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América Latina - Laboral / Economía - Panamá versión imprimir Enviar esta noticia a un amig@ Convertir a PDF Noticia Anterior Noticia Siguiente
Día Internacional de los Trabajadores en recuerdo al asesinato de los mártires de Chicago
El proceso legal que le siguen al sindicalista Saúl Méndez me recuerda que el 11 de noviembre de 1887 fueron asesinados ‘legalmente’: Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Hessois Auguste Spies. Louis Linng se suicidó en su celda, para no ser ejecutado. Hoy en Panamá, como en 1887 en EEUU, lo que predomina es el interés de la oligarquía en eliminar a todo aquel que se le oponga.
Manuel Castro Rodríguez - Grupo Diálogo Ciudadano (Para Kaos en la Red) [02.05.2008 17:28] - 352 lecturas - 1 comentarios

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El proceso legal que le siguen al sindicalista  Saúl Méndez me recuerda que el 11 de noviembre de 1887, fueron asesinados ‘legalmente’ en la horca, cuatro sindicalistas: Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista), Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons; aunque se probó que no estuvo en el lugar de los hechos, también fue asesinado), Hessois Auguste Spies ( alemán, 31 años, periodista). Un quinto sindicalista, Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se suicidó en su celda, para evitar ser ejecutado.   

Tres obreros fueron condenados a prisión: Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) fue condenado a cadena perpetua. Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) fue condenado a cadena perpetua. Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados. 

En 1889, el primer congreso de la Segunda Internacional Socialista acordó que el primero de mayo se honrase en todo el mundo a los obreros que habían perdido la vida, mientras luchaban por lograr sus justas reivindicaciones. Esta fecha se escogió en conmemoración del asesinato ‘legal’ de los mártires de Chicago, cuatro sindicalistas anarquistas que fueron ahorcados por su participación en la lucha por lograr la jornada laboral de ocho horas, que tuvo su origen en la huelga iniciada el 1º de mayo de 1886 y su punto más crítico, el 4 de mayo, en la revuelta de Haymarket (mercado de la ciudad de Chicago). 

En Estados Unidos y Canadá, no se conmemora el 1º de mayo. Allí celebran el Labor Day el primer lunes de septiembre. Nueva Zelanda, lo celebra el cuarto lunes de octubre. En otros países la celebración no es nacional, como en Australia, que cada estado federal decide: el primer lunes de octubre en  la capital australiana, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional; el segundo lunes de marzo, en Victoria y Tasmania; el primer lunes de marzo, en Australia Occidental; y el primero de mayo en Queensland y el Territorio del Norte. 

En 1954, el papa Pío XII apoyó tácitamente esta jornada de memoria colectiva, al declararla como festividad de San José Obrero

En Panamá, aquellos que piensan en inglés, denominan al 1º de mayo como Día del Trabajo, para eludir el significado ideológico del Día Internacional de los Trabajadores.   

En una convención realizada en 1884, la Federación de Trabajadores de Estados Unidos y Canadá llamó a los trabajadores a luchar por la jornada laboral de 8 horas, para sustituir el día laboral de 10, 12 y hasta 16 horas que prevalecía.   

La Federación declaró que la jornada de ocho horas entraría a regir el 1º de mayo de 1886. En los meses previos, miles de trabajadores  fueron puestos en estado de alerta. Por su parte, las fuerzas policíacas y de la Guardia Nacional se prepararon para contrarrestar a los trabajadores: recibieron equipos y armas nuevas. Cualquier semejanza con el Panamá actual no es pura coincidencia

En febrero de 1886, la empresa Mc Cormick, de Chicago, despidió a 1.400 obreros, en represalia por una huelga que los trabajadores de Mc Cormick habían realizado el año anterior.   

Al mantenerse la huelga y aproximarse el 1º de mayo, fue germinando la idea de coordinar esas dos acciones.   

Los ‘pinkertons’ (policía privada empresarial) vigilaban todos los pasos de los huelguistas, y fueron contratados muchos esquiroles, pero la huelga prosiguió.   

La prensa -institución íntimamente relacionada con el poder económico-, de Estados Unidos tergiversó la verdad y se opuso a las legítimas reivindicaciones de los obreros.

El 29 de abril de 1886, varios periódicos se expresaron al respecto.
El New York Times dijo: “Las huelgas para obligar al cumplimiento de la jornada de ocho horas pueden hacer mucho para paralizar la industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad del país, pero no podrán lograr su objetivo”.   

El Philadelphia Telegram señaló: “El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas”.   

El Indianápolis Journal declaró: “Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento”. 

El 1º de mayo de 1886, 200 mil trabajadores paralizaron sus labores en diferentes estados de la Unión, en demanda de la jornada laboral de 8 horas de trabajo,  mientras que otros 200 mil obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.   

En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran peores que en otras ciudades norteamericanas, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba -se mantenía laborando a base de esquiroles- era McCormik, que estaba en huelga desde el 16 de febrero.

El 2 de mayo de 1886, la Policía disolvió violentamente, una manifestación de más de 50 mil personas y el día 3 se celebró una concentración frente las puertas de McCormik. Cuando estaba en la tribuna el sindicalista Hessois August Spies, sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los obreros concentrados en el lugar se lanzaron sobre los scabs (amarillos), comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente, produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos. 

En Wilkawee, la policía mató a 9 trabajadores. En Louisville, Filadelfia, San Luis, Baltimore y Chicago, se produjeron enfrentamientos entre policías y trabajadores, siendo el acto de Chicago el de mayor repercusión.   
Los sindicalistas anarquistas convocaron a una reunión masiva en la noche del 4 de mayo de 1986, en el mercado de la ciudad (Haymarket), con el propósito de protestar por la brutal acción policíaca del día anterior. Hessois Auguste Spies, Albert Parsons y Samuel Fielden fueron los oradores en Haymarket, ante unos 2 mil 500 trabajadores.   

Cuando el acto estaba terminando y empezaba a llover, llegaron alrededor de 200 policías en sus caballos. Como los obreros no cedían, los uniformados abrieron fuego y abatieron a numerosos trabajadores. Un artefacto explosivo estalló y mató a un policía. Se armó el alboroto y en la confusión, la Policía comenzó a disparar: murieron siete policías y cuatro trabajadores, además de muchos heridos.   

Nunca se supo quién lanzó la bomba, pero este incidente se tomó como pretexto para perseguir a los anarquistas y las organizaciones obreras en todo el país. La Policía saqueó los hogares de los trabajadores y arrestó a centenares de ellos, que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. 

Esto fue apoyado por una campaña de prensa, con frases tales como: “¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!” 

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 sindicalistas, que se redujeron a 8. Albert Parsons, Hessois Auguste Spies, Samuel Fielden, Michael Schwab, Adolf Fischer, Louis Linng, Georg Engel y Oscar Neebe, fueron acusados de ‘conspiración para asesinato’, por la explosión de la bomba que mató al policía. 

Fueron muchas las irregularidades en el juicio, violándose todas las normas procesales, por lo que se lo ha calificado de farsa. Los abogados de Chicago condenaron el juicio, el cual estuvo plagado de mentiras y ausencia de pruebas. 

El juicio fue totalmente manipulado, y más bien fue un linchamiento. Infinidad de manipulaciones, amenazas y sobornos para que se dieran testimonios ridículos de conspiraciones. Se les acusaba por ‘complicidad de asesinato’, pero nunca se les pudo probar participación alguna o relación con el incidente del artefacto explosivo; la mayoría no estuvo presente en el lugar de los hechos, y uno de los dos que estuvieron presentes, era el orador en el momento que explotó.   

No se siguió el procedimiento normal para la elección del jurado, el cual estuvo formado por hombres de negocios y un pariente de uno de los policías muertos. 

Nombraron un alguacil especial, que se jactó: “Estoy manejando este proceso y sé qué debo hacer. Estos tipos van a colgar de una horca con plena seguridad”. 

El asunto era simple y todo estaba muy claro. El mismo fiscal Grinnel lo dijo: “La ley está en juicio. La anarquía está en juicio. El Gran Jurado ha escogido y acusado a estos hombres porque fueron los líderes. No son más culpables que los miles que los siguieron. Señores del jurado, condenen a estos hombres, denles un castigo ejemplar, ahórquenlos y salven nuestras instituciones, nuestra sociedad” por lo que fueron encontrados culpables y sentenciados 7 a muerte  y Oscar Neebe fue condenado a 15 años de trabajos forzados.

Samuel Fielden y Michael Swabb lograron conmutar la pena de muerte por cadena perpetua.   

Michael Schwab declaró ante el juez: “Como obrero que soy he vivido entre los míos, he dormido entre sus guardillas y en sus cuevas, he visto prostituirse la virtud a fuerza de privaciones y de miseria, y morir de hambre a hombres robustos, por falta de trabajo. Pero lo que había conocido en Europa, abrigaba la ilusión de que en la llamada ‘Tierra de la Libertad’ no presenciaría estas tristes escenas. Sin embargo, he tenido ocasión de convencerme de lo contrario. En los grandes centros industriales de Estados Unidos hay más miseria que en las naciones del viejo mundo. Miles de obreros de Chicago viven en habitaciones inmundas, sin ventilación, ni espacio suficiente, dos o tres familias viven amontonadas en un solo cuarto y comen piltrafas de carne y algunas verduras. Las enfermedades más crueles se ceban en los hombres y mujeres, en los niños, sobre todo en los infelices e inocentes niños. ¿Y no es esto horrible, en una ciudad que se reputa como civilizada?” 

Samuel Fielden dijo: “Amo a mis hermanos, los trabajadores, como a mí mismo. Odio la tiranía, la maldad y la injusticia. El siglo XIX comete el crimen de ahorcar a sus mejores amigos. No tardará en sonar la hora del arrepentimiento. Hoy el sol brilla para la humanidad, pero puesto que para nosotros no puede iluminar más dichosos días, me considero feliz al morir, sobre todo, si mi muerte puede adelantar un solo minuto la llegada del venturoso día en que aquel alumbre mejor para todos los trabajadores”.   

Georg Engel expresó: “Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con la naturaleza y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar. ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones (...), otros crecen en la degradación y la miseria”. 

Hessois Auguste Spies declaró: “¡Mi defensa es vuestra acusación! Las causas de mis supuestos crímenes, ¡vuestra historia! (...) Ya he expuesto mis ideas. Ellas constituyen una parte de mí mismo y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que día a día ganan más y más terreno, (...) si una vez más ustedes imponen la pena de muerte por atreverse a decir la verdad y los reto a mostrarnos cuándo hemos mentido digo, si la muerte es la pena por declarar la verdad, pues pagaré con orgullo y desafío el alto precio. ¡Llamen al verdugo!”. 

Louis Linng se suicidó en su celda, para evitar la ejecución. Había dicho: “Para nosotros la tendencia del progreso es la del anarquismo, esto es la sociedad libre sin clases ni gobernantes, una sociedad de soberanos, en la que la libertad y la igualdad económica de todos producirían un equilibrio estable con bases y condición del orden natural”. 

Al mediodía del 11 de noviembre de 1887, sus carceleros los fueron a buscar para llevarlos a la horca. Los cuatro -Spies, Engel, Parsons y Fischer- emprendieron el camino entonando La Marsellesa Anarquista, en aquel día que después fue llamado el viernes negro. 

Se comenta que Parson gritó “¡Que se oiga la voz del pueblo!” Y Spies habló mientras le cubrían la cabeza con la capucha “¡Tiempo llegará en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy vosotros estranguláis!” 

Más de 200 mil personas asistieron a los funerales de los sindicalistas asesinados ‘legalmente’. 

El cura H. Pentacost, que era pastor de una iglesia de Nueva York, declaró: “Hay quienes dicen que esos hombres eran rufianes, asesinos, bestias y no sé cuantas cosas más, pero eso es un disparate. Si Louis Linng hubiera muerto en el campo de batalla hubiera sido cantado por los poetas e idealizado por las mujeres. No creo que jamás haya existido hombre más noble que Alberto Parson. Estaba en libertad y se presentó voluntariamente; condenado ya se le ofreció la libertad. Entonces preguntó: ‘¿Hay alguna esperanza de que se salven mis compañeros?’ Y al contestarle que no, dijo: ‘Pues entonces moriré con ellos’. Sólo los hombres cuyos nombres están inscritos en los más altos códigos de honor saben comportarse de ese modo en presencia de la muerte. Augusto Spies era, así mismo, superior a lo que comúnmente se juzga un hombre inteligente, lo que generalmente se llama la mejor clase. Fielden era el tipo refinado del trabajador inglés. Esos hombres moralmente eran superiores, porque cada uno de ellos era capaz de sentir un gran amor por la humanidad, el pueblo empieza a ver claro que lo que despreciativamente se llama socialismo y anarquismo son, en realidad, sistemas que si se implantaran conducirían a la humanidad a un estado perfecto de riqueza y felicidad”. 

El caso de Haymarket provocó un escándalo internacional. El gobernador Oglesby recibió cientos de miles de cartas, pidiéndole clemencia para los condenados, pero todo fue inútil. Estaban condenados antes de ser juzgados. 

La verdadera causa de su muerte no fue la explosión de la bomba, sino su capacidad para organizar a la clase obrera en demanda de mejoras laborales, con lo cual amenazaban los intereses de la oligarquía. 

Siete años después, el gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, decretó la inocencia de los ocho acusados y liberó a los sobrevivientes. 

Se construyó un monumento para depositar los restos de los sindicalistas juzgados y honrar su memoria. Más tarde, los restos de  otros líderes laborales, como Emma Goldman, Bill Hayward y Joe Hill, fueron depositados en el Monumento Haymarket, en Chicago. 

Cuarenta años después, otros dos inmigrantes anarquistas también serían condenados, en condiciones similares: los italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, a quienes se les conoce como los mártires de Boston

Aunque han pasado 121 años de los trágicos acontecimientos de Chicago, la oligarquía y sus servidores (Martín Torrijos Espino, Balbina Herrera Arauz, Antonio Fletcher Calipolitti, etc.), no cejan en sus propósitos de aumentar la desigualdad entre los ricos y los pobres. Se viola la libertad sindical, gracias al silencio cómplice de los ministerios de Educación (MEDUCA) y de Trabajo y Desarrollo Laboral (MITRADEL). 

En 1998, el anterior gobierno del Partido Revolucionario Democrático (PRD) –Martín Torrijos Espino era vice ministro de Gobierno y Justicia, y Balbina Herrera Arauz presidía la Asamblea Legislativa-, pretendió privatizar el IDAAN, pero el repudio popular lo impidió. Ahora, intentan algo mucho peor: dar en concesión las fuentes de agua hasta por treinta años prorrogables.   

Los mismos que abogaron por la privatización de la generación y distribución de la electricidad, y de las telecomunicaciones, y que nos dicen que no pueden evitar que el precio de la electricidad aumente, están promoviendo estas concesiones y la venta total de lo que queda de las empresas de electricidad  y de telecomunicaciones. 

También están promoviendo la privatización del sistema público de salud y de la educación. Para ello, cuentan con una Concertación Nacional, que no representa los intereses del ciudadano, sino que está al servicio de la oligarquía. 

Aunque el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, alertó que Venezuela, Argentina y Panamá están bajo la amenaza de la desestabilización social, el ex presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), Antonio Fletcher Calipolitti, sostiene que los señalamientos de Zoellick “son desafortunados y no se ajustan a la realidad”.   

No me sorprendió que Antonio Fletcher Calipolitti se expresase de esa forma. Conozco a Fletcher, sé que es neófito en economía y en historia. Es un ingeniero que según tengo entendido, fracasó cuando trabajaba para las empresas Melo. Fletcher también ha fracasado como empresario, ya que las firmas que ha creado no logran tener éxito. Tiene una empresa consultora, AFCASA, cuyo único cliente es el Gobierno. Fletcher disfruta de los contratos que le otorga el Ministerio de Comercio e Industria (MICI), para la impartición de seminarios.   

El Gobierno nos atiborra con una millonaria propaganda, de que todas las licitaciones las hace a través de Internet, en la página Panamá Compra; ¿alguna vez usted ha visto una licitación pública de esos seminarios? Por ello, hay gente mal pensada que dice que por eso la Universidad Interamericana de Panamá –que no puede expedir diplomas de doctor-, le otorgó el grado de Doctor a Alejandro Ferrer, cuando era ministro de Comercio e Industria. Desde luego, esas son especulaciones que ni afirmo ni niego. 

Antonio Fletcher Calipolitti no pudo reelegirse como presidente de APEDE, dado que se le atribuyó ser muy progubernamental. Ahora, como ex presidente de APEDE, Fletcher ha venido abogando por la flexibilización del Código de Trabajo. El  jueves 7 de febrero, alegó que era necesario flexibilizar el Código para “lograr mejorar la competitividad e incentivar las inversiones extranjeras”, lo cual es falso.     

Según la edición 2008 del Índice de Libertad Económica, Panamá ocupa el lugar 50 a nivel mundial, precedida por Costa Rica en la posición 49. Si la corrupción en Panamá fuese menor, superaríamos a Costa Rica en libertad económica. Además, el Foro Económico Mundial emitió el Informe Mundial de Competitividad 2007-2008, según el cual Panamá ocupa el lugar 59, mientras que Costa Rica está en la posición 63. 

Como refleja el Informe, Panamá es más competitivo que Costa Rica (63), Uruguay (75), Trinidad-Tobago (84) y Argentina(85); sin embargo, estos países disfrutan de una calidad de vida muy superior a la de Panamá, por lo que los argumentos esgrimidos por Antonio Flecher Calipolitti no se justifican económicamente. Pero no me extraña nada que diga Fletcher: es capaz de afirmar que la Tierra es plana, si eso beneficia a la oligarquía. 

Antonio Flecher Calipolitti también abogó por disminuir el período de vacaciones, que los nuevos trabajadores sólo dispongan de ¡una semana de vacaciones! 

Es por ello que el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción (SUNTRACS), denuncia que “vivimos bajo un sistema oprobioso y excluyente que promueve injusticias sociales y que cada vez amplía más la brecha entre ricos y pobres”.   

En menos de un año, han asesinado a tres miembros del SUNTRACS, pero nadie ha sido condenado. Sin embargo, a Saúl Méndez, uno de los principales dirigentes del SUNTRACS, le tienen montado un proceso legal que aún no ha terminado.   

Hoy en Panamá, al igual que en 1887 en Estados Unidos, lo que predomina es el interés de la oligarquía por eliminar a todo aquel que sea capaz de organizar a la población, para obtener mejoras en la calidad de vida. 

Antes de ser ahorcados, varios de los dirigentes sindicales emitieron sus testimonios. El alemán Adolf Fischer dijo: “En todas las épocas, cuando la situación del pueblo ha llegado a un punto tal que una parte se queja de las injusticias existentes, la clase poseedora responde que las críticas son infundadas y atribuye el descontento a la influencia de las tareas de ambiciosos agitadores”.   

El alemán George Engel expresó: “Es la primera vez que comparezco ante un tribunal norteamericano, en el que se me acusa de asesino. ¿Por qué razón estoy aquí? ¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma razón que me hizo abandonar Alemania: por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aquí también, en esta ‘República Libre’, en el país más rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aquí he visto a seres humanos buscando algo con que alimentarse en los montones de basura de las calles. ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones, otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de la ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Las leyes de ustedes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas ustedes roban a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar...” 

Entre los periodistas que cubrieron la ejecución de los mártires de Chicago estaba el cubano José Martí y Pérez, que la relató para el periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina: 

“...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: ‘la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora’. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantosa..." 

Las palabras con que concluyó José Martí su carta al director del diario argentino La Nación ¿no son aplicables al Panamá actual? “Esta república, por el culto desmedido a la riqueza, ha caído, sin ninguna de las trabas de la tradición, en la desigualdad, injusticia y violencia de los países monárquicos”. 

- El autor es catedrático.



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Hay 1 comentarios de los comentarios de esta noticia
#1 Heroes y martires de las luchas sindicales
Juan Pueblo [2008-05-04 03:57:30]

Valora el comentario: [1]

Estos martires y pioneros de las luchas sindicales nunca seran olvidados y su memoria sera una inspiracion para los obreros y proletarios del mundo.
 

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