La represión china en el Tíbet ha elevado las críticas hacia China en EEUU. Los llamamientos al boicot a los Juegos Olímpicos, originariamente para protestar por el apoyo de China al régimen del Sudán, están ganando fuerza.
La semana pasada Nancy Pelosi, la portavoz del Partido Republicano en la Casa de los Comunes estadounidense, aumento la presión sobre George Bush, cuando fue al norte de la India a visitar al Dalai Lana, líder del Tíbet en el exilio.
Pero mientras la Casa Blanca ha condenado la represión en el Tíbet, Bush se ha mantenido en silencio, solo reconociendo que EEUU y China tienen “una relación compleja”.
EEUU es el mercado más importante para la gran cantidad de productos baratos que se fabrican en China. Gracias ha estas exportaciones China ha acumulado reservas exteriores por valor de 1,5 trillones de dólares, en datos de diciembre del año pasado. La clase dirigente China prestó de nuevo muchos de estos dólares a los propios EEUU, que a su vez le permite continuar con la importación de los productos chinos.
Este circuito entre EEUU y China ha mantenido el crecimiento de la economía mundial durante los últimos años. Pero la otra cara de esta aparente buena relación, es que esta expansión económica le está permitiendo a China convertirse en un poder en la región, y a la larga, en un poder mundial.
Esa es la razón por la cual EEUU perciben a China como una amenaza. Un estudio de los últimos cuatro años del Pentágono afirmaba, “De los más grandes y emergentes poderes que hay, China tiene el mejor potencial para competir militarmente con los EEUU y presentar una tecnología militar alternativa, que con el tiempo podría contrarrestar la ventaja militar que tradicionalmente ha tenido EEUU”.
Ahora una ley requiere que el Departamento de Defensa de EEUU presente un informe anual al Congreso sobre el “Poder Militar de la República Popular de China”. Las últimas quejas sobre China fueron a causa de la modernización de la capacidad nuclear de sus misiles y por probar un arma anti-satélites en enero del año pasado.
Estos acontecimientos preocupan a EEUU por que amenazan su supremacía militar global. Recientemente, el Pentágono, destruyo uno de sus satélites dañados para reafirmar su objetivo de dominar el espacio al igual que la tierra —y para enviar un mensaje al gobierno chino.
Esta no es solo una “relación compleja”, sino muy contradictoria. China es el taller y el banco de EEUU, pero al mismo tiempo, el mayor desafío a su dominio global. Y la situación no es estática. Varios acontecimientos han amenazado con desestabilizarla —sobretodo la crisis financiera global.
Últimamente se está hablando mucho entre los comentaristas económicos sobre el “decoupling”. Este término se basa en la idea de que aunque EEUU entraran en recensión, la economía mundial podría continuar creciendo gracias al dinamismo de Brasil, Rusia, India y China, los principales “mercados emergentes”.
Esto muestra el peligro de creerte tu propia propaganda. EEUU aún representan una quinta parte de la economía mundial. Precisamente a causa de la interdependencia económica entre estos dos países, China es especialmente vulnerable a una desaceleración en EEUU.
Además, la propia economía china está dando señales de recalentamiento. La inflación ha aumentado rápidamente, arrastrada por el vigor del boom. Algunos creen que China va hacia una crisis económica como la de finales de los años 80, la cual propició las protestas de la Plaza de Tiananmen.
La crisis tibetana es otro acontecimiento desestabilizador. Parece que el Gobierno chino ha tenido cierto éxito jugando la carta nacionalista —en parte realzando los ataques contra etnias chinas en el Tíbet durante las últimas revueltas— aislando las protestas y manteniendo a la opinión pública a su favor.
La creciente campaña en EEUU de boicot a los juegos olímpicos es algo que Bush no necesita en estos momentos, ya que ha prometido al presidente chino, Hu Jintao, que asistirá a las olimpíadas. “Esta es la gran fiesta China”, declaraba un experto en Asia al New York Times, “si cancelara su visita perdería toda la confianza de China y haría mucho más difícil trabajar con ellos sobre temas como Corea del Norte o los derechos humanos”.
Bush está atrapado entre la necesidad de mantener estables las relaciones con China y el creciente lobby estadounidense anti-China. Estas contradicciones no harán más que crecer en el futuro, teniéndolas que afrontar también el sucesor de Bush.
Alex Callinicos es profesor de Política en la Universidad de York y miembro destacado del Socialist Workers Party de Gran Bretaña.
Artículo extraído de Socialist Worker. Traducción de Manel Ros.
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