No se puede catalogar de otro modo el papel que ha hecho la mayoría de los periódicos, los medios audiovisuales y la oposición mayoritaria en este asunto del Alakrana pero también de otros muchos.
  El gobierno ni siquiera ha pagado el rescate del Alakrana que han costeado armadores y compañías de seguro. Pero si hubiera pagado por la liberación 2,4 millones de euros, ¿cómo se atreven los fascistas a desproticar habiendo robado ellos, hasta ahora y que se sepa, 4 mil millones de una sola tacada y trama que los jueces están tratando de localizar en paraísos fiscales? En nada se parece ésta a la oposición de los demás países europeos políticamente asentados.
  En cuanto a los periódicos y los periodistas, lo último que debe hacer un periodista y un ciudadano prudente es dejarse vencer por la tentación de contestar a un necio. Y mucho menos a docenas de necios que se apoyan más en las pistolas y en el dinero que les respaldan que en argumentos serios. (Y a este propósito ¿de dónde se saca el periodismo, en tanto que oficio o superestructura social, el deber de informar atosigando a los que protagonizan la noticia y a la sociedad entera?) Como los periodistas del corazón, dan relieve a gentes de vida regalada y, como se decía antes, de vida licenciosa. Y todo porque "vende". ¿Dónde está su ética, dónde la importancia de informar inventándose a menudo la noticia y ocultando la que lo es? Todo por la pasta y el poder y la influencia. He aquí la consigna superior del periodismo en la democracia hispana...
  Y los periodistas de la oposición tampoco merecen respeto. E incluso los periodistas neutrales -si es que los hay- y los que están con el gobierno –pocos- no han hecho más que poner palos entre las ruedas de la gestión del caso Alakrana acosando al ciudadano, a los secuestrados y al gobierno mientras conseguía éste su liberación.
  En cuanto a esta oposición, está ahí no para cooperar a la gobernación del país sino para apear al gobierno del poder además de robar a mansalva. Y es que en ella late el alma de los fascistas apoyados por medios que aun simulando otra cosa, también lo son. No tratan de ajustar la acción política de gobierno, que es la función que incumbe a los partidos alternativa. Lo único que les mueve es, con tono exacerbado, con invenciones y mentiras desprestigiar al gobierno ante la opinión pública y el electorado para desbancarle y luego hacerlo mucho peor, como se vio en dos legislaturas y las pésimas gestiones en ese dramático episodio también en el mar del Prestige.
  La oposición española es un nido de navajeros que ahora vomita la bilis del envidioso al ver que su enemigo ha resuelto felizmente un asunto peliagudo. Pero si ella hubiera ocupado la Moncloa, hubiese matado a las hormigas guardacostas -que no piratas- a cañonazos. Es decir, hubiera masacrado a los que intentan vanamente preservar sus aguas de los ladrones de pesca y de los gobiernos que los amparan. Así lo ha dicho la oposición. He aquí la prueba del fascismo de esta chusma: resolver todo con pistolas, obligando a los demás a coger las suyas.
  En todo caso hay que resaltar que ese rescate equivale en último término a la indemnización que debe pagarse al somalí genérico, sea o no oficialmente autoridad, por robar a su pueblo su pescado. Y también que si fueran ciertamente bandoleros, al igual que el Tempranillo o Robin Hood, tienen todo el derecho a disfrutar de lo que están privados muchos millones de aquel país que desvalijan los occidentales de esas mil maneras que el capitalismo sabe, incluida ésta de los pesqueros que saquean con el apoyo de buques de guerra.
  Cada mañana se me hacen más inosoportables los periodistas casi sin excepción y los políticos de la oposición que agrian mis desayunos. El partido del gobierno tampoco merece mucha consideración. Pero como en el estilo de los gobiernos, de los partidos y de las personas hay diferencias y grados de incompetencia y de malicia yo, como imagino la mayoría silenciosa y prudente, siempre valoro la participación en los acontecimientos según un orden de inteligencia, coherencia y buena voluntad. Y la buena o la mala voluntad es la sutil línea que separa a los respetables y los truhanes. A la oposición y a gran parte de los periodistas los cuento entre los bribones… Total, todos unos auténticos puercos.