SE HA CONSTITUIDO una nueva mayoría en el Senado y ella  no es proclive al gobierno que preside Michelle Bachelet, aunque para ser rigurosos debería decirse que no es proclive a la Concertación, pese a que algunos integrantes del  grupo senatorial mayoritario militaron en tiendas políticas del conglomerado oficialista. No constituye una novedad lo anteriormente mencionado, pues en otras épocas –con  mayor y mejor democracia que la actual-  también hubo desplazamientos de un bando hacia el opuesto; y en la prensa de entonces, la parafernalia que hoy conocemos por el mismo asunto, ocupó igualmente las primeras planas.
Como botones de muestra, recordemos lo acontecido hace ya varias décadas con parlamentarios de la talla de Julio Durán Neumann, que se trasladó olímpicamente del viejo tronco del Partido Radical a un nuevo referente –de innegable connotación derechista- que fue bautizado con el poco original nombre de Democracia Radical. Y no se debe olvidar a los ‘chascones’ democristianos, como Alberto Jerez, Oscar Guillermo Garretón, Luis Maira, Lucho Badilla, Antonio Cavalla y Rodrigo Ambrosio, que abandonaron las filas de la Falange (Partido Demócrata Cristiano), para crear nuevas tiendas  políticas cercanas a la izquierda  marxista, aunque sus componentes declaraban ser ‘cristianos por el socialismo’ (MAPU e Izquierda Cristiana). 
Más recientemente, y en  volumen significativo, muchos    de los antiguos socialistas y mapucistas –que formaron parte de las filas combatientes que enfrentaron a la dictadura- optaron hace pocos años por defender y administrar el sistema económico neoliberal, el mismo que impuso a sangre y fuego Augusto Pinochet bajo la idea y conducción de los ‘Chicago Boys’, economistas graduados en universidades norteamericanas, particularmente en la de Chicago donde fueron alumnos de Milton Friedmann, el principal propugnador del modelo. 
Los ‘renovados’ alcanzaron sillones parlamentarios y gubernativos merced a un discurso engañoso, falso, pues se presentaron ante la ciudadanía como adalides de los  nuevos tiempos y representantes de ideologías y tendencias proclives a la solidaridad social y a la justicia en todos sus términos.  Una vez ubicados en el podio del gobierno y del poder legislativo, sin explicación alguna ni autorización de sus electores, viraron bruscamente hacia las mismas posiciones que tenían sus antiguos y odiados adversarios. Hoy, son socios en la empresa de depredar el país y mediatizar al pueblo. 
Pese a que la cofradía armada a espaldas de la gente se solidificó, y a pesar de los réditos económicos que ella les ha reportado a sus cuentas bancarias,   un  pequeño grupo de parlamentarios pertenecientes al bloque gobernante –precisamente aquellos que más apoyo otorgan al economicismo neoliberal con sus acciones, no con sus dichos- se desgajó del tronco oficialista para correr a unir sus votos en beneficio de los verdaderos mandantes. 
El objetivo parece estar claro; luego de los primeros finteos legislativos realizados por los ‘díscolos’ se adivina una intención que estuvo escondida desde el momento mismo en  que Patricio Aylwin asumió la primera magistratura. 
Durante dieciocho años la Derecha ha extremado sus esfuerzos en orden a incrementar el número de políticos y legisladores –sin importar la procedencia supuestamente ideológica que ellos señalen- para contar con la fuerza necesaria y, de ese modo, derribar el sistema presidencialista que ha estado presente en nuestro país desde la época de Arturo Alessandri Palma (Constitución de 1925), y colocar en su lugar un parlamentarismo que los poderosos empresarios y agricultores vienen procurando desde el siglo pasado. 
Los sectores ultramontanos desconfían del sistema presidencialista; no les agrada porque, en rigor, les resulta difícil manejar a su amaño a quien ocupa el sillón de O’Higgins. Ocurrió con José  Manuel  Balmaceda, a quien el conservadurismo atacó fieramente hasta obligarlo al suicidio. Se repitió con Salvador Allende, con los hechos conocidos por todos. Ahora pretenden lo mismo, pero utilizando fórmulas menos totalitarias, aunque igualmente detestables. 
Lamentablemente, gran parte del conglomerado de gobierno, de forma ingenua -es lo que se supone- coadyuva a la tarea de los perennes golpistas, sin    entender todavía que estos ponen en acción métodos distintos según sea la época.  La Presidenta Bachelet, junto a la destituida ministra Yasna Provoste y  a todo el conjunto de dirigentes de la Concertación,  acaba de probar una pequeña y amarga dosis de esa medicina ‘parlamentarista’ que la nueva mayoría senatorial tiene dispuesta para el futuro cercano. 
Los derechistas aprovechan el momento actual, en el que inexiste fuerza de izquierda verdadera en el hemiciclo del poder legislativo, pues ella podría constituir el muro donde se estrellarían los intentos ultramontanos. Estos saben, son conscientes, que más temprano que tarde –de continuar progresando y madurando las contradicciones sociopolíticas emanadas de un sistema  neoliberal que agotó sus ofertas-  la ciudadanía decidirá soberana y democráticamente contar con representantes de los sectores izquierdistas en ambas cámaras del Congreso Nacional. 
Por eso apuran el tranco. Más allá de las claras defecciones cometidas por la Concertación –y por la soberbia y veleidosa ex ministra Provoste- la unidad que mostró al país esta  ‘nueva mayoría’ es sólo el comienzo del largo camino que los dueños del capital financiero han comenzado a transitar. En esta tómbola impredecible, ya cuentan con el mayor número de tahúres y con la dirección del ‘croupier’ Adolfo Zaldívar. De aquí en más, barajar las cartas será  materia importante, pues ellas dirán, finalmente, quién se quedará con el pozo mayor. 
La mayoría senatorial acusó a la ministra Provoste y al gobierno de Bachelet con un discurso muy parecido al que usó –hace ya 35 años- el entonces senador Patricio Aylwin  para destituir al ministro del interior José Tohá, brazo derecho del Presidente Allende durante su gestión.   
Tal como lo expresó   Carlos Larraín, presidente del derechista partido Renovación Nacional, la mayoría se ha consolidado hoy al votar 20 a 18 la destitución del cargo de Ministra de Educación de Yasna Provoste Campillay.  
El prestigiado profesor chileno Alejandro Lara León asegura que si ya hubo peronismo sin Perón, franquismo con Aznar  y macartismo con Bush, en Chile ha surgido el pinochetismo sin Pinochet, porque de él se recuerda y privilegia   el crecimiento económico que acalla el silencio de los asesinados y las voces de quienes los lloran.
A partir de la destitución de la ministra Provoste, el profesor Lara León entrega una interesante síntesis respecrto del futuro recorrido político que Chile enfrentará.  Según el docente, esta última acción podría puntualizarse en lo siguiente:
1) La Alianza derechista entra a cogobernar con la Concertación. 
2) Se termina el presidencialismo y se entra a la etapa parlamentarista a la que se llegó con Balmaceda y con Allende,   y ahí están los resultados ... ahora ello se llamaría ‘Desalojo’. 
3) Se consolida el Gobierno de la Plutocracia Nacional Transversalizada,   es decir, quien tiene dinero y es millonario ingresa al gobierno, lo que incluye a Max Marambio y   a Belisario Velasco, que son los agentes comerciales de Cuba y Nicaragua. 
4) Se consolida el sistema binominal. 
5) Con el debilitamiento del Ministerio de Educación se avanza hacia la privatización de la educación municipal. 
6) El nuevo foco de atención para la ‘nueva mayoría’ es ahora la Salud; buscarán complicar a la ministra de esa cartera a objeto de dar algunos nuevos pasos en pro de la privatización absoluta del sector. 
7) Se perfila como una rueda de repuesto a Sebastián Piñera y a Joaquín Lavín; el Colorín Zaldívar para la Presidencia de Chile con los votos de la Derecha, agregándole los votos de un cada vez más derechista PDC... es decir, el país regresa al escenario patético del 11 de septiembre de 1973. 
8) El PC y los Humanistas, junto con  algunos PS y algunos PPD,   tendrán que unirse y abandonar el conglomerado concertacionista. Estos últimos dejarían de ser parte del gobierno duopólico e ingresarían definitivamente a la oposición real.