El poeta surrealista francés Benjamin Péret, que estuvo en Cataluña desde agosto de 1936 hasta abril de 1937, en sus reflexiones sobre la Guerra civil, se planteó estas preguntas: “¿Cuál es la naturaleza de la revolución del 19 de Julio de 1936?: ¿burguesa, antifascista, proletaria? ¿Existía una dualidad de poderes el 20 de Julio de 1936? ¿En beneficio de quién evolucionó? ¿Qué fuerzas presidieron su liquidación? ¿Los trabajadores habían tomado el aparato de producción? ¿La nacionalización de la producción ha consagrado una situación de  hecho o ha creado las bases materiales de un capitalismo de Estado? ¿Las organizaciones obreras (partidos, sindicatos, etcétera) intentaron organizar un poder obrero? ¿Dónde y en qué condiciones? ¿Por qué no ha llegado a la liquidación del poder burgués? ¿Por qué la revolución española acabó en desastre?”
En treinta y dos horas el pueblo de Barcelona había vencido al ejército[1]. Contabilizados ambos bandos el saldo fue de unos cuatrocientos cincuenta muertos (en su mayoría cenetistas) y miles de heridos. Casi todas las iglesias y conventos, algunas ya desde la mañana del 19 de julio de 1936, volvieron a arder. El proletariado barcelonés estaba armado con los treinta mil fusiles de San Andrés. Escofet dimitió a finales de julio de su cargo de comisario de orden público, porque ya no podía garantizarlo. La guardia de asalto y la guardia civil eran sin duda, desde un punto de vista militar, más eficientes y disciplinadas que los comités de defensa, o los distintos grupos de obreros armados; pero sin la multitudinaria participación popular en la calle, esas compañías de guardias civiles o de asalto, políticamente conservadores o fascistas, se hubieran pasado con armas y bagajes del lado de las tropas sublevadas: no eran ni los vencidos ni los vencedores de la jornada.
La sublevación militar y fascista, que contaba con la complicidad de la Iglesia, fracasó en casi toda España, creando como reacción una situación revolucionaria. La derrota del ejército por el proletariado en la “zona roja” había dinamitado el monopolio estatal de la violencia, brotando de la explosión una gran variedad de poderes locales, directamente asociados al ejercicio local de la violencia. Violencia y poder estuvieron íntimamente relacionados. Esa situación revolucionaria común fue la que hizo surgir juntas revolucionarias de ámbito regional o comarcal en Málaga, Barcelona, Aragón, Valencia, Gijón, Madrid, Santander, Sama de Langreo, Lérida, Castellón, Cartagena, Alicante, Almería, entre las más destacadas,en todos los lugares de España donde la sublevación fascista había sido derrotada. El ejercicio de la violencia ERA EN SÍ MISMA la manifestación del nuevo poder obrero: por todas partes surgían comités, barricadas y patrullas de control; milicias populares y de retaguardia; coches y camiones incautados con siglas pintadas en las carrocerías; pases emitidos por los comités de defensa. En todas partes se producía la quema de las iglesias y conventos, saqueo de las casas de la burguesía; persecución, encarcelamiento o asesinatos “in situ” de fascistas, militares sublevados, patrones y clero; incautación de fábricas, cuarteles y locales de todo tipo; comités de control obrero y un largo etcétera, consecuencia del armamento del proletariado.
Más que dualidad de poderes lo que existía era una atomización del poder. Aunque las instituciones estatales seguían en pie, la CNT-FAI decidió que era necesario aplastar PRIMERO al fascismo allí donde había triunfado, y aceptó crear al margen de la Generalidad, cuya existencia no era cuestionada, un Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (CCMA), que prolongaba la colaboración del comité de enlace militar, existente durante el combate contra los sublevados, entre la Generalidad, los militares leales, el Comité de Defensa confederal y los otros partidos y organizaciones obreras y republicanas.
El mismo día 20, por la tarde, Companys, como presidente de la Generalidad, que aún existía, llamó a Palacio a los líderes de las distintas organizaciones, entre ellos los anarquistas. Se sometió a discusión de un pleno de militantes, reunido en la Casa CNT-FAI, si debían acudir a la cita propuesta por el presidente de la Generalidad, y tras un somero análisis sobre la situación existente en la calle, se decidió enviar al Comité de Enlace con la Generalidad a que parlamentara con Companys. Acudieron al encuentro armados, sucios por el combate y somnolientos: Buenaventura Durruti, Juan García Oliver, “Abad de Santillán”, José Asensy Aurelio Fernández (que sustituía al fallecido Ascaso). Reunidos con los delegados de las distintas organizaciones políticas y sindicales en el patio de los naranjos, esto es, de Andreu Nin, Joan Comorera, Josep Coll, Josep Rovira, entre otros, comentaban entre sí los acontecimientos vividos,pasando todos animadamente de un corrillo a otro, hasta que se presentó Companys, acompañado por Pérez Farrás. Los distintos grupos se fusionaron en uno solo, compacto y alargado, en respetuoso silencio. Companys los miró a todos, uno a uno, satisfecho, sereno y sonriente. Fijando su mirada en la delegación cenetista les felicitó “Habéis ganado. Hoy sois los dueños de la ciudad y de Cataluña, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabrá mal que en este momento os recuerde que no os ha faltado la ayuda de los guardias de asalto y de los mossos d´esquadra”. Prosiguió meditativo: “Pero la verdad es que perseguidos duramente hasta anteayer, hoy habéis vencido a los militares y fascistas”. Tras reconocer a todos los allí presentes, en pie, formados en corro junto a él, como los dueños de la calle, preguntó “¿y ahora qué hemos de hacer?”. Mirando a los cenetistas les dijo: “¡algo hay que hacer ante la nueva situación!”. Prosiguió alertándoles que, aunque se había vencido en Barcelona, la lucha no había finalizado, “no sabemos cuándo y cómo terminará en el resto de España”, luego subrayó su posición y el papel que él podía jugar en su cargo: “por mi parte, yo represento a la Generalidad, un estado de opinión real pero difuso y un reconocimiento internacional. Se equivocarían quienes considerasen todo esto como algo inútil”, para terminar afirmando que si era necesario formar un nuevo gobierno de la Generalidad “estoy a vuestra disposición para hablar”. García Oliver respondió: “Puede continuar siendo Presidente. A nosotros nonos interesa nada referente a la presidencia ni al gobierno”, como si hubiera interpretado que Companys renunciaba a su cargo. Tras este primer contacto, informal y apresurado, de los diversos delegados, de pie y en torno a Companys, éste les invitó a entrar en un salón del palacio para, cómodamente sentados, coordinar la unidad y colaboración de todas las fuerzas antifascistas, mediante la formación de un comité de milicias, que controlara el desorden de la calle y organizara las columnas de milicianos, que debían partir ya hacia Zaragoza.
El Comité regional ampliado de la CNT, informado por la delegación cenetista de la entrevista palaciega, acordó tras una rápida deliberación comunicar telefónicamente a Companysque se aceptaba en principio la constitución de un Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA), en espera de la resolución definitiva que se adoptara en el Pleno de Locales y Comarcales, que había de reunirse el día 21. Esa misma noche Companys mandaba imprimir en el boletín oficial de la Generalidad un decreto de creación de esas Milicias ciudadanas.
El martes 21 de julio, en la Casa CNT-FAI, se sometió a la aprobación formal de un Pleno Regional de Locales y Comarcales de Sindicatos, convocado por el Comité de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña, la propuesta de Companys de que la CNT participara en un CCMA. Tras el informe inaugural de Marianet, José Xena, en representación de la comarcal del Baix Llobregat, propuso la retirada de los delegados cenetistas del CCMA y marchar adelante con la revolución para implantar el comunismo libertario. Juan García Oliver planteó acto seguido el debate y la decisión a tomar como una elección entre una “absurda” dictadura anarquista o la colaboración con las demás fuerzas antifascistas en el Comité Central de Milicias para continuar la lucha contra el fascismo. De este modo García Oliver, conscientemente o no, hacía inviable ante el pleno la confusa y ambigua opción de “ir a por el todo”. Frente a lo de una intransigente “dictadura anarquista” apareció más lógica, equilibraday razonable la defensa que hizo Federica Montseny de los principios ácratas contra toda dictadura, apoyada por los argumentos de Abad de Santillán de peligro de aislamiento y de intervención extranjera. Surgió una tercera posición, que proponía usar el gobierno de la Generalidad para socializar la economía, hasta que llegase el momento de echarlo a patadas cuando dejara de ser útil, mientras se consolidaba una organización armada y autónoma de la CNT, fundamentada en los comités de defensa y en la coordinación de los anarcosindicalistas con cargos de orden público, puesta pragmáticamente en marcha por Manuel Escorza desde el comité de investigación de la CNT-FAI.
 
El pleno se mostró, pues, favorable a la colaboración de la CNT con el resto de fuerzas antifascistas en el Comité Central de Milicias, con el voto en contra de la comarcal del Baix Llobregat. La mayoría de asistentes al Pleno, entre los que se contaban Durruti y Ortiz, permanecieron callados, porque pensaban como tantos otros que la revolución debía aplazarse hasta la toma de Zaragoza, y la derrota del fascismo. Se pasaba, sin más consideraciones ni filosofías, a consolidar e institucionalizar el Comité de Enlace entre CNT y Generalidad, anterior al 19 de julio, transformado, profundizado y ampliado en ese CCMA que, mediante la unidad antifascista de todos los partidos y sindicatos, debía imponer el orden en la retaguardia y organizar y aprovisionar las milicias que debíanenfrentarse en Aragón con los fascistas
En la primera reunión del Comité Central de Milicias, celebrada la noche del día 21, los representantes cenetistas hicieron patente a republicanos y catalanistas su fuerza e indocilidad, editando un bando que daba al Comité Central muchas más atribuciones y competencias, militares y de orden público, que las dispuestas inicialmente por el decreto de la Generalidad. No en vano a la pregunta, surgida en esta primera sesión del CCMA, de quién había vencido al ejército, Aurelio Fernándezrespondió que “los de siempre: los piojosos”, esto es, los parados, los emigrantes recientes y la población marginal y miserable de los barrios de barracas o de las “casas baratas” de La Torrassa, Can Tunis, Somorrostro, Santa Coloma y San Andrés, o el maltratado proletariado industrial que, en condiciones de vida durísimas, azotados por el paro masivo, con largas jornadas laborales, jornales de hambre y trabajos precarios pagados al destajo, se hacinaba en los barrios obreros de Pueblo Nuevo, Sants, la Barceloneta, el Chino, HostafrancsoPueblo Seco, arrendando o subarrendando cuchitriles, habitaciones o pisos mínimos con alquileres inasequibles, que había que compartir.
Mientras tanto, Companys había autorizado a Martín Barrera, consejero de Trabajo, a que diera por radio noticia de las disposiciones acordadas sobre disminución de horas laborales, aumento de salarios, disminución de alquileres y nuevas bases de regulación del trabajo, que antes deberían pactarse con los representantes de las asociaciones patronales, como Fomento del Trabajo, Cámaras de Industria y de la Propiedad, etcétera, a quienes se expuso la necesidad de encarrilar el ímpetu revolucionario de las masas, como ya había hecho el director de las minas de potasa de Suria, que prefería tener pérdidas a volver a ser retenido por sus mineros. Durante el transcurso de la reunión varios representantes de la patronal recibieron llamadas de aviso para que no volvieran a sus casas, porque patrullas de hombres armados habían ido en su busca. La reunión acabó con el convencimiento de que los empresarios allí reunidos ya no representaban a nadie. Pero el mensaje se radió igual, algunos días después, como medio para encauzar ánimos y reivindicaciones.
El jueves 23 de julio, en la Casa CNT-FAI, se sometió a discusión de un Pleno conjunto de la CNT y de la FAI, es decir, de un pleno de notables, la entrada de los anarcosindicalistas en el CCMA y cómo vencer la importante resistencia que se manifestaba entre la militancia a aceptarlo. Se acordó la necesidad de constituir un “comité de comités”, que agilizara la toma de decisiones importantes, y conseguir su asimilación por la militancia de base, dotando a la organización de una coherencia que el funcionamiento federalista tradicional hacía imposible. El primer problema a resolver fue el Pleno del día 26, que debía conseguir, mediante la unanimidad, la firmeza necesaria para imponer a toda la militancia, sin excepciones, ni disidencias de ningún tipo, la política de colaboración con todas las organizaciones antifascistas y con el gobierno de la Generalidad, en el CCMA.)
Ese mismo día, al anochecer, los miembros del grupo “Nosotros” se reunieron en casa de Gregorio Jover, para analizar la situación, y como despedida, ante la salida al día siguiente de las Columnas de milicianos dirigidas por Buenaventura Durruti, que salió por la mañana desde el Cinco de Oros, y la de Antonio Ortiz, que salió en ferrocarril por la tarde del mismo día 24.
A las nueve y media de la mañana del día 24, Durruti, en nombre del CCMA,hizo una alocución radiofónica en la que advirtió a los cenetistasde la necesidad imperiosa de mantenerse vigilantes ante intentonas contrarrevolucionarias y a no abandonar lo conquistado en Barcelona. Durruti parecía consciente del peligro de una retaguardia insegura, en la que el enemigo de clase no había sido anulado. Todo quedaba aplazado hasta después de la toma de Zaragoza.
El domingo 26 de julio, en la Casa CNT-FAI, se sometió de nuevo a la aprobación formal de un Pleno Regional de Locales y Comarcales de Sindicatos, convocado por el Comité de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña, la colaboración dela CNT en el Comité Central de Milicias Antifascistas, en el que los representantes cenetistas ya estaban participando. Se trataba de que las decisiones tomadas por el Comité Regional Ampliado, de colaborar con el gobierno de la Generalidad y el resto de partidos, que ya eran una realidad irreversible, fueran ratificadas de nuevo en otro Pleno Regional de Sindicatos. Era una política de hechos consumados, en la que el Pleno del día 26 actuaba como simple altavoz de los acuerdos ya tomados. El acuerdo final no dejaba lugar a dudas sobre la dureza de la oposición que había encontrado la aceptación de la posición colaboracionista de los comités superiores de la CNT-FAI, aunque desconocemos los debates, si es que los hubo. Elanálisis de la situación revolucionaria existente se cerraba mediante una posición que había alcanzado la “unanimidad absoluta”. Curiosamente la posición alcanzada en ese Pleno era definida como la “misma posición”, esto es, la que ya había aceptado provisionalmente la delegación cenetista que había parlamentado con Companys, la ya aprobada por el Pleno Regional del día 21, la del Pleno conjunto CNT-FAI del día 23. ¿Qué posición?: “no hay más enemigo para el pueblo, que el fascismo sublevado”, y por lo tanto ni el gobierno burgués de la Generalidad ni el republicano eran un enemigo a batir, sino un aliado. La renuncia revolucionaria era ya absoluta: “Que nadie vaya más allá. Que nadie tergiverse la actuación a seguir”. Se apelaba a la obligación moral de aceptar las decisiones generales y se hacía una profesión de fe antifascista: “Hoy por hoy, contra el fascismo, sólo contra el fascismo que domina media España”. El comunicado final del Pleno Regional terminaba con una orden tajante e indiscutible de aceptación y sumisión al CCMA: “hay un COMITÉ DE MILICIAS ANTIFASCISTAS Y UN APÉNDICE SUYO DENOMINADO COMISIÓN DE ABASTOS. Todos tenemos el deber de acatar sus consignas, forma de regular las cosas en todos los órdenes.”. El 28 de julio la Federación Local de Sindicatos únicos de Barcelona ordenaba el fin de la huelga general.
EL PODER DE LOS COMITÉS
Violencia y poder iban juntos. Una vez destruido el monopolio estatal de la violencia, porque se había derrotado al ejército en la calle, y armado el proletariado, se abría una situación revolucionaria que imponía su violencia, su poder y su orden. El poder de una clase obrera en armas.
Los comités revolucionarios: de defensa, de fábrica, de barrio o de localidad, de control obrero, de abastos, de alistamiento a las milicias, etcétera, fueron el embrión de los órganos de poder de la clase obrera. Iniciaron una metódica expropiación de las propiedades de la burguesía, pusieron en marcha la colectivización industrial y campesina, organizaron las milicias populares que definieron los frentes militares en los primeros días, organizaron patrullas de control y milicias de retaguardia que impusieron el “nuevo orden revolucionario” mediante la represión violenta de la Iglesia, patronos, fascistas y antiguos sindicalistas y pistoleros del Libre, pues durante una semana el paqueo (tiroteo de francotiradores) en la ciudad fue constante. Pero fueron incapaces de coordinarse entre sí y crear un poder obrero centralizado. Los comités revolucionarios desbordaron con sus iniciativas y sus acciones a los dirigentes de las distintas organizaciones tradicionales del movimiento obrero, incluida la CNT y la FAI, o un POUM que aún pedía aumento de salarios y reivindicaciones menores, ya superadas.
No existió ningún partido, sindicato o vanguardia que propugnara la destrucción del Estado burgués y la vía revolucionaria de potenciación, coordinación y centralización de los órganos de poder surgidos en julio de 1936: los comités obreros.A partir del 20 de julio el proletariado en Barcelona ejerció una especie de dictadura “por abajo” en las calles y en las fábricas, ajena e indiferente a “sus” organizaciones políticas y sindicales, que no sólo respetaban el aparato estatal de la burguesía, en lugar de destruirlo, sino que además lo fortalecían. En ausencia de una vanguardia revolucionaria, capaz de plantear el combate por el programa de la revolución proletaria, la guerra contra el enemigo fascista impuso la ideología de la unidad antifascista y el combate por el programa de la burguesía democrática. La guerra no se planteaba como una guerra de clases, sino como una guerra antifascista entre el Estado de la burguesía fascista y el Estado de la burguesía democrática. Y esa elección entre dos opciones burguesas (la democrática y la fascista) suponía YA la derrota de la alternativa revolucionaria. Para el movimiento obrero y revolucionario el antifascismo fue la peor consecuencia del fascismo. La ideología de unidad antifascista fue el peor enemigo de la revolución, y el mejor aliado de la burguesía. Las necesidades de esta guerra, entre dos opciones burguesas, ahogaron toda alternativa revolucionaria y los métodos de lucha de clases que permitieron la victoria de la insurrección obrera del 19 de Julio. Era necesario renunciar a las conquistas revolucionarias en aras de ganar la guerra a los fascistas: "renunciamos a todo menos a la victoria".
Las alternativas planteadas eran falsas: no se trataba de ganar primero la guerra y luego la revolución (propuesta estalinista), o bien de hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo (tesis poumista y libertaria), sino de abandonar, o no, los métodos y objetivos del proletariado. Las Milicias Populares del 21-25 de Julio eran auténticas Milicias proletarias; las Milicias, militarizadas o no, de octubre del 36 eran ya un ejército de obreros en una guerra dirigida por la burguesía (fuera fascista o republicana) al servicio de la burguesía (fuera democrática o fascista).
El CCMA no fue nunca un órgano de poder obrero. No existió nunca una situación de DOBLE PODER. En todo caso se dio una DUPLICIDAD DE PODERES entre el CCMA y algunas consejerías de la Generalidad, y sobre todo un trabajo complementario de ambos contra los comités revolucionarios.
En Barcelona, durante la semana del 21 al 28 de julio de 1936, mientras el CCMA era aún provisional, aparecieron los comités de barrio, como expresión del poder obtenido por los comités de defensa, que se coordinaron en una auténtica federación urbana que, en las calles y fábricas, ejercía todo el poder, en todos los ámbitos, en ausencia de un poder efectivo del Ayuntamiento, Gobernación y Generalidad. Las decenas de barricadas levantadas en Barcelona permanecían aún activas en octubre, controlando el paso de los vehículos y exigiendo la documentación y el preceptivo pase, extendido por los distintos comités, como medio de imposición, defensa y control de la nueva situación revolucionaria, y sobre todo como seña de identidad delnuevo poder de los comités.
La posición de los comités superiores de la CNT-FAI era incoherente, insostenible y contradictoria. Sus principios ideológicos les impedían entrar en el gobierno de la Generalidad, pero tampoco querían que ese gobierno amenazara al CCMA, sino que se mantuviera sumiso a un organismo que no era, ni quería ser, un gobierno revolucionario y alternativo al de la Generalidad. El CCMA ni gobernaba del todo, ni quería dejar gobernar del todo a los demás. Los dirigentes anarcosindicalistas querían congelar la situación revolucionaria existente. Si a esto se le llama dualidad de poderes es porque no se entiende que la dualidad comporta una lucha feroz y sin cuartel, entre dos polos opuestos, por destruir al poder rival. En el caso de Cataluña era más adecuado hablar de una duplicidad y complementariedad de poderes entre algunas consejerías del gobierno de la Generalidad y el CCMA, en ocasiones molesta, ineficaz e irritante para todos. La amenaza de García Oliver contra la formación del gobierno Casanovas no deseaba otra cosa que el mantenimiento de esa duplicidad. La participación anarcosindicalista en las tareas de gobierno a través del CCMA resultaba insatisfactoria. Pero nadie se atrevía a plantear aún, a una militancia libertaria armada, la entrada directa en el gobierno. Cuando la realidad choca con los principios, éstos suelen quebrar.
¿Cuál fue el balance real dejado por el CCMA en sus nueve semanas de existencia?: el paso de unos comités locales revolucionarios, que ejercían todo el poder en la calle y las fábricas, a su disolución en beneficio exclusivo del pleno restablecimiento del poder de la Generalidad. Del mismo modo, los decretos firmados el 24 de octubre sobre militarización de las Milicias a partir del 1 de noviembre y de promulgación del decreto de Colectivizaciones completaban el desastroso balance del CCMA, esto es, el paso de unas Milicias obreras de voluntarios revolucionarios a un ejército burgués de corte clásico, sometido al código de justicia militar monárquico, dirigido por la Generalidad;el paso de las expropiaciones y el control obrero de las fábricas a una economía centralizada, controlada y dirigida por la Generalidad.
La fuerte resistencia de la base anarcosindicalista a la militarización de las milicias, al control de la economía y de las empresas colectivizadas por la Generalidad, al desarme de la retaguardia y a la disolución de los comités locales se manifestó en un retraso de varios meses al cumplimiento real de los decretos del gobierno de la Generalidad sobre todos estos temas. Resistencia que, en la primavera de 1937, cristalizó en un gran malestar, al que se sumó el descontento por la marcha de la guerra, la inflación y la penuria de productos de primera necesidad, para desembocar entonces en una crítica generalizada de la militancia cenetista de base a la participación de los comités superiores de la CNT-FAI en el gobierno, y a la política antifascista y colaboracionista de sus dirigentes, a quienes se acusaba de la pérdida de “las conquistas revolucionarias del 19 de julio”.
Ese descontento es el que explicaba el surgimiento y la fuerza de la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que ya a finales de abril de 1937 había planteado la necesidad de imponer una Junta Revolucionaria en sustitución de la Generalidad. Después de mayo la Agrupación supo expresar ese malestar confederal en un análisis en el que se afirmaba que en julio del 36 no se hizo la revolución y que el CCMA fue un organismo de colaboración de clases, además de elaborar un programa que concluía que las revoluciones son totalitarias o son derrotadas. La diferencia de Los Amigos de Durruti, con otros muchos grupos encolerizados de cenetistas y anarquistas, radicaba precisamente en que los primeros oponían un programa, mientras los otros apelaban a unos principios abstractos, ineficaces, que además compartían los comités superiores a los que se criticaba.
Desde enero hasta julio de 1937, en Barcelona, los obreros industriales convocaron numerosas asambleas en las fábricas, con frecuencia amenazadas por un fuerte dispositivo policial en el exterior, en las que se planteaba con mayor o menor claridad y efectividad el enfrentamiento entre la socialización y la colectivización, además de la gravísima problemática presentada por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y las dificultades de aprovisionamiento de alimentos y productos básicos. La colectivización suponía que la propiedad de las pequeñas y medianas empresas y talleres había pasado de los antiguos amos a los propios trabajadores, insolidarios respecto a los asalariados de otras empresas menos productivas o con mayores dificultades. Se trataba, pues, de una propiedad colectiva, de los trabajadores de cada empresa, aunque sometidos a un férreo dirigismo estatal, ya que la dirección global de la economía era planificada por el gobierno de la Generalidad, que no sólo tenía el control financiero y, por lo tanto, la posibilidad de ahogar a las empresas díscolas, sino su dirección efectiva a través del interventor, que de hecho se convertía en el director y nuevo amo, delegado por el gobierno. La colectivización se había convertido, pues, en realidad, en un capitalismo colectivo, de gestión sindical, con planificación y dirección estatal. La socialización suponía la organización de los trabajadores en Federaciones o Sindicatos de Industria, que reorganizaran y racionalizaran la producción de toda una rama industrial, dirigida y planificada por los sindicatos, y en la que los beneficios repercutían solidariamente a toda la sociedad, y no sólo a los trabajadores de cada empresa. El conjunto de todas esas Federaciones de Industria ejercerían, pues, la dirección y planificación de la economía en toda Cataluña; no el gobierno burgués de la Generalidad. Además de una lucha ideológica, que lo era, se trataba sobre todo de un combate por la mera supervivencia de las industrias gestionadas por los obreros, ya que si Companys y Comorerapodían imponer a las empresas tarifas y condiciones de trabajo, así como impedir el acceso a la financiación o las materias primas, tenían en sus manos la dirección real de cualquier empresa, a través del interventor que imponían,y con su generalización la implantación de un capitalismo estatal, dirigido por la Generalidad.
Esta lucha se concretaba ideológicamente en la consigna dada por la Agrupación de Los Amigos de Durruti, en abril y mayo de 1937, de dar “todo el poder a los sindicatos”. Recordemos que las Jornadas de Mayo se iniciaron precisamente por el rechazo de los trabajadores al nombramiento de un interventor de la Generalidad en Telefónica.
LOS HECHOS DE MAYO
El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público. El edificio de Telefónica había sido incautado por la CNT desde el 19 de julio. La supervisión de las comunicaciones telefónicas, la vigilancia de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran “propias”, y la defensa de las “conquistas” del 19 de julio por parte de los cenetistas. Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. De forma inmediata se levantaron barricadas en toda la ciudad.
Que no existiera una orden de los comités superiores de la CNT, o de cualquier otra organización, para movilizarse levantando barricadas en toda la ciudad, no significa que éstas fueran puramente espontáneas, sino que fueron resultado de las consignas lanzadas por los comités de defensa[2]. Manuel Escorza había intervenido en la asamblea de la CNT-FAI del 21 de julio de 1936, defendiendo una tercera vía, frente a la “ditadura anarquista”defendida por Xena y García Oliver, y la ampliamente mayoritaria de Abad de Santillán y Federica Montseny de colaborar lealmente con el gobierno de la Generalidad. Escorza propugnaba el uso del gobierno de la Generalidad como un instrumento para socializar la economía, y deshacerse de ella en cuanto dejara de ser útil a la CNT. Fue el máximo responsable de los Servicios de Investigación de la CNT-FAI, que desde julio de 1936 ejecutó todo tipo de tareas represivas, así como de espionaje e información. Estos Servicios de Investigación habían mantenido una estructura organizativa propia, autónoma e independiente tanto del gobierno de la Generalidad como, en su momento, del CCMA. Dependían directamente de los comités superiores dela CNT-FAI (comité regional de la CNT y de la FAI), a la vez que ejercían un papel de coordinación de los comités de defensa de los barrios y los militantes cenetistas que ejercían funciones y cargos públicos en la comisaría de orden público y patrullas de control: José Asens, Dionisio Eroles, Aurelio Fernández, “Portela”, etcétera. En abril de 1937, Pedro  Herrera, “conseller” (ministro) de Sanidad del segundo gobierno Tarradellas, y Manuel Escorza, fueron los responsables cenetistas que negociaron con Lluis Companys (presidente de la Generalidad) una salida a la crisis gubernamental abierta a principios de marzo de 1937, a causa de la dimisión del “conseller” de Defensa, el cenetista Isgleas. Companys decidió abandonar la táctica de Tarradellas, que no imaginaba un gobierno de la Generalidad que no fuera de unidad antifascista, y en el que no participara la CNT, para adoptar la propugnada por Comorera, secretario del PSUC, que consistía en imponer por la fuerza un gobierno “fuerte”, que no tolerase ya una CNT incapaz de meter en cintura a sus propios militantes, calificados como “incontrolados”. Companys estaba decidido a romper una política, cada vez más difícil, de pactos con la CNT y creyó que había llegado la hora, gracias al apoyo del PSUC y los soviéticos, de imponer por la fuerza la autoridad y decisiones de un gobierno de la Generalidad que, como los hechos demostraron, aún no era lo bastante poderosa como para dejar de negociar con la CNT. El fracaso de las conversaciones de Companys con Escorza y Herrera, al no hallar solución política alguna en dos meses de conversaciones, y pese al efímero nuevo gobierno del 16 de abril[3], desembocó directamente en los enfrentamientos armados de mayo de 1937 en Barcelona, cuando Companys, sin avisar a Tarradellas (ni por supuesto a Escorza y Herrera) dio la orden a Artemi Aguadé, “conseller” de Interior, de ocupar la Telefónica, que fue ejecutada por Rodríguez Salas, comisario de Orden Público, hacia las tres menos cuarto de la tarde del 3 de mayo de 1937. La orden de huelga general no fue fruto de un “espontáneo instinto de clase”. La toma de la Telefónica era la brutal respuesta a las exigencias cenetistas y un desprecio a las negociaciones que durante el mes de abril habían mantenido Manuel Escorza y Pedro Herrera, en representación de la CNT, directamente con Companys, que había excluido expresamente a Tarradellas. Escorza tenía el motivo y la capacidad para responder inmediatamente a la provocación de Companys desde el Comité de Investigación de la CNT-FAI, organización autónoma que coordinaba a los comités de defensa y a los responsables cenetistas en los distintos departamentos de orden público. Ese fue verosímilmente el inicio de los enfrentamientos armados de las Jornadas de Mayo, y el terreno propicio para la acción que se presentó a Los Amigos de Durruti.
La política estalinista coincidía con los objetivos de Companys: la debilitación y anulación de las fuerzas revolucionarias, esto es, del POUM y de la CNT, eran un objetivo de los soviéticos, que sólo podía pasar por el fortalecimiento del gobierno burgués de la Generalidad. La larga crisis abierta en el gobierno de la Generalidad, tras la no aceptación por la CNT de la marcha al frente de Madrid de la división Carlos Marx (del PSUC) y del decreto del 4 de marzo sobre la disolución de las Patrullas de Control y desarme de la retaguardia, tuvo su inevitable solución violenta tras varios episodios de enfrentamientos armados en Vilanesa, La Fatarella, Cullera (Valencia), Bellver, entierro de Cortada, etcétera, en el asalto a la Telefónica y las sangrientas jornadas de mayo en Barcelona. La estúpida ceguera, la fidelidad inquebrantable a la unidad antifascista, el elevado grado de colaboración con el gobierno republicano de los principales dirigentes anarcosindicalistas (desde Peiró hasta Federica Montseny, de Abad de Santillán a García Oliver, de Marianet a Valerio Mas) no eran un dato irrelevante, ni desconocido, para el gobierno de la Generalidad y los agentes soviéticos. Se podía contar con su cretina santidad, como demostraron colmadamente durante las Jornadas de Mayo.
Pero Companys no contó con la rápida y contundente respuesta armada de Escorza, desde los comités de defensa, y luego se desesperó ante la negativa del gobierno de Valencia a que Díaz Sandino (que mandaba la aviación) se pusiera a sus órdenes para bombardear los cuarteles y edificios de la CNT. Companys acabó perdiendo todas las atribuciones de la Generalidad en Defensa y Orden Público, que jamás habían sido tan amplias.
Finalizados los combates, las barricadas de mayo molestaban a todos: las tropas llegadas de Valencia rompían los carnés de la CNT y obligaban a los pacíficos transeúntes a deshacer las barricadas, al tiempo que el Comité Regional de la CNT llamaba a la rápida desaparición de las barricadas como señal de normalidad.A los pocos días sólo permanecían en pie aquellas barricadas que el PSUC quería conservar como muestra y señal de su victoria. El saldo de víctimas fue de unos quinientos muertos y unos mil heridos.
CONCLUSIONES
¿Por qué los líderes anarquistas y/o el movimiento libertario renunciaron a la revolución en julio del 36 y en mayo del 37? La respuesta que dieron LosAmigos de Durruti: “la TRAICION de los dirigentes”, no era más que un insulto que no explicaba nada. Desde el primer momento el movimiento libertario apoyó la unidad antifascista. Se trataba de unirse con socialistas, estalinistas, poumistas, republicanos y catalanistas para derrotar al fascismo. El antifascismo fue en los años treinta el peor veneno y la mayor victoria del fascismo. La unión sagrada de todos los antifascistas para derrotar al fascismo y defender la democracia suponía para el movimiento libertario renunciar a los propios principios, a un programa revolucionario propio, a las conquistas revolucionarias, a todo…es decir, el famoso eslogan falsamente atribuido a Durruti: “renunciamos a todo menos a la victoria”, para someterse al programa e intereses de la burguesía democrática. Fue ese programa de unidad antifascista, de colaboración plena y leal con todas las fuerzas antifascistas, el que condujo a la CNT-FAI a la colaboración gubernamental con el objetivo único de ganar la guerra al fascismo. Fue esa adhesión al programa antifascista (esto es, de defensa de la democracia capitalista) la que explica por qué y cómo los mismos líderes revolucionarios de ayer se convirtieron algunos meses después en ministros, bomberos, burócratas y contrarrevolucionarios. Era la CNT quien producía ministros, y esos ministros no traicionaban a nada ni a nadie; se limitaban a ejercerlealmente sus funciones lo mejor que sabían.
La diferencia entre las insurrecciones de Julio de 1936 y Mayo de 1937 radica en que los revolucionarios, en Julio, estaban desarmados, pero tenían un objetivo político preciso: la derrota del levantamiento militar y del fascismo; mientras que en Mayo, pese a un armamento superior que en julio, estaban desarmados políticamente. Los obreros cenetistas iniciaron una insurrección contra el estalinismo y el gobierno burgués de la Generalidad, pese a sus organizaciones y sin sus dirigentes, pero fueron incapaces de proseguir el combate hasta el final sin sus organizaciones y contra sus dirigentes. En mayo de 1937, igual que en julio de 1936, faltó una vanguardia revolucionaria, que el proletariado no había conseguido formar en los años treinta. Ni el POUM, ni la CNT-FAI eran, ni podían ser, esa guía revolucionaria; sino, por el contrario, el mayor obstáculo a su surgimiento. La incapacidad de los dirigentes anarcosindicalistas y la ausencia de toda teoría revolucionaria no dejaron en pie más horizonte que la unidad antifascista y el programa democrático de la burguesía republicana. Ya habían desaparecido de escena los métodos y objetivos del proletariado. El CCMA no sólo no potenció los comités revolucionarios, sino que colaboró con el gobierno de la Generalidad para debilitarlos y suprimirlos.
Mayo del 37, desde esta perspectiva, aunque fue sin duda consecuencia del creciente descontento ante el aumento de precios, la carencia de abastecimientos, la lucha en el seno de las empresas porla socialización de la economía y el control obrero, la escalada de la Generalidad por desarmar la retaguardia y hacerse con el control del orden público, etcétera, etcétera, fue sobre todo la necesaria derrota armada del proletariado, que necesitaba la contrarrevolución para sellar definitivamente toda amenaza revolucionaria sobre las instituciones burguesas y republicanas.
En 1938 los revolucionarios estaban bajo tierra, en la cárcel o en la clandestinidad. En las cárceles se contabanquince mil presos antifascistas. El hambre, los bombardeos y la represión estalinista eran amos y señores de Barcelona. Las milicias y el trabajohabían sido militarizados. El orden reinaba ya en toda España, tanto en la franquista como en la republicana. La revolución no fue aplastada por Franco en enero de 1939, ya lo había hecho la República muchos meses antes.
Agustín Guillamón.
Charla-debate en “Anónims” de Granollers, el 19-7-2008.
[1] Para una información más amplia y detallada remito al lector al libro GUILLAMÓN, Agustín: Barricadas en Barcelona. Barcelona, Ediciones Espartaco Internacional, 2007.
[2] Afirma Gorkin: “En realidad el movimiento fue totalmente espontáneo. Por supuesto esta espontaneidad, muy relativa, debe explicarse, desde el 19 de julio habían sido creados, un poco por todas partes, en Barcelona y en Cataluña unos Comités de Defensa, organizados sobre todo por elementos de base de la CNT y la FAI. La existencia de esos Comités fue poco activa durante algún tiempo, pero sin embargo puede decirse que el 3 de mayo fueron ellos quienes movilizaron a la clase obrera. Fueron los grupos de acción del movimiento. Sabemos que no se dio ninguna orden de huelga general por parte de ninguna de las dos centrales sindicales.”Cfr.Gorkin, Julián: “Réunion du sous-secrétariat international du POUM – 14mai 1937”.
[3] En este gobierno (del 16 abril al 4 de mayo) los consejeros de la CNT eran Isgleas (Defensa), Capdevila (Servicios públicos) y Aurelio Fernández (Sanidad y asistencia pública).
#1.- Agustín Guillamón, enhorabuena por este árticulo.
Miguel López Alarcón|20-07-2008 17:33
Hacen falta más escritores e historiadores honestos, como Guillamón.
Pero, claro ésta, la historia como en todas las facetas de la vida, en esta sociedad, todo análisis, así como toda actividad política y social, ya sea individual o colectiva, depende del  criterio de clase  con el  que parte cada uno. 
A propósito, al movimiento obrero de este país, aún nos queda una "joya" histórica, Santiago Carrillo, aún vivo y lúcido.
Nos podría explicar públicamente,  antes de irse al "otro mundo",  aunque fuese lo único bueno que haga por la clase obrera, en toda su vida  política, su implicación y de toda la dirección del PCE-PSUC en la traición de la revolución española y en la llamada "transición".
También nos debería explicar qué hacía él, y algunos de sus "camaradas", en Méjico, en 1940. 
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#2.- De Julio de 1936 a Julio de 2008
Octavio Albeola|21-07-2008 02:03
No se si, antes de contestar a las preguntas que el poeta surrealista francés Benjamín Péret se planteó en sus reflexiones sobre la Guerra Civil, ha reflexionado el amigo Guillamón sobre lo ocurrido en el mundo desde el 18 de Julio de 1936. Me temo que sus respuestas, y sobre todo sus conclusiones, son sólo el producto de un análisis puramente ideológico de lo ocurrido en España entre “entre las insurrecciones de Julio de 1936 y Mayo de 1937”.
Claro que “Mayo del 37… fue sobre todo la necesaria derrota armada del proletariado que necesitaba la contrarrevolución para sellar definitivamente toda amenaza revolucionaria sobre las instituciones burguesas y republicanas”. Y claro que “la revolución no fue aplastada por Franco en enero de 1939, ya lo había hecho la República muchos meses antes”.
Pero yo creo que la verdadera cuestión, que subyace en las preguntas que se planteaba Péret y que se nos plantea a medida que avanzamos en el análisis histórico de la insurrección proletaria de Julio de 1936, de los acontecimientos posteriores hasta Mayo del 37 hasta la victoria de Franco en 1939, es la siguiente: ¿estaba el proletariado español en condiciones de intentar una verdadera revolución manumisora?
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#3.- De Julio de 1936 a Julio de 2008
Octavio Alberola|21-07-2008 02:05
¿estaba el proletariado español en condiciones de intentar una verdadera revolución manumisora?
Guillamón no se plantea seriamente esta cuestión. En cambio, su respuesta es: la “revolución proletaria” fracasó porque “faltó una vanguardia revolucionaria” (“la incapacidad de los dirigentes anarcosindicalistas”) y, además, por “la ausencia de toda teoría revolucionaria”. Lo curioso es que dice que el proletariado no la “había conseguido formar en los años treinta” y que “ni el POUM, ni la CNT-FAI eran, ni podían ser, esa guía revolucionaria; sino, por el contrario, el mayor obstáculo a su surgimiento”.
Es decir que el proletariado no había logrado formarla en los años treinta y que ni el POUM ni la CNT-FAI podían serla. Entonces, Guillamón, ¿de dónde debía salir esa vanguardia? Con todas las derrotas del proletariado provocadas por las pretendidas “vanguardias revolucionarias” en estos últimos cien años y al haber “desaparecido de escena los métodos y objetivos del proletariado”, ¿aún crees en la capacidad y sinceridad revolucionaria de las “vanguardias”?
Creo, sinceramente, que tras tantos descalabros se impone hacer un análisis de ese periodo más objetivo y menos ideológico. Tomar en consideración todos los factores que intervienen en las luchas sociales y no ver la historia sólo a través del voluntarismo.
Fraternalmente
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#4.- Respuesta a Octavio Alberola (1)
Guillamón|21-07-2008 12:36
Ante todo, un cordial saludo al amigo Octavio Alberola y un merecido reconocimiento a su extensa y destacada trayectoria militante. Kaosenlared ya acogió, hace algún tiempo, un debate entre “Balance” y Octavio Alberola sobre el tema de los “ministros anarquistas”.
Octavio añade una pregunta a las realizadas por Benjamín Péret: ¿estaba el proletariado español en condiciones de intentar una verdadera revolución manumisora?
La respuesta es que SÍ, y a esa revolución de los comités dedico todo un capitulillo del artículo, titulado “El poder de los comités”: donde se dice:
“Los comités revolucionarios: de defensa, de fábrica, de barrio o de localidad, de control obrero, de abastos, de alistamiento a las milicias, etcétera, fueron el embrión de los órganos de poder de la clase obrera. Iniciaron una metódica expropiación de las propiedades de la burguesía, pusieron en marcha la colectivización industrial y campesina, organizaron las milicias populares que definieron los frentes militares en los primeros días, organizaron patrullas de control y milicias de retaguardia que impusieron el “nuevo orden revolucionario” mediante la represión violenta de la Iglesia, patronos, fascistas y antiguos sindicalistas y pistoleros del Libre, pues durante una semana el paqueo (tiroteo de francotiradores) en la ciudad fue constante. Pero fueron incapaces de coordinarse entre sí y crear un poder obrero centralizado. "
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#5.- Respuesta a Octavio Alberola (2)
Guillamón|21-07-2008 12:42
"Los comités revolucionarios desbordaron con sus iniciativas y sus acciones a los dirigentes de las distintas organizaciones tradicionales del movimiento obrero, incluida la CNT y la FAI, o un POUM que aún pedía aumento de salarios y reivindicaciones menores, ya superadas.
No existió ningún partido, sindicato o vanguardia que propugnara la destrucción del Estado burgués y la vía revolucionaria de potenciación, coordinación y centralización de los órganos de poder surgidos en julio de 1936: los comités obreros.A partir del 20 de julio el proletariado en Barcelona ejerció una especie de dictadura “por abajo” en las calles y en las fábricas, ajena e indiferente a “sus” organizaciones políticas y sindicales, que no sólo respetaban el aparato estatal de la burguesía, en lugar de destruirlo, sino que además lo fortalecían. En ausencia de una vanguardia revolucionaria, capaz de plantear el combate por el programa de la revolución proletaria, la guerra contra el enemigo fascista impuso la ideología de la unidad antifascista y el combate por el programa de la burguesía democrática."Valoración: 0
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#6.- Respuesta a Octavio Alberola (4)
Guillamón|21-07-2008 12:45
"La guerra no se planteaba como una guerra de clases, sino como una guerra antifascista entre el Estado de la burguesía fascista y el Estado de la burguesía democrática. Y esa elección entre dos opciones burguesas (la democrática y la fascista) suponía YA la derrota de la alternativa revolucionaria. Para el movimiento obrero y revolucionario el antifascismo fue la peor consecuencia del fascismo. La ideología de unidad antifascista fue el peor enemigo de la revolución, y el mejor aliado de la burguesía. Las necesidades de esta guerra, entre dos opciones burguesas, ahogaron toda alternativa revolucionaria y los métodos de lucha de clases que permitieron la victoria de la insurrección obrera del 19 de Julio. Era necesario renunciar a las conquistas revolucionarias en aras de ganar la guerra a los fascistas: "renunciamos a todo menos a la victoria".
Las alternativas planteadas eran falsas: no se trataba de ganar primero la guerra y luego la revolución (propuesta estalinista), o bien de hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo (tesis poumista y libertaria), sino de abandonar, o no, los métodos y objetivos del proletariado. Las Milicias Populares del 21-25 de Julio eran auténticas Milicias proletarias; las Milicias, militarizadas o no, de octubre del 36 eran ya un ejército de obreros en una guerra dirigida por la burguesía (fuera fascista o republicana) al servicio de la burguesía (fuera democrática o fascista)."
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#7.- Respuesta a Octavio Alberola (5)
Guillamón|21-07-2008 12:47
"El CCMA no fue nunca un órgano de poder obrero. No existió nunca una situación de DOBLE PODER. En todo caso se dio una DUPLICIDAD DE PODERES entre el CCMA y algunas consejerías de la Generalidad, y sobre todo un trabajo complementario de ambos contra los comités revolucionarios.”
¿Por qué entonces Octavio dice que “Guillamón no se plantea seriamente esta cuestión”? Y Octavio añade además: “En cambio, su respuesta es: la “revolución proletaria” fracasó porque “faltó una vanguardia revolucionaria” (“la incapacidad de los dirigentes anarcosindicalistas”) y, además, por “la ausencia de toda teoría revolucionaria”. Lo curioso es que dice que el proletariado no la “había conseguido formar en los años treinta” y que “ni el POUM, ni la CNT-FAI eran, ni podían ser, esa guía revolucionaria; sino, por el contrario, el mayor obstáculo a su surgimiento”.
No sólo afirmo en el artículo la existencia de la revolución de los comités, que expropiaron las fábricas sin ninguna consigna de la CNT para hacerlo, sino que afirmo que eran los órganos de poder obrero que ninguna vanguardia, ni la CNT ni el POUM, se propuso coordinar, extender y fortalecer. No entiendo pues las recriminaciones de Octavio, porque en el artículo se explica claramente que ni la CNT ni el POUM no desempeñaron el papel que hubiera correspondido a una vanguardia revolucionaria,
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#8.- Respuesta a Octavio Alberola (6)
Guillamón|21-07-2008 12:51
esto es, la consolidación de los órganos de poder, del proletariado, que ya existían, que eran esos comités revolucionarios, de barriada o locales, de control obrero, de milicias de retaguardia, de defensa… ¿Qué hicieron por el contrario el POUM y la CNT en lugar de coordinar y fortalecer esos comités? El POUM se dedicó a plantear unas demandas de aumento de salarios, disminución de horario laborales y disminución de alquileres y pago de las jornadas de huelga. El POUM se limitaba a exigir demandas sindicales menores ya superadas por un proletariado en armas que planteaba la cuestión del poder obrero. Mientras tanto, la CNT en una encrucijada histórica entre la vía revolucionaria y la reformista optaba por la colaboración con el resto de fuerzas antifascistas, incluidos los partidos burgueses y el gobierno de la Generalidad. Setena años de prédica antiestatal para meterse a fortalecer el Estado capitalista en el momento en que podía plantear su sustitución por un poder obrero: el que ya detentaban los comités en calles, fábricas y talleres, y que bastaba con coordinar y fortalecer desplazando al gobierno de la Generalidad.
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#9.- Respuesta a Octavio Alberola (y 7)
Guillamón|21-07-2008 12:55
La última quincena de julio de 1936 evidenció que ni el POUM ni la CNT eran la vanguardia revolucionaria que necesitaban los comités obreros para consolidarse, extenderse y constituir un poder obrero. ¿Por qué?. Porque las luchas obreras de los añostreinta no habían hecho surgir una auténtica vanguardia revolucionaria, con un programa revolucionario antagónico al programa de la burguesía y con el Estado capitalista, caracterizado por la dirección obrera de la guerra, la socialización de la economía, el aplastamiento de la contrarrevolución burguesa y la consolidación de un poder obrero sobre las ruinas de la destrucción del Estado. Eran las conclusiones de Los Amigos de Durruti  después de mayo de 1937: "las revoluciones son totalitarias o son derrotadas". Quizás la pregunta que debe plantearse Octavio es ésta: ¿es posible una revolución libertaria?
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#10.- Unas puntualizaciones a Alberola y a Guillamón
Miguel López Alarcón|22-07-2008 03:14
  El proletariado por sí sólo  no puede improvisar  "...una auténtica vanguardia revolucionaria, con un programa revolucionario antagónico al programa de la burguesía..." 
Un partido o una vanguardia revolucionaria, armado de una teoría  y un programa revolucionario no puede surgir espontáneamente de la clase obrera, ni se deriva automáticamente  de la lucha de clases.
La teoría revolucionaria, el materialismo dialéctico, la filosofía del marxismo, la idiología  opuesta a de  la burguesía es la que necesita el proletariado para aplastar el Estado burgués.  Fue la  ausencia  de ese  requisito imprescindible, en última instancia, lo que necesitó la  C.  O. española para mantener viva hasta el final la revolución. Trotsky  luchó por  llevar ese trabajo a través de A. Nin. 
Ésa teoría, como escribe Lenin en su libro  ¿Qué hacer?; "...sólo podía ser traída desde fuera..."
Lenin continúa:   ..."la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras". Marx, Engels, Lenin y Trotsky son un ejemplo de ello, ése fue el gran mérito de esos hombres.
Ésa conciencia socialista: "...sólo puede surgir de profundos conocimientos científicos".
     
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#11.- Las enseñanzas de la historia
Octavio Alberola|22-07-2008 11:46
Gracias Agustín por tu cordial saludo y por tu respuesta a la pregunta que formulé al final de mi comentario a tu artículo. Pero, permíteme que te diga que tu respuesta, afirmando que “SÍ” y repitiéndome lo que ya habías escrito en tu articulo, no me parece convincente. A lo sumo, lo único que prueba tu descripción es que tú estás convencido de lo que afirmas. Es decir: que la “revolución”, comenzada por “los comités que expropiaron las fábricas” fracasó porque ni la CNT ni el POUM se propusieron coordinarla, extenderla y fortalecerla. Y que, para triunfar, esta revolución habría necesitado de una “vanguardia revolucionaria”.
Comprenderás, Agustín, que el que tú lo creas y lo repitas no es suficiente para convencernos a los demás. En primer lugar porque tu descripción (sucinta) de los acontecimientos de la época es muy subjetiva y carece de perspectiva histórica (tanto en lo político como en lo social); pues en tu presentación de los hechos todo queda reducido al voluntarismo de unos (los comités obreros) para hacer la revolución y al de los que no la hicieron posible (“los dirigentes de las distintas organizaciones tradicionales del movimiento obrero, incluida la CNT y la FAI, o un POUM”). Y, en segundo lugar, porque te contradices, puesto que tú mismo afirmas que la revolución estaba condenada al fracaso al faltarle la “vanguardia revolucionaria” que el proletariado español no “había conseguido formar en los años treinta”.
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#12.- Las enseñanzas de la historia (2)
Octavio Alberola|22-07-2008 11:48
Cómo puedes afirmar, respondiendo a mi pregunta, que el proletariado español “SÍ” estaba en condiciones de intentar una verdadera revolución manumisora, después de afirmar lo que sigue : “En ausencia de una vanguardia revolucionaria, capaz de plantear el combate por el programa de la revolución proletaria, la guerra contra el enemigo fascista impuso la ideología de la unidad antifascista y el combate por el programa de la burguesía democrática." "La guerra no se planteaba como una guerra de clases, sino como una guerra antifascista entre el Estado de la burguesía fascista y el Estado de la burguesía democrática. Y esa elección entre dos opciones burguesas (la democrática y la fascista) suponía YA la derrota de la alternativa revolucionaria.”
Para ti, Agustín, sin “vanguardia revolucionaria”, la revolución está condenada al fracaso, y por ello haces tuyas las conclusiones de Los Amigos de Durruti después de mayo de 1937: "las revoluciones son totalitarias o son derrotadas". De ahí que NO consideres necesario saber si el proletariado español estaba en condiciones de intentar una verdadera revolución manumisora, puesto que para ti la pregunta válida es esta: “¿es posible una revolución libertaria?” Con lo que nos estás diciendo que sólo es posible una revolución no libertaria. En otras palabras: una revolución sin libertad. Y en ese caso, ¿qué clase de revolución es ésa?
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#13.- Las enseñanzas de la histria (3)
Octavio Alberola|22-07-2008 11:50
Reconócelo Agustín, tú crees que la única revolución posible debe ser totalitaria (sin libertad) y confías en que después nos conduzca a la libertad. Siendo la condición, tanto del éxito como del resultado, el que esté dirigida por una vanguardia revolucionaria. Pero olvidas lo que la historia nos ha enseñado: que todas las revoluciones totalitarias triunfantes NO han conducido a la libertad y han acabado reinstalando el capitalismo (la explotación). Y no me digas que ha sido así porque no estaban dirigidas por VERDADERAS vanguardias revolucionarias, pues todas ellas estaban dirigidas por partidos que se pretendían la “verdadera vanguardia revolucionaria del pueblo”. O es que sólo la tuya es VERDADERA.
Todas las experiencias vividas por la humanidad, desde por lo menos la Revolución francesa, han probado que el fin de la explotación y la dominación (la revolución) no es sólo un asunto que los explotados y los dominados deben resolver por ellos mismos sino un proceso de formación de la conciencia social no autoritaria de los explotados y dominados en la confrontación contra los que les explotan y dominan. Una confrontación que se proseguirá mientras haya explotación y dominación, y en la que sus participantes (nosotros también) reaccionan en función de los contextos (políticos, sociales y culturales) de la época. Por eso te sugiero, fraternalmente, que intentes situarte en aquella época y te preguntes: ¿qué habría hecho yo en tales circunstancias?
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#14.- Puntualización a López Alarcón
Octavio Alberola|22-07-2008 11:52
Yo no creo ni en Dioses ni en Profetas y por ello no tengo ninguna Biblia para guiar mi conducta. Apañados estaríamos si nuestra liberación dependiera de ellos.
Lo que me ha enseñado el conocimiento científico es a pensar por mi mismo y a buscar yo la solución a los problemas.
Allá tú si sólo puedes guiarte por lo que dijeron Marx, Engels, Lenín y Trotsky, si crees religiosamente en sus palabras. Pero no olvides que el conocimiento científico no es una verdad revelada, que se ha ido haciendo progresivamente y metiendo en causa lo que se daba por conocido, corrigiendo las que ayer se creían verdades y que hoy han dejado de serlo.
El conocimiento científico no está establecido para siempre, es un conocimiento que avanza gracias a la reflexión crítica y por ello no es propiedad de nadie. Apañados estaríamos si sólo hubiese una clase que sabe.
Allá tú si la verdad y tu liberación sólo pueden venir de lo que pensaron Marx, Engels, Lenín y Trotsky. Pero no olvides que, con la misma fe y reconocimiento que tú sólo has puesto esos cuatro, hay otros que a esa lista agregan Stalin y quitan Trotsky.
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#15.- Respuesta de Guillamón a López Alarcón (1)
Guillamón|22-07-2008 13:01
Marx cuando hablaba del partido, lo consideraba de este modo: “Esta organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político”. Léase el Manifiesto. 
Rechazo la concepción leninista del partido. El proletariado no necesita ninguna conciencia de clase que los intelectuales tienen que importarle desde fuera. Ahí está la raíz del estalinismo.  La concepción leninista del partido no es marxista.
No comparto esa visión voluntarista del partido o de la vanguardia, ajeno a la realidad de la lucha de clases, que nace como Atenea, adulta y totalmente armada, dispuesta a dirigir un proletariado al que hay que introducir desde fuera la conciencia de clase, porque, según los leninistas, es incapaz de hacerlo por sus propios medios en el desarrollo de la lucha de clases. Léase a Rosa Luxemburg, que mantuvo un intenso y esclarecedor debate contra Lenin sobre el concepto de vanguardia: La revolución rusa y Huelga de masas, partido y sindicatos. 
Una crítica precisa, coherente y demoledora del concepto leninista (y burgués) del partido o de la vanguardia, realizada además desde el propio campo marxista, se encuentra en Gorter, Pannekoek, Ruhle  y sobre todo en la experiencia, la lucha y la historia de la Izquierda alemana. Todos esos textos están ahora traducida al castellano, y se pueden consultar gratuitamente en la web de Ediciones Espartaco:
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#16.- Respuesta de Guillamón a López Alarcón (2)
Guillamón|22-07-2008 13:19
El marxismo no es una verdad revelada a Marx-Engels-Lenin-Trotsky o Stalin y/o Mao. El materialismo histórico es (o lo intenta) la teorización de las experiencias históricas del proletariado. Las obras de Marx no son la Biblia. Sin teoría no hay revolución, pero esa teoría para ser válida ha de analizar la actual  realidad social, las relaciones de fuerza existentes  y la presente fase del capitalismo. Y eso es imposible desde unos textos decimonónicos. Tampoco lo es sin el método analítico que Marx, entre otros,  elaboró y nos legó.
La vanguardia, necesaria por la desigual formación y combatividad de la clase obrera, nace del seno del proletariado, como apropiación de las enseñanzas de la lucha de clases, del pasado y del presente, del método de análisis marxista y de su habilidad para analizar la actual sociedad.
Son muchas las ocasiones en que los  anarquistas han criticado, con toda la razón del mundo,  a gente que se autodenominaba marxista, y que eran en realidad la macabra  encarnación de aberraciones totalitarias: ¿quién si no denunció Kronstand y las primeras manifestaciones del estalinismo?
El método marxista: sí; pero cuando hablamos de marxistas: ¿de qué marxistas hablamos?
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#17.- Segunda respuesta de Guillamón a Octavio (1)
Guillamón|22-07-2008 13:44
Estimado Octavio, en mis trabajos históricos nunca expongo (o por lo menos así lo intento) lo que pienso yo, sino lo que sucedió y lo que pensaban determinados sectores sociales, grupos o individuos sobre lo sucedido.
Por ejemplo, cuando digo que “las revoluciones son totalitarias o son derrotadas” es porque Balius lo dijo, como importante conquista teórica y como resumen de sus reflexiones sobre las causas de la pérdida de la guerra y de la revolución. Hay escribidores que ocultan esa frase, y su importancia en el análisis teórico de Los Amigos de Durruti, porque eso no conviene al héroe libertario que quieren hacer de Balius.
Por esa misma razón jamás haré lo que tú me sugieres, fraternalmente: “que intentes situarte en aquella época y te preguntes: ¿qué habría hecho yo en tales circunstancias?”
Tu sugerencia es una ucronía sin sentido, impropia para cualquier historiador e inadecuada, a mi parecer, para todo militante. Lo importante no es mi o tu subjetividad, sino el análisis objetivo de las experiencias históricas del proletariado para aprender de sus errores. Lo importante es TEORIZAR LAS EXPERIENCIAS DE LA LUCHA DE CLASES. Y sólo conozco un militante que vivió de cerca la experiencia revolucionaria española que intentó esa teorización: el militante de la izquierda del POUM Josep Rebull, muy crítico con la táctica política del CE del POUM y con Nin, y por lo tanto, absolutamente marginado del partido. (Seguirá).Valoración: 0
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#18.- Segunda respuesta de Guillamón a Octavio (2)
Guillamón|22-07-2008 15:21
El POUM y la CNT-FAI fallaron como vanguardia revolucionaria, y los comités revolucionarios, existentes en las calles y las fábricas, detentando ya todo el poder a nivel local, fueron incapaces de transformarse (por sí solos) en consejos. Esa fue la principal limitación y la causa determinante de la rápida degeneración de la situación revolucionaria, existente en julio de 1936, que posibilitó la fulminante recuperación del aparato estatal burgués.
Hay que distinguir pues, como hizo Josep Rebull (izquierda del POUM) en la primavera de 1937, con precisión, rigory claridad entre comités, consejos obreros y sindicatos. Eran órganos obreros distintos con funciones diferentes.
Los sindicatos en una etapa revolucionaria serían los organismos económicos de control de la producción y de la distribución, es decir, órganos técnicos y administrativos. Pero no podían ser, ni cumplir, funciones de representatividad política o de organismos de poder obrero. Los Consejos son precisamente esos órganos de poder obrero que, a causa de su elección democrática en asambleas, son independientes de las burocracias sindicales y de los partidos. El fortalecimiento de los consejos supone que asumen funciones de dirección en cada localidad, acelerando la descomposición del sistema capitalista. Son, por lo tanto, antagónicos con el Estado capitalista, y su defensa es inconciliable con los partidos que participan en los gobiernos de la burguesía.
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#19.- Segunda respuesta de Guillamón a Octavio (3)
Guillamón|22-07-2008 15:25
La toma del poder pasaba por la lucha armada de la clase obrera, hasta la destrucción del Estado capitalista, reemplazado por un gobierno de los Consejos Obreros.
La función de una vanguardia revolucionaria no es la de sustituir a la clase obrera en aquellas funciones que sólo a ella le atañen: toma del poder, ejercicio de la dictadura del proletariado (para aplastar las intentonas contrarrevolucionarias de la burguesía), control de la economía y de las milicias, dirección de la guerra, centralización del poder obrero y unidad de clase, etcétera. La función de esa organización, en una situación revolucionaria, es necesariamente la de impulsar la creación de los órganos de poder de la clase obrera, para que puedan ejercer sus funciones de poder obrero, y llegar así a establecer una dictadura del proletariado, incompatible con el Estado capitalista, y por lo tanto sin colaboración política alguna con la burguesía.   
El proceso revolucionario español es el paradigma que nos demuestra la necesidad (y funciones) de una vanguardia, que en 1936 hubiera tenido como objetivo conseguir que esos comités pudieran coordinarse y constituir un poder obrero, que de otro modo, todas las organizaciones burguesas y obreras, todas, incluidas el POUM y la CNT-FAI, iban a intentar minimizar y destruir. ¿Por qué?:   
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#20.- Segunda respuesta de Guillamón a Octavio (y 4)
Guillamón|22-07-2008 15:29
. ¿Por qué?: porque en aras de ganar a toda cistala guerra a los fascistas, se habían sometido al programa de unidad antifascista, renunciando al propio programa, y sometiéndose al programa de la burguesía democrática: gobierno fuerte, unidad sagrada de clases, militarización de las milicias, del trabajo, de la economíay de la vida social… etcétera. 
No sustituyamos ahora al dios Lenin por el dios Libertad. Libertad es sólo una palabra. A veces sólo tiene libertad quien está en la cárcel. Qué libertad tienen los que se mueren de hambre. Qué libertad tienen, en los barrios degradados, las víctimas de la guerra entre policía y narcos. Qué libertad tiene un parado y su familia. Pocas cosas hay más totalitarias que una revolución. El 19 de julio de 1936 la CNT derrotó a los militares en la calle autoritariamente, arrebatándoles autoritariamente las armas, y el proletariado armado expropió autoritariamente fábricas, cuarteles e iglesias.
No creo, Octavio, que defiendas una revolución proletaria pedida por caridad, en nombre de la libertad. No veo a un patrón cediendo por caridad y libremente su fábrica a sus obreros, ni un cura su iglesia, ni un coronel su cuartel.
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#21.- Respuesta a Alberola (1)
Miguel López Alarcón|23-07-2008 01:44
Efectivamente, Alberola, no hay nada más acientífico que tomar  dogmáticamente como referencia a Dioses, Profetas, Bíblias o rendir culto a la Personalidad.
Estoy absolutamente de acuerdo con vd. que: "El conocimiento científico no está establecido para siempre, es conocimiento que avanza gracias a la reflexión crítica..."
Desde ese punto de vista  progresista, la ciencia es patrimonio de TODA la humanidad.
En ningún momento he escrito en mis comentarios que: "sólo existe una clase que sabe"
Lo que sí se deriva es que las capas explotadas, desde la división en clases de la sociedad, y la C. O. en la sociedad burguesa, debido a su rol social, nunca han estado en condiciones de elaborar teorías científicas.
Cuando se trata de contemplar, pensar en la sociedad humana como un todo, la  perspectiva  individual de dar solución a los problemas no basta, no es suficiente. A pesar que la sociedad se compone de individuos.
                                                                                                                                                            (Continúa)
 
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#22.- Respuesta a Alberola (y 2)
Miguel López Alarcón|23-07-2008 02:08
A pesar que la sociedad se compone de individuos.
En política y en filosofía, como las disciplinas más importantes de las ciencias sociales, hasta la fecha, las personas que  han  realizado las últimas y más importantes aportaciones han sido, Engels, Marx, Lenin y trotsky.
No estoy de acuerdo con vd., Alberola, cuando "mete en el mismo saco" a las personas que incluimos a Trotsky, con aquéllas que quitan a éste para agregar a Stalin.
Políticamente hablando, Stalin, a pesar que surge del movimiento obrero, debido a su degeneración, no tiene nada que ver con el comunismo, ni hizo alguna aportación en positivo al marxismo genuino. Es el gran maestro de falsificación y de la desorganización del movimiento obrero internacional.
Si con alguien se le debe comparar es con Hitler, no con los clásicos del marxismo. 
                                                                                                                              Saludos   
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#23.- Respuesta a Guillamón (1)
Miguel López Alarcón|23-07-2008 09:58
Guillamón, Lenin en ningún momento, en ninguna de sus obras dice que al proletariado se le debe de "importar la conciencia de clase desde fuera", quien diga eso está  ridiculizando el marxismo y  a la clase obrera.
Lo que sí dice, y yo defiendo, y a pesar de que  obviamente el partido o la vanguardia revolucionaria surge del seno del proletariado, que la teoría,  la conciencia socialista,  como una teoría  del conocimiento del científico del mundo le viene "dada" desde fuera. En el sentido de que es a través de los  elementos de la clase burguesa o media, que renuncian a sus comodidades burguesas para pasarse a las filas de la clase obrera, en contanto directo con ésta, y sólo de esta forma,  desarroyan tal teoría  y construyen, a través de los elementos más avanzados  del proletariado,  esa vanguardia revolucionaria.
La conciencia de clase no es igual a una ideología independiente,  a una teoría  ELABORADA. La conciencia de la C.O. es espontánea y como tal todavía está "sujeta" a la ideología burguesa.
                                                                                                                                        (Continúa)
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#24.- Respuesta a Guillamón (2)
Miguel López Alarcón|23-07-2008 10:48
...y como tal todavía está sujeta a la ideología burguesa.
Esa es la contradicción que se encuentra envuelta la C.O. Si bien es capaz de enfrentarse audazmente y poner en jaque el poder burgués (como lo hizo desde el 19 de julio de 1936 a mayo del 37) ésta sigue atrapada, en última instancia, a la ideología burguesa.
Lo que necesita el proletariado es una ideología ELABORADA para hacer frente a la ideología de la burguesía. Efectivamente, "Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario".
Por otro lado, Guillamón, si bien aprueba vd. (un servidor también)  la dictadura del proletariado, por lo que le he leído, no aprueba la concepción leninista del partido.  ¿Por qué?.
Supongo que cuando vd. se refiere a la vanguardia revolucionaria del proletariado se está refiriendo a  un partido y a una forma concreta de funcionamiento.
¿Está vd. de acuerdo que ese funcionamiento debe estar sujeto a una disciplina,  basada en el centralismo democrático?.
                                                                                                                                              (Continúa) 
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#25.- Respuesta a Guillamón (3)
Miguel López Alarcón|23-07-2008 11:38
...sujeto a una disciplina basado en el centralismo democrático?. No entendido desde el estereotipo estalinista "desde arriba abajo" y punto, sino basado en la discusión interna que va desde arriba abajo y viceversa y el acatamiento  por TODO el partido de las decisiones adoptadas mayoritariamente.
Cuando hablamos de marxistas, desde el punto de vista genuino, nos referimos a Marx, Engels, Lenin, Trotsky (no Stalin, no Mao, no Gramsci) y  personas no tan conocidas por todo el mundo, como el finado soviético E. V.Iliénkov y el británico Gerry Healy.  Seguro  que existen otras.
Por otro lado, Guillamón, vd. sabe muy bien que la grandeza del método marxista estriba en el análisis contínuo de la reliadad a partir de lo nuevo.
Así como en las ciencias naturales y empíricas se mantienen en la actualidad  los principios    básicos de los descubrimientos originales  desde hace  más de 2500 y cientos de  años,  a saber, por ejemplo, el  teorema de Pitágoras, el principio de Arquímedes, la teoría de  Newton, etc, etc.
                                                                                                                                  (Continúa)
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