“Estamos básicamente de acuerdo con el anteproyecto. Con sus mejoras en relación con la ley actual, e, incluso, con un más inmediato comienzo del pago por todos los trabajadores de la contribución a la Seguridad Social, pero no con la elevación obligatoria de la edad y de los años de servicios para podernos jubilar “.  Así explicaron los trabajadores de una entidad con alto nivel educacional y político a la compañera que, por la instancia municipal de un sindicato, guiaba la reunión de análisis. Por lo que se escucha en nuestras calles, en ómnibus, colas, conversaciones con familiares, amigos y otros conocidos, ha sido bastante reiterado ese planteamiento en muchos centros de trabajos. Desde en una entidad especializada en marketing hasta una instancia relacionada con la administración de justicia, pasando principalmente por centros de producción y servicios, los trabajadores, distintamente a lo único que se informa en la prensa plana y se exhibe en la TV, se han pronunciado con reticencia y hasta rechazo sobre ese aspecto del anteproyecto, pero acerca también de cuestiones relacionadas que están más allá del texto presentado.
Al culminar una reunión de los dirigentes de una importante organización, marco de pormenorizado análisis del articulado del anteproyecto, se escuchó una autorizada voz, la de un compañero de muchísimo prestigio que señaló escueta pero firmemente que los argumentos en que se fundamenta su presentación a los trabajadores no son convincentes; y que, en lo adelante, cada jefe de área tendría que hacer el análisis con sus subordinados sin suficientes argumentos.   Fue como si un chorro de agua muy fría cayera sobre los presentes. Nadie se atrevió a contradecirlo; si no todos, la mayoría coincidió con su planteamiento.
Y es que no se entiende por un gran número de trabajadores que en los momentos en que se debía estar adoptando los cambios estructurales y de contenido a que se refiriera el año pasado el General Raúl Castro, en especial lo tocante al poder adquisitivo real de los ingresos por el trabajo, así como combatiendo en sus raíces el desvío de recursos, la corrupción y, muy especialmente, los privilegios que tanto daño hacen materialmente y por contaminación, se esté empleando a fondo el andamiaje propagandístico partidista-estatal con el incondicionado apoyo de la única Central de Trabajadores con que cuenta la Nación, para extender la vida laboral de los adultos mayores de 60 y 55 años, hombres y mujeres.
Ello se comprende menos aún cuando se conoce que, del total de la denominada población económica activa o sea con condiciones para laborar, sólo lo hace formalmente un 50% y que, de los jóvenes arribantes a la edad laboral, más de la mitad rechaza expresa o tácitamente incorporarse al trabajo masivamente estatalizado, debido principalmente -como el propio presidente del país ha reconocido- a que los salarios son insuficientes.
A lo anterior se adiciona que la real ( y registrada por la Oficina nacional de Estadística de Cuba) desmotivación para el trabajo casi absolutamente estatizado y las escasas coberturas para el trabajo cuentapropista -siempre mal visto por el oficialismo, aunque se diga lo contrario- lleva anualmente por el camino del exilio (oficialmente declarado “abandono definitivo del país”, “deserción”, cuando no “traición”) a un promedio cercano a los 32 mil cubanos, las tres cuartas partes en edad laboral y más de un 12% de nivel superior.
En lo mencionado no está incluido el significativo número de personas (mayoritariamente mujeres entre los 21 y los 40 años) que han optado por la vía “del PRE” (Permiso de Residencia en el Exterior) y salen del país durante períodos relativamente largos (en un por ciento de casos, sin retorno) por cursos y contratos de trabajo, conseguidos fuera de toda intervención del Estado cubano.
Hay que considerar también que el problema de la Vivienda, la situación económica del ciudadano de “a pie” y la falta de suficientes círculos infantiles, ha conducido a una reducción en la maternidad (según parámetros concluidos internacionalmente debiera ser, al menos, de 2,12 nacimientos por mujer y sólo es de 1,43), que no compensa el número de fallecimientos. Lo cual provocara, en años inmediatos anteriores, pérdida de población en cuantías absolutas.
Por lo rápidamente señalado aquí, se estima que la mayor parte de la población analiza que, con la elevación obligatoria de la vida laboral prevista en este anteproyecto, se está atacando efectos y no causas. Siendo esencial entre éstas, el mantenido modelo caracterizado por el capitalismo monopolista de Estado, tal y como fuera definido por Lenin en su obra El Estado y la Revolución; cual no está acorde a los métodos socialistas de producción, ni garantiza sus objetivos.            
Se reconoce que el anteproyecto tiene previstas algunas mejoras en el aspecto económico de las pensiones, aunque hay quienes ven esto como “cambiar salud y vida por dinero” y, por demás, dinero con muy poco valor adquisitivo. Señalándose que las actuales condiciones de escaso transporte -pese a algún mejoramiento micro-localizado en determinadas capitales de provincias- agudísimas de falta de vivienda y sostenidamente precarias de alimentación, entre otras, no promueven que los trabajadores cubanos incrementen en cinco años su vida laboral.
Se distingue en cuanto al impacto de esas negativas condiciones el caso de las trabajadoras, sobre las que pesa un reinante aunque disminuido machismo doméstico y laboral pero fundamentalmente la carencia o escases de renglones de diversos tipos para la elaboración de la alimentación familiar, el aseo de los hogares y otras actividades domésticas, que les consumen varias horas del día, más aún cuando hay niños o adolescentes que atender.
Existen quienes apuntan que si bien es cierto que, con el aumento del promedio de vida, entre las edades de pensiones y la muerte transcurren una cantidad de años en los cuales las pensiones a pagar gravitan demasiado fuertemente sobre el presupuesto de la Nación, hoy sólo abona Contribución a la Seguridad Social el 11.24 % de los laborantes estatalizados y nadie más; por lo que, refutando la parte obligatoria del incremento en la edad y años de servicios, proponen que se pague la misma,   aún sin haber recibido el aumento salarial a que alude ese intento de normativa como condición para el inicio de dicha contribución.
Quejas se oyen con relación a supuestas tentativas de “encauzar” los debates por X derroteros, de quienes deben orientar el desarrollo de las reuniones. Algunos señalan que la planilla establecida metodológicamente para plasmar el resultado de cada reunión, cual se procesa informáticamente para su consolidación a las distintas instancias del país, sólo contiene dos escaques y, por tanto, dos opciones: Si ó No; cuando debiera haber la tercera opcional de “Si con modificación”, debido a que muchos están de acuerdo parcialmente con el enunciado de alguno o varios de los seis bloques de innovaciones en que se presenta a votación el anteproyecto.
En muchos lugares, “para peor”, no se ha sometido a votación cada bloque, ni siquiera en su conjunto; únicamente se ha recogido en acta aparte las modificaciones planteadas por los trabajadores.
Suspicazmente, se piensa dentro de los colectivos laborales que las dos cuestiones antes señaladas se encaminan a tratar de informar la mayor cantidad de aceptaciones y, además, como logradas con unanimidades.
También, en específicos centros la discusión se ha pretendido “guiar” tan imperativamente que han existido incidencias con posteriores segundas reuniones; éstas con participación de niveles superiores del Sindicato en cuestión.
En tanto, los periódicos, la televisión y la radio, por sus noticiarios e informativos cortos y en programas de otros tipos, ofrecen informaciones sobre aquellas reuniones en que no ha existido discusión o el debate ha sido bastante light o sólo formal. Llamando la atención de los televidentes que los presentadores y locutores, intencionadamente o no, mencionan al anteproyecto de ley que aumentará la edad y años de trabajo para la jubilación, como algo ya decidido; por lo que se preguntan: ¿…y, entonces, para qué lo discutimos?
Asimismo, están divididas las opiniones entre unos cubanos que confían en que, si la tendencia contra la reiterada obligatoriedad se mantiene, el Gobierno, proponente del anteproyecto, tome ello en cuenta y lo modifique en consecuencia antes de la consideración por la Asamblea Nacional del Poder Popular o que, quizás, ésta sea la modificadora;   y aquellos que creen que el actual proceso llevará a modificar nada o muy poco y sólo en temas procedimentales, dejando inmutable la fuertemente debatida elevación obligatoria de los mínimos de edad y años de trabajos.     
Grupos cada vez más numerosos de ciudadanos conocen que la Oficina Nacional de Estadísticas, en las conclusiones de un actualizado y exhaustivo trabajo (Caracterización de la PEA y la PNEA* en Cuba y provincias, sus vínculos y tendencias), recomendó al Gobierno que los cambios en relación con la Ley actualmente vigente fueran estimuladores del trabajo en edades post-laborales, y no obligatorios. Lo que no se sabe es dónde o quienes viraron ese tablero. 
Si las discusiones siguen el cauce actual, para fines de este año, pudiera ser que la pretendida Ley de Seguridad Social exponga de nuevo al Estado cubano a una sumamente crucial prueba sobre su funcionamiento democrático y participativo.
Veremos qué sucede…
 
Ciudad de la Habana, 8 de octubre de 2008
 
 
 
* Población económicamente activa y población no económicamente activa  
 
 
 
Fuentes básicas:
·                Cuba: país de emigración a inicios del siglo XXI, Dr. Antonio Aja Díaz (CEMI)
·                ¿Es la extensión dela jubilación una solución para Cuba? , de Sergio Pérez, publicado en Kaosenlared, en fecha 16.08.08.
#1
camilo|09-10-2008 01:16
Muy certero este escrito. Yo creo que en vez de extender la edad de retiro se debe estimular el seguir trabajando despues de la edad ahora establecida, digamos, con un incremento paulatino en dependencia de los años extra trabajados hasta una edad maxima determinada. Asi el que desea aumentar su retiro pues trabaja mas. Realmente es poco lo que se puede lograr ganando pesos cubanos en este momento y no creo que haya estimulo material para embullar a que se trabaje mas.
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#3.- mañana tengo mi asamblea
fuenteobejuna|09-10-2008 04:49
mañana tengo mi asamblea para discutir esto en mi centro de trabajo, frente a NADIE que pueda tomar decisiones al respecto y hay que aguantar un comentario a toda pagina de granma con un puntaje inmenso que dice EJERCICIO DE LA DEMOCRACIA  refiriéndose al tema. Es que estamos cansados de estar de acuerdo con medidas que solo beneficien y garanticen la estabilidad del sistema, mientras solo requieren del esfuerzo del cubano de a pie. Sépase que molesta profundamente el aumento de esos 5 años de edad límite para la jubilación cuando trabajar sigue siendo solo un aporte altruista a la sociedad. Para quien tiene 60 años ya ha sido suficiente devoción.
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#6.- Felicitaciones al Autor
Alez|09-10-2008 14:16
Soy lector casi asiduo de este sitio, y en particular de los temas de Cuba, y en esta seccion, no habia tenido el plecer de leer un articulo tan sensato. UN DIEZ DE DIEZ PARA EL AUTOR.
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#12.- Tintoreto
09-10-2008 21:53
Yo tengo una respuesta muy clara a todas tus preguntas y no soy tan ingenuo como aparenta mi comentario, que por cierto queria estimulara a pensar sobre esta "incongruencia" social. Pero ya volvieron a quitar el comentario mio, hace como una semana que la gente de kaos esta por la goma, parece que no les agrado que kaos no se pudiera ver en la UCI.  
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#14.- Garantizado el futuro # 13
I. Quintero|09-10-2008 23:30
Ya no hay que preocuparse mas, con este paso al frente de estos abnegados trabajadores se resolveran todos los problemas, quien dijo que hay que cambiar algo, el trabajo ideologico y la reafirmacion de las convicciones revolucionarias es todo lo que hace falta en Cuba para dar el salto al desarrollo, no entiendo como en 50 años no nos habiamos dado cuenta.
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