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Con la igualdad a cuestas

Se me tilda, quizá con razón, de reiterativo. Pero no creo ser más reiterativo que un sistema, una monarquía y unas mentalidades abominables unas veces y exageradas otras, que se suceden triunfalmente a sí mismos cada día.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 21-4-2008 | 316 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/con-la-igualdad-a-cuestas

  Ni creo que no sea consecuen­cia de la reiteración mediática de los mismos asuntos con distintos formatos: sean etas, eslóganes ideológicos o vítores gratuitos como éste a la igualdad de género. No pasa un día sin ver en la prensa o escuchar en el tele­diario menciones al machismo y acusaciones en base a él. A mí me dan el coñazo y yo contesto con otro coñazo de la misma intensidad: una ley física, como la de las fuerzas centrífuga y centrípeta...

  Dicho lo cual, como insisten, insisto...

  La exigencia frenopática de la "igualdad" de género en España, respaldada por nada menos que un Ministerio, me pone de los ner­vios. ¿Pueden decirnos los obsesos por esa igualdad, tan abstracta como la libertad, qué leyes, decretos, ordenanzas o bandos discri­minatorios entre hombres y mujeres hay en este país?

  Exacerbar con la creación de un ministerio la cuestión, no es una política hábil. Y que no es hábil significa que provoca demasiado, que obliga con ruedas de molino a estar más pendientes de que la mujer que tenemos enfrente o al lado no se queje de nuestro pre­sunto ma­chismo, que de lo que motivó nuestro en­cuentro o relación con ella…

  Es cierto que si es una mujer de los pies a la cabeza, no va a ser hembrista (lo mismo que si es un hombre de los pies a la cabeza no va a ser machista); que no va a confundir la igualdad con la identi­dad, ni las actitudes varoniles con el afán de rivalizar con ella como mujer; ni va a ver en cada gesto del hombre con el que se comunica -o en cada reivindicación de la libertad personal que colisiona con la de ella- una aberración machista. Pero cuando se eleva la Igualdad a la categoría de sustantivo con mayúscula, se agiganta el problema de tal modo que no hay más remedio que dar la razón a Woody Allen cuando dice que los políticos hacen de cada solución un pro­blema. En nada encaja más este oxímoron de Allen que en el tozudo asunto de la igualdad de género. Se le revuelven a uno las tripas...

  Quedamos en que no quedan disposiciones discriminatorias des­pués de las modificaciones en el código civil, madre de todas las desigualdades de género del anterior código. Pues entonces, ¿qué hay más que remachar sin hacer daño a la libertad? ¿Es que acaso  el hostelero no tiene derecho de admisión? ¿Acaso el otro tiene que contratar, por ejemplo y por fas o nefas a una persona de estatura normal para jugar de pivot en el equipo y no a un gigante, para no atentar contra la "cuota"? Si teniendo ya por ley los mismos dere­chos las mujeres que los hombres (cuando ya nadie cuestiona que todos los seres humanos que han alcanzado la mayo­ría de edad tie­nen los mismos derechos), al hincharse la igualdad con esta guber­namental preocupación, no se hará con ello sino fa­vorecerse y pro­piciarse la discriminación en el sentido opuesto. Es decir, en contra del hombre. También podría hasta llevarnos a la convicción de que lo que esta invención introducida con fórceps hace es, proteger la fealdad de las superfeas habida cuenta que la fealdad del hombre no ha cambiado y sigue siendo un atributo de hermosura.

  En estos tiempos y tal como van las cosas, vamos a acabar aver­gonzándonos de ser hombre y tener que pedir perdón por serlo. No se puede cambiar de la noche a la mañana (y eso son 30 miserables años de democracia además falseada y en buena medida corrupta) mil o dos mil años de varonismo, de predominio del sexo masculino sobre el femenino.

  Y como todos los excesos –salvo el de la lucha contra la desigual­dad social precisamente- son funestos, la mujer reivin­dicativa y los ministerios que fomentan la reivindicación llevan ca­mino de hacerse odiosos y enemigos del pueblo más que ser esti­muladores de la pre­tendida igualdad-concordia entre hombres y mujeres que ya existe plenamente en cada ley. Pasarse de la ley y negarme a mí el derecho a elegir quién pueda entrar en mi casa es anteponer una igualdad restringida que nada tiene que ver con la social, a la liber­tad…

  La libertad: el máximo valor sagrado y universal dentro de este odioso sistema capitalista que tanto favorece precisamente en los demás órdenes la desigualdad. Véase si no es desigualdad insti­tuida la monarquía, el papado, el fácil acceso a la fortuna de unos en contraposición al impedimento radical a ella de la mayoría. Véase si el reino del capital no es el imperio de la desigualdad que nos ha sido asestado. Tanta igualdad exigida en un solo aspecto, dinamita el equilibrio y hace desproporcionada y grotesca la relación más natural hombre-mujer. Esto es como la  monserga permanente en otro tiempo, sobre la existencia de Dios: le daban a uno ganas de negarla a tiros.  Pues con esto pasa lo mismo,  forzando tanto la cosa y  aunque sólo sea por razones biológicas se acaba por encontrar más argu­mentos para rebatir la igualdad de género que para apo­yarla. Yo, desde luego, para conformar a la mujer con la igualdad ministerial, me niego al implante de la menstruación dolorosa. Y dudo mucho que una mu­jer sencilla aceptase de buen grado la del escroto. Así es que dejemos el asunto en su debida proporción, que ya está bien…

 
 
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Comentarios (2)

#4

21-04-2008 22:45

Desde luego no seré yo quien suprima comentarios tan interesantes y bien construidos por ti, que siempre me contestas... Estoy completamente de acuerdo contigo.

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#6.- al que siempre contesta

Jaime Richart|22-04-2008 14:00

  Estoy de acuerdo. Él propósito es no suprimir ningún comentario que reúna la condición que tú señalas en el 2. Si desaparece puede ser que alguno de los moderadores, en una razzia para cortar de raíz una avalancha generalizada de insultos y alusiones personas a los autores del post, se borre alguno que no debía borrarse.

  De hecho sucedió con uno el otro día que no borre yo. Se lo dije a quien está principalmente al frente de este asunto (aparte del autor que pertenece al núcleo, y yo no lo borré), e inmediatamente lo repuso. Lo había suprimido en un "barrido". Creo, además, que era tuyo.

  Lo que hace falta, en una web de izquierdas o con vocación radical de serlo, es que quienes intervenís sin formar parte de los colaboradores, enriquezcáis las ideas del texto. Eso honra al autor y al comentarista. Y si no se está de acuerdo, no pasa nada. Es imposible que nadie esté al unísono salvo consigo mismo. Lo inadminisble es lo que apuntas y que, como puedes comprender, es lo que perseguimos.

Otro saludo para ti.

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