Eva Forest










@|04-02-2005 21:41
Las gentes de kaosenlared.net lo tenemos claro!!
Un abrazo para Eva Forest, Martxelo y toda su buena gente
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Kaos-control|04-02-2005 21:51
Entrevista con Eva Forest
"La pasividad y la falta de capacidad de reacción son el gran mal de las sociedades democráticas y avanzadas"
x Teresa Sala. Itzulpena euskaraz
Escucha entrevista
http://www.euskonews.com/0242zbk/audio/elkar_es.ram
Eva Forest abre la puerta de su casa y de su persona con sinceridad. Se sorprende de que alguien quiera hacerle una entrevista pero al comenzar a hablar sobre su trayectoria y su vida empiezan a sucederse datos y pasadizos tan interesantes que parecen imposibles de resumir en pocos folios. Se emociona al hablar de sus años de estudiante en Madrid y no puede evitar conmocionarse al leer unos artículos de 1977 que anunciaban su puesta en libertad después de haber estado presa tres años. Conversa sobre sus viajes a Cuba o Irak, sobre los libros que ha conseguido publicar a través de la editorial Hiru y acerca de las personas que ha conocido a lo largo de su vida. Pero sobre todo, Eva Forest habla y hace referencia a la solidaridad. El motor de su incansable actividad, la fuerza motriz de su trabajo, y de su vida.
Ha dedicado su vida a la solidaridad con los pueblos que luchan por sus libertades, a la denuncia de la represión que sufren y al desenmascaramiento de las mentiras que ocultan esa realidad. ¿Cómo y por qué decidió tomar este camino?
El sentimiento de solidaridad es algo que he vivido mucho en mi casa. Mis padres eran anarquistas y vivíamos la solidaridad como algo muy grande. Recuerdo, por ejemplo, la fuerza que tenían palabras como “huelga”. Entonces yo vivía la solidaridad como un sentimiento muy fuerte y sin demasiada reflexión, porque sólo era una niña. Pero era consciente de que existía una humanidad que sufría y luchaba y a la que había QUE ayudar. Estudié la carrera de medicina y fue precisamente en mi época de estudiante cuando volví a tomar un contacto muy estrecho con el concepto de solidaridad, ya que empecé a enviar medicinas a los presos de los primeros años de la dictadura franquista. A medida que una entra en contacto con la solidaridad empieza a contactar con los pueblos y con su historia casi de una manera normal. Cuando ocurrió la revolución cubana me interesó conocer, desde el punto de vista antropológico, qué significaba para un pueblo ser protagonista de un proceso revolucionario. Pasé cuatro meses en una granja de una zona analfabeta y allí seguí tomando conciencia de muchas cosas. Era la época de la guerra de Vietnam. Siempre anduve por esta línea solidaria y libre.
Y a pesar de su compromiso, nunca ha llegado a ser militante de un partido político.
Sí, es cierto. Nunca he sido militante de un partido político aunque sí he sido una persona muy comprometida con el Partido Comunista. Pero siempre he conservado esta libertad, dando pasos de compromiso relacionados con la solidaridad. En Madrid teníamos un comité de solidaridad muy fuerte con Vietnam, de lucha contra la tortura. También indagué mucho el caso de los mineros asturianos. Luego llegó el Proceso de Burgos y fue entonces cuando creamos un comité de solidaridad con el pueblo vasco y denunciamos en Madrid, a través de boletines, los casos de tortura que estaban ocurriendo. La principal trayectoria de mis trabajos sigue una línea de crear mecanismos para denunciar la tortura.
Además, usted estuvo en prisión y tuvo la oportunidad de conocer esa realidad de primera mano.
Acusándome de cosas tremendas estuve cerca de tres años en la cárcel. Aproveché el tiempo que estuve presa para estudiar a fondo la represión, trabajé mucho y escribí muchísimo. Fue algo positivo. Es lo que le ocurre a todo torturado. Cuando uno toma la decisión de enfrentarse y de denunciar la tortura que ha sufrido recupera su dignidad. Aquella situación me predispuso a hacer un trabajo desde dentro, de cómo se estaba produciendo la transición a la democracia. Mientras fuera estaban ocurriendo cambios, dentro los torturadores seguían siendo los mismos y la tortura se estaba produciendo igual. Cuando salí me propuse ir siguiendo muy de cerca y de una manera muy minuciosa cómo se producía el cambio de una dictadura a una democracia desde el punto de vista de la represión. Me interesó investigar cómo se sigue practicando la tortura en una estructura democrática. Este es el trabajo que he hecho hasta hoy, en facetas distintas y de diversas maneras.
¿Qué opinión le merecen la situación actual de Euskal Herria y la actitud de la sociedad, y más especialmente de los jóvenes, al respecto?
Pienso que hay un retroceso muy grande en el sentido de que muchas libertades que parecía que se habían ganado se han perdido. Y yo considero que todo esto forma parte de lo que es una democracia formal. Y es que, dentro de una estructura democrática y bajo el escudo de la democracia se están cometiendo en el mundo cosas terribles. El problema vasco no lo puedo ver desvinculado de las cosas que están ocurriendo en el resto del mundo. Se ha dicho que entre todos los males la democracia es el mal menos malo pero aún así, han perdido mucho, incluso desde el punto de vista formal. Y esto es algo que está ocurriendo en todo el planeta. No hay más que darse cuenta de lo que ocurre en Guantánamo, de cómo se han reído de las leyes o de cómo han invadido Irak. Aquí prohíben un medio de comunicación y encarcelan a sus trabajadores. Todo parece una burla grotesca que ni tan siguiera se intenta ocultar. Son cosas terribles. Pero hay algo que me parece todavía más terrible, y es el hecho de que los ciudadanos hayamos perdido la capacidad de reaccionar.
¿Se refiere a la pasividad social?
Por supuesto. Veo que hay una pasividad generalizada, y pienso que este es el gran mal de estas sociedades, por llamarlas de alguna manera, avanzadas. Sociedades en las que, siendo gravísima la represión directa, se persigue la insensibilización y la anestesia de las grandes mayorías. Está ocurriendo lo que Noam Chomsky ha llamado “El control del pensamiento”. Lo que buscan estos imperios es que las grandes mayorías no piensen ni se hagan ninguna pregunta y que acepten e incluso crean que viven muy bien en democracia y que son libres. Esto explica lo que ocurre en Estados Unidos; que siguen votando a Bush a pesar de las barbaridades que está cometiendo en nombre de la democracia. Esta es la parte más siniestra de las democracias actuales. Aquí ocurre lo mismo porque tenemos que aguantar, por ejemplo, la prohibición de un periódico con leyes que son un atropello. Continuamente una tiene la sensación de burla y la sociedad que tiene que aguantar todo esto termina por enfermar. Es una enfermedad de impotencia, de rabia, de cólera... Ojalá la cólera sea muy grande y ayude a tener más capacidad crítica y a enfrentarse.
Y, ¿qué opina de la postura que toman los medios de comunicación?
Por un lado está la cuestión oficial y, por otro, el papel que juegan los medios. La manipulación informativa y la postura de muchos periodistas de aceptar y acatar lo que dicen desde el poder crean una atmósfera y un ambiente que en muchas ocasiones tiene que ver con la propaganda del nazismo. La propaganda es un arma capaz de fabricar mucha gente manipulada. Está resultando peligroso, por ejemplo, ser vasco en Madrid. Estamos viviendo un momento muy irracional y difícil. Y yo creo que aún sintiendo rabia, cólera e impotencia no debemos renunciar en absoluto a la capacidad crítica. Ahí está nuestra vida. Ellos no quisieran utilizar la fuerza bruta, preferirían tener borregos que aceptan todo sin ningún tipo de pega. En la medida en la que haya gente que no se resigne, que haga frente y tenga capacidad crítica, que se reúna con otras personas que también la tienen y que hagan núcleos de resistencia, la sociedad no morirá.
Desde 1992 dirige Hiru, una pequeña editorial que publica libros en formato de bolsillo. ¿Ha encontrado otra forma de divulgar ideas, una nueva manera de expresarse y difundir material?
Cuando me paro a pensar en la editorial me doy cuenta de que tiene mucho que ver con un comité de solidaridad clandestino que teníamos en Madrid. Hiru es un poco la continuación de aquella actividad en democracia y sin clandestinidad. Hay cantidad de libros y mucho material que debería circular porque despierta las formas de pensar y enriquece a las personas, y que no circula, no porque exista una censura explícita que prohíba su circulación, sino porque la industria actual de las editoriales está más por el mercado y por conseguir dinero que por otra cosa. En este contexto nosotras, las tres mujeres que empezamos, teníamos algo muy concreto: las obras de Alfonso Sastre. Y es que sus libros estaban, por decirlo de alguna forma, extinguidos. Se habían publicado, se habían agotado y nadie los había vuelto a editar. Este fue nuestro principal móvil: publicar sistemáticamente la obra teatral de Alfonso Sastre. Así empezamos.
El principio tuvo que ser duro.
Hemos tenido muchísimas pegas, y no todas han llegado del mercado, ya que muchos obstáculos nos llegaron de editoriales de la izquierda. Había una especie de hostilidad respecto a los libros de bolsillo. “Con esto no vais a llegar a ninguna parte”, nos decían. Yo nunca lo entendí porque siempre tuvimos muy claro a dónde queríamos llegar. Desde el primer momento estuvo claro que iríamos despacio pero que publicaríamos todo lo que pudiéramos. Al principio yo tenía entre manos dos libros que quería que se publicaran, uno de Noam Chomsky y “La otra historia de Estados Unidos” de Howard Zinn. Este último se trata de un libro muy progresista que nadie quiso publicar con la excusa de que era muy largo. Nosotras teníamos muy claro que cuando consideráramos que un libro era interesante lo publicaríamos fuera largo, corto, o tuviera impedimentos. Tuvimos suerte porque le dieron el premio Nobel a Darío Fo y nosotras ya habíamos publicado “Muerte accidental de un anarquista” y “Tengamos el sexo en paz”, entre otros. Desde el principio hemos tenido muy claro que la editorial no había nacido para hacer dinero. Esto fue muy duro al principio, pero lo hemos conseguido.
¿Cómo se encuentra su editorial en la actualidad?
Ahora no se gana dinero. Si un libro da dinero este libro pasa a ser solidario con otro ejemplar que va a tener dificultades para ser publicado o que no va a dar dinero. Estos años han sido una gran lección de aprendizaje. En la actualidad tenemos cerca de cincuenta obras de teatro publicadas, una colección realmente interesante que se está vendiendo. Es cierto que nunca haremos un best seller con el teatro, pero también es verdad que hay un público importante interesado por las obras teatrales. Nosotras no tenemos ningún libro muerto, cuando un ejemplar se agota lo volvemos a editar. También hemos querido desmitificar la manipulación de los media y la propia historia, porque la historia siempre se ha escrito desde el poder. A este respecto nos cabe el honor de haber dado a conocer en Europa “La otra historia de Estados Unidos”, de Howard Zinn, hace ocho años. Hace dos años una editorial francesa anarquista muy interesante se animó a editarlo y ya le han dado dos premios oficiales, además de haberle dedicado muchas críticas. A nuestro libro apenas le han dedicado críticas. Nuestra edición se ha impuesto, porque ya vamos por la cuarta, pero se ha impuesto gracias al boca a boca, a la gente. También considero que tenemos un catálogo muy bueno que está vivo, tenemos muchos pedidos a través de Internet, el 50% de las ventas concretamente. Y la gente nos conoce mucho más que antes. Pienso que es el momento de las pequeñas editoriales. Que con pequeñas editoriales se puede hacer una red de publicaciones muy interesante. En Estados Unidos existen infinidad de pequeñas editoriales, y lo mismo ocurre en Europa y Canadá. Me interesa mucho entrar en contacto con esa gente.
Hiru ha llegado a publicar una novela de Sadam Hussein.
Se trata de “Zabiba y el Rey”, una novela que Sadam Hussein escribió con el seudónimo de Mohamed Alsaqar. Una vez, estando en Irak, alguien se acercó y me ofreció un libro de Hussein, y yo decidí publicarla. Tengo otra novela suya mucho más larga. Se ha mitificado hasta tal punto la figura de Hussein que me pareció enriquecedor sacar a la luz ésta, su otra cara, y desmitificar un poco lo que todos sabemos de él. Pronto saldrán publicadas tres obras de otros escritores iraquíes que hemos querido editar como muestra de solidaridad con su pueblo.
¿Qué proyectos tiene entre manos Eva Forest?
A través de la editorial siempre estoy pensando en cuándo podré publicar mis cosas y nunca encuentro espacio. Este año, por ejemplo, me encantaría publicar tres o cuatro cosas mías que tengo guardadas desde hace tiempo. Cuentos y novelas, todo lo que no considero literatura de urgencia. Para mí la literatura de urgencia es aquella que tiene que difundirse porque transmite algo importante o que acaba de ocurrir. Y mis trabajos ya empiezan a ser urgentes. Guardo, por ejemplo, una obra de teatro sobre la tortura que me encantaría publicar.
¿Cuál es la fórmula para compaginar tantas actividades a la vez?
Es la propia actividad la que facilita que haga muchas cosas. Pienso que todo tiene que ver con todo; que tener una actividad en la cocina es muy enriquecedor para llevar a cabo otras cosas. Siempre he pensado que si las mujeres que vienen de una cultura tradicional hubieran tenido la oportunidad de estudiar, de dar el salto estarían muy preparadas, porque tienen un conocimiento sensible de la vida. Opino que se pueden aprender muchas cosas en todas partes. Me encanta, por ejemplo, acudir a la feria a vender libros. Escuchar opiniones, hablar con los lectores, fijarme en cómo la gente se detiene a mirar los libros y los ojea. Todos estos conocimientos son muy enriquecedores para mí. Te hacen perder tiempo pero ganas infinitamente en intensidad. No puedo dejar de tener muchas actividades simultáneamente, a veces desborda, pero siempre he actuado así. Estudié psiquiatría en un momento muy duro y en aquella época me parecía una disciplina ineficaz. Tuve una crisis y lo dejé. Pero en aquel momento yo no tenía capacidad política para darme cuenta de que lo que iba mal era la propia psiquiatría y no yo. Luego me interesó la sociología y más tarde la política.
Eva Forest
Nació en Barcelona en el año 1928. Su padre, anarquista, consideraba la escuela como una institución represiva; así que los primeros estudios los hizo “por libre”. Cursó la carrera de Medicina en Madrid y durante este tiempo trabajó en el departamento de Psiquiatría del Hospital Provincial, donde fue compañera de Luis Martín Santos y de Carlos Castilla del Pino. Los sábados acudían a la “Universidad libre de Gambrinus”, una tertulia que, en aquellos momentos, fue muy importante para su formación.
En 1955 conoció al escritor Alfonso Sastre, con el que tuvo tres hijos. Tiene tres nietos. En 1962, durante las grandes huelgas de los mineros asturianos, por solidarizarse con ellos, estuvo presa con su hija de tres meses. En 1966 viajó a Cuba y vivió cuatro meses en una granja de Sierra Maestra grabando la vida de los campesinos, material que daría lugar a un voluminoso libro que prohibió la censura. A su regreso, con otros compañeros, creó el Comité de Solidaridad con Vietnam. Editaron un boletín clandestino de noticias: “Información”, que circuló con regularidad durante años, y “Estado de Excepción”, hoja informativa que llegó a alcanzar una gran popularidad. Durante el proceso de Burgos creó el Comité de Solidaridad con Euskadi. En 1974, bajo la acusación de colaborar con ETA, fue detenida y pasó tres años en prisión preventiva. El juicio nunca llegó a celebrarse y salió en libertad en 1977. Desde entonces vive en Hondarribia donde sigue ocupándose, ahora en democracia, de denunciar la tortura y la represión en general. Dirige la editorial Hiru y colabora con varios organismos internacionales relacionados con los Derechos Humanos. Ha publicado numerosos artículos, ensayos y varios libros relacionados con este tema. Algunas de sus obras han sido traducidas a más de una docena de idiomas.
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Entrevista a Eva Forest, editora:
Jennifer Piñero Roig de La Jiribilla|13-02-2005 11:50
Tener claros los principios
Democracia, negocio editorial, manipulación informativa, lectura de entretenimiento o de reflexión, son términos polémicos sobre los que hay mucho por decir, Eva Forest, directora de la Editorial Hiru, en el País Vasco, sostiene criterios muy propios dentro de la avalancha de opiniones.
Escritora, compañera de vida del destacado intelectual español Alfonso Sastre, ha elegido una postura nada cómoda de enfrentamiento a los dogmas tradicionales de la sociedad capitalista. Fundó una editorial en condiciones desventajosas, una empresa pequeña y prácticamente familiar, que ha sacado adelante sin plegarse ante los obstáculos de un mundo cada vez más comercial.
De visita en la XIV Feria Internacional del Libro de La Habana, en los escasos intervalos de tiempo disponibles entre un evento y otro, conversó sobre sus pensamientos, sobre los ejes rectores de la Editorial Hiru, sobre el panorama general del mercado del libro.
La lectura se ha convertido en una industria, el libro es un artículo negociable. ¿Cuál es el concepto que la Editorial Hiru sostiene en medio de estas circunstancias?
Nosotros, desde el principio, tuvimos claro algo que es fundamental: nuestro objetivo no sería tener un negocio con el cual ganar dinero, sino tratar de implementar una buena editorial. Seleccionaríamos cosas interesantes, que, naturalmente, deseábamos se vendieran y tuvieran ganancias, para poder continuar. Pero no iba más allá. Desde el inicio eso estuvo muy claro. El objetivo no era ganar dinero.
Creo que eso nos aclaró mucho el camino. Con un proyecto que es así de inicio, es muy difícil abrirse camino. Y nosotras no teníamos mucho dinero. Éramos tres mujeres y cada una puso 150 mil pesetas, lo que costaba el abogado. Económicamente, tuvimos que plantearnos cómo íbamos a hacer. Teníamos una gran ventaja: no tendríamos que pagar los derechos de publicación de Alfonso Sastre, uno de los autores más importantes con que contábamos. Lo otro era estudiar cuidadosamente cada obra que pretendiéramos publicar.
Luego, decidimos presentarnos a todas las ayudas que pudiéramos obtener del Estado, pero teniendo muy claro que si no las recibíamos, íbamos a seguir.
Estaba el asunto de la propaganda. Pensábamos cómo, dentro de las modestas posibilidades de nuestro proyecto, podríamos hacer la promoción, colocarla y venderla. Ya ahí entraban distintos factores.
Económicamente partimos así, y fue una verdadera aventura.
Otra circunstancia que pesó desde el principio, y creo ha sido una de las cosas que nos ha salvado, es que no nos hemos especializado. Somos una editorial muy abierta, con una ideología clara: los libros tienen que ser enriquecedores, pero no en sentido monetario, sino cultural, político, libros complejos que no se encuentren fácilmente en el mercado. Obras, por tanto, con las que se corre un riesgo, considerados por las grandes editoriales como poco rentables. Es que realmente no dan mucho dinero, pero sí son muy gratificantes.
¿Cómo se insertó Hiru entre la competencia de las grandes editoriales?
Como ya dije, tener claro lo que queríamos publicar. Lo otro fue vencer las muchas dificultades que fueron apareciendo por el camino. Hemos aprendido mucho en estos años. La editorial se ha complejizado, cuenta con más colecciones, más libros.
Algo muy interesante ha sido la relación con los distribuidores. Con los distribuidores siempre se enfrentan conflictos, por eso hemos intentado evadir a los tradicionales. Para ello hemos empleado a los distribuidores alternativos, lo cual, pienso, fue un gran acierto. Utilizamos a los pequeños grupos, que se desplazaban con facilidad y se situaban en ferias, festivales y otros eventos. Con esa gente sucedía que tenían buen público, pero siempre arrastraban problemas de dinero. Y como si demoraban el pago era posible que ya no lo hicieran, afectándonos a nosotros, llegamos al acuerdo, satisfactorio para ambas partes, de dejárselos muy baratos, concederles un gran descuento, pero que pagaran al contado.
Internet vino a ser otro elemento de vital importancia en la distribución, puedo decir que fue un salto muy grande. Desde que decidimos hacer la página web, que la confeccionó una de nosotras, empezaron a llegar solicitudes a través de esa vía. Según aumentábamos la colección, veíamos crecer el público.
Ha llegado el momento hoy en que más del 50% de las ventas se realizan por Internet. Eso es fundamental, porque ha contribuido también a eliminar los distribuidores. O sea, un 50% se vende en la Red y más de la otra mitad sale a través de los distribuidores alternativos.
No dependemos de los tradicionales, los que sirven principalmente a las grandes librerías, que quieren ventajas económicas, como dejarles los libros en depósito sin pagarlos. Nosotros nos hemos quedado con solo cuatro de estos grandes distribuidores tradicionales ―lo que es muy poco para una editorial― y estas son personas que han entendido que nuestros libros son buenos y nuestra política es distinta.
¿Cuáles son las temáticas más recurrentes en Hiru, y qué autores son los de mayor presencia en la Editorial?
La selección se fue haciendo sola. Habíamos empezado con el teatro, por cuestiones económicas. Inmediatamente después publicamos aquellos libros que más fácilmente conseguíamos, a la vez que eran interesantes. Tuvimos ―no se puede decir suerte― porque la selección la hicimos nosotras, pero sí cayeron en nuestras manos obras realmente atractivas. La suerte estuvo en que bien podían los autores negarnos los derechos de publicación.
Por ejemplo, publicamos El juego de la mentira, de Michel Collon. Un libro que se interna en los vericuetos de la situación en Yugoslavia, de las motivaciones e intereses ocultos tras la superficie. La primera edición se agotó rápido. Vimos el éxito que tuvo y continuamos publicando libros que abordaban la manipulación informativa. Fueron materiales muy pedidos, que se vendían.
Otro es el de Jacques Pauwels, que ahora se acaba de publicar en Cuba, El mito de la guerra buena. Uno en particular que cayó en nuestras manos y que nadie tenía interés en publicarlo era La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn. Lo publicamos muy pronto, a los pocos años de estar abierta la editorial. Era una obra muy voluminosa, y para nosotros significaba mucho dinero. Tuvimos que hacer un gran esfuerzo para publicarlo y se vendió muy poco; el problema es que tampoco teníamos dinero para la propaganda, y además Zinn era desconocido en Europa.
Vendíamos poco a poco, pero cada vez más. Ya va por la quinta edición el de Zinn, es un libro que ya se pide muchísimo, pero su demanda creció lentamente. Esta es otra característica de nuestra editorial. Nunca hemos tenido, o muy pocas veces, un libro que haya sido un bestseller rápido. Los libros que publicamos son sólidos, y poco a poco, boca a boca, se van dando a conocer. Tampoco hoy nos valemos de la publicidad. La gente se lo va diciendo y cada vez se pide más. Este mismo libro, en la vida ha tenido una crítica en España. Y en El País, el año pasado, colocaron una página entera dedicada a La otra historia de los Estados Unidos, que se había editado estupendamente en Francia, y es que a los editores franceses se la habíamos dado nosotros. Y el comentario de El País resaltaba a los franceses, pero nos ignoraba por completo. A ellos le han dado ya tres premios y nosotros hemos pasado desapercibidos.
Otro libro complicado fue La estética de la resistencia, de Peter Weiss. Un libro fabuloso, en Italia se ha hecho las traducciones con el dinero del Estado, en Francia también. Cuando lo publicamos, yo estaba enfadada con los grandes medios de prensa, por tantas ocasiones que les había enviado las obras y ellos jamás habían emitido una crítica sobre estas. De pronto, aparecieron en el ABC tres páginas y la portada dedicada a este libro; en El País, una página; y el director de El Mundo me llamó personalmente para reclamarme que no le había mandado ningún ejemplar. Les respondí que durante años lo hice y ellos no se inmutaron, así que ya no enviaba nada.
¿Ha incluido títulos de autores cubanos en Hiru?
De momento, uno. Una colección de cuentos que ganó el Premio Carpentier 2003. Los malditos se reúnen, de David Mitrani.
¿Cómo ve usted la cobertura de los medios de prensa españoles a la literatura cubana?
La literatura cubana, si trata de atacar a la Revolución, o el escritor da una imagen terrible de la Revolución, o algo por el estilo, es muy favorecido.
¿Y el resto de los autores, los que permanecen aquí y escriben de otras temáticas, digamos más literarias, menos políticas?
Es que la literatura normal, no sé hasta qué medida se esté publicando allá porque los libros que se publican aquí, en Cuba, allá no llegan. Luego, de los libros que las editoriales compren y publiquen, no sé. Sí sé que se le da mucha atención a la literatura de oposición.
¿Es posible en España acceder a la literatura cubana? ¿Se pueden encontrar libros de escritores cubanos en España, pero que estén en Cuba, que no se hayan ido?
Sí. Depende. Se sigue mucho el criterio de los clásicos. Lezama Lima, Carpentier, Virgilio Piñera, Dulce María Loynaz, esos sí.
¿Y los contemporáneos?
No lo sé. Por ejemplo, a lo que son ficciones, le hemos sacado un espacio, porque hemos visto que era necesario hacerlo dentro de la editorial. Pero no he seguido la cuestión. No sé cómo las demás editoriales tratan el tema de la literatura cubana.
¿Qué es prioritario para la Editorial Hiru, un autor clásico de ventas aseguradas, un autor de moda, o una joven que tiene una propuesta interesante pero experimental, y que no se cuenta con su éxito?
Para nosotros lo fundamental es, independientemente de que el autor sea clásico, moderno o joven, que tenga calidad. Mejor si es nuevo, pero lo primero es la calidad. También seleccionamos su obra por cómo pueda incidir en el entorno, incidir no de una manera estrecha, solamente social o política, sino en la medida que pueda aportar algo nuevo en un sentido creativo. Si hallamos una cosa experimental buena, ese puede ser el libro. Y si lo que encontramos es uno de agitación bueno, o un testimonio que aporte información sobre lo que está ocurriendo, pues esos pueden ser publicables también. Nuestra política editorial es publicar cosas muy amplias, pero que incidan en la sociedad y que aporten, que nos sitúen a la altura del momento.
Si cae en nuestras manos un trabajo sobre un experimento interesante, lo vamos a publicar, lo haya escrito quien lo haya escrito; si es un clásico que toca un tema que probablemente muestre un paralelismo con algo que ocurra en el momento, pues lo editamos. A lo mejor publicamos, una Medea, porque puede ser interesante una puesta al día de Medea. Ese es un poco el criterio.
Usted ha dicho que Hiru vende muchos de sus libros a través de Internet. Actualmente son muchas las vías de acceso al libro. Además de la Red, están los supermercados. La oferta se sitúa hoy fuera de aquellos lugares sagrados llamados librerías. ¿No le preocupa que de esta manera el lector tenga demasiado acceso a mucha literatura fácil, y que se vicie su gusto?
Según la experiencia, eso ocurre generalmente dentro de los grandes espacios de venta. Cuando la gente va al supermercado a comprar comida, y a la vez coge un libro, muchas veces no tiene un criterio de selección. Elige tal cual se lo han preparado allí. Sin embargo, nuestra experiencia por Internet es diferente. Sea por una razón u otra ―a lo mejor porque Internet todavía está muy limitada a gente de determinado nivel cultural y con acceso a la tecnología― el público que compra a través de Internet, selecciona muy bien. Como nuestra página web muestra el catálogo completo, y es muy diverso, muchas veces sucede que alguien interesado por determinada obra, halla otras que también le atraen. Una persona pretende adquirir algo de teatro, y va a la colección Skene, también observa los demás ejemplares, que pueden parecerle interesantes.
Entonces, por el mecanismo que sea, se no compra al azar. De hecho, guardamos una colección de cartas llegadas vía e-mail, la cual nos parece útil para la historia de la Editorial, porque además de encargar libros, dicen palabras que pueden ser de aliento, o sugerencias como: “es magnífica la labor que están haciendo”, “sigan así, es estupendo lo que hacen”, “he encontrado en tal sitio un título que sería bueno que ustedes reeditaran, que se agotó en los años 30”, “amigablemente queremos decirles que en tal página hay una errata”. Se lo toman como si fuéramos una editorial estatal, oficial.
Esto es muy peculiar. Es un tipo de lector nuevo, se le podría denominar participativo. A la vez que te pide libros, te aconseja y te da noticias. Eso enriquece nuestro trabajo. Es gente que participa de una manera muy cercana.
¿Se puede practicar la resistencia desde las editoriales? Me refiero a la resistencia a la cultura globalizada, que intentan imponer para homogeneizar a la población y aniquilar las culturas locales.
Dentro de lo que es la lucha política, poco puede hacer una editorial. Lo mismo que un poeta, un escritor. Pero en lo que es, digamos, la zona más limitada dentro de lo cultural, sí se puede ejercer una resistencia importante desde una editorial.
Aunque primero deben sentarse las bases para poderla ejercer. Es decir, una editorial tiene que ser lo más libre posible. Nunca se logra totalmente, porque en una sociedad capitalista nunca se es libre. Pero es importante serlo en la mayor medida posible para poder trabajar. En ese sentido, la independencia se la tiene que ganar. Por tanto, una editorial tiene que tratar de ser lo más autónoma posible. Y, ¿qué es lo que te puede atar? Lo económico. Claro, siempre hablo dentro del sistema capitalista, porque es dentro de él que yo me muevo. Si pido una ayuda estatal, esta ayuda me condicionará. Quizás la primera vez ellos caigan por descuido, y me la den para publicar un libro que puede no interesarles. Pero a la segunda ocasión no ocurrirá lo mismo. No otorgarán la ayuda.
¿Qué hacer frente a eso? Nosotros decidimos desde el primer momento pedir todas las ayudas posibles, lo mismo nacionales que internacionales. Siempre y cuando ello no nos condicionara a qué publicar. Si pedimos una ayuda y no nos la dan, ese libro se publicará igualmente.
Es importante tener claro hacia dónde se quiere ir. Eso nos ha ayudado. Sabemos que los libros que publicamos no se venderán tanto, por lo tanto tampoco los publicarán muchas editoriales.
Entonces, si se tiene escaparate, las cosas fluyen mejor. La gente ve repetirse los títulos de una librería a otra, de una editorial a otra, y cuando aparecemos nosotros con una propuesta diferente, pues nos hace más caso. El escaparate es fundamental. Lo que ha ocurrido es que nuestro escaparate es Internet.
Luego, no todo el mundo vende bien por Internet. En el caso de nosotros, el público ya sabe que nuestro catálogo incluye sólo determinadas cosas, de un sentido ideológico específico. Eso explica que vendamos por Internet más que otras editoriales.
Durante muchos años, hemos visto editoriales pequeñas que se han puesto a trabajar –como editoriales pequeñas a lo mejor tienen muchos logros de diferentes maneras– pero sin una ideología clara de lo que quieren hacer. Se montan a imagen y semejanza de las grandes editoriales, entran en la competencia, privilegian el concepto de la ganancia monetaria y hacen concesiones con los temas que pueden ser muy populares pero no tan buenos. Nosotros nunca vamos a entrar en ese tipo de competitividad. Nunca editaremos algo que no nos guste por ganar dinero. Tampoco permitiremos que un escritor se pague su libro –práctica común entre las pequeñas editoriales, y también entre las grandes, cuando el autor no es tan conocido. Pensamos que debemos pagarle bien al autor. De ser posible, y estamos intentándolo, pagarles más del 10%. También hay que buscar buenos traductores. La cuestión es hacer cosas de calidad. Eso hace que la editorial se autofinancie. Aunque nunca hagamos grandes fortunas, sí podremos hasta hacer gestos de solidaridad, como acabamos ahora que hemos editado unos libros sobre Iraq.
En su opinión, ¿el libro debe ser fuente de entretenimiento o de pensamiento y reflexión?
Hay una gama muy amplia de libros que pueden hacer aportaciones muy enriquecedoras. Libros no faltan, lo que falta es capacidad económica para publicarlos. Creo que si dispusiéramos de un instrumental importante, si Hiru, en lugar de ser una pequeña editorial, modesta, sin recursos económicos, siempre en la cuerda floja, estuviera apoyada por un Estado o un gobierno, eso sería lo ideal. Es lo que pasa aquí, en Cuba, hay un apoyo estatal. Eso es importante. Con eso se garantiza que no te mueras de hambre, que se siga, que no se hunda. Aún así, creo que es necesaria la experiencia en una sociedad capitalista, hacer lo que nosotros es una aventura en la que se corren muchos riesgos, pero merecen la pena. Es una aventura, pero no tan peligrosa como para que uno muera en el intento. Sin embargo, solamente con arriesgarse, se puede mantener una verdadera independencia y conseguir publicar lo que uno quiere, aunque cueste difundirlo.
Lo que pienso que no se puede es a medias tintas. Si buscas ayuda y te adaptas, si pactas con el enemigo; cuando se comienza a negociar, a ponerse en esa línea intermedia en que no está claro qué se hará, llega el momento en que sucumbes. Casi seguro que sucumbes.
En general, creo que un buen libro contribuye, de alguna manera, al enriquecimiento de uno. Aunque sea solo como divertimento, si es un buen libro, está cumpliendo una función válida. Produce placer, que es muy importante para la vida humana. Pero, si además te hace pensar, pues cumple otra función también importante. Si es crítico, aún mejor.
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