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Disertación sobre "el saber". Parte segunda

...Pero no creo, ni mucho menos, que sea yo el único que piensa así.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 5-10-2008 | 461 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/disertacion-sobre-saber-parte-segunda

  Por eso, como para manejar a las masas los medios y los políticos parten de que la inmensa mayoría se com­porta y piensa lo mismo, me parece importante pro­clamar esto que nadie puede negar: que somos iguales en derechos y dignidad, pero no todos somos iguales a la hora de pen­sar y de sentir (y no sólo en materia partidista o ideológica); que por mucho que traten de convencernos de que esto es así publicistas, propagandis­tas, políticos y controladores so­ciales, no todos "que­remos saber" y menos que­remos saberlo todo.

  Yo, desde luego, aunque ya imagino a tanto escolástico que quiere "saber", si me diesen a elegir, en multitud de cuestio­nes prefiero ser ignorante. Creer que se está informado porque se han leído periódi­cos y visto teledi­arios es, en­gañarse. El autoengaño, por motivos va­rios, es algo a lo que todo el mundo tiene derecho. Pero no conviene olvidar que rebozarse en los asquero­sos lodazales de la realidad mediática será estar informado, pero no es "saber". Saber sería es­tar presente en las fuen­tes de cada noticia, generalmente pre­coci­nada. Y aún así tampoco habría garantías acerca de los verdaderos autores o inductores. Esto, la duda y la intriga, en el asunto del 11M se ha explotado por parcelas mediáticas hasta la náusea...

  Porque se supone que todos "¡queremos saber!" y que "¡los ciu­dadanos tie­nen derecho a saber!", los perio­distas nos abruman con toda clase de miserias y jus­tifican sus obscenidades entre las que se cuenta la opacidad intencionada. Ya tienen preparado el te­rreno, pues ese "queremos saber" y ese "los ciudadanos tienen de­recho a saber" responden a una actitud mental inducida por la educa­ción general en sumisión que recibimos. Todo ciuda­dano "bien educado" ha de repetir que "el saber no ocupa lugar", y que "estar bien infor­mado" da acceso a la "verdad". Me refiero en gene­ral al gentilhom­bre y la mu­jer de la postmodernidad a quie­nes la pe­dagogía judeo­cristiana les ha inculcado que es más y más libre el que más sabe, cuando es justo lo contrario. Hablo de esa pe­dagogía de la que más tarde, a medida que va cumpliendo años el ciu­da­dano, se retroali­mentarán los me­dios; esa pedagogía que no sólo no nos hace libres sino que nos somete a una variedad de es­clavi­tud que tiene su epi­centro en el mercado. 

  Pero hay diferencias entre humanos dentro de la deseable igualdad social. Yo no he tenido nunca afición por "saber" lo que pasa en las vidas ajenas. Al menos puedo decir que grandes parcelas de mi "conocimiento" y de lo que he "sabido", no han lle­gado a mí porque lo indagase o porque me lo contasen. He pasado muchas etapas de la vida en la que me han dicho: no te fíes de fulano, ese es un cabrón... para descubrir que el cabrón era el que hacía la advertencia y de quien no me podía fiar era de alguien de su entorno. Esto casi fue ley. Lo que sé verdaderamente lo he "sabido" por vía del ins­tinto no atro­fiado, de la intuición (instinto más reflexión) y de la prenoción. Ins­tinto, intuición y preno­ción conforman mil veces más el criterio y lo que llamamos convic­ción moral que la lección de un premio Nobel o diez libros de estilo de un rotativo pretencioso. Es decir, porque ha suscitado mi “interés” y no la cu­riosidad que desprecio.

  Efectivamente. Curiosidad es una cosa e “interés” otra. La curiosi­dad es más bien un producto malsano, un producto cultural, una ten­dencia entre ansiosa y displi­cente que dificulta la captación de la esencia de las cosas porque generalmente, antes de verificarse lo que nos la suscita, se satisface con el prejui­cio o con el piensa mal y acertarás. Es por decirlo así la curiosidad una inquietud a la que basta con la visión del envoltorio de lo que estamos viendo. De ahí que, sabién­dolo así los medios de comunicación y los políticos de estas demo­cracias que viven de lo superficial y trabajan para la apa­riencia, casi todo lo que se difunde atiende a lo instantáneo sin pre­ocuparse de verificar si es lo que parece. Todo lo que “sabemos” es lo que sobresale un poco o está iluminado para que, precisa­mente, no se vea lo que hay detrás. Luego, lo que venga después, lo que se instruya en un sumario judicial o lo que digan testigos que no apare­cen en los momentos del suceso queda en secreto y raras veces re­cupera interés periodístico a no ser para abundar en más de lo mismo. Ahí sigue un perió­dico centralista y su  chirigotero director a la cabeza, dando la tabarra con su tesis conspiratoria años después del suceso pese a con­tradecir a los fundamentos judiciales.

  En todo caso se nos muestra la superficie, no el entresijo de las cosas, no los centros donde se fabrican los acontecimientos políti­cos, los científicos, los artísticos, y en definitiva todos los "sociales" tal como se nos refieren. Podríamos hoy decir que nada, ni siquiera un maremoto, sucede por azar. Todo está controlado o provocado; hasta la crisis financiera mundial seguro que ha tenido que ser puesta en mar­cha por los think tanks anglosajones para sostener firme ese control. El papel moneda es una invención, el di­nero, ins­tru­mento de cambio, otra invención; el dinero financiero la máxima in­vención. Toda la contabilidad mundial gira en torno a un haber y un debe en la que, a diferencia de lo que decía Marx sobre política y economía es la economía, y no al revés, la que depende de la polí­tica. Y la política supone filias y fobias personales, ideológi­cas, reli­giosas y porque sí. Este me gusta, aquella no... luego doy crédito a éste y a la otra que le den...  El amiguismo y las afinidades por razo­nes de toda clase, desde las raciales hasta las culturales, el orgullo, el afán de dominio determinan la economía. Los reyes no quieren a su lado aduladores, pero tampoco quieren a quienes no les adulan. Las relaciones entre gobernantes, en materia de inver­sión, obede­cen más a la empatía o a la relación de jerarquía entre ellos que a la ideología respectiva propiamente dicha. Y todo así. Por eso no quiero saber lo que sé, lo que imagino y lo que penetro con los dis­positivos naturales que todos tenemos para ver también en la pe­numbra y aun en la oscuridad. Lo que hace falta es, sólo, desechar lo que más abunda hoy día y  que además se fomenta: la pereza mental.

  Digo que no quiero saber y así es. No es porque me haya des­gastado. Ya dije que aun desde temprana edad me resistía a acep­tar como definitiva una definición,sobre religión, historia, ciencia o cualquier otra materia del "saber". En mí latía el Einstein que a edad avanzada dijo que dos y dos son cuatro hasta nueva or­den. Hasta entonces él, ya viejo, no lo "sabía", y menos, joven y proyectado a la gloria, podía decirlo. ¡Cuanto más cauto no habrá uno de vol­verse cuando, cada día y en todas las cuestiones imaginables, va­mos comprobando hasta qué punto la verdad de hoy contradice a la ver­dad de ayer, y la de mañana a la de hoy; que todo está manejado por marionetistas, expertos y gente sin escrúpulos porque hasta los dirigentes más honrados son canallescos aunque sólo sea por con­sentir crímenes estratégicos a mansalva, en su país o en otros a cu­yos dirigentes se tiene por amigos! Es una ley más de ese tal Murphy que, por cierto, debe ser también uno de los que no quiere saber.

  No quiero saber... porque a cuanto creo que sé, siempre le falta algo por saber y tanto menos sé. No quiero saber, porque cuanto más me falta por saber más me acucia la desazón de que no hay peor saber que el saber a medias, que es en definitiva a lo único que puede uno aspirar. Ni los científicos saben más que una diezmillo­nésima parte de lo que requerirían para ser omnisciente. Y saber a medias las cosas equivale a no conocerlas. El "sólo sé que no sé nada" del filósofo griego cobra una inusitada relevancia con el paso del tiempo. Y si nos atenemos a esta postmodernidad, no creo equi­vocarme si afirmo que cuanto más información, más noticias, más datos y más impactante la noticia, más mar de fondo hay: más posi­bilidades de estar encubriéndose la realidad, y no sólo estoy pen­sando en la política. Cuanto más énfasis se pone en la noticia y más se divulga la noticia, más se ahonda la percepción de que habrá queesperar unas décadas para comprobar que los historiadores del fu­turo que penetren en las desclasificaciones políticas, cientí­ficas y re­ligiosas contarán lo que se noticia hoy de una manera lo suficiente­mente diferente como para saber que la etiología del dis­parate o la barbaridad, tal como está sucediendo hoy, tiene su foco en otro lu­gar; porque si se dijera toda la verdad y nada más que la ver­dad”, nos espantaría, causaría una generalizada alarma social o haría saltar por los aires al imperio (léase lo que hubo tras el atentado al WTC y las invasiones de Afganistán e Irak).

  Precisamente un ejercicio, al que me dedico desde hace muchos, años es a saber lo menos posible y a olvidar delibe­radamente. Me di cuenta de que nada puede haber en la vida inte­lectiva más estimu­lante que la idea feliz, novedosa, universal y re­frescante que olvidamos y re­leemos como nueva o nos llega sin re­cordar en absoluto que ya la conocíamos porque nada hay nuevo bajo el sol. Y detrás de ellas voy. Pero también sé, que esas ideas difícilmente podré encontrarlas en libros y autores que no están en el pensamiento eterno; ese, por ejemplo, del Platón que dice: "dadme un pueblo de cantores yno quiero políticos".

 
 
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[4-10-2008] | 341 lecturas | 1 comentario

Comentarios (2)

#1

05-10-2008 20:20

Respecto a lo de querer saber o no saber pienso que es algo que cada uno resuelve a su manera, pero en lo que no coincido contigo, es en ver la curiosidad como algo intrínsicamente negativo. Es cierto que la curiosidad se queda muchas veces en lo superficial. Sin embargo, también es difícil tener interés por conocer algo que se desconoce completamente.  En ocasiones,  es la curiosidad la que acaba suscitando ese interés que si valoras. No pienso que mi aclaración tenga mucha importancia pero la hago porque en mi caso particular, la curiosidad me ha llevado alguna vez a tirar del hilo de algún tema que luego he seguido con interés.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#2.- al 1

Jaime Richart|05-10-2008 22:36

  Tienes razón. Hay varias maneras de ver las cosas. Es cierto que la curiosidad tira del interés y por ella se empieza a desear conocer algo, pero yo aquí la considero y me refiero a ella como interés de los cotillas y comadres, lo que  encierra a su vez, en este terreno de la información, morbosidad.

  Un saludo y gracias por tu comentario constructivo, que es lo que deseamos,cuando escribimos para los demás; algo que corrija nuestra perspectiva o la complemente.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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