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Chile: Un barco que navega hacia la derecha
La tendencia apunta a que el próximo gobierno deberá situarse más a la derecha que la actual administración Bachelet, un claro retroceso en una mayor democratización de la sociedad chilena.
Fernando de la Cuadra | Alai Amlatina | 2-6-2009 a las 3:20 | 479 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/chile-barco-navega-hacia-derecha

Si es cierto, el panorama electoral chileno  se ha venido decantando poco a poco en las últimas semanas, todavía  falta bastante para que las aguas se aquieten en el movimiento perpetuo  de alianzas y pactos en un año de elecciones. Los principales  competidores al sillón presidencial son Eduardo Frei por la Concertación  de Partidos por la Democracia y Sebastián Piñera por la “Coalición por  el Cambio”, una reciente sociedad entre los ya tradicionales partidos de  la derecha (UDI y RN) y un pequeño grupo de descolgados del Partido por  la Democracia (PPD), denominado Chile Primero.

La izquierda también ha  escogido su candidato: Jorge Arrate, ex Ministro de Minería de Allende,  ex Ministro de los gobiernos de Aylwin y Frei y ex embajador de Lagos,  un socialista de toda la vida que dejó las filas del partido para  construir un “Nuevo Pacto Democrático y Popular”, un referente que junto  a los partidos de la izquierda extra-parlamentaria (PC, PH, IC)  congregada en torno al “Juntos Podemos”, ha levantado su candidatura con  un fuerte sello Allendista.

Con bastante menor expresión, aparecen otros dos referentes surgidos  también de sendas escisiones de la Concertación. Con una inclinación más  conservadora, el Partido Regionalista de los Independientes (PRI)  formado por militantes disidentes de la Democracia Cristiana, tiene en  Adolfo Zaldívar a su figura más destacada, el cual se ha autoproclamado  candidato presidencial. Finalmente, otra facción que se escindió del  Partido Socialista en octubre del año pasado, ha conformado el  Movimiento Amplio Social, que levantó al Senador Alejandro Navarro como  su abanderado presidencial.

Sin embargo, para complicar aún más este escenario, desde las mismas  filas socialistas ha surgido repentinamente un nuevo candidato. Marco  Enríquez-Ominami, hijo del asesinado líder del MIR Miguel Enríquez (hoy  día transformado en el gran icono de la izquierda revolucionaria  chilena). Marco es un diputado joven, mezcla de galán juvenil, cineasta  y filósofo, que vivió su infancia y adolescencia en Europa. Con un  visual moderno e ideas contradictorias sobre economía y sociedad, se ha  encumbrado en las encuestas con sorprendente velocidad, llegando a pasar  el 10 por ciento de intención de votos, tendencia que puede seguir  aumentando en las próximas semanas, configurando una nueva interrogante  en el escenario de las candidaturas.

Los cambios en el padrón electoral
Hace un mes atrás la presidenta Michelle Bachelet promulgó la Reforma  Constitucional que establece la inscripción automática en los Registros  Electorales y el voto voluntario, quedando pendiente sólo la  promulgación de la Ley Orgánica que regulará el proceso de incorporación  de los nuevos electores. El proyecto de ley enviado por el Ejecutivo  supone que se afiliaran todas aquellas personas mayores de 17 años  nacidas en Chile, los nacidos en extranjero de padre o madre chileno  (que vivan al menos un año en el país) y los extranjeros nacionalizados  con derecho a voto.
Esta nómina será actualizada mensualmente por medio  de un informe que enviará el Registro Civil al Servicio Electoral. 

Lo anterior representa sin lugar a dudas una importante modificación del  padrón electoral vigente hasta ahora, abriéndose la posibilidad de  inscripción de cerca de cuatro millones de chilenos y chilenas no  inscritos, la gran mayoría de los cuales son jóvenes. En los hechos, la  nueva ley no significa que estos cerca de 4 millones de personas pasen a  formar parte del padrón electoral en forma automática, pues este proceso  será realizado en forma lenta al momento de efectuar el trámite para  obtener la cédula de identidad. Con todo se espera que un número  importante de jóvenes con más de 18 años se incorporen como futuros  votantes, superando con creces el escaso treinta por ciento (30%) de los  jóvenes entre 18 y 29 años que actualmente se encuentran inscritos en  los registros electorales

¿Que implicancias puede tener este aumento drástico del voto juvenil? En  realidad existe bastante incertidumbre de cual podría ser el impacto que  va a tener esta participación electoral en las elecciones presidenciales  y parlamentarias de diciembre próximo. Una conclusión de sentido común  nos dice que el voto de los jóvenes debiera inclinarse hacia un proyecto  progresista o de izquierda, considerando que una tendencia “natural” de  este grupo etáreo se vincula a los ideales de justicia social, opción  por el cambio y rebelión, anhelos que encarnarían mejor los partidos de  izquierda o progresistas. Sin embargo, una reciente encuesta realizada a  lo largo del país, revela que la intención de voto de los jóvenes se  orienta mayoritariamente hacia el representante de la derecha en la  próxima contienda presidencial.

Continúa la incertidumbre
Dejando a un lado el “fenómeno” Bachelet (1), cualquier radiografía de  la situación electoral puede ser errática, debido a la dinámica en curso  y a las efectivas posibilidades de que opciones presentes pueden cambiar  en los próximos meses. Ello puede depender de varios factores.

Un elemento importante a tomar en cuenta es el impacto de la crisis  económica mundial en el desarrollo de la actividad interna. Los  indicadores económicos han tenido un desempeño mediocre en los últimos  meses y la población está experimentando cotidianamente los efectos de  la baja en el crecimiento, la restricción del crédito y el alza de los  alimentos y, en general, el clima de incertidumbre que se abate sobre  todos los agentes económicos. El desempleo para el último trimestre  móvil llegó al 8,5%, lo cual representa un aumento de 1,2% con relación  a igual periodo del año anterior.

Ante este panorama el gobierno ha  creado un plan de crédito de apoyo a las pequeñas empresas con subsidios  para la compra de equipos, capacitación y, lo más importante,  reprogramación de las deudas contraídas. Si estas y otras medidas  tomadas por el Ejecutivo no son suficientes para revertir los impactos  de la crisis en el ámbito interno, es altamente probable que los  sentimientos de inseguridad, desesperanza y temor al futuro sean  traspasados a la coalición de gobierno.

Y frente a la crisis el voto conservador o sin una fuerte base doctrinal  (electorado precario en palabras de Antonio Cortés Terzi) se torna aún  más conservador. Por eso, es importante monitorear y evaluar el  desarrollo o evolución de la crisis para tener una idea más aproximada  de lo que podrían venir a ser las tendencias del electorado.

Otro aspecto a ser considerado dice relación con el grado de cohesión o  desgajamiento que siga experimentando el bloque de gobierno.  Efectivamente, todas las renuncias, salidas y desmembramientos hacia la  derecha o la izquierda de la Concertación, representan claros indicios  de la etapa de descomposición o de crisis terminal que enfrenta este  conglomerado, crisis que no sólo enuncia un agotamiento del proyecto  progresista y ciudadano que aspiraba construir, como también indica su  incapacidad para “disciplinar” a sus diversos componentes en torno a un  objetivo más concreto, que le permita dar continuidad en el plano  administrativo a un quinto gobierno.

Se puede interpretar esta indisciplina precisamente a partir del  desencanto que ha implicado la decadencia de una opción que se  sustentaba durante mucho tiempo como alternativa al dilema democracia  versus autoritarismo, pero que no ha encontrado fuerzas para reciclarse  y dar un paso que le permita transformarse en una proyecto país que  desmonte la estructura heredada de la dictadura y se vincule a una nueva  cultura política asentada en la equidad, inclusión y participación  democrática.

Del conjunto de factores apuntados anteriormente podemos extraer dos  conclusiones. La primera es que aún en la eventualidad de que la  Concertación obtenga un triunfo en la próxima contienda electoral, este  conglomerado se encuentra cerrando un ciclo iniciado en 1998 (año del  plebiscito) y su propensión al fraccionamiento debe continuar, ante lo cual parecen quedar sólo dos salidas: pensar en una renovación radical o  decidir francamente su auto-disolución.

Una segunda conclusión es que en todos los escenarios probables, la  tendencia apunta a que el próximo gobierno deberá situarse más a la  derecha que la actual administración Bachelet, lo cual representa un  claro retroceso con relación a los avances alcanzados en materias tales  como respeto a la diversidad, inclusión, protección social y,  especialmente, en lo concierne a una mayor democratización de la  sociedad chilena. Todo esto se daría además en el marco de una oposición  de izquierda fragilizada y restringida por los compromisos electorales  que ha asumido el Partido Comunista.

Nota:

(1) Resultados del “Estudio Nacional de Opinión Pública. Elecciones presidenciales

http://alainet.org/active/30611
 
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