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De capitales y vampiros

En medio de la crisis financiera, hay reacciones que nos recuerdan “el complejo de Noé”. Una de ellas es la que decreta, ni más ni menos, que la muerte de las ideas implementadas por el neoliberalismo
Flávio Aguiar en Carta Maior | Para Kaos en la Red | 14-10-2008 | 182 lecturas
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“Lo importante no es vencer, sino salir ganando”.

Corruptela de un conocido refrán popular.

Lo peor que le puede suceder a un pensador es aferrarse al “complejo de Noé”. Qué es el “complexo de Noé”? En algún momento de su viaje en medio del diluvio, Noé debe haberse acostado, sumergido en el hedor de las bestias y de los excrementos, pero con un pensamiento reconfortante: “yo tenía razón”. Después, es bueno recordar el cuento bíblico por entero, al salir del arca Noé asó a todos los animales del arca (la primera churrasqueada de la que se tiene noticia, cuyo olor agradó a Jehová) y enseguida se emborrachó.

En medio de la devastación provocada por la crisis financiera, vemos algunas reacciones que nos recuerdan “el complejo de Noé”. La más complicada de ellas es la que decreta, ni más ni menos, que la muerte de las ideas implementadas por el neoliberalismo- como las de Friedrich von Hayek y de la Escuela Austríaca de Economía, corriente de la que fue fundador y tributario, o las del Consenso de Washington, o las de la Escuela de Chicago y Milton Friedman- están muertas y sepultadas en algún sarcófago de la historia, después del advenimiento de la crisis. Y que a partir de ahí, el mundo retornará a un keynesianismo reforzado, o a visiones mas osadas, como las de Harold Laski.

Disculpen los creyentes, pero eso es como creer que en el último film de vampiros, el Conde Drácula murió de verdad y nunca mas volverá a las pantallas. El problema de esas teorías no está, en primero y en último lugar, en ellas mismas, sino en la voluntad política que las abrazó y las catapultó para el centro de la discusión e implementación de praxis desestructuradoras del estado de bienestar social, así como la primera y la última virtud de las ideas de Keynes no estaba propiamente en sus ideas, sino en el hecho de que él tuvo la oportunidad de ponerlas en práctica y después de verlas, en parte, impulsar el New Deal de Roosevelt.

Claro que la formulación de las ideas, su rigor, su claridad, tiene méritos en sí y por sí. Si no fuera así, El Capital de Marx y sus ideasno tendrían la influencia y la importancia que tuvieron, tienen y tendrán. No se puede separar por entero, en esos casos, la implementación de las ideas de Hayek y otros de ellas mismas, ni del contexto y el modo en que fueron formuladas. Aún así, dudo, por ejemplo, que Hayek las reconociese por entero en la acción de la dama de hierro de Gran Bretaña, aunque ella cargase sus libros en la cartera como los predicadores llevan la Biblia. De la misma forma John Williamson, que acuñó el término “Consenso de Washington”, renegaría mas tarde de mucho de lo que se hizo en su nombre.

En algún momento de El Capital, Marx dice que este es como un vampiro, que chupa la sangre del trabajo vivo para fortalecerse, o algo así, dicho con más estilo y gracia. Esto también sucede en el plano de las ideas. Lo más probable es que mucho se debata sobre regulación, disciplina en los mercados, etc. Pero si no hubo una modificación en las grandes hegemonías políticas que están sueltas por el viejo mundo, las viejas ideas volverán renovadas, ya sea bajo pieles de cordero o de lobos, pero siempre relucientes y seductoras, a predicar que el individualismo y la libertad de mercado no son apenas parte de la civilización, sino su núcleo o su nervio, y también su arca de Noé, donde los aptos se salvarán, y los menos aptos, o bien se ahogarán o como máximo quedarán aislados en la miseria.

Siempre habrá nuevos departamentos académicos, nuevos centros de pensamiento conservador, como la Hayek Society en la London School los Economics, o la Mont Pelerin Society, o Institute los Economic Affairs, el Institute Ludwig von Mises, para darles nuevos ropajes y nueva vida, sin hablar de los numerosos “formadores de opinión” dispersos pero unidos por los medios de comunicación y losincontables tecno-burócratas formados en las ideas del liberalismo extendido que se apoderó del pensamiento universal desde la caída del muro de Berlín.

En 1843, cuando fue la fundación del prestigioso (y con razón) The Economist, en Gran Bretaña, decía el ideario de este periódico que iba a luchar en favor de la “defensa del libre comercio, del internacionalismo y de la mínima interferencia del gobierno, especialmente en los negocios de mercado”. Eso, por lo tanto, viene de larga data. El período dominado por las ideas como las de Keynes fue casi una excepción, no la regla.

Claro que los Estados nacionales siempre interfirieron en la vida económica y en muchas ocasiones constituyeron su campo. Pero... ¿Que “regulación” había en el tiempo de las grandes navegaciones, que no fuese la de las armadas y de los cañoñes? ¿Que otra lógica predominó a lo largo de los siglos, que no fuese la de Tordesillas, o de la división del mundo entre los poderosos y entre los poderosos intereses en juego? Hubo si, tentativas de regulación, de la cual la mas amplia probablemente fue la basada en ideas como las de Keynes, pero el contexto inmediato era completamente diferente al de hoy, con una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial y el capitalismo amenazado por el comunismo floreciente y efervescente de ese entonces.

El sistema capitalista (no solo la organización económica, sino la organización de ideas y de prácticas políticas también) probó tener una vitalidad espantosa. No solo sobrevivió a sus propias crisis, sino que también derritió (mas que derrotó) y tragó al feudalismo, devastó y reorganizó la vida y la historia en cuatro continentes conquistados, y después si, derrotó la alternativa comunista en el siglo XX. Puede clasificarse esa alternativa comunista como se quiera: real, falsa, farsa, capitalismo de Estado, etc. Ella perdió, y el capitalismo triunfó. Y dentro del capitalismo, eso equivalió al triunfo de un cierto capitalismo, este que está ahí, desregulado y desregulador, demoledor y reconstructor, sin reglas pero riguroso en las penalidades a los incautos, viejos, desvalidos, débiles, los que frente a él, vieron los etcéteras de la historia.

Y hay mucha gente, un ejército, que lucra con esta crisis, con sus raíces y prolongaciones. Esto es algo de lo que no se habla mucho. Es cierto que perdió el endeudado comprador de una casa que se desvalorizó y deudor de una hipoteca que no puede pagar. Es cierto que el pequeño o medio inversor que confió sus reservas a una institución financiera para multiplicarlas rápidamente está viendo como esos ahorros se evaporan en la ronda global. La empresa que se endeudó con la compra de insumos o captación de crédito en dólares también sale perdiendo, junto con sus trabajadores y accionistas.

Al mismo tiempo es cierto que quien primero tomó la hipoteca del comprador y después revendió su título cuando este todavía estaba valorizado, salió ganando. Es cierto que el inversor de las bolsas líderes del mundo que retoma sus capitales invertidos en las bolsas del tercer mundo, está repartiendo o compensando sus pérdidas. Y repartir o compensar pérdidas en detrimento de otros también es una forma de salir ganando. Las instituciones que compran las carteras de otras que quedaron insolventes también salen ganando, pues además de adquirir el control sobre una franja mayor del mercado de capitales y sus interconexiones, eliminando en parte la competencia, reciben insumos de dinero público y garantías de gobiernos para proceder de esa manera. Quien realiza la intermediación de todas esas operaciones también sale ganando de cierta forma.

Eso es, mas o menos, lo que quiere decir la expresión “el capital saldrá mas concentrado (y, por lo tanto, con mas vigor) de esta crisis financiera”. Si alguien pierde, alguien sale ganando: tal vez por eso mismo el capitalismo sea tan difícil de combatir, como el vampiro de las películas. Sin salir del lugar, pero desplazando a todo y a todos, él crea el fetiche del movimiento, del cambio, y de la posibilidad, secretamente alimentada, de que en la próxima vuelta de tornillo (parafraseando a Henry James) seamos nosotros los que ganemos y otros los que pierdan..

Por lo tanto, compañeras y compañeros, la lucha continúa. La batalla ideológica prosigue, y ahora en un terreno que lejos de ser más fácil es más difícil. Las épocas de crisis acostumbran a sembrar termitas en el campo de las ideas: montículos pequeños, de corto alcance, pero empedernidos, con la fuerza defensiva de los peores prejuicios.

   

Flávio Aguiar es editor  jefe de Carta Maior.

 

Traducción Insurrectasypunto
Texto original en portugués: www.cartamaior.com.br

http://www.insurrectasypunto.org
 
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