Desde luego no me refiero a las citas con las que empezamos a entablar una relación con otra persona o eso buscamos, sino a las citas de autores vivos o muertos, pero transfigurados en libros. El arte de la cita, porque partiré de la presunción de que citar es un arte, puede ser un poco equivoco, es decir que uno puede citar sobre todo a los autores a los que busca rebatir, un ejemplo serían las citas de cualquier derechista aquí. Se puede afirmar que en los casos en los cuales se busca refutar al autor, es conveniente citarle. Lo mismo sucede si lo que se busca es encomiar a un autor de nuestra preferencia, por ejemplo si menciono a Guy Debord que dice: "El espectáculo es una guerra del opio permanente, destinado a hacer aceptar la identificación de los bienes con las mercancías, y de la satisfacción con la subsistencia que aumenta según sus propias leyes." Y paso a explicar primero su alusión a las guerras del opio de Inglaterra contra China a comienzos del siglo XIX, "por la libertad de comercio", metáfora de la guerra constante del capitalismo por imponer la identificación de los bienes con sus mercancías, y de la subsistencia con esas mercancías confundidas con la satisfacción por los bienes que uno no posee (pero que le pasan constantemente ante los ojos y los oídos)
Siguiendo con el mismo autor dice Guy Debord que el espectáculo lleva a la parálisis de la historia, previa desmemoria colectiva. Citar sirve para abandonar la búsqueda de mediterráneos, probarse (probar a veces es más difícil) que antes de uno mismo siempre hubo quién piso la orilla por primera vez, y agradecerle la trocha hecha. "El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen." Se enciende la televisión y comienza a parpadear el espectáculo del capital.
Las citas de Guy Debord me han recordado las conversaciones extraescolares de una difunta, por accidente de tráfico, profesora de francés de mi viejo bachillerato, nos contaba aquella mujer que en Francia el grado de "usamericanización" era mucho mayor que en España, entonces en las postrimerías del franquismo.
Una España donde se debatía, aunque de segunda mano, el debate intelectual francés, y los autores franceses, Sartre, Camus, Althusser y muchos más, formaban en las columnas y artículos de opinión a diario. Es decir que Francia formaba la opinión española de una manera que en este momento parecería increíble, incluso a los pocos que aún se puedan acordar de cuando escribían, o casi, traduciendo del dulce idioma de la Francia.
Hoy el poder ha cambiado de manos y de idioma. El idioma inglés gana abrumadoramente en las enseñanzas medias y en la universidad, y su consagración es la red de redes, donde la mayoría de los textos están en este idioma.
La sociedad del espectáculo, igual que la sociedad de consumo, clichés de uso corriente para designar la sociedad capitalista en la que vivimos, tiene su primer definidor en Guy Debord que clama contra la ocultación del sistema económico y político del capital tras su fachada espectacular. Dice: "Una notoriedad anti-espectacular resulta una cosa extremadamente rara. Yo soy uno de los últimos vivos en poseer una (...) La sociedad actual misma se proclama espectacular.” (Comentarios sobre la sociedad del espectáculo ...,pág. 28)
Sin querer el afrancesamiento cultural, no hay que ocultarse que una nación que ayer cantaba en francés y hoy vocaliza en inglés, y ¡sin darse cuenta! tiene un presente dudoso. La cultura ha de ser recibida de dondequiera que se halle, pero la dirección única, el viento neocon del oeste, nos acabará asfixiando.
Respiremos aire limpio.
Victor Simón Mercado|15-09-2007 18:42
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