No es marxista, no es comunista, es de antes, más antiguo, es anarquista, declara José (el gran Héctor Alterio), un hombre de 70 años. Es un curioso anciano que ha llegado a un punto de desesperación y lucidez que le lleva a hacer una apuesta total por su vida, la vida, a un yuppie de poca monta llamado Pedro (un debutante Leonardo Srabaglia), un joven de 23, que hasta entonces creía que ya estaba en donde debía estar y haciendo lo que debía hacer, y que no quería saber ni media palabra de política, al que la cita del Máximo Gorki de Los bajos fondos, que le recita José le parecen palabras de otro planeta. Mientras que José había hecho apuesta y Pedro se ve obligado a elegir, y lo hace, libremente cuando comprende en qué radica la opción, entre la alternativa de vivir a tope, con coherencia, o ser una pieza más en un siniestro engranaje en la que es una pieza sin importancia. En dicha opción pesan las actitudes paternas, la del padre que nunca se había ocupado de él que lo quiere sometido, y su madre, que sabe de las luchas por las cusas y que estará con él haga lo que haga.
Caballos salvajes (Argentina, 1995), fue el segundo film del realizador argentino Marcelo Piñeyro, y el mejor de los suyos hasta el presente. En 1984 había producido La historia oficial, que fue dirigida por Luis Puenzo, que aparte de ser la primera película latinoamericana que gana el Oscar a la Mejor Película Extranjera, contribuye poderosamente a dar a conocer la lucha de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Interpretada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, contiene un detalle que conecta con el reclamo anarquista de Caballos salvajes. El personaje del hombre de negocios que había mirado hacia otro lado cuando la dictadura, y que había adoptado la hija de una de sus víctimas, era hijo de un carpintero anarquista de cuyo "fracaso" (la represión, una vida modesta), había huido. Piñeyro debutó como director en 1992 con Tango feroz, cuyo guión también escribió junto con Aida Bortnik, también autora del guión de Caballos....Tango feroz fue nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera, y recibió innumerables premios.
Concebida como una road movie, la película cuenta el viaje de dos hombres y una mujer situados al margen de la ley, y en oposición, no ya la dictadura que se llevó por delante a Pablo, el hijo de José, y de paso a su mujer, que no soportó tamaña pérdida, sino contra el capitalismo neoliberal que en aquellos entonces complementaba la obra de desmantelamiento del Estado y del tejido, y lo hacen, no por el dinero, la mayor parte del cual retornan a sus dueños -o sea al pueblo desposeído-, sino por una concepción de la vida intensa y abierta que es la que hace que lo que empieza como un atraco paradójico -el atracador no amenaza a los bancarios sino con matarse él mismo, no quiere robar, sino que le restituyan lo que le han robado-, convierte la aventura en una forma de discurso que acaba siendo convincente.
El guión añade una vuelta de tuerca, ya que desde el inicio existe otro relato de la acción, de la superficie de los hechos, estructurado a través de la pequeña pantalla, un medio que demuestra tener dos manos, la que manda, y la creativa de un reportero que quiere saber la verdad. El asalto ha sido, por casualidad, filmado por un par de reporteros de un noticiero y desde allí, el medio de esta era, la televisión, montará una historia destinada al consumo del público, hasta que finalmente se impone "las autoridades legitimas". El cambio es coincidente con el momento en el que "los indomables" entran en un terreno místico por excelencia del territorio argentino, la Patagónia, refugio natural de bandoleros y revolucionarios. En este tramo encuentran a Ana, una criatura sin rumbo ni ilusiones. Ahora son tres. Amenazados con armas de fuego y perseguidos por cámaras de televisión, descubrirán que la solidaridad puede extenderse como una plaga maravillosa. Pero el asunto se vuelve arduo, y la televisión empezará a construir un espectáculo propio, que desarticulará cuando roce intereses demasiado poderosos. Eso significa que miraran hacia otro lado ante la faena que la mafia bancaria encarga a unos sicarios.
La pintura que se ofrece de la época, de aquellos años noventa de esplendor neoliberal, llenos de abruptos arribistas, de corrupciones solapadas, de connivencia entre el dinero y las mafias. Mientras cabalgan en su huída, la trama describe la convergencia entre dos generaciones muy distantes, dos referentes ideológicos opuestos, y Piñeyro consigue hacer, sino creíble si aceptable, la conversión del yuppie en un admirador de ese viejo imprevisible en su anarquismo, que no por tener sus dudas, deja de ser consecuente además sólo está interesado en el botín y desprecia el resto. La mutua atracción entre ese padre sin hijo y ese hijo casi sin padre le da al film su verdadero eje. La película recuerda claramente la atmósfera de "westerns" como Raíces profundas, y el final conecta con un alegoría profundamente hustoniana, la de los caballos salvajes que cabalgan hacia los grandes espacios, sin Dios ni amo.
La película nos depara una bellísima fotografía de los paisajes de la Pampa captados por Alfredo Mayo, español como lo son los responsables de la banda sonora, obra de "Los Rodríguez", de Andrés Calamaro vocalista del grupo, León Gieco y Creedence, quienes ponen en boca de José los estribillos de una de aquellas letras que "Chicho" Sánchez Ferlosio escribió para animar la resistencia antifranquista y que clama porque "el dios de los cielos para que la tortilla se vuelva, y que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda".
#1.- LOS CABALLOS
CLAUDIA|21-03-2008 03:10
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#2.- espectacular
DAY Y JULI|22-04-2008 17:24
hola!!! la pelicula esta barbara y ojala todos la miraran para darse cuenta que no hay que intentar ser felices a costillas de otras personas y que verdaderamente existen todavia en este mundo personas con buenos sentimientos!! muy bien estuvo lo que hizo el chico al pensar en otra persona
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