El peligro del mantenimiento de la estación de trenes de Cáceres es su ubicación actual por el peso de las nuevas infraestructuras sobre el calerizo en el que estamos asentados nos preocupa, no por el AVE que ya está decidido desde hace mucho que no va a pasar por la estación actual, si no por los bloques de pisos que vemos al asomarnos por la ventana.
 
El que hayan acudido a Madrid la Vicepresidenta Primera, el Consejero de Fomento, dos alcaldes y un segundo alcalde, a reunirse todos juntos con un Secretario de Estado nos preocupa por la subordinación de la política extremeña a la nacional.
 
A ese Secretario de Estado la Ministra de Fomento ha mandado hace meses a vivir a Cataluña para estar cerca las incidencias de los trenes de cercanías catalanes, con lo cual se indica que los ciudadanos extremeños no solo somos diferentes, si no que recibimos un trato diferente.
 
Que Badajoz se muestre tan generoso con Portugal nos preocupa, lleva la estación a la frontera cuando tiene diez veces más habitantes que Elvas y el paso de las vías va a ser cercano a la ciudad.
 
Que Mérida plantee la desaparición de la estación céntrica actual nos preocupa. Que no se asegure ni en presupuestos ni políticamente la supervivencia del tren actual nos preocupa, el tren es quien puede llevarnos a todos a todas partes, el AVE es un tren de élite con el cual tanto los constructores de vías como de trenes, patentes alemanas y francesas, se están llenando los bolsillos en España.
 
Hace 125 años se llevaron las estaciones de Cáceres a Arroyo-Malpartida, a 17 kilómetros de la ciudad, y la de Plasencia a Palazuelo, la misma distancia. En esos 125 años no se supo corregir ese error histórico en el caso de Plasencia y el de Cáceres se tardó 85 años, por eso los informes técnicos independientes debían ser los que marcaran las decisiones políticas y no al revés.
 
Bueno y hace 125 años los intereses de los terrenos eran parecidos a los actuales, los condes que tenían gran peso político, querían las estaciones en sus tierras para recibir las indemnizaciones, no importándoles que los ciudadanos, que eran quienes iban a utilizar el tren, se encontraran alejados. El mundo gira y todo queda en las hemerotecas y los archivos.
 






