Diez Usabiaga, en la sala de reuniones de la sede de LAB en Donostia. Foto: Ainara García
Rafa Díez Usabiaga: "ELA y LAB deben volver a colaborar para ser un tractor importante en el cambio político y social en este país"El fracaso del reciente proceso de paz ha puesto en evidencia la necesidad de una mayor implicación de la sociedad en una cuestión en la que debe ser protagonista. Diez Usabiaga hace un llamamiento a ELA para reeditar la unidad de acción que originó otro proceso de paz, el de Lizarra-Garazi.carlos etxeberri  Donostia.Tanto José Elorrieta como usted han apelado en los últimos días a la necesidad de estrechar la colaboración entre ELA y LAB. ¿Desde LAB hay una apuesta firme en retomar el diálogo y reeditar la unidad de acción?
Por supuesto que sí. Tenemos una decisión clara en torno a que es necesario desarrollar niveles de colaboración en términos políticos sociales y sindicales para que el sindicalismo abertzale, en esta coyuntura y en perspectiva de fondo, se convierta en un protagonista real del cambio político y social de este país. Ésa es una decisión clara. Tenemos que ir haciendo camino y avanzar en niveles de colaboración y acción conjunta en temas y políticas que pueden ser perfectamente posibles. Si hay voluntad política, problemas como el de la negociación colectiva no adquirirían la centralidad con la que se plantean. Si hay esa voluntad, se puede recorrer un camino donde el sindicalismo abertzale vuelva en esta coyuntura a ser un tractor importante en el cambio político y social de este país. LAB está abierta -y ELA lo sabe- a recorrer ese camino y generar nuevas situaciones de colaboración.
¿A pesar de las diferencias en materia de negociación colectiva?
A pesar de ello. Hay que recordar que, en la etapa más potente de las relaciones entre ELA y LAB y el efecto en cadena que generamos en la vida política de este país en los años de 1995 a 1999, los niveles de confrontación en la negociación colectiva entre los dos sindicatos era enorme. Sin embargo, supimos objetivizar esa problemática y poner las organizaciones al servicio de una prioridad política del país. La competencia sindical no puede ser hoy un factor determinante para que los dos sindicatos no juguemos en el papel que tenemos que jugar. Y si no fuera así sería una gran irresponsabilidad.
¿Es una autocrítica a la falta de apoyo social al reciente fracasado proceso de paz?
ELA ha celebrado recientemente el décimo aniversario del acto de Gernika y nosotros hemos hecho actos con relación al Estatuto y al Amejoramiento. La conclusión a la que hemos llegado es que el sindicalismo abertzale, más allá del discurso y de actos puntuales, está fuera del escenario político, social y sindical desde la huelga general de 1999. No podemos seguir en la dialéctica crítica en los temas que son importantes y tienen una determinada dimensión y no abordar la función que el sindicalismo, como agente social, debe tener en esta coyuntura y en los momentos venideros La cuestión fundamental que tiene que caracterizar al papel del sindicalismo es que tenemos que tirar de la sociedad y ser tractor importante en un proceso de cambio político y social con nuestra personalidad propia y nuestras diferencias. Estamos viendo que otros, como CCOO, UGT, PP y PSOE, tiran en otra dirección. ¿Dónde están los tractores en la trinchera del movimiento abertzale?
¿Se trata de retomar la unidad de acción que dio lugar al Pacto de Lizarra-Garazi?
La acumulación de fuerzas en términos políticos, sindicales y sociales es una necesidad. Los constitucionalistas acumulan fuerzas todos los días. Los que tenemos como principio la defensa de Euskal Herria como nación, con el derecho de autodeterminación como eje de cualquier evolución política y democrática, tenemos que establecer una estrategia de acumulación y activación de fuerzas. El sindicalismo, sin ataduras institucionales y políticas, tiene más potencialidades y posibilidades de recorrer y ser una cierta vanguardia en ese camino. El papel que se jugó en su momento para crear un terremoto del marco estatutario, lo tendríamos que jugar en este momento para llevar al país a un cambio político y real.
La historia del reciente proceso de paz, ¿se habría escrito de otra forma si hubiera existido la unidad de acción ELA-LAB?
Igual es mucho decir, pero es muy posible que la sociedad vasca hubiera vivido de otra manera ese proceso. Creo que ha habido mucha desactivación en el proceso y en esa gran oportunidad para consolidar una hoja de ruta hacia acuerdos de solución definitiva del conflicto. En lugar de insuflar fuerza y presión al proceso para que se consolidara, fundamentalmente en lo que debía de poner el Gobierno de Zapatero, la sociedad ha estado esperando a ver si había fumata blanca y las cosas se encauzaban. Tenemos que tener claro que la negociación política es un espacio más de lucha política. Ese proceso no puede estar al margen de una permanente activación y presión social y de una estrategia de cambio en la correlación de fuerzas de este país. Sin entrar en los argumentos de ELA, que pueden ser legítimos, se ha echado en falta esa posición de vigía, de observador que no ha sido positiva.
¿La ausencia de usted y de Elorrieta al frente de la dirección de sus sindicatos el próximo año, tras la celebración de sus respectivos congresos, no puede ser una dificultad para fraguar esta alianza?
Sería bueno que los procesos de recambio generacional que se están dando en las organizaciones sindicales estén bien desarrollados en un nuevo contexto de relaciones intersindicales. La referencialidad que hemos podido tener Elorrieta y yo en las relaciones intersindicales, creo que ha marcado una etapa, pero que no será determinante, porque las organizaciones están por encima de las personas. Es un reto que cada cual tiene que valorar si está en condiciones de desarrollarlo. En lo que respecta a LAB, tenemos claramente objetivado el papel que debe jugar y las potencialidades del sindicalismo abertzale.
¿Significa la acumulación de fuerzas soberanistas abandonar la transversalidad de Anoeta?
Anoeta, como metodología en la resolución del conflicto, sigue siendo vigente, pero necesita de un turbo autodeterminista que vaya creando las condiciones para que el acuerdo transversal sea en los términos de contenido político que necesita el país. Sin turbo autodeterminista, el espacio de acuerdo transversal de los partidos políticos puede ser un viaje al mismo punto de partida. Y ahí es donde el papel del sindicalismo y la acumulación de fuerzas abertzales en términos políticos no debe tener ningún complejo.
La situación del sindicalismo abertzale en relación con las Administraciones tampoco es buena...
Tenemos una realidad que, para el sindicalismo abertzale, es sangrante. En Navarra estamos excluidos formalmente porque el diálogo y los acuerdos blindados se realizan entre CCOO, UGT, UPN y la CEN. En Gipuzkoa, Araba y Bizkaia, donde el sindicalismo abertzale es mayoritario, los acuerdos se hacen con CCOO en la mesa general y en la enseñanza; y con el SM en Osakidetza, marginando al sindicalismo abertzale. Tenemos una foto que es realmente dura para el sindicalismo abertzale. Por un lado, estamos excluidos formalmente en Navarra por UPN y, por el otro, marginados y ninguneados por un Gobierno que dice que va a confrontar en relación al derecho a decidir. Tanto a LAB como ELA deberíamos movernos para establecer una ofensiva general en Hego Euskal Herria que nos permita presionar y ganar en interlocución. En Navarra, para exigir la democratización de las relaciones sociolaborales y en el caso de Gasteiz, para condicionar la estrategia de acuerdos de plegarse a otras posiciones sindicales y patronales. En el futuro, cualquier recuperación de un diálogo social con contenidos va a estar ligada a que el sindicalismo abertzale genere grados de presión y de interpelación a las instituciones públicas porque, de lo contrario, van a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. Desgraciadamente, cuando hablamos de diálogo social, tanto en Gasteiz como en Navarra, con el PNV o EA y UPN, respectivamente, nos estamos encontrando ante situaciones muy similares. Algunos tendrán que tener muy claro, desde una perspectiva táctica y estratégica y en posición abertzale, quiénes son los compañeros de viaje en ese proceso.
¿Quiere decir que en el Gobierno de Ibarretxe priman otros intereses que los abertzales?
Lo que prima es una posición más de clase, en términos de modelo económico y social, en una unidad de acción operativa con la patronal, a la que se le ha puesto un celofán abertzale. Estamos en una coyuntura política donde es necesaria una praxis sobre el derecho a decidir hoy en el ámbito sociolaboral. Esa praxis significa saber quiénes son los compañeros de viaje para que te puedan apoyar en esa dirección, y eso no lo vemos en el Gobierno de Ibarretxe.
¿No hay una contradicción en apelar a la conciencia abertzale y luego pactar con otros sindicatos?
El Plan Ibarretxe salió aprobado por el Parlamento de Gasteiz (gracias al impulso de la izquierda abertzale), fue a Madrid y nunca más se supo. No se estableció ninguna confrontación democrática e institucional contra el 'no' solemne de Zapatero y del Congreso de los Diputados. La amenaza de desarrollo unilateral de transferencias que vienen siendo boicoteadas por el Gobierno de Madrid nunca se ha objetivado. La defensa y el desarrollo de acuerdos vascos no se está objetivando. Por eso, desde lo positivo que es que haya opciones que defiendan a Euskal Herria como sujeto nacional y el derecho a decidir, tenemos que exigir ya una praxis coherente con ese discurso. Desde el ámbito sindical tiene muchos espacios donde demostrar que eso va en serio. Por eso, tanto LAB como ELA hemos sido los más críticos con el planteamiento de Ibarretxe porque no está siendo creíble y no tiene legitimidad, en función de lo que estamos percibiendo diariamente en el ámbito sociolaboral.
¿El lehendakari Ibarretxe se ha dirigido a los sindicatos abertzales para tener su apoyo en la consulta?
Ésa es otra de las fallas que se perciben en la iniciativa de Ibarretxe. Si se quiere situar una serie de ejes en el centro del debate desde un planteamiento de normalización política se tiene que establecer una estrategia de alianzas sociales o políticas. Hemos visto también en estas semanas el 'no' rotundo de Zapatero a Ibarretxe y no ha generado ninguna alternativa, ni en estrategia de alianzas sociales, ni institucional, ni en movilización. Lo único que percibimos es propaganda, propaganda y más propaganda.
¿El Plan de Empleo puede ser una aportación para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores?
El Plan de Empleo está lastrado por una realidad objetiva, que es la incapacidad legislativa de las instituciones de Gasteiz y, por lo tanto, se mueve en las coordenadas de unas reformas laborales que son instrumentos para la patronal en precariedad y toda la degeneración de las condiciones laborales. Por mucho que haya voluntad, los contenidos del Plan de Empleo están limitados por el corsé normativo español. Al final, este tipo de políticas termina en actuaciones subvencionistas basadas en bonificaciones, es decir, complementarias para no ser efectivas. No nos podemos engañar; el Gobierno de Gasteiz no puede llamar Plan de Empleo a algo que no lo es, porque no existen posibilidades objetivas de hacer un plan con mayúsculas.







Esperando a ELA (o teatro del absurdo)
Totel|19-11-2007 20:10
Si estamos esparando a ELA lo llevamos claro. Cuando Lizarra-Garazi dijeron que no daban un paso más alla de lo que hicieran los partidos, dando derecho a veto al PNV, lo que llevó al colapso el proceso.
En el último intento negociador se la han pasado pidiendo un acuerdo soberanista (es decir, otro Lizarra-Garazi) y sin mover un dedo. Eso, sí cuando Ibarretxe convocó la manifestación "Por el diálogo, no a ETA" en la que buscaron pública y explicitamente la exclusión de Batasuna, allí estuvo ELA. Fue su máxima aportación al proceso.
La práctica ha demostrado que por encima de palabreria soberanista y hasta rupturista el principal objetivo de ELA es la propia ELA.
  No es bueno confunsir deseos con realidades
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