Buscar  

Disertación contra "el saber". Parte primera

Llega un momento en la andadura de la humanidad, que la curiosi­dad por el “saber” acerca del mundo físico y aun metafísico sufre profundos estragos y se satura.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 4-10-2008 | 341 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/disertacion-contra-saber-parte-primera

  Como se abotarga Alonso de Quijano con  tanta lectura de libros de caballerías... Ahí comienza la deca­dencia de la civilización: la última fase, el declinar de la Cultura. Hoy día, salvo en las Bellas Artes -y quizá también en las artes menores-, que es el único lugar donde reside la "verdad", la felicidad o con­tento, la salud nerviosa y la mental de­penden como nunca de la igno­rancia voluntaria sobre multitud de cosas propias de la ciencia y de toda pedagogía. Pero también y sobre todo dependen del no querer “saber” lo que sucede, ni en nuestra vecindad ni en el mundo.

  Y es que muy pocas cosas nos libran del sobresalto pese a estar ya acostumbrados a él. Se puede vivir agitado y excita­do durante parte de la vida, según la tolerancia nerviosa y la salud en conjunto de cada cual, y hay quien no concibe la vida de otro modo. Pero pronto, y cada vez más pronto, el entramado nervioso que nos pro­cura el equilibrio entre el cuerpo, el espíritu y la mente cede; como cede lo que entendemos por paciencia, el sosiego, la serenidad y la calma. Ceden, poco a poco o bruscamente en forma de patología declarada. Hoy día, al menos en España de un modo acuciante y en las amplísimas parcelas de vida pública que entran hasta el último rincón de nuestro hogar, basculamos entre el sobresalto, la taras­cada a la inteligencia común y la absoluta cretinez. No creo describir la vida misma en todas las sociedades, pues siempre hay notables dife­rencias dentro de los márgenes que jalonan la condición humana. Depende de la idiosincrasia y del territorio a considerar. He hablado o visto cómo se expresaban sobre lo que sea, sobre política o sobre fútbol gentes de la calle en distintos países europeos. Nada tenía que ver su discurso coloquial con el elemental, cínico, forzado y vul­gar no ya del forofo común de aquí sino de po­líticos domésticos que debieran estar condenados a limpiar letrinas de por vida, tan necios son...

  Pero a lo que vamos. En cuanto a lo primero, lo que llamamos "sa­ber" en el sentido cultural, político, religioso o científico, en lugar de hacernos la vida más atractiva nos causa altas dosis de ansie­dad. Y es que cuanto más saber, más aflicción; cuanto más imagi­namos conocer, más tristeza acumulamos al ir poco a poco no­tando que cuando decimos que "sabemos" nos referimos mucho más a la apa­riencia de las cosas que a su esencia. Esta impresión podrá to­marse como síntoma de decadencia personal. Puede que así sea, pero no por ello es menos cierto. Pues también añadiré que sólo los seres humanos somos de-cadentes por naturaleza y hemos de combatir la decadencia si no deseamos sucumbir. Eso, si no deseamos también empo­cilgarnos con ella. El resto de los seres vivos y aun la materia inor­gánica, están regidos por leyes y cadencias natu­rales...

  Apunto muy alto con la anterior afirmación. Apunto hacia todo lo que sea objeto de conocimiento salvo, como decía, el Arte. Pero es que en el más cercano conocer acerca de la "realidad", esto es, el día a día del ciudadano de la calle en materia informativa, lo anterior cobra la importancia de receta terapéutica. Por principio intelectual o por higiene mental o por ambos, no hay como ser ignaros de lo que no desearíamos saber porque nada podemos hacer para evitarlo o para remediarlo. No exagero, pues el sentimiento de impotencia ante la adversidad, ante el sufrimiento ajeno, ante la maldad o ante la nece­dad que rara vez no acompaña a todo hecho mediático, si conser­vamos la sensibilidad y no hemos enfermado del cuerpo o del espí­ritu es también motivo de disturbio, de fatiga mental, de rabia o de indignación. A duras penas los columnistas valientes y de probi­dad no contradicha, logran apaciguarnos con sus denuncias. Con frecuen­cia sus análisis certeros nos consternan más cuanto más iluminan los confines de la verdad descarnada. Pondré un ejemplo: el aumento del 2,7% (9 millones de euros) del presupuesto de la na­ción española para su Casa Real, en mo­mentos tan graves para tanto débil social, resulta abe­rrante. Pero aunque acerca de este asunto el articulista sea magis­tral, sus razo­namientos siguen siendo insuficientes porque no tienen ninguna consecuencia. Nuestra indig­nación, por tanto, no será de ningún modo ate­nuada. Al contrario, nos enrabieta más. Un abuso institucional semejante, habiendo tantos millones de seres desgraciados y un 20% de españoles en el umbral de la pobreza, nos remonta a los tiempos y a las razones de haberse inventado la guillotina. Y hasta ahí se supone que hoy no se puede llegar. Por tanto, ¿qué adelantamos con saber, enton­ces, que la monarquía -que ha secuestrado a la repú­blica- acumula más y más riqueza y carece de escrúpulo? ¿No genera la noticia más odio de mi­llones que componen la población republicana y deprimida? Si con esa noticia se pusiese al menos a la Monarquía al borde del de­rro­camiento... Otra cuestión. ¿Qué ventaja tiene saber que se si­guen haciendo atroci­dades me­dievales y millones de menti­ras en el orbe civilizado, si para nada cambia el curso de las acciones ab­yectas de los dirigentes y lo único que hacemos al saberlo sin poder hacer nada es convertirnos en cómpli­ces pasivos de omisión? Sólo si los medios fueran ejércitos sin más armas que sus plumas en­frentados directamente al poder -a to­dos los poderes- hasta impedir la guerra o la invasión armada, o para impedir la bellaquería y los abusos de los poderes fácticos e institucionales, podría interesarnos su gestión. Pero es al revés. Los medios no sólo no impiden: sirven al poder y colaboran con los desatinos y abusos del poder. Su débil crítica no atiende a otra fina­lidad que simular que desean un cambio de las cosas, cuando real­mente trabajan para que todo siga igual. De esa argucia viven...

  Se dice que lo normal no es noticia. Pues habida cuenta que la anomalía, la irregularidad, las conductas delictivas de los personajes públicos de todas las castas rápidamente se tornan en habituales, la noticia que espera algún día el ciudadano bien nacido es la de que un banquero, un empresario, un político, un ejecutivo o un alto fun­cionario se retiran de la vida activa sin sospecha conocida; la noticia de que una pareja lleva medio siglo conviviendo y respetándose, o que un trabajador lleva otros tantos en la misma empresa, o que un juga­dor de fútbol empezó y termina su carrera deportiva en el mismo club, o que esa taberna o el barbero siguen en su sitio desde hace medio siglo, o que el estante del hipermercado que frecuentas, del que ibas a retirar un detergente, no lo han movido de su sitio... Es­tas y otras noticias por el estilo irían conformando una pedagogía superior a la educación para la ciudadanía, habida cuenta que exalta el valor de la estabilidad, de la continuidad, de la serenidad que no sólo brillan por su ausencia sino que son perseguidas con saña por los poderes y por los monstruos del marketing y el mediático... y todo, en una especie de orgía de la impermanencia.

  Por otra parte, en este ámbito de la "realidad mediática" se dice que, sabiendo todos lo que pasa en el mundo, se evita que sucedan muchas cosas y más delitos y más barbaridades. Lo dudo mucho. Si pensamos en el crimen pasional, al autor, por la propia naturaleza pasional de su acto criminal, le ha de resultar indiferente que se pu­blique o no su fechoría. Pero es que si tenemos en cuenta a los otros, a los crímenes comunes por "interés", a los crímenes políticos o parapolíticos, a los cometidos por razones de Estado y a las gue­rras, es precisamente hoy su resonancia lo que a unos y a otros, a delincuentes anónimos y a dirigentes conocidos, a hastiados y a ca­ciques, a mafiosos y a depravados les mueve internamente a co­meterlos porque lo llevan en los genes o sencillamente porque el poder que ya tienen no les sacia y sus trofeos los cuentan por el número de vidas de las que se adueñaron. Y que eso se sepa urbi et orbe, les colma de endorfinas...

  Lo sabemos: la honestidad, la honradez y la rectitud en las pala­bras y en los actos, lo mismo que la estabilidad a la que antes hacía referencia, no "venden". Lo que se cotiza en esta sociedad des­tar­talada es la habilidad para encubrir el delito de alto standing. Y en ese caso pocos son los que no lo consiguen. Porque si se des­cubre, uno, da lo mismo; siempre hay sicarios y terceros que podrán pa­gar por ellos. Si son notables los autores o los inductores, aunque en­tren en prisión no será por mucho tiempo. La resonancia, la pro­pa­ganda, la publicidad y la notoriedad hace hervir la sangre a mucho canalla que bulle en la sociedad como honorable. Y no sólo pienso en los de naturaleza económica. La palabra delincuente sólo se aplica a las personas sin relieve social, a personas sospechosas porque carecen de relieve. En otro caso, véase si no es en la cosmo­polita, atronadora y segura repercusión que proyectan los medios de comunicación, dónde hallan sus mejores rentas los asesi­nos de etas, de mafias y de guerras de invasión...

  En definitiva, lo cierto es que ya no quiero saber. Mis energías se consumen alejándome de televi­siones, de periódicos, de pubs y de bibliotecas. Confío que ensa­yando la incultura informativa y regre­sando a los comienzos, a las fuentes del saber, recobre el sosiego que yo pero creo que si se consulta también a sí misma la mayoría de mis conciudadanos con más de cuarenta o cincuenta años, ne­cesitamos.


 
 
Más información:

Noticias relacionadas

Disertación sobre "el saber". Parte segunda

Jaime Richart | Para Kaos en la Red...Pero no creo, ni mucho menos, que sea yo el único que piensa así.
[5-10-2008] | 460 lecturas | 2 comentarios

Comentarios (1)

#1

04-10-2008 22:05

: )

el titulo se aparece sujerente, despues ya entras en tus temas de siempre, bueno, ah, si, lo que queria decirte es que el ultimo parrafo se lee un poco triste y eso no, nada de alejamiento, quizas una evolucion, un nuevo estadio donde todo lo que te ofrecen es para chicos adolescentes y cuando se pasa de cierta edad resulta poco. como se suele decir: "culos y tetas estan bien para los adolescentes pero los adultos quieren genitales". no es exactamente asi pero bueno, el tema es que las mentiras de la television de la prensa burgesa ya no son suficientes para nosotros, asi que: o  mejoran las mentiras o nos cuentan la verdad, en cierta forma ellos deciden, el mundo que nos venden ya no nos interesa, queremos otro, a ser posible mas verdadero, mas real.

PostData:

para el proximo articulo te sugiero: contra "el saber" solo queda "el comprender"

Valoración: 1    |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada
Más información en Kaos en la Red
Análisis de la Comunicación Opinión
Col·lectiu Kaos en la Red. C/ Sant Crispí, 182 (08222). Terrassa (Barcelona)