Criminalizar las luchas forma parte del libreto neoliberal, que no solo aplica su cruel modelo económico y social, sino también las políticas de seguridad bajo la forma de terrorismo de estado destinadas a ejercer la más salvaje represión en pos de lograr el exterminio de las luchadoras y luchadores sociales que proponen un cambio a este estado de cosas.
El gobierno genocida de Uribe, acusa de “terrorista” justamente a aquellos que buscan mediante su militancia alcanzar la paz y la justicia. Ese gobierno sobre el cual pesan miles de personas asesinadas, desplazadas, detenidas, torturadas y perseguidas judicialmente, hoy ya no encuentra más salida que la de continuar imponiendo el terror de una manera cada vez más contundente, en un intento desesperado de frenar la convulsión social que se extiende por todo el país.
Este dispositivo represivo, se dirige especialmente contra los sectores históricamente excluidos, en un intento (logrado)de criminalizar la pobreza y a todos aquellos grupos como los indígenas y los afrodescendientes que se encuentran en los últimos peldaños de la escala socioeconómica y son las primeras víctimas del hambre y la miseria, pero que a su vez son los más organizados y aguerridos a la hora de mostrar su resistencia y pelear por sus demandas.
Criminalizar la pobreza, las protestas o las luchas sociales emergentes, consigue legitimar la acción represiva por parte de las fuerzas de seguridad. Criminalizar es la forma de efectuar una nefasta operación de inteligencia: se logra el corrimiento del accionar de los movimientos sociales ya que se desplaza su lucha eminentemente política y se la sitúa en el ámbito del terrorismo, de la subversión, de las acciones penales, de los delitos. A esto sobreviene la perversa persecución de aquellos a los que el estado llamará “enemigos sociales de la patria y del orden institucional” y a quienes por lo tanto, deberá aplicar toda su potencia represiva para salvaguardar aquella “paz social” que éstos amenazan desestabilizar.
Así, en Colombia, impera el orden y las reglas que impone el terrorismo de Estado, caracterizado por el uso sistemático de la violencia, a través de mecanismos ilegales ejercidos por los aparatos militares, paramilitares y policiales, que viola con absoluta impunidad y en forma sistemática los derechos humanos, sembrando el miedo en gran parte de la población.
La violencia institucional no es un exceso, como dice el profesor Esteban Rodríguez, “La violencia institucional no es un efecto disfuncional del sistema sino la manera de gobernar, en última instancia, los conflictos sociales que no puede cooptar, que no se pueden “poner en caja” o gestionar a través de las prácticas políticas”.
Pero como toda acción represiva cuenta al menos con una parte de consenso social: deberemos mirar hacia la derecha colombiana, que ocupa su lugar en el gobierno o en los grandes grupos económicos, que es la primera en propiciar y avalar la represión y criminalización de los movimientos sociales, ya que estos constituyen una amenaza para su supervivencia.
En esta tarea de transformar en delito toda lucha de los sectores populares, trabajan incansablemente los medios (las empresas) de comunicación masiva, que logran a través del ocultamiento y la distorsión de la realidad social existente la justificación (ante la sociedad civil) del accionar violento del terrorismo de estado.
Los mecanismos sutiles y no tan sutiles, ya forman parte de la vida cotidianade estos miles de luchadoras y luchadores que enfrentan día a día la difícil tarea de construir otro mundo posible, pero esto no los exime de atravesar el terror, la persecución y la presión constante ejercida en aras de que desistan de su lucha.
El compañero de Kaos en Colombia, J Manuel Arango, es uno de esos luchadores. Persistente, solidario, “férreo defensor de los Derechos Humanos, que tanto viola el gobierno de Álvaro Uribe, y un participante constante contra la desinformación diaria que existe en Colombia e internacionalmente, acción que le ha producido ser candidato al premio Lorenzo Natali en periodismo en el 2008”.como dice la nota en portada. J Manuel Arango, es uno más de los tantos que trabajan en un medio hostil y con presiones permanentes, que en este caso se han plasmado en su arbitraria e injusta detención.
J. Manuel Arango vive en un país en el cual*:
.Al menos 15.000 personas asesinadas y desaparecidas bajo la lógica del Terrorismo de Estado de “disuadir la reivindicación por el terror”(El Estado busca que el terror perdure al desaparecer el cuerpo, pues prolonga así la angustia en los sobrevivientes)
· 4 millones de personas desplazadas por el accionar paramilitar del Estado colombiano, con el fin de ampliar la agro-industria (agro-combustibles) y los proyectos de extracción, viven en los cinturones de miseria de las ciudades.
· 6 millones de hectáreas de tierras han sido así robadas a los muertos y a las víctimas desplazadas
· 3500 fosas comunes (por ahora) con miles de cadáveres de colombianos masacrados por el paramilitarismo del Estado colombiano, ubicadas porque los “paras” han dado algunas coordenadas de las fosas con el fin de poderse así acoger a la “Ley de Justicia y Paz”, ley confeccionada bajo la dirección de su padrino Uribe con el fin de conseguirles la impunidad si muestran “arrepentimiento”, ley que les legaliza las tierras usurpadas…
· Miles de ejecuciones extrajudiciales, al menos 11.282 colombianos asesinados fuera de combate por paramilitares y militares oficiales. Masacres en connivencia militar-paramilitar hasta de niños y bebés: http://www.youtube.com/watch?v=0T0bi9JCGK0
· más de 2554 sindicalistas asesinados
· 1.700 indígenas masacrados en lo que es un claro etnocidio.
· Centenares de montajes judiciales contra luchadores sociales
· Miles de presos políticos que sufren torturas en la cárceles(denuncias múltiples: entre ellas OMCT). Torturas que a veces se transforman en asesinatos, que los carceleros disfrazan en “suicidios”: hay "asesinatos de algunos compañeros ahorcados, asesinados por sobredosis de droga, cuando ese interno nunca ha consumido (…)", relata un preso…"Es normal encontrar compañeros con graves dolencias intestinales (…) a causa que nos ha tocado consumir agua con materia fecal en varias ocasiones". “Una gripe o una inofensiva tos, se convierte en una enfermedad terminal (...) por falta de una atención médica". "Es común ver a compañeros botados como perros en las jaulas de castigo (…) mendigando para ser atendidos” "Cualquier solicitud que se haga es contestada con agravios y maltratos físicos (...) La mayoría de las veces la solución que dan a nuestras súplicas es colocarnos el famoso escorpión que consiste en amarrarnos de pies, cinturas y manos con cadenas y luego colocarnos boca abajo para así iniciar con los azotes". (06/02/08 Telesur, denuncia concedida al espacio radial “A Desalambrar”)
· Centenares de auto-atentados y “falsos positivos”(militares matan campesinos y los disfrazan de guerrilleros) por parte de las fuerzas policiales y militares… Atentados en Bogotá fueron otros “falsos positivos” para desprestigiar a las FARC. El incidente más cuestionado ocurrió el 31 de julio al norte de Bogotá, cerca a la Escuela Militar José María Córdoba, día en el que, al paso de un camión militar, estalló un camión-bomba, dejando como saldo un reciclador muerto y diez soldados heridos.
Por eso...
J Manuel Arango, como tantas luchadoras y luchadores, trabaja allí, en esas condiciones, con esa realidad, con esa amenaza (tangible) de que algo puede suceder. Por eso, es verdad, él es uno más, pero es él quien hoyestá cerca, sé su nombre, es mi compañero de Kaos, leo sus escritos. Y hoy, J Manuel Arango representa a todos los compañeros y compañeras de lucha.
Mi solidaridad con el compañero. Hoy todos y todas somos J Manuel Arango!
No a la persecución de los compañeros y compañeras de los medios alternativos!
Libertad inmediata al compañero J ManuelArango!
* Datos aportados por Azalea Robles y Colectivo Latir Unidos

