representar la verdadera historia frente a los qué,  por un lado, se atenían a las versiones estalinistas, y a los que, por otro, asumen la reivindicación política de Nin y lo encumbran como un clásico marxista y como una de las conciencias más lúcidas de su tiempo (7). No hay pues historia objetiva, Bonamusa pretende, como expresaba muy bien un diario barcelonés, demostrar, con «una documentación apabullante que Nin carecía de la entidad teórica se e quería atribuir, Habla sido sobrevalorado, bien por su muerte absurda a (Bonamusa la presente como algo objetivamente inexorable, como en un drama de Euripides),  por la miseria del comunismo oficial, o bien por la persistencia de la literatura»».  Esta desmitificación de Nin se apoya en una idea que se ha convertido ya en un estereotipo: Nin y los grupos comunistas trataron trasladar el esquema de la revolución de Octubre y del bolchevismo a una realidad que se presenta como muy diferente, marcada por lo específico, como sí sus condiciones de antagonismo social y de desarrollo económico no fueran más desarrollados que en Rusia, y como sí la guerra civil se pudiera separar de unas condiciones internacionales difíciles de exagerar.
                          La debilidad de Nin radicaba para Bonamusa en su carácter de político en unos grupos marginales, y en su producción como teórico que nunca sobrepasó el estadio de la divulgación. Salvando esta premisa, Bonamusa no tiene ningún inconveniente en reconocer unos atributos digamos secundarios: una rica y variada trayectoria militante, una firme honestidad personal, su labor como periodista y divulgador notable, sus magistrales traducciones del ruso al catalán y al castellano (sobre las que por ejemplo, Pere Ginferrer ha escrito líneas muy elogiosas), su extensa cultura, y por supuesto, la aberración de su asesinato. Con ello coincide paradójicamente con los actuales expoumistas insertos en el PSC-PSOE --área en la que también se mueve Bonamusa--, cuya voluntad de rendir homenaje a la memoria de Nin tienden a limar su filo revolucionario; y de paso a olvidar que el PSOE  Prieto y Negrín agradecieron el "trabajo sucio" del estalinismo contra "anarquistas, trotskistas e incontrolados".
                          Hay por tanto una incorrespondencia entre el Nin que traduce a Tolstoy y el que se empeña en hacer una revolución objetivamente improcedente. Para realzar este contraste, Bonamusa    despachaba en menos de diez páginas toda la formación política y teórica de Nin (su "escuela"), para ceñirse en su última etapa marcada por una utopía (que estaba en las calles, en las fábricas, en los campos).  No obstante, un estudio más global de otras etapas de la vida de Nin nos permite comprender más claramente una biografía política que, por la amplitud de sus compromisos, carece de paralelos en la historia del movimiento obrero español.  Nin comenzó su andadura militante al calor de la Semana Trágica: el primer ensayo revolucionarlo de la clase obrera catalana. Estudia magisterio, participa en el movimiento estudiantil y en los centros culturales obreros de principios de los años diez. Su primera opción política fue el republicanismo catalanista federal, y su primera escuela sobre la cuestión nacional la tiene en Rovira i Virgili; este componente lo hará ser especialmente estimado actualmente entre sectores independentistas. Entre  1913 y 1915 fue uno de los animadores de la agrupación socialista barcelonesa, dentro de la cual protagonizó uno de los escasos debates de altura I que sobre la cuestión nacional ha conocido el PSOE (8). El joven intelectual nacionalista se mostró, a la postre del debate, mucho más internacionalista que Fabra Ribas, su oponente, cuando, situados ante la tragedia de la Gran Guerra, Nin se pronunció por el neutralismo activo y por una Europa que respetara el  derecho de autodeterminación de Ias pequeñas nacionalidades, mientras que Fabra olvidó su internacionalismo antinacionalista para apoyar a los Aliados.
                              Entre 1915 y 1917, Nin viajó por Europa y África del Norte, hasta que la huelga general de agosto de 1917 --segundo ensayo esta vez a escala estatal- le devolvió definitivamente a la militancia que hasta 1921 iba a transcurrir en la CNT. Nin conoció muy directamente aquellos duros años del sindicalismo barcelonés --escapó fortuitamente de un atentado--, y ascendió por méritos propios a los  puestos de decisión del sindicato, en cuyo Congreso tomó parte en 1917 i como un ardiente partidario de la revolución rusa y la III Internacional. Esta le parece una realidad capaz de asimilar a todas las tendencias que, quieren hacer la revolución... En esta primera etapa ya nos encontramos con Andreu Nin que aúna una notable capacidad militante con un importante bagaje intelectual.
                            Acusado de encontrarse entre los responsables de la muerte de Dato, Nin tiene que quedarse en Moscú donde conseguirá formarse como un cuadro dirigente en el corazón intelectual del primer movimiento comunista internacional. Aparte de ser miembro del PCUS, diputado del soviets de Moscú, seguidor de cerca de los inicios del PCE, Nin formará parte del Buró Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja, y será la mano derecha de Lozovsky. Como profesional de revolución, Nin escribió en la prensa comunista internacional, participa en Congresos internacionales y nacionales, y efectúa misiones clandestinas por Europa, la más significativa de las cuales fue la que le llevó en 1924 a Italia, donde conoció a Gramsci y en donde pudo estudiar el ascenso del fascismo. Fruto de su experiencia soviética y de su profundización sobre la naturaleza del fascismo fue su obra teórica más brillante: Las dictaduras de nuestro tiempo (9). La solidez de sus convicciones se pone en evidencia cuando ha de optar, bien por un puesto burocrático de prestigio al lado de Stalin, bien por una Oposición cada vez más calumniada y perseguida. Entonces se convertirá en un notable extranjero en la Oposición unificada cuya Plataforma traduce y prologa (10).      Se puede decir que Nin tenía entonces un horizonte crítico situado en otro planeta en relación --por citar un ejemplo-- a Comorera que, años más tarde,  también será una víctima del estalinismo sin poseer ni parte de este horizonte. Nin es el primer marxista que trata en nuestros lares lo que algunos' llamarán --40 años después-- el fenómeno estaliniano, aporte que --como su análisis del fascismo-- carece de relevancia para el esquema de Bonamusa a la hora de establecer una valoración de su legado (otra cosa sería quizás el haber ocupado más cargos institucionales, de ahí que Bonamusa se "regodee" mostrando las mayores tablas de un Tarradellas en este terreno (11); o a un marxista erudito, pero no un revolucionario).
                                Esto explica que a pesar de este bagaje, Nin resulte llanamente homologado con los demás grupos comunistas caracterizados por «la dramática ignorancia que muestran respecto a los problemas económicos y sociales de su tiempo y por las ilusiones delirantes que se hacen respecto a su papel histórico».  Un ejemplo rotundo de este irrealismo (hasta 1936) de Nin lo encuentra Fontana en el hecho de que en 1932, cuando «en plena discusión de ia reforma agraria, que era uno de los problemas políticos, económicos y sociales demás trascendencia entre todos los que va a hacer frente la IIª República, Andreu Nin escribe y publica un folleto sobre cuestiones políticas en el Extremo Oriente, Manchuria y el imperialismo..... Este colmo tiene para Fontana la virtud de algo definitivo, una tentación en la que también caen, las contribuciones positivistas como la de Bonamusa. No hay duda de que Nin, después de su paréntesis soviético, se encontraba en unas circunstancias nada fáciles al tratar de dar respuestas teóricas válidas desde una realidad organizativa ínfima. Empero, el ejemplo de Fontana merece unos comentarios. Omite el hecho de que Nin formaba parte de un colectivo más amplio, dentro del cual se dieron estudios sobre la cuestión agraria, como se puede ver repasando la reedición de la revista Comunismo (Ed. Fontamara, BCN, 1977). Es más, Nin como Maurín, inserta la cuestión --junto con la nacional y con la de limpiar los establos de Augias del anterior régimen-- dentro de una concepción de tareas democráticas que, como se había demostrado en 1909, 1917 y 1931, no iban a ser asumidas por ninguna burguesía democrática sino por la clase obrera como base de su alianza con el campesinado. El hecho de que tuviera además una preocupación internacionalista no debe de sorprender, a menos que se trate de concebir el hecho español como integralmente específico y el internacionalismo como una práctica para los discursos...
                          Es fácil multiplicar los ejemplos de cómo la historia evénementielle de Bonamusa enfoca su historia a través de un tubo en que sólo se ven los hechos concretos, que se niega a valorar salvo cuando estima que hay elementos que confirman su apriorismo desmitificador.   Bonamusa mide el marxismo de Nin desde una puntuación académica, y no encuentra en él ninguna originalidad. Habría que discutir sí ésta es la única medida posible, tal como parece desprenderse de autores como Perry Anderson que se sorprenden de la incorrespondencia existente entre la riqueza de un proletariado capaz de protagonizar grandes acontecimientos y la pobreza de sus direcciones intelectuales (12). No se puede pretender, mecánicamente, que de un marxismo formalmente rico intelectualmente surjan acciones satisfactorias en momentos claves de la lucha de clases; ahí está el caso del austro-marxismo y sí nos apuramos, de todo ese marxismo occidental, incapaz de mirar de frente una revolución o a hechos tan determinantes como el estalinismo. Ciertamente, Nin no es  desde luego uno de los "grandes", pero entre él y otros modelos --Núñez Arenas, José Díaz, Araquistain, de los Ríos, etc--, hay una considerable  distancia. Ninguna de ellos aportó nada digno de señalar sobre cuestiones claves como la evolución social española, el porqué del fascismo, la naturaleza del estalinismo, etc. Por otro lado, Bonamusa hace un exhaustivo análisis administrativo sobre las publicaciones de la OCE-ICE, y claro, demuestra su carácter ultraminoritario sin plantearse el alcance real de la influencia de una revista como Comunismo, su impacto en personas como Araquistain, Maurín o en la élite de las juventudes socialistas. No se trata por lo tanto de cifras "objetivas"  de suscriptores, también conviene valorar que influencia ejercen estos.
                              Por todo esto, no es aventurado afirmar que en el marxismo de Nin y en el de la escuela que representa --la que se encuentra, por decirlo así, entre el período clásico de la III Internacional y el proyecto de una IVª--, se distingue, en primer lugar, por reactualizar el esfuerzo del primer PSOE en la traducción y divulgación del marxismo, pero con la diferencia que Nin se encuentra mucho más próximo a las fuentes, al tiempo que amplía éstas ya las de la IIª, IIIª y prolegómenos de la IVª Internacional; en segundo lugar, por no detenerse en el ya de por sí importante esfuerzo didáctico-divulgativo, que por cierto sería ampliamente valorado en la década de los setenta, cuando fue publicado por las editoriales antifranquistas más diversas. Insistimos: también trata de analizar un extenso abanico de problemas  como los ya señalados, sobre los cuales hace unas aportaciones que tuvieron unas resonancias teóricas muy por encima de "lo que había aquí". Por último, y no precisamente por ser menos importante, Nin  vinculó todo este esfuerzo teórico-traductor-divulgativo enfocándola hacia un proyecto ciclópeo: la de construir un partido revolucionario, el partido de la revolución española, en contradicción --y como complemento, porque en su socialismo había un lugar para todos ellos-- no sólo con la vieja socialdemocracia sino también con el tan arraigado anarcosindicalismo y un partido comunista afectado por el cáncer estaliniano cuando la conciencia general imperante todavía no ha digerido el significado del régimen surgido de la revolución de Octubre. Nadie ignora que fue un "perdedor", y sin embargo…
                    Sin embargo, ahí están sus obras, una recopilación que mejora las antiguas, la de Juan Andrade para Ruedo Ibérico, y la del propio Pelai Pagès para fontamara ya que resulta mucho más completa, y el que se puede definir como el mejor trabajo de divulgación y análisis marxista de una cuestión como la nacional que todavía suscita enconadas polémicas como se puede ver, sin necesidad de ir más lejos, en el texto y los comentarios de Julio  Anguita que sobre la “refundación” de IU circula estos días. 
 
 
NOTAS
----(1)  Sobre la difíciles relaciones de Trotsky me he referido más ampliamente en un pasado artículo para Kaos. En cuanto a Orwell, me remito a mi libro La cuestión Orwell, que acaba de editar Sepha.
----(2)  Sobre casi todos ellos existe una bibliografía compuesta por obras escritas antes de 1939, por numerosas memorias (algunas memorables como la de Carmel Rosal, Quan Catalunya era revolucionaria), o por ensayos como el reciente de solano El POUM y la revolución española (Libros de la Catarata, Madrid, 1999.
----3)    Algunos de los problemas de Orwell para editar su Homenaje (así como Rebelión en la granja), ilustran las dificultades de ofrecer una visión de la guerra civil española que englobará la tentativa revolucionaria (y su ulterior represión),  y no fue hasta finales de los años sesenta que fueron apareciendo obras como las de José Peirats (La CNT en la revolución española), Borkenau (El reñidero español, reeditada ahora por Península"), Broué-Témine (La guerra y la revolución española)….Significativamente, algunas de ellas aparecieron en Ruedo Ibérico, como los Escritos sobre España, de Trotsky.
---4) El interés actual de las historias oficiales del PCE, realizadas por comisiones en las que tomaron parte personalidades como Dolores Ibarruri o Manuel  Azcárate (y no hablemos de la Historia del PCE (antirevisionista) programada por Solé Tura cuando era Bandera Roja), se debe más a su carácter de "ejemplo" de la grosería de sus falsificaciones que por su valor objetivo; y no será hasta los setenta que aparecen las primeras historias críticas como la de Pelai Pagès (Ed. Hacer), Joan Estruch (El Viejo Topo y siglo XXI), y aportaciones tan sugestivas como la de Fernando Claudín.
----5). Ver.,  Andreu Nin y el movimiento comunista en España (1930-1937).  Anagrama,  Pról. de Josep Termes, y Taula de Canvi  nº 5.
----6). Obviamente, la tentativa de "santificación" resulta bastante generalizada, y no solamente en la derecha (después de Felipe IIº están a punto de canonizar Alfonso XIII), sino en la izquierda tradicional, con un PSOE que ha aprendido a embalsamar a sus líderes históricos, y un PCE que se resiste a reconocer la parte oscura de personajes como Enrique Lister o Togliatti. En el caso de Nin, dicha tentativa tiene un componente rehabilitador básico, ya que fue calumniado y asesinado; y lo fue precisamente por oponerse a esta parte oscura. Otra cuestión es si su actuación fue política irreprochable, lo que nadie puede asegurar si no es mediante la fe, pero una cosa es debatir sus aciertos y errores y otra cuestionar su esfuerzo militante e intelectual, la bondad de sus propósitos.
----7). Cf, Pelai Pagès, Andreu Nin: su evolución política (Ed. ZYX, Madrid, 1975), actualmente se está preparando una edición revisada para Editorial Laertes.
---(8). Pelai Pagès recopiló de Nin sobre la cuestión nacional desde su etapa republicana hasta la comunista (Ed. La Magrana, BCN, 1988). Ya anteriormente había hecho una menor para Fontamara, donde se encuentra también una reedición Los movimientos de emancipación nacional, que ya había conocido una edición en la Edicions Catalanas de París a principios de los setenta auspiciada por Josep Benet…
----(9). Las aportaciones de Nin en este punto fueron resaltadas en un título clásico: Fascismo y gran capital, de Daniel Guerin, Ed. Ayuso, Madrid, 1978).
---- (10). Publicada como La situación real en Rusia. La introducción de AN, así como su crítica al libro de Pestaña,  Rusia y otros escritos, está incluida en la recopilación La revolución rusa  efectuada para Fontamara por Pelai Pagès. Una investigación bastante exhaustiva sobre el estancia de Nin en la URRS y las tramas de su asesinato fueron la base de un valorado documental para TV3 de Mª Dolors Genovés y Llibert Ferri titulado Operación Nikolai que, entre otras cosas tuvo la virtud de poner esta historia al alcance del gran público, justo en un momento (finales de los años 80) en que se habló bastante de la Fundación Andreu Nin.
----(11).  No es este el lugar de valorar todo lo que plantea Bonamusa al contrastar la actuación ministerial de ambos políticos. Pero aunque está claro que el autor está claramente fascinado por el "savoir faire" de Tarradellas, y por su capacidad de "realismo" (léase reconstrucción de los mecanismos institucionales tradicionales) frente a la evidente ingenuidad de Nin, también lo es que la posible exageración no puede ocultar  la diferencia en el "sentido de Estado" de uno y otro, de la coherencia del primero y de la mitificación ideológica de Nin que llegó a creer que el antiguo Estado había dejado prácticamente de existir…
#2.- a dónde hemos llegado
eusebio|24-04-2008 18:55
En Catalunya, 1937, no se jugaba la cuestion nacional, sino algo mucho más gordo, la revolucion socialista. Y Nin, con todos los respetos hacia el único teórico serio que dio la clase obrera española (catalana, vasca, gallega o lo que sea), no estuvo a la altura de los acontecimientos.
Mientras en la calle los militantes del POUM de la CNT, y los trabajadores barceloneses se enfrentaban al stalinismo y la republica, Nin era miembro del gobierno de Generalitat.
Desgraciadamente para la revolucion española Nin no fue capaz de ponerse a la altura.
Y las tonterías sobre el españolismo no llevan a ningun lugar. Que se sepa, solo un partido "español", hasta que se autodisolvio, defendió el derecho a la autodeterminacion frente ala constitucion española en el 78, la LCR.
La denuncia al españolismo no puede esconder la claudicacion a la pequeña burguesía nacionalista... dispuesta a pactar con la burguesía nacionalista a la primera de cambio.
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#3.- la lcr era trotskista
eusebio|24-04-2008 18:57
Y la LCR, de aquella, era trotskista.
Y la autodeterminacion no solo hay que defenderla en las naciones, eso es "facil", porque encuentran respaldo social.... donde hay que defenderla es en el centro, donde la sociedad, desgraciadametne, esta imbuida de conciencia españolista.
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#4.- Andreu Nin comunista mal que les pese
Flash|24-04-2008 20:39
En el perfil marxista de Andreu Nin se contienen sus  avanzadas sugerencias sobre la revolución social, la cuestión nacional, la necesidad de la dirección politica del proletariado etc. pero sobre todo su acción. En su acción militante, que se confunde con su propia vida, contradicciones incluidas de acuerdo con Eusebio, está su excelencia marxista por  encima de todo.
Andreu Nin perteneció a esa rara estirpe de revolucionarios que  fueron a un tiempo pensadores de la liberación social y hombres de acción.
Su testigo habrá de ser recogido por una nueva generación militante. Por ellos que  buscan como Andreu Nin un futuro socialista  y no por los cuadros apoltronados del social liberalismo, que buscan pedigrí para mejor enmascarar su vergonzoso abandono del movimiento de masas anticapitalista.
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#5.- Muy sincero relato
Riego|24-04-2008 23:34
Gracias otra vez, estimado amigo Pepe, muy bueno y justo  reflejo de la valía de Andreu Nin, es cierto que su calidad narrativa no llega a otros, pero su sinceridad y los temas que trata si; yo tengo dichos libros en ediciones de Fontamara y Ruedo Iberico de hace bastantes años ya, así que saludo efusivamente que tales obras vuelvan a ver la luz de nuevo y ojalá las sigan otras de muy interés para todos.
Gracias.
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#7.- y dale don Hilarion
eusebio|25-04-2008 09:08
El problema no es el españolismo, que si lo es como expresion de una ideología profundamente reaccionaria, sino el que los que tu dices, y muchos más, se pasaron con armas y bagajes al campo del imperialismo y la burguesía.
El "mataserbios", como tu dices, se convirtió en el adalid de la restauracion capitalista en las naciones da la ex Yugoslavia.
Lo de Carrillo, mejor ni mencionarlo, pues se enfundó en la bandera rojigualda para traicionar a todos los obreros, estudiantes y ciudadanos que lucharon contra el franquismo.
El españolismo es una parte de una ideologia y una politica global, burguesa e imperialista. Por eso no podemos quedarnos con el árbol -españolismo- y perder de vista el bosque -el capitalismo, español, vasco, catalán o gallego-.
Cuando la LCR admitió ser una federacion de  grupos de presion de fracciones nacionales -LKI, catalanes-, sectores sociales -feministas, movimiento obrero, juventud, etc.-, y dejo de ser un partido, fue cuando entró en caida libre; y Mendiluce era dirigente de esa organización.
Fue como meter a la la LCR en una batidora, y de ahí salio de todo; desde Mendiluces hasta Yolandas Gonzalez. Uno, al servicio de la socialdemocracia y el imperialismo, la otra asesinada por los fascistas.
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#8.- A Don Hilarión
Riego|25-04-2008 14:20
Compañero y amigo Don Hilarión, creo que usted y yo andamos por la misma edad, pero a estas alturas considero inapropiada la decisión de entonces de autoliquidar la LCR al fusionarla con los del ex-MC que eran y son muy diferentes al espíritu revolucionario que animaba a la Liga, bueno eso creo por lecturas y oídas y no por experiencia personal, pero considero que ahora mismo ya debía de existir otra nueva izquierda revolucionaria con el nombre que fuere y con la experiencia de la LCR además de lo que fuere consigo para dar una clara alternativa a los trabajadores de ambos sexos de España de como es una izquierda revolucionaria y como es militar en ella.
Ánimos y adelante amigo, ya voy entendiendo lo que publica y siento cierta sintonía con muchas de sus cosas expuestas.
Y por último gracias renovadas a Pepe, por que sin sus buenos árticulos publicados en Kaos no estariamos debatiendo buenamente y con respeto tantas cosas importantes para el pueblo trabajador.
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#9.- La antorcha de mayo
pg-a|25-04-2008 23:46
  Escribo esta nota después de asistir al acto sobre mayo del 68 organizado por Revolta que ha llenado la sala grande de las Cotxeres de Sants. El acto ha estado presidido por la continuidad histórica, hablamos del mayo para aprender mejor de cada al presente. "Veteranos" y jóvenes, y presencias muy diversas, entre ellas militantes que han animado la huelga de los autobuses en Barcelona que han reconcocido el inestimable apoyo solidario de mucha gente presente. En nuestro caso el legado revolucionario tiene nombres, especialmente el de Nin, con todas las limitaciones que, desde luego, no fueron personales. El POUM se formó, entre otras cosas, porque Nin y Maurín podrían haber grandes cosas con todo lo que habían aprendido, sobre todo entre 1933 y 1935.... 
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