Nuria Álvarez*
Crónica número 1.   Madrid-Tinduf 17 de marzo
Redacción -  Con esta primera, presentamos en diferido  las crónicas de una de las participantes en la Columna de los 1000, una columna humana de solidaridad con el pueblo saharaui, que denunció en los pasados días el muro que  mantiene dividido  a este pueblo.
El avión acaba de despegar y la gente se ha echado a aplaudir. ¡Por fin vamos a Tinduf! Aunque el viaje comenzó en realidad hace tiempo, desde los primeros emails, la reunión informativa, la emoción de que volvemos al desierto con ese pueblo maravilloso que son los saharauis. Hoy hemos sabido que en nuestro vuelo somos 250 pero ya han salido otros vuelos con gente que hará la cadena humana con nosotros. Así que seremos más de mil el día de la cadena humana. El objetivo de “la columna de los 1000” está cumplido.
Hace 34 años, el Sáhara Occidental era la última colonia española, y prácticamente también la última colonia europea en África. Las Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana presionaban al régimen franquista para que descolonizara el territorio, y el Polisario luchaba por la liberación de su pueblo. Pero el decadente régimen franquista se aferraba a su última colonia. Finalmente, la presión llevó al gobierno a anunciar que la descolonización se produciría en seis meses. Entonces Marruecos reclamó ante el Tribunal de la Haya que la colonia española debía pasar a formar parte del reino alauita. El tribunal dictaminó a favor de la independencia saharaui (1975) pero Marruecos no acató la decisión e invadió el Sáhara, con los civiles delante de la infantería como carne de cañón y para reducir la posibilidad de enfrentamiento con el ejército español. Es lo que se conoce como “Marcha Verde” y fue presentada por Marruecos como una ocupación pacífica por parte de miles de civiles, aunque delante de ellos iba la aviación marroquí bombardeando a los saharauis con fósforo y napalm y causando una masacre. Los que pudieron huyeron en ese momento a la provincia argelina de Tinduf, donde las Naciones Unidas organizaron los campamentos de refugiados. Hacia allá vuela mi avión, dando un gran rodeo porque no puede sobrevolar el espacio aéreo marroquí. La marcha verde sirvió también para que España firmara unos acuerdos secretos (14 de noviembre de 1975), cediendo el Sáhara a Marruecos y Mauritania a cambio de preservar sus intereses económicos y geoestratégicos en la región. La guerra que siguió significó pronto la retirada de Mauritania y el retroceso de Marruecos de parte del territorio, a lo que Marruecos respondió construyendo con ayuda francesa e israelí el llamado “muro de la vergüenza”, que divide el territorio saharaui, mide 2720 km y está alambrado, electrificado y sembrado de unos 5 millones de minas. El 22 de marzo nos manifestaremos delante de ese muro, oponiendo a ese muro vergonzoso una cadena humana. Queremos enfrentar su muro de muerte con uno de esperanza.
El avión hace una parada técnica en Orán. Me vienen a la cabeza imágenes de mi primer viaje a Tinduf, hace seis años, con los amigos del pueblo saharaui de Tres Cantos. Fue la mejor experiencia que he tenido nunca. Recuerdo nuestra llegada al aeropuerto, el viaje en camiones, el amanecer en medio del desierto esperando a los jeeps que vinieron a recogernos. Y luego, sobre todo, la hospitalidad de los saharauis. La hospitalidad es una palabra que se convierte en otra cosa al conocer a este pueblo. Ahí deja de ser una palabra y se transforma en forma de vida, en nuestro asombro maravillado, en poesía que trastoca los sentidos. La arena se convierte en mar y en bosque, las jaimas son palacios para nosotros. “Vosotros ya habéis pasado tres noches en nuestra jaima, así que sois parte de nuestra familia”. Me duermo recordando aquel viaje y mi familia saharaui. Sáhara en el corazón...
Crónica número 2. Martes 18: Primer día con la familia de Leila 
Hemos llegado sobre las dos y media a Tinduf, donde hay que pasar el control, y luego nos llevan a la wilaya de Smara en autobuses donados por los amigos del pueblo saharaui. Al llegar aún es de noche. Nos repartimos en grupos de 4 ó 5; entre murmullos y risas nos esperan los guías que nos llevan a las familias. Son alrededor de las cinco de la mañana y quieren invitarnos a té, pero preferimos dormir.
Cuando despertamos nuestra familia ya está preparando el té y el desayuno para nosotros. La madre, que se llama Leyla, y el padre –Malainín- hablan español, y nos dicen con bromas lo mucho que hemos dormido. Después del té, y del desayuno, nos reunimos todos en el ayuntamiento de la wilaya con el secretario general de la juventud del Polisario (UJSARIO) que nos habla del muro marroquí, de la voluntad de crear la República Árabe Saharaui Democrática sobre los valores de la libertad y de la dignidad humana, y de que el futuro está en la movilización de la juventud.
Tras las actividades volvemos con las familias. La familia que nos ha acogido escucha en silencio las noticias de la cuarta ronda de negociaciones que retransmite una vieja tele en blanco y negro. Tras un momento de tensión, sacuden la cabeza con cansancio y comentan que habrá una quinta ronda de negociaciones. Que les prometieron que la segunda sería la última, ya van por la cuarta, y se sigue posponiendo la solución. Malainín canta algo a su hijita de dos años mientras prepara el té.
La ceremonia del té es muy importante para los saharauis. En cuanto tienen ocasión la explican a los visitantes: “el primer té es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor, y el tercero es suave como la muerte”. Mohammed (el hermano de Leyla), que ha estudiado en Cuba, nos comenta entre risas que una vez un cubano le dijo que cómo podía saber que la muerte es suave sin haber muerto, y que el amor es dulce sin haber estado enamorado... Entre té y té queman el tiempo los saharauis, en una espera interminable de promesas incumplidas. Desde que las Naciones Unidas hicieron público el plan para la organización del referéndum en 1990 y comenzó el alto el fuego (1991), los esfuerzos de Marruecos y los intereses occidentales han impedido que la consulta se llevara a cabo. Mientras tanto, Marruecos continúa vendiendo fosfatos a España y Francia, otorgando licencias para pescar en aguas saharauis, comprando armas a España y torturando y “desapareciendo” a cientos de personas en los territorios ocupados.
Por la noche, Al-Jazeera pone programación infantil. Y, si mis ojos no me engañan, estoy viendo una secuela de Shrek doblada en árabe.
Crónica número 3. Miércoles 19 de marzo
Esta mañana nos despertó temprano la monitora de nuestro grupo para ir a un concierto, organizado en el marco de las jornadas culturales que se celebran cada año en Semana Santa. Nuestra monitora, Lala, se ocupa también de otro grupo de cinco españoles. Duerme una noche con ellos y otra con nosotros durante nuestra estancia aquí, aunque ella proviene de otro campamento. Todos los monitores trabajan en el área de juventud del Frente Polisario (UJSARIO).
El concierto tiene lugar en una jaima repleta de gente, en el centro del campamento. Los jóvenes saharauis animan con palmas y gritos a los cantantes. Una mujer, luego otra, una niña y un chico joven se levantan y se ponen a bailar junto a los cantantes. En una jaima más pequeña, varias mujeres nos dan a probar comida saharaui: cuscús, pan, carne y grasa de camello, dátiles, dulces, y una pasta que no sé de qué está hecha. La carne de camello se come mucho aquí en los campamentos, igual que la carne de cabra, porque son los animales que soportan las condiciones más duras, especialmente los camellos. Y en el desierto de Tinduf no hay ninguna vegetación, sólo piedras y arena.
Por la tarde acudimos a un acto en el que el gobernador de la wilaya nos explica la organización de los campamentos. Un español pregunta sobre la distribución de los víveres que envían los organismos internacionales. “La reducción de ayuda humanitaria por parte de las Naciones Unidas y la Unión Europea ha puesto en dificultades a la población refugiada”, explica el gobernador de la wilaya. “Las raciones alimentarias asignadas actualmente a cada familia son inferiores a lo que necesitan cada mes”. Recuerdo que hace unos cuatro años, el nuevo rey marroquí se reunió con Bush reforzando la alianza entre ambos países. Después, las Naciones Unidas declararon que el problema saharaui había dejado de ser un “asunto prioritario”. También se suspendió la ayuda que enviaba la Unión Europea a través del programa ECHO. Desde entonces muchos jóvenes tratan de emigrar.
El gobernador de la wilaya cuenta el origen del proyecto expansionista marroquí, impulsado desde los años 40 por el partido nacionalista marroquí Istiqlal en su lucha por la independencia. El proyecto del “gran Marruecos” fue después recuperado por el rey Hassan II y propugnaba la expansión al Sáhara Occidental, Mauritania, Ceuta y Melilla, parte de Argelia, de Mali e incluso de Senegal, y acabó materializándose en la ocupación del Sáhara. La oposición de izquierdas marroquí, representada por la Vía Democrática, siempre ha rechazado la ocupación del Sáhara Occidental.
Pero parece que los largos años de espera y el abandono de la comunidad internacional hacen mella en la paciencia de muchos saharauis. El gobernador nos explica la dificultad creciente de la dirección del Polisario para convencer a los jóvenes de la vía pacífica por la que apostó en 1991. Es la misma opinión que encuentro en los jóvenes a los que pregunto: cada vez más gente joven está harta de esta situación de “no guerra ni paz” y preferirían volver a una guerra. Mientras tanto, España es la principal suministradora de armas a Marruecos, provenientes de fábricas diseminadas por todo el Estado. El gobernador pregunta por qué en vez de asumir su responsabilidad y reparar los daños causados por la colonización, España apoya a Marruecos. Saca entonces a colación el ejemplo de Portugal y Timor Oriental. La solidaridad de la población civil española no se refleja en la postura política del gobierno español. ¿Por qué no ocurre lo mismo que con Irak? Si la mayoría de la población española está a favor del derecho del pueblo saharaui a decidir, ¿por qué el gobierno no respeta esa postura?
*Redacción - Presentamos en diferido  las crónicas de una de las participantes en la Columna de los 1000, una columna humana de solidaridad con el pueblo saharaui, que denunció en los pasados días el muro que  mantiene dividido  a este pueblo.
#1.- Continuemos
Sato|31-03-2008 15:50
Gracias por tu crónica. Yo también viajé a la columna de los 1000. Creo que todos los que fuimos debemos dar testimonio de lo que allí vimos y seguir luchando por esta causa. La opinión pública española es favorable, seguramente, al derecho del pueblo saharaui, pero la masa, por sí sola no va a organizarse para espresarse. Sigamos haciendo cosas, poco a poco, conseguiremos que la justicia para los saharauis se haga realidad.
Ánimo,
Sato.
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#3.- No te equivoques
Sato|01-04-2008 17:59
Lo que hemos pedido es un  Sáhara Libre. Para ello, lo mejor es un referéndum que se lleva aplazando mucho tiempo a pesar de que está reconocido por la onU. Con el referéndum, los saharauis a los que tú mencionas en tu comentario, tienen la posibilidad de elegir democráticamente la integración dentro de Marruecos. Pero lo mejor será que ellos elijan, ¿no crees?. Lo del caso de los españoles de hace tanto tiempo... tengo entendido que quedan muchas dudas por resolver sobre la autoría y sobre cómo fueron los hechos. Es un hecho lamentable y condenable, pero ¿no crees que estás mezclando temas?.
Un saludo,
Sato.
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