Jean Meslier
    Era párroco de Etrépigny, un pueblo situado en Champaña, en los confines de las Ardenas, y era hijo de un pobre tejedor de algodón. Su vida y su obra pasaron en su momento desapercibidas, hasta que en 1761, Voltaire editara un Extracto de los sentimientos de Jean Meslier, aunque escamotea sus convicciones comunistas.
    Hasta 1969 no se publicará una edición completa de su Memorial que influyó en Holbach y a través de él, en otros autores de fines del siglo XVIII. Sus ideas se inscriben en el cuadro de las diferentes jacqueries campesinas francesas y en las dramáticas necesidades de los campesinos de su tiempo y su lugar, de los cuales fue testigo y heraldo contra los ricos y los poderosos, contra el Estado, sus contribuciones y sus guerras montadas bajo «tan vanos pretextos» y que se hacen «siempre a expensas de los bienes y la vida de los pobres pueblos».
    Su obra es más una denuncia revolucionaria que un análisis crítico, lo contrario que otros grandes igualitarios del siglo. Meslier ve que los «que gozan siempre de prosperidad, abundancia de bienes, placeres y dicha, viven como en una especie de paraíso, mientras que los otros, por el contrario, sufren penas, aflicciones y todas las miserias de la pobreza, viviendo en un infierno». Aunque no penetra en los mecanismos sociales de este antagonismo subraya la responsabilidad de la desigualdad en la propiedad: «Se observa en todas partes una enorme desproporción entre los diferentes estados y condiciones humanas; unos parecen nacidos para do minar tiránicamente sobre los otros, gozando de los placeres y satisfacciones en la vida; y los otros, al contrario nacen para ser viles, miserables y desdichados esclavos, para gemir toda su vida en medio de la pena y la miseria», y esto se debe a una desigualdad injustificada «porque no está en ningún modo fundada en el mérito o desmérito de unos u otros»; es una propiedad contraria a la ley natural porque todos «los hombres son iguales por naturaleza, tienen el mismo derecho de vivir y caminar sobre la tierra, de gozar de su libertad natural, y de tener parte de los bienes terrestres».
    Esto es tanto más injusto cuando los pobres son los productores y los ricos son improductivos, viven del robo de «lo más cuidado de los frutos, de sus penosos trabajos y no les dejan más que la paja del buen grano y la hez del buen vino». Los pobres soportan el edificio social, mientras que los ricos («todos estos grandes señores, grandes y nobles, todas esas bellas señoras y señoritas, tan bien arregladas y empolvadas, tan bien adornadas y ensortijadas, tan perfumadas y resplandecientes, brillando de oro, plata y piedras preciosas»), el clero «<Un solo golpe de azada que un pobre jornalero da en el suelo para cultivarlo es útil; en cambio, todos los sacerdotes juntos no contribuyen con todas sus plegarias a la producción de un solo grano»), los letrados ( «que no sirven más que para atropellar, saquear y atormentar a los demás y lograr de ellos todo lo que se proponen obtener» ) y los agentes del fisco que sirven a reyes y príncipes ( «son como lobos hambrientos y como leones rugientes en busca de su presa; siempre están prestos a cargar y sobrecargar al pueblo con sus tributos, a crear nuevos impuestos ya aumentar los antiguos» ), son todos ellos unos parásitos.
        Meslier plantea que hay que: «Vivir comunitaria y tranquilamente juntos», y reivindica el goce en común «de todos los bienes, de los frutos del trabajo y de todas las comodidades de la vida», defiende un comunismo basado en la abundancia, en la distribución y el consumo, en la comunidad agraria y en la organización de «granjas colectivas». Por su rechazo a la autoridad y la energía de su lenguaje se le ha considerado como un precursor del anarquismo, pero esta es una interpretación abusiva. La originalidad de Meslier radica en su rechazo de la sociedad de su tiempo más que en sus alternativas. Otro aspecto muy singular de sus posiciones es su denuncia a la Iglesia y al clero, su ateísmo militante y consecuente. En este terreno fue influenciado por Montaigne y Bayle. También fue un antimonárquico radical. Su divisa era: «iPueblos, uniós!».
    Nota bibliográfica. Dommaguet (Maurice), le dedicó su Le curé Meslier. Athée, communiste et revolutionnaire sous Louis XIV, París, 1965, y  Debrun (G), Desné (R), Soboul (A), Memoires et pensées de Jean Meslier, 3 vols., París, 1971-72. Menene Gras Balaguer efectuó una edición de una antología suya con el nombre  de Crítica de la religión y del Estado (Península, BCN, 1978)  
      En cuanto  Claude Adrien  Helvetius (París, 1715-Versalle, 1773) se trata de un filósofo materialista y presocialista francés, en el que Plejanov (Ensayos sobre la historia del materialismo) ha visto como uno de los precursores del marxismo.
    Era descendiente de una familia de médicos procedentes de Holanda, su padre fue médico en la corte de Luis XV. Fue un recaudador general de impuestos bastante original, ya que, por ejemplo, en una ocasión que compareció ante una comisión de agricultores que vinieron a él para lograr una reducción de los tributos, Helvetius trató de agitarlos para que se insurreccionaran contra las injusticias. Después renunció a todos sus  cargos y se dedicó a estudiar. Fue influenciado por Montesquieu.
    En su obra Sobre el espíritu (1758), que fue condenada por el consejo del reino y luego por el parlamento de París, atacaba duramente a la monarquía, a la aristocracia y al clero, por lo que fue obligado a circular clandestinamente. Poco antes de morir apareció su obra más conocida, Del hombre, de sus facultades intelectuales y su educación (1772), es una obra todavía más atrevida que la anterior, en ella se plantea más coherentemente su idea de construir una ciencia del hombre siguiendo los métodos de la física positiva. Helvetius distinguía la existencia de dos clases en la sociedad, y mientras una posee los bienes la otra no tiene ni lo necesario para vivir.