Entiendo la amargura de quien escribe estas reflexiones en nombre del colectivo Andalucía Libre.1 Comparto buena parte del análisis y de las conclusiones a las que llega. No tiene más que leer mi artículo, y comprobar en dónde estamos o no de acuerdo. 2
Ahora bien, me sorprende que una persona con tanta lucidez esperara un comportamiento diferente de los sindicatos oficiales, de muchos de los colectivos que apoyaron las movilizaciones, y menos de las administraciones involucradas en el tema: ayuntamientos, diputaciones, Junta de Andalucía y Gobierno de la nación. Tampoco es nuevo que los trabajadores sean los más dispuestos a firmar los acuerdos cuando estos se ponen sobre la mesa de negociaciones; hoy por hoy, la mayoría de los trabajadores no tienen conciencia de clase y, por tanto, no están dispuestos a sacrificar ni un euro por mantener la lucha de clases. Mucho antes de que llegase este momento, señalaba en mi trabajo que, “en la mayoría de las deslocalizaciones, lo que ocurre es que una gran parte de los trabajadores afectados, unas veces apoyados y otras abandonados a su suerte por sus comités sindicales, buscan asegurarse una salida en base a despidos y prejubilaciones pactadas con la empresa y las Administraciones. Es decir, entre los sindicatos y los gobiernos no aparecerá la propuesta de un plan de reflotación de la empresa, y menos una visión colectiva de responsabilizarse de la misma, mediante la formula combinada de nacionalización y control obrero” que estábamos proponiendo.
Los que nos mantenemos luchando contra los múltiples problemas sociales que desencadena la lógica de acumulación capitalista, lo hacemos por convicción personal y compromiso social, es decir, porque somos anticapitalistas. Y lo hacemos a sabiendas de que, en esta coyuntura, pocas reivindicaciones locales vamos a ganarle a las empresas, y menos con carácter más estructural al sistema. Luchamos por convicción y porque somos los sujetos sociales activos que nos oponemos permanentemente al capitalismo. El sistema nos ganará en muchas batallas, pero nunca dominará nuestras conciencias. Esto nos permite mirar al futuro sin echarle la culpa del poder que tiene el capitalismo a los diversos colectivos y personas que se enfrentan al sistema cada una desde su barricadas.
Por tanto, decía en mi trabajo que las deslocalizaciones son uno de los instrumentos que conforma la naturaleza de la globalización capitalista. Aunque se ganara en Delphi, lo que no se puede esperar es ganar en cada una y todas las luchas originadas por las deslocalizaciones, reivindicaciones salariales, contratos fijos, etc. Sólo en otro modelo de sociedad sin clases podremos abolir todas estas desigualdades..
Reflexiones particulares
Necesitado de dar palos a todo el mundo, lo que me parece injusto es esa referencia que hace el portavoz de Andalucía Libre a los que hemos participado desde fuera. Es verdad que nos reconoce que son:
“Meritorias las iniciativas que intentaron desde la solidaridad intervenir en el curso de los hechos”
Pero inmediatamente nos reprocha que tales iniciativas:
“se resintieron en buena medida de esas carencias y en algunos casos, de enfoques ideológicos caducos, validos quizá para reclutar algunos estudiantes radicalizados pero incapaces de proponer una línea de acción efectiva para una lucha de la dimensión e implicaciones de la que se desarrollaba en y en torno a Delphi”.
Es decir, de alguna manera nos reprocha por no haber contribuido a “proponer una línea de acción efectiva para la lucha”, cuando todos los andaluces, con o sin conciencia de clase, no fueron capaces de aportarla. Por lo que respecta a mi humilde participación, esta puede leerse en el artículo anteriormente mencionado que, dada la distancia geográfica de los acontecimientos que analizamos, era lo único que podía contribuir. En ella destaco dos aspectos que deberíamos tener en cuenta, como una norma general, a la hora de enfrentarnos a todas las deslocalizaciones que seguiremos padeciendo; la idea de reivindicar la nacionalización y el control obrero.
En cuanto a la nacionalización, creo que, con Galindo Lucas, hemos sido los únicos que hemos propuesto incluir en las reivindicaciones la idea de la nacionalización, de una nacionalización fuerte, y no tímida como se menciona en el reproche.3 Incluyo la mención que hace el autor y nuestra cita:
Andalucía Libre: “Más aún, incluso cuando algunos -especialmente desde fuera de la fábrica- plantearon tímidamente la exigencia de ‘nacionalización’, al no explicitar que estaban hablando de una ‘nacionalización andaluza’ y no española la dejaron reducida a una consigna ideológica, sin virtualidad política alguna, obviando –entre otras consideraciones- que era el Gobierno andaluz el mas cercano y el que mas naturalmente recibía y resentía la presión”,
José Iglesias Fernández: “Sólo Galindo Lucas va más lejos y se atreve a encontrarle una salida real, apoyada con argumentos jurídicos, aunque suene arriesgada. Propone “la expropiación forzosa, establecida por Ley de 1954, procedimiento legal válido para nacionalizar empresas […] En su articulado establece, como requisito, que la propiedad en cuestión (en este caso, las instalaciones de Delphi) sirvan a una finalidad conforme a los intereses generales”.
Admito que he fallado en no añadirle lo de una nacionalización andaluza, pero mi idea era, y sigue siendo, aprovechar el caso Delphi para justificar estas dos propuestas (nacionalización y control obrero) en las siguientes deslocalizaciones que se volverán a dar. La virtualidad política de la que se queja el autor tendría que dársela el pueblo andaluz en general y los obreros de Delphi en particular, no esperarla de quién, por otro lado, nos clasifica un tanto despectivamente como los de fuera de la fábrica.
En cuanto a la importancia del control obrero, es un tema que no voy a comentar porque no aparece en el texto, pero que remito a los lectores interesados al artículo ya mencionado.
Reflexiones a partir de una derrota
Copiando el titular del portavoz de AL, creo que todavía tienen validez las conclusiones con las cuales finalizaba mis reflexiones en el trabajo mencionado. Las vuelvo a repetir aquí:
Las deslocalizaciones forman parte de la estrategia capitalista en la búsqueda del beneficio. A su vez, si los trabajadores afectados por una de estas decisiones se centran en reivindicar despidos y jubilaciones ‘dignas’ a nivel de empresa individual, poco van a conseguir como no sea pan para hoy y hambre para mañana.4 Es hora de que los obreros vuelvan a organizarse como clase y actúen como tal. La unión hace la fuerza y da sentido a la lucha de clases. Entonces el conflicto ya no se centrará en la defensa de unos trabajadores afectados por la deslocalización, sino en la defensa de unos derechos de clase generalizados a todos los obreros. Lo bueno de las deslocalizaciones como el caso de Delphi, es que concita la solidaridad y la lucha de muchos otros sectores de la sociedad: este tipo de conflictos agrupa, no sólo a los ciudadanos, sino también a un montón de colectivos de los movimientos sociales y diversas asociaciones de la sociedad civil. Los diversos gobiernos afectados se ven en la necesidad de buscar el equilibrio entre los intereses del capital y los de la ciudadanía.
Si la mejor defensa es un buen ataque, por este dicho, proponemos la nacionalización y el control obrero de la empresa. Hay que salir de esas luchas por la sobre vivencia individual y volver a las luchas de recuperación del bien común, del bienestar colectivo, de la dignidad de clase. No es lo mismo atacar al capital y a sus gestores pidiéndoles recolocaciones y prejubilaciones, que nacionalización al capital y control obrero del uso fruto al Estado. Si ya de partida se les exige que se concentren en lo primero, lo que se consiga será una parte de esto; si se les reclama lo segundo, y quieren negociar, algo tendrán que poner sobre la mesa de negociaciones.
Por tanto, cada vez que una empresa tome la decisión de deslocalizarse sabe que ha de enfrentarse a los obreros, no sólo de su empresa, sino de todas las empresas del entorno industrial y el resto con conciencia política de la sociedad; la alianza interclasista toma sentido transformador. A su vez, los trabajadores han de considerar al capitalismo como un sistema y no como una serie de empresas aisladas entre sí. Por eso, en nuestra propuesta pensamos más en como se puede contemplar la defensa de todos los trabajadores como clase, en vez de como obreros de una fábrica determinada.
 
José Iglesias Fernández
Barcelona, septiembre del 2007
Notas: 
1 Andalucía Libre. Delphi se cerró - Reflexiones a partir de una derrota
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=41237
2 José Iglesias Fernández. Contra la deslocalización de Delphi, nacionalización y control obrero
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=36823
3 Si no fuese así, estoy dispuesto a rectificar. No pretendo tener la exclusiva de nada.
4 El documento de Andalucía Libre nos informa de cómo “el 89,3% de la plantilla fija votó sí al Acuerdo en un referéndum para ratificar el acuerdo que dejó tras de si flecos pendientes en lo tocante a la situación de eventuales y subcontratas”.
Delphi es el primero de muchos, esto no ha hecho más que empezar
20-09-2007 10:50
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Uno que lucha|20-09-2007 22:38
http://www.sindicatodeestudiantes.org/?id=c&a=070521_todoDELPHI (recopilación)
http://www.sindicatodeestudiantes.org/?id=c&a=070719%20
http://www.elmilitante.org/content/view/4081/37/
http://www.el
http://www.elmilitante.org/content/
http://www.elmilitante.org/content/view/3795/37/
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http://www.elmilitante.org/con
http://www.elmilitante.org/content/view/3870/37/
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http://www.elmilitante.or
http://www.elmilitante.org/content/view/3906/37
http://www.elmilitante.org/content/view/3958/65/
http://www.elmilitan
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