El pasado domingo, un reportaje de JR recogió la queja de algunos lectores acerca de que ya no se exhiben, como antes, las páginas de los periódicos en los cristales de los estanquillos, de modo que puedan multiplicar su alcance. Evidentemente, las tiradas son deficitarias comparándolas con la demanda de los lectores. Me eché a reír, sin ánimo de burlarme. Pensé que es imposible hoy mostrar las diversas páginas de un diario como en una vitrina: los estanquillos —al menos en la capital— carecen de cristales; son metálicos, por delante, por detrás y por sus costados.
Puede parecer ofensivo decirlo, pero estamos ante un absurdo cuyo origen puede ser la tan socorrida falta de recursos. Y a simple vista es un absurdo, porque lo que está puesto a la venta necesita mostrarse y no guardarse como en una especie de caja fuerte, que eso mismo parecen los estanquillos. Pero no me quedo en esta esquina. He usado el ejemplo como resorte para extender mi comentario. A veces percibo que en nuestra sociedad hay más de un absurdo: quizá una cadena que nos ata y nos incapacita hasta para percatarnos de nuestras contradicciones.
Cadena de absurdos dice uno y no por ello puede pensarse que vivimos en una sociedad absurda. Como suele suceder, las generalizaciones son muy injustas. En Cuba se palpa una coherencia: sabemos lo que buscamos y queremos desde el punto de vista social: una nación fundada sobre bases de equidad, igualdad, valores humanos como la solidaridad, la fraternidad, y organizada políticamente bajo empeños tan primordiales como la preservación de la independencia y el predominio de la democracia participativa. No me parece que andemos, al menos la mayoría de los ciudadanos de este país, queriendo cosa distinta. Somos, en ese aspecto, consecuentes con la vocación histórica de nuestra nación.
Las inconsecuencias, sin embargo, empiezan en las formas y métodos con que pretendemos concretar eficiente y efectivamente los ideales que la Revolución nos puso como sentido de nuestra vida hará pronto 50 años. Algunos de nosotros han extraviado el sentido crítico y ven la realidad a través de un tubo de poca luz, casi como a través del cañón de una escopeta. Por supuesto, por ese hueco se aprecia un cuadro tan estrecho que resulta casi imposible valorar justamente la situación y el desarrollo de las cosas.
Si fuéramos a escoger ahora, a principios del año, las cuatro palabras básicas que deberían ser la guía de nuestras acciones, este comentarista elegiría flexibilidad, racionalidad, realismo y correspondencia. Leídas de pronto parecen no tener ninguna relación. Pero, precisamente, porque a veces hemos intentado enfocarlas y ejercerlas sin ninguna conexión es que hoy tantos actos se nos presentan de manera inconsecuente.
¿Qué nos daría la flexibilidad, por ejemplo? La flexibilidad sería una de las formas de la racionalidad, es decir, el predominio de la sensatez en nuestro proceder como sociedad. Flexibilizando nuestros conceptos sobre el orden, la libertad, la justicia, el individuo, veríamos el conjunto de la gente y los hechos más racional y democráticamente. Y así miraríamos la situación del país con realismo; sabríamos discernir entre lo posible y lo imposible; lo conveniente y lo inconveniente; lo urgente y lo mediato; lo externo y lo interno. Tendríamos un criterio sistémico, universal, de la congruencia entre el ser y el querer ser, entre lo que ha de permanecer y lo que debe ceder su espacio a ideas más frescas y creadoras, porque su tiempo ya feneció.
Desde luego, con esa claridad se nos facilitaría la correspondencia entre acción y palabra, entre principios y hechos, entre política y retórica, entre reflexión e improvisación. Y sobre todo, la correspondencia entre los deseos de perdurar como proyecto revolucionario y las demandas primordiales para alcanzar la perdurabilidad. Los deseos no bastan. Son arteros. A veces nos obligan a poner los ojos en las flores del horizonte y nos prohíben ver las rosas que crecen bajo nuestra ventana. Flexibilidad, racionalidad, realismo y correspondencia. Cuatro palabras. Me gustaría tratarlas por separado, a partir del vienes próximo.
Flexibilidad, racionalidad, realismo y correspondencia. Qué falta hace la aplicación de esas cuatro palabras en Cuba!!!
Caminante|11-01-2008 18:52
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Las cuatro patas de la mesa.
Manuel García Marín|11-01-2008 19:25
Luis Sexto siempre, a mi juicio, ha sido racional y realista en sus trabajos de JR.  Cierto que, como a todos, limitado por el estilo de positivismo revolucionario ante lo bueno, regular y malo, que ha venido ocurriendo en Cuba.  Esperemos a que nos aclare sus ideas respecto a estos temas.
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Marxismo-Leninismo, Castrismo, Raulismo o FLERARECO
Laz|11-01-2008 20:19
Luis, espero el desarrollo concreto de esta nueva filosofia positivista: Flexibilidad, racionalidad, realismo y correspondencia que pudieramos denominar como "FLERARECO". En cualquier caso le estoy haciendo un link a mi blog.
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juan g garcia|11-01-2008 21:50
Está bien, para empezar.
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algo pero ya
I. Quintero|13-01-2008 02:01
Luis, esto es un buen comienzo pero nececitamos de gente como tu y tus colegas para comenzar a hacer algo ya, todos estos conceptos son importantes pero mas importante es comenzar a concentrarse en las cosas que el pueblo quiere que cambien, en cosas particulares, como es posible que de ese millon de planteamientos que expreso el pueblo no se escogen los 100 o 200 mas comunes y se publican para que el pueblo comience a saber que es lo que quiere la gente, donde y quien tiene esta informacion? Que esas cosas se sepan es la funcion de los periodistas, analizar si se pueden o no lograr y como hacerlo ya, eso es lo que necesita ahora este pueblo, esa seria una manera de comenzar el cambio desde abajo. Esa burocracia a demostrado su incapacidad por mucho tiempo quien dice que ahora van a ser todo lo necesario para que pase algo que pueda condenarlos a desaparecer, me parece muy ingenuo esperar por ellos.
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El concepto de la intransigencia en que tanto se ha insistido
Un amigo de Luis|13-01-2008 19:48
El concepto de la intransigencia en que tanto se ha insitido ha planteado una sociedad rígida y autoritaria en donde el miedo ha liquidado toda posibilidad de "Flexibilidad, racionalidad, realismo y correspondencia" , yo pienso que habría que comenzar a hablar de libre albedrío realmente garantizado para lograr estos conceptos tan importantes. Saludo a Luis Sexto por introducir este tema y solo expreso mi opinión con el ánimo de apoyar su esfuerzo.
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