Cuando se llega a una cierta edad, y se han vivido fases históricas muy diferentes,te percatas que en su momento, todas ellas parecían que iban a ser “para siempre”. Es para sentir estupor, aunque en los últimos tiempos, los desastres provocados por el neoliberalismo son tanto que la impaciencia se hace notar.
Aunque a la mayoría de personas les gusta disfrutar de una realidad “estable”, de ahí que los chinos tengan como una maldición el deseo de “vivas en épocas interesante”, lo cierto es que, a pesar de las coyunturas más o menos larga de “paz social” (o sea de fases en la que se imponen criterios como “quien paga manda”, “tanto tienes tanto vales”, “no hay más cera que la que arde”, etc, etc),en el siglo XX se aceleró considerablemente el curso histórico. Anotemos la distancia que hay entre la República británica de Crommwell y la Bastilla, o el largo paréntesis del siglo XIX en el que la clase dominante ya no podía gobernar como antes, pero la clase obrera todavía no estaba preparada para cambiar el mundo de base.
Sin embargo, a lo largo del siglo XX asistimos a dos guerras mundiales de una crueldad sin precedentes, crisis sociales y revoluciones (sobre todo entre 1917 y 1936, con Francia y España), ascenso y caída del nazi-fascismo, expansión de los movimientos antiimperialistas (China, Vietnam, Argelia, Cuba, Kenia, etc), ascenso, crisis y descomposición del llamado “socialismo real” que al parecer de sus enemigos y adversarios, no se mostró capaz de reformarse. Esta imposibilidad no fue porqué sí, se puede explicar por razones históricas determinantes: la aniquilación del movimiento obrero clásico, la presión imperialista, el alcance de la corrupción burocrática…
Con la caída del “socialismo real”, caerá en crisis picada también el antaño poderoso movimiento comunista internacional, cuya crisis, como la de la socialdemocracia gestionadota, dará lugar a la efímera emergencia de los izquierdismo (sobre todo maoísta) en los años sesenta.-setenta…Esto sucede en un mundo dominando por el neocapitalismo, o sea por un capitalismo atemperado por un “compromiso social que se llamará “Estado del bienestar”, al que alguien como Herbert Marcuse describirá como un sistema “intermedio” entre el capitalismo y el socialismo, una exageración sin duda, aunque ciertamente, una realidad empresarial determinada porel miedo a la revolución, al “comunismo”…Ese miedo estaba bien fundamentado: la revolución fue un lobo que asomó las orejas en Alemania (1919-1923), Gran Bretaña (1926-1927), Francia y España (1936-1937), al final de la II Guerra Mundial (Francia e Italia podrían haber el camino Yugoeslava si sus partidos comunistas hubieran sido realmente tales), luego vinieron los mayos de Francia e Italia, todo una historia, Portugal, 1974, España, 1976-1977…El mismo lobo que avanzaba en el Tercer Mundo: Argelia, Cuba, Vietnam, Ghana, etcétera.
Una historia inconmensurable que conviene estudiar, y que hay que explicar en una clave paradójica: la revolución de octubre que se justificó como un prólogo de la revolución internacional, aislada, arrasada y corrompida por la burocracia, acabó resultando el mayor obstáculo de dicha revolución al anteponer sus propios intereses nacionales y de casta a la solidaridad internacional. Esa y no otra es la clave de la actuación “comunista” en la guerra de España, como lo sería en los años cuarenta en el curso integrador “nacional” tomado por la resistencia hegemonizada por el estalinismo...
La crisis, agonía y descomposición de éste ha sido el factor determinante enla última historia que nos está tocando vivir: la del ascenso y crisis del neoliberalismo que, empero, todavía carece de una respuesta alternativa con caras y ojos.
De hecho, esta debilidad es fruto de las conquistas del período anterior. Los que por la edad han conocido la época del capitalismo sin ley, o mejor dicho de la ley del más fuerte, cuando los trabajadores carecían de los derechos más elementales, y el Estado era ante todo la policía (o la Benemérita) y el ejército, no pueden por menos que apreciar la diferencia. Entonces, los trabajadores no eran nada, menos quizás de lo que son actualmente los trabajadores sin papeles.Las conquistas sociales y democráticas no estaban ahí aunque algunos jóvenes petulanteslo puedan creer, han sido producto de luchas y sacrificios enormes…Luchas y sacrificios que no llevaron al ideal, pero que labraron mejoras parciales.
Esto es cierto, pero también lo es que de una manera más o menos “reformista”, se está retrocediendo a aquellos tiempos. De hecho, si la situación de las nuevas generaciones inscritas en el precariado no son más humillantes, es porque estos todavía cuentan con el soporte familiar, de unos padres que, en muchos casos, aparecen como “privilegiados” por poseer derechos que ellos o tienen. La derecha incentiva este discurso contra las antiguas conquistas “acomodaticias”, y aboga, a la manera de Sarkozy, por la gente que tienen que madrugar haber que les ofrece el dios mercado.
La izquierda “transformada” que ha sobrevivido de todo este entramado históricojuega totalmente en campo contrario, que ha renunciado hasta a su programa mínimo de reformas y mejoras sociales para gestionar lo que queda de conquistas pasadas...Esta izquierda institucional está compuesta en parte por antiguos contestaros que han acabado siendo cooptados por el sistema, ahí están los casos de los Verdes alemanes, de Refundazione, por no hablar de grupos pequeños o de personajes que han hecho suya la premisa de quien no es anarquista a los veinte años es que no tiene corazón, pero quien no es conservador a los cincuenta es que no es inteligente...en todo este tiempo, la burguesía ha aprendido más que nosotros. Ellos siempre han tenido claro lo que pueden perder, pero la mayoría de entre nosotros no sabe muy bien que puede ganar, es la gente que se ha hecho renuente a los riesgos de las huelgas y las movilizaciones, esperando que al menos a ellos, algo les caerá con la negociación.
La situación de las izquierdas dignas de este nombre es –insisto-, el producto dela suma de derrotas. Resistencias que muchas veces miran hacia atrás, hacia Octubre, las comunas de Aragón, las luchas de liberación, etc, etc. En todo ello hay una parte incuestionable, necesitamos saber de donde venimos para establecer hacia donde vamos, cierto. Pero hay que mirar también hacia atrás con ira, y no solo por toda la corrupción y crueldad mostrada por las clases dominantes, que es mucha. Tenemos que revisar “nuestros” propios errores que no fueron pocos, no hay más que ver lo que fue la revolución española, tan participativa, activa y generosa por abajo, y tan dividida y desorientada por arriba. Y es que no solamente tenemos serios problemas con el oportunismo de esa franja que acaba haciendo de la militancia una “carrera”, también lo tenemos con el sectarismo, con las actitudes de la militancia más auténtica que,empero, puede llegar a creer que su escuela es una escuela superior.
Y no es así, ya que incluso en los casos (que los hay) en los que la experiencia, el conocimiento y la entrega han podido llagar más alto, una actitud consecuente no es la que se hace valer por esta altura, primero porque fue y ya no es, porque si llegó alto que porque mucha gente anónima empujó desde abajo, porque no hay garantía que lo que sirvió ayer sirva igual hoy, porque por alto que se llegara siempre quedaron cosas por hacer y aprender...No me fiaré nunca de quienes asumen su escuela como sí se tratará de un club (aristocrático) con el que contemplar a los demás como menores o desviados.
Nadie es más que nadie, y en militancia eres lo que haces, y también lo que eres capaz de aprender. Y sí entre lo que aprendes, no entra la capacidad autocrítica, mal lo tenemos.
#1.- Muy bien y gracias Pepe
Esperanza|16-03-2008 19:28
Es la verdad, la cobardia de los seudo-militantes que estuvimos en la década 70 y que no queremos asumir lo aprendido entonces y desde entonces ahora.
Compañeros: el capitalismo está agonizando, el que no quiera verlo así es ciego, y hoy  exige el concurso de todos, ahora mismo, para construir un mundo mejor, de una vez.
Saludos N.
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