Buscar  

Cuestión comunista. 2. sobre la efervescencia editorial en los años sesenta.

En la mitad de los 60, diversos factores permitieron el resurgir del libro de izquierdas, y con éste, un debate sobre el “comunismo” entre las nuevas generaciones que relevaban la resistencia
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 22-8-2008 | 954 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/cuestion-comunista-2-sobre-efervescencia-editorial-anos-sesenta

A mi santa abuela, toda ella temor a la maldad y a lo desconocido, le daba un “patatús” cada vez que me veía llegar a casa con libros en los que detectaba palabras “malditas” como izquierda, República, socialismo, revolución, comunismo…De otra manera reaccionó el cocinero del cuartel de Sanidad en 1972, cuando se percató de lo mismo, y no aceptó de buen grado que eran “cosas de historia”. No sé sí antes o después, el capitán que encontró un librito legal de Max Nettlau, amenazó severamente a un amigo palentino al que yo se lo había prestado. Pero lo cierto es que estas cosasya se encontraban en las librerías y en los kioscos en todas partes, sin exceptuar los de Ceuta, una ciudad militarmente ocupada por el ejército.

Esos significaban cosas como las que se podían traslucir de este par de anécdotas vividas. Un día, mientras comíamos en un bar, un tipo que olía a alto mando, echó a gritos a un moro. No quería ver moros allí. Cuando nosotros nos levantamos en evidente reflejo de rechazo, nos conminó a permanecer en nuestro sitio sino queríamos que nos tomara los nombres…En otra ocasión, después de estar mucho tiempo mosqueado por una habitación que permanecía cerrada “desde siempre”, conseguí encontrar unas llaves que funcionaron. Después de abrir una puerta enorme y de hacer lo mismo con las ventanas, descubrí que varias capas de polvo se amontaban varias pilas de libros. No tuve que indagar mucho para percibir que se trataba de las requisas efectuadas en centros, ateneos y sindicatos obreros. Así nos lo confirmó un taxista que “cazó”la discusión del grupo de amigotes en el curso de un viaje. Allí estaban Voltaire, Rousseau, Marx, varios volúmenes grandes y hermosos, magníficamente ilustrados, de El hombre y la tierra, de Eliseo Reclús en traducción de Odón del Buen, y tantos otros, muchos de los cuales hacían tiempo que lucían en las estanterías de mi casa.

Así pues, los libros que habían quemado y requisado, pro los que habían fusilado o torturado a tanta gente, volvía a estar a la alcance de la gente en ediciones de bolsillo, pro las buenas o aprovechando ingeniosamente cualquier resquicio legal, superando todas las trampas y arbitrariedades de la censura, cuando no de la policía.Los nombres de estas editoriales son los que siguen apareciendo en el listado de los títulos catalogados de cualquier estudio, por supuesto, también de la revolución rusa, el hecho central del siglo XX y que todavía señalaba una demarcación histórica entre socialismo o barbarie.

Un tema que fue “central” en un torrente de publicaciones en la que se incluían toda clase de revistas, en especial Triunfo, que llegó a ser moneda corriente también en el cuartel. Fue una época que coincidió con la expansión del libro de bolsillo, amén con un afán reivindicativo que se expresó en una extraordinaria participación democrática, factores decisivos no solamente para la conquista de las libertades, sino también para el logro de una suma de derechos salariales y en las condiciones de vida de los trabajadores, algo que, como ha escrito muy bien Eduardo Galeano, parece actualmente algo para el estudio de los arqueólogos... Al calor de estas inquietudes se creó un hábito que acabó llenando las casas de los resistentes de una vastísima documentación en la que entraban todas las grandes aportaciones de la contracultura, desde las revisiones críticas de la historia social hasta el último debate antropológico o sobre la antipsiquiatría, una riqueza y pluralidad que son representativas del aliento emancipador que animaba las nuevas generaciones en contraste con el desierto existente en la inmediata postguerra, en la que las personas cultas e inquietas formaban parte de una minoría muy exigua, y la medida de Octubre lo daban las películas sobre el “terror rojo”, películas que, por lo general, eran pasto fácil de la ironía.

Para nosotros, Octubre de 1917 era claramente una revolución que había sacado casi un continente del abismo social y lo había situado al compás de la primera potencia mundial, USA, surgida además de otra revolución (y no precisamente menos radical para su tiempo). Los que estaban en su contra eran, claro está, los de siempre.Los que no se cuestionaban la esclavitud social, pero que consideraban insoportable el destino de condes y generales, muchos de los cuales habían acabado de porteros o de limpiabotas en el exilio. Un destino tan horrible que quitaba el sueño de Carmen Polo de Franco, hasta que el pirata Juan March garantizó a la siniestra pareja una cuenta abierta en Suiza como garantía en el caso de que España no pudiera ser “salvada” del comunismo. Pero esto era lo más elemental, y en la realidad, el cerco internacional que ser cernió sobre la joven revolución, y cuya aniquilación por una intervención armada no fue descartada hasta finales de los años treinta. Este fue de hecho un sueño que la derecha internacional compartió plenamente con el nazismo, únicamente modificó su parecer cuando quedó claro que las tropas de Hitler no se limitaban exclusivamente a marchar sobre Moscú, sino quería disputar sus territorios a las grandes potencias.

La victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial convenció, incluso a muchos socialista, liberales, sin olvidar anarquistas (sé de más de uno que se hizo “comunista”) y poumistas, que, a pesar de todo la URSS iba por el buen camino, o sea estaban creando las condiciones para que la clase trabajadora organizada acabara con aquella miserable burocracia de cargos, carguetes y carguitos. Ayer como hoy, no es lo más habitual cuestionar a vencedor, que en el caso, lo había sido –sobre la base de sacrificios inenarrables- de las potencias fascistas, con la URSS al frente, pero con los partidos comunistas dando la talla desde las resistencias, sobre todo por abajo.En el ánimo de los derrotados –una categoría en la que se podía incluir obviamente a la gente trabajadora a las que las circunstancias les obligó a hacer la guerra con Franco--, no podían subsistir dudas que, al menos, en la Rusia soviética se mantenía aquella revolución que conmovió socialmente en el “bienio bolchevista” entre 1917 y 1923 como nos cuentan testimonios de la época como el de Díaz del Moral, en sus imprescindible Historia de las agitaciones campesinas en Andalucía (Alianza, 1965), una lectura que todavía resulta inexcusable.

Los críticos no podían ser por menos que una exigua minoría, ya que la cuestión no estaba para matices, ni para ir mucho más allá, por lo que la cuestión no se planteaba porque podía ser suspecta de “hacer el juego” a “esta gente”. De entonces nos queda un chiste que según dicen que le costó a Gila la cárcel. Salía éste en el escenario simulando un trabajador que enseñaba una chaqueta de pobre pero recién lavaba.Y después de enseñarla insistentemente al público,decía: “Vean esta chaqueta. Es una chaqueta de pobre. ¡Pero sta-lin-pita¡”. A lo mejor no fue verdad, pero hacía mucha gracia cuando se explicaba, y venía como al pego. Ninguna persona a la izquierda,tenía la menor conmiseración de los restos del naufragio de la autarquía zarista, ni tampoco del gobierno provisional que no ha tenido valedores reconocidos hasta muy reciente. Una crítica a la política “del partido” en una enorme asamblea campestre en 1976 me valió la recomendación que hiciera oposiciones a la Benemérita.

Luego llegó la década de Jruschev. Tomando como pretexto la crisis húngara de 1956 se produjeron más películas con comisarios rusos despiadados, y mártires de la fe (o la libertad), pero esto ni se creyó, ni tampoco era exactamente la verdad. Por otro lado, el mismo año tuvo lugar lo de Suez, y poco después, el horror sin límites tenía un título: agresión norteamericana al pueblo del Vietnam. Antes se puede hablar de un paréntesis optimista entre la “progresía”, fue cuando destacó el talante a la vez bonachón y enérgico de Jruschev, el único líder de la URSS con “rostro humano coincidente con el júbilo de la revolución cubana, amén del reformismo tanto la administración Kennedy como el pontificado de Juan XXIII). Fue por entonces cuando el campo editorial comenzó a abrirse y por ejemplo,El Don apacible, la obra más célebre del flamante Nobel, Mijhail Sholojov, se vendió en una edición de bolsillo de Reno (Plaza&Janés, Barcelona, 1966).

Este título fue el principio de una primera avalancha de títulos relacionados con la historia de la Rusia soviética con una base documental y argumental que sobrepasaban las meras contribuciones de la “guerra fría” como dadas a conocer por editoriales adictas al régimen como la del falangista Luis de Caralt, porque, aquí hay otra cosa que contar: algunos habíamos aprendido a distinguir en un libro reaccionario lo que más nos interesaba. El amigo Juan Montero alias Johnny, sindicalista de Miniwatt, me contaba que él había aprendido marxismo leyendo una biografía conservadora de Marx, la de Robert Payne, por el mismo método: separando la paja del trigo.

Es también en esta fase cuando editoriales de oposición –como la catalana Edició de Materials que lo hacía tanto en catalán como en castellano-- publican denuncias serias y documentadas contra el estalinismo, estableciendo por la tanto una ruptura con ciertas cláusulas no escritas que durante nuestra guerra tuvieron su apogeo con el gobierno de Juan Negrín, y que durante la IIª Guerra Mundial se dieron entre las potencias aliadas y la URSS. El “bloquismo” o "campismo", o sea.

--entre el presunto “mundo libre” con todas sus secuelas racistas y antiobreras en los Estados Unidos, sus guerras como la del Vietnam, amén de su contestación en los países oprimidos, un “mundo libre” que daba apoyo al franquismo;

---los países mal llamados socialistas que habían vencido al fascismo, que se ampliaría a finales de los años cuarenta con las revoluciones (de verdad) de China y Yugoslavia –una disidencia que entonces ya no molestaba ni a la URSS ni a los EEUU-, después nos llegó la revolución cubana, tan viva, tan nuestra, tan calurosa, y después la guerra del Vietnam, y lo demás, con sus partidos comunistas, tan importantes en países como Italia, y toda la “contracultura” que segregaban en todos los ámbitos. 

En medio de este dilema no parecía posible la existencia de una vía que fuera más allá, aunque la cuestión estaba cuanto menos planteada, y de ello daría fe las consignas primordiales de los mayos del mundo, en los que, no obstante, seguían teniendo un peso en los fundamentos los partidos tradicionales, los comunistas como más combativos y militantes, amén de la perturbación maoísta, que por una parte criticaba el conformismo de dichos partidos, pero al mismo tiempo idealizaban una dictadura burocrática y retomaban no pocos aspectos del estalinismo, del que por lo demás reivindicaban la historia aparte de algún que otro “error” entre los que ni tan siquiera se contaban los “procesos de Moscú”. Con todo, en los debates que se iban desarrollando por universidades, barrios, pueblos y fábricas, en referencias a la experiencia soviética, la presencia de una creciente corriente crítica se fue haciendo cada más evidente. Y de hecho, donde está corriente resultaba más abierta y beligerante era justamente en el mundo editorial.

De esta manera, al “bloquismo” primordial fue cediendo paso a posiciones más avanzadas, aunque siempre existió una renuencia a abrir un doble frente. Para mucha gente que ya le costaba lo suyo superar las dificultades de una actividad contra un régimen sórdido y cruel, no le apetecía abrir la puerta a discusiones y obras que le hablaban que en la URSS o en China hacía falta una nueva revolución, y que era necesario cuestionarse los métodos burocráticos en sus propios partidos o entidades afines.

. Que yo sepa no hay nada escrito (exceptuando quizás el caso del Ruedo Ibérico, fundamental en la recuperación de la historia republicana, en el conocimiento de denuncias del franquismo, y en la reedición de clásicos como Trotsky) sobre el “calvario” de estas editoriales que, también es verdad temían cosas muchos peores. Puedo testimoniar de la experiencia de la barcelonesa Fontamara que tomó su nombre de la novela de Ignazio Silone, y que estuvo animada por Emilio Olcina,José Eugenio Stoute y Yolanda Marcos. En su catálogo abundaron los clásicos marxistas, y las aportaciones del pasado y del presente de la corriente “trotskista”, pero incluyó también un amplio abanico de títulos que denotan la variada inquietud, sobre todo de Olcina. En 1976 recibió una drástica visita policíaca amparada en una acusación de complicidad con el “terrorismo” que, entre otras cosas,significó el secuestro de un soberbio fondo de libros en estudio para editar, en particular de clásicos socialistas. De obras como, por citar un ejemplo, la “Historia de la literatura rusa” de Kropotkin, que el que esto escribe había reunido pacientemente de Els Encants, y del Mercado de las Pulgas de París, y que se perdieron irremisiblemente. Bastante tuvieron los detenidos con olvidarse del susto, otras simplemente desaparecieron.

Pero antes de las nuestras, habíamos podido expurgar títulos aquí y allá, incluso en Luis de Caralt, falangista pero importante editor que dio a conocer autores fascistas, liberales y conservadores de renombre. Algunos tan insignes como De Gaulle, Churchill. Amén de numerosos libros de historia, normalmente al favor de las derechas como la Historia de la guerra fría. De la Revolución de Octubre a la guerra de Corea, 1917-1950, de André Fontaine (Barcelona, 1970), todo ello junto con títulos emblemáticos del comunismo militante y democrático, algunas tan soberbios y auténticos como el Jan Valtín (La noche quedó atrás) o Víctor Serge (El “affaire” Tulaev), que trascendieron a muchos lectores de izquierdas que sabían también leer su propio diario entre líneas.

Por otro lado, no creo equivocarme al afirmar que el primer libro que desde aquí se publicó bajo el franquismo con una enfoque – de signo académico- favorablede Octubrefue una obra, La URSS., 1917-1929: de la revolución a la planificación, de José A.García Diez (Guadiana de Publicaciones, Biblioteca Universitaria de Economía,. 1969, que dirigía Ramón Tamames),que venia a ser una cuidada síntesis delos cuatro primeros volúmenes dela"Historia" de E. H. Carr (editadas desde 1966). Anotemos que García Diez fue ministro ucedeo, luego convertido en uno de los prebostesde “nuestra” Banca. Al fallecer (1998) no se mencionó ni este libro ni su militancia FLP. En 1967, con ocasión del 50aniversario, aparecieron en el mercado títulos, ¿Cuando amanecerá, tovarich?, obra bastante amena del periodista Jean Paul-Ollivier (Plaza&Janés),y la muy rigurosa Rusia en revolución, de Lionel Kolchan (Alianza, 1968),que ha servido a mucha gente. Cada vez quedaba menos lugar para el anticomunismo vulgar. Eran libros que no defraudaron las expectativas de los antifranquistas que en por aquel entonces encontraban esta clase de libros entre los que es justo destacar Los marxistas, un estudio y un compendio de Wrigth Mills (ERA, México) tan alejado des las ortodoxias. A veces solamente había que ganar confianza en una librería, y pedirle al librero que se diera una vuelta por la trastienda. En Barcelona se contaban algunas tan significadas como “Cinc d´Or”, “Porter”, “Ancora&Delfín”, “Documenta”, que tuvieron su equivalente en todas las grandes ciudades.

El caso de Edició de Materials, parece ser que, si la información no me falla, fue producto de personajes que entonces eran socialistas más o menos radiales aunque más tarde que luego serían “barones” socialistas como Narcís Serra. Esta editorial resulta bastante emblemática, primero por la originalidad que suponía sacar libros en castellano y en catalán, luego por la amplitud de sus áreas temáticas que incluían aportaciones de gran valor sobre el Tercer Mundo (Vietnam, Ben Barka, “apartheid”), también por su apuesta por la herejía representada tanto por “Hungría, 1956”, de François Fëtjo, que tuvo una repercusión nada desdeñable en una cuestión que hasta entonces únicamente habíamos podido conocer a través del prisma del régimen y de la Iglesia Católica. También publicó un Deutscher doble y exclusivamente en catalán, el Stalin. Una biografía política, y las dos primeras entregas de su trilogía sobre Trotsky, después ya no tuvieron tiempo en editar la última. Otras editoriales de signo catalanista muy comprometidas desde mediado los años sesenta con las libertades, el socialismoy el “tercermundismo”, fueron la católica Nova Terra que estuvo dirigida por Anton Canyelles, y Fontanella.

Los enfoques más prosoviéticos se encontraban entonces de “mudanzas”, ya que lahistoria oficial estalinista estaba siendo cada vez más desautorizada incluso en el propio PCE-PSUC. Servidor recuerda haber tenido en las manos algunos manuales que pudo despreciar porque ni tan siquiera eran considerado por la militancia comunista; los que leían, ya tenían otros horizontes. En 1967, Ediciones Ebro publicó un opúsculo de Dolores Ibarruri, La revolución de Octubre que vino a suplir los impresentables manuales soviéticos que habían pasado del culto a Stalin a dejar a Lenin solo en el escenario con los bolcheviques que, como Sverdlov, murió pronto; los de la nómina maldita de Stalin: o sea Zinóviev, Kámenev, Bujarin, y claro está Trotsky, aparecían con notas que carecían del menor sentido de la historia y del ridículo. El texto se ajustaba a los últimos cánones establecidos por las autoridades soviéticas y en los que la desestimación de las oposiciones a Stalin se hacían bajo el filtro de la crítica al “culto de la personalidad”, un concepto que ya estaba siendo educadamente contestado en el PCF por pensadores como Louis Althusser, y por supuesto, por toda la “nueva izquierda”. Dichos cánones aparecen también en las versiones del clásico de John Reed (Akal) que se apoyaban en las ediciones censuradas en la URSS, así como en los artículos sobre la cuestión aparecidos en la revista“Nuestra Bandera”…

Lo dejo aquí. Ya seguiré en una próxima ocasión sí es posible.

 
 
Más información:

Noticias relacionadas

La cuestión comunista: 5. ¿Bolchevismo?

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la RedEn mi opinión, se habla con mucha ligereza de palabras como “bolchevismo”, y no digamos de marxismo-leninismo. Se les utiliza como conceptos positivos y negativos sin las necesarias precisiones.
[16-9-2008] | 826 lecturas | 9 comentarios

La cuestión comunista: 4. El final es el principio

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la RedEn el siglo XX que casi nada era lo que decía ser. Hasta Hitler utilizó la palabra “socialismo”, Franco se dijo “cristiano”, y Nixon “republicano”. La palabra “comunismo” no fue una excepción
[15-9-2008] | 779 lecturas | 5 comentarios

La cuestión comunista: 3. Las palabras que conmovieron el mundo

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la RedEl tiempo está enterrando a los enterradores del “comunismo”, y sobre las grandes ideales socialistas se puede decir aquello del clásico castellano: los muertos que vos enterrasteis, bien vivo están.
[26-8-2008] | 1012 lecturas | 3 comentarios

La cuestión comunista (1)

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la RedCreo que está fuera de dudas el hecho de que una de los grandes temas del socialismo actual, sea dejar lo más claro posible lo que se ha venido a llamar “la caída del comunismo”.
[25-7-2008] | 748 lecturas | 6 comentarios

Comentarios (4)

#1.- Bastante bien

Manugorri|22-08-2008 17:19

Bastante bien hasta donde me llevan mis recuerdos, no  es mal relato y recomiendo su atenta lectura y perdono las erratas que he subsanado

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#2.- Libertad.

Komsomol|22-08-2008 19:14

Excelente hasta la parte en que “algunos anarquistas que se hicieron comunistas”. Pero si los anarquistas somos comunistas, Comunistas Libertarios. No es malo cambiar de ideología o reinventarse como dicen ahora, yo transite del comunismo de estado, más bien del estalinismo al Comunismo Libertario. Aclaro no ser dogmático, por ejemplo defiendo las Revoluciones Cubana y Bolivariana, pero en lo esencial soy anarquista. Voy a toda manifestación de izquierda y coopero con todo el que sea antifascista. Pienso que eso es un paso mas adelante, una especie de evolución en lo político social.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#3.- ¿Es el régimen soviético socialista? (1946)

Petrichencko|22-08-2008 19:53

Extractos de: André Ariat, Le régime soviétique est-il socialiste ?, in Masses. Socialisme et liberté n° 2, 15 de marzo de 1946. Traducido por Ateneo socialista.

¿Ha dejado el proletariado de existir en la U.R.S.S. en tanto que proletariado? ¿Cómo podría sostenérselo puesto que el régimen del salariado subsiste, habiendo simplemente cambiado de forma? Los trabajadores soviéticos están puestos en la obligación de vender su fuerza de trabajo, al precio que se les proponga o de desaparecer físicamente. La venden al Estado, convertido en capitalista en vez de venderla a capitalistas privados. Pero siguen vendiéndola y es el Estado el que recoge la plusvalía al mismo tiempo que dicta las condiciones en las que se efectúa el trabajo. Se dice que ese Estado es “el Estado de los trabajadores”, de forma que el proletariado se vende a sí mismo su propia fuerza de trabajo. Este subterfugio verbal no sabría ocultar la realidad. […] ¿No es un tal Estado el “Capitalista colectivo ideal” de que hablaba Engels [Friedrich Engels, Anti-Dühring (1878)]?

Así, a pesar de la expropiación de las antiguas clases poseedoras, las condiciones del decaimiento del Estado no se han encontrado realizadas en la U.R.S.S. Vemos el Estado soviético a la vez conservar las antiguas funciones del Estado capitalista y adquirir unas nuevas...

Ver artículo completo en BATAILLE SOCIALISTE

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#4.- al comentario 2º

22-08-2008 23:48

el anarquismo es una de las cuatro vertientes ideologicas, el anarquismo puede ser tanto de izquierda como de derecha ya que es en si mismo una ideologia vertice. si recuerdas el grafico ideologico, vamos el cuadrado ese que en cada esquina tiene una ideologia:

........ anarquismo ......
izquierda  ...... derecha
......... fascismo ...........

total, que hay anarquistas tanto libertarios como liberales, lo opuesto al anarquismo es el fascismo, el fascimo puede ser tanto de izquierdas como de derechas. por su parte la izquierda puede deribar hacia el anarquismo, comunismo libertario, como hacia el fascimo, nacional socialismo. por su parte la derecha tambien puede deribar en anarquismo liberal o bien en nacional catolicismo, segun tire hacia el anarquismo o acia el fascismo. bueno.

Valoración: -1    |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada
Más información en Kaos en la Red
Izquierda a debate Opinión
Col·lectiu Kaos en la Red. C/ Sant Crispí, 182 (08222). Terrassa (Barcelona)