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El “caso Comorera”: 2. Balance de la guerra

Al parecer de Comorera, el principal factor que explica la derrota republicana fue la política de no-intervención de los que serían los Aliados en la II Guerra Mundial.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 1-9-2008 | 595 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/caso-comorera-2-balance-guerra
Pero quizás convenga rebobinar un poco, hasta la inmediata postguerra, llegar hasta el balance que hará Comorera. Al contrario que otros del mismo tipo, éste no se limita a considerar la derrota como algo debido unilateralmente al mayor poderío del enemigo. Afirma que tanto Cataluña como el PSUC estuvieron a la altura de las circunstancias. Es más, valore muy positivamente la experiencia de "democracia popular” (aunque no emplea este término) catalana con su modelo de socialismo pluralista (sic) y de economía mixta. Reconoce posibles errores en la agricultura y de cara a la pequeña burguesía, pero aparte de eso las responsabilidades recaen en otra parte. En primer lugar se encuentra la no-intervención, tratada como es usual por los partidarios de supeditar la acción política a la búsqueda de una ayuda ”realista” de las democracias occidentales, posiblemente la mayor de las utopía de las fuerzas republicanas. En segunda lugar, culpa a la división del movimiento obrero en el sentido de que no se llegó al “partido único” del proletariado. Tampoco se pudo solventar lo que él mismo llama la “anomalía” anarquista.

        Finalmente, añade la no resolución del conflicto entre Cataluña y el gobierno central. Error derivado a su parecer por la existencia de dos tentaciones igualmente erróneas, la “separatista” de los catalanistas, y la “centralista” absorbente de los gobernantes del Estado. En este punto Comorera no entra en consideración sobre su litigio con el PCE en relación a las medidas antiautonómicas del gobierno de Negrín, ni en el hecho de que él apoyó a Companys. Todos los especialistas  coinciden en estimar que este es un claro antecedente del conflicto final, de cuando su nacionalismo fue el motivo de su descalificación política dentro del PCE-PSUC. Pero no nos adelantemos...

        Este informe está escrito en medio de un clima hostil contra los comunistas que se verá acentuado después del pacto nazi-soviético y que se reeditará en el marco de la “guerra fría'. No era posible por lo tanto poner en funcionamiento los esquemas de la política “unitaria” en el exilio, y la lucha contra el régimen franquista conocerá sucesivos fracasos al menos en sus concreciones de corto plazo. Comorera entiende ya tempranamente que la posibilidad de una nueva soldadura unitaria pasa por la reconstrucción del movimiento en el interior. Para él la unidad antifranquista y la emigración son contradictorias. El exilio suscita “las malas pasiones, las ambiciones mezquinas, las maniobras turbias, las luchas personales, la permanente y agria disputa por las responsabilidades de la derrota, medran y se conjuran contra la unidad y la destrozan”. Se remite a las desgraciadas experiencias de italianos y alemanes, y propugnaba que el PSUC no fuera nunca un partido de la emigración sino de la resistencia interior. Esta insistencia será también otro problema que cuenta, en el trasfondo de su “caso”.

        En su análisis, presume que el desarrollo de la resistencia dará lugar a un previsible resurgimiento de tendencias nacionalistas periféricas -centrífugas- frente al brutal centralismo franquista y por lo tanto, hay que poner al día la teoría marxista sobre el hecho nacional catalán.

            En este terreno, -como en otros-, Comorera no se mostraré nunca como un intelectual capaz de profundizar sobre el problema, aunque por su experiencia y preparación universitaria, toda su experiencia en Argentina, su trayectoria como político en los gobiernos de Companys, lo elevan sobre el resto de la dirección del PSUC. Sus planteamientos estaban muy lejos de ser originales y reflejaban la debilidad del marxismo socialdemócrata -al que nunca dejó de pertenecer- y del estalinista catalán sobre la cuestión. Su esquema era muy coincidente, al menos formalmente, con el que había desarrollado antes de la guerra Joaquín Maurín. El nacionalismo catalán había conocido tres etapas en su desarrollo, la burguesa, la pequeñoburguesa y la proletaria. La primera se remontaba “al periodo romántico” decimonónico o “etapa literaria del resurgimiento nacional”, que concluye con la crisis de 1898. Los rasgos determinantes de esta fase eran su arraigo popular, su antimonarquismo, su antimilitarismo y su anticastellenismo. El representante más genuino fue Valentín Almirall. Esta burguesía “enérgica” fue políticamente organizada por la Lliga Catalana, que acabó colaborando abiertamente con la dictadura de Primo de Rivera que le garantizaba el orden público y el mercado del  
resto del Estado. La segunda etapa comienza con la victoria de Maciá --el 14 de abril fue cantado en Cataluña como un triunfo de éste, de L´Avi, sobre Cambó--, y marca “la incorporación masiva de la clase obrera a la vida política” a través del sufragio universal. La Esquerra agrupaba a menestrales, campesinos y obreros, cuya prolongación sindical seria el anarcosindicalismo. Comorera habla de una ”línea republicano-anarquista”, lo que no deja de ser sorprendente ya que mientras que los anarquistas eran perseguidos por la Generalitat por sus actividades huelguísticas, su partido estaba en el gobierno y él era ministro.

        La línea de demarcación con esta etapa no tiene lugar, como lo sería para Maurín, en 1934. De hecho, Comorera aceptó a regañadientes embarcarse con la Alianza Obrera y no interpretó el fracaso del 6 de octubre como el fruto de la incapacidad de la pequeña burguesía, en su opinión se había ido demasiado lejos. Será, siguiendo su interpretación, en 1936 cuando “el proletariado catalán -escribe- va superar la etapa del republicanismo demagógico y confusionista”, y se va a entrar en otra fase en la que la burguesía “no dirigía el movimiento nacional catalán (...) Los dirigentes del movimiento nacional catalán son los trabajadores y el campesinado, los cuales han formado su instrumento político: el PSUC y su instrumento sindical: la UGT”. No deja de ser bastante curioso que los diversos especialistas que han “reivindicado” a Comorera no traten --al menos no seriamente, con todas las consecuencias-- de contrastar estos planteamientos con una realidad obrerista-revolucionaria que contratradicen estos razonamientos...

          Comorera se interroga a continuación sobre cuál era la herencia política que el PSUC debería de recoger. Para él estaba claro: “con una formulación justa, el heredero de Maciá no seré otro Maciá del campo tradicional republicano--anarcosindicalista; su heredero será el. PSUC. Como partido nacional y proletario el PSUC debía de asumir la herencia radical pequeño burguesa, recoger su bandera para “rehacerla según nuestra característica, dándole un contenido social--económico”. Esta herencia la de la República catalana que Maciá había abandonado en 1931 y que la Alianza Obrera había hecho suya en 1934, con la finalidad última de fu mar parte de “una unión libre de las Repúblicas hispánicas, iguales en derechos”. Pero mientras que para Maurín este objetivo sólo era posible en el marco del socialismo entendido, a la manera clásica, como una democracia obrera, Comorera no ve el socialismo más que como un objetivo muy ulterior, en tanto que excluye cualquier consideración sobre las demás tendencias obreras.

          En esta época, finales de 1939, principios de 1940, Comorera es de hecho la única cabeza pensante del equipo dirigente del PCE--PSUC. No dudará ante el pacto nazi--soviético y el requiebro político que conlleva --las “democracias” occidentales son perversamente imperialistas en tanto que el fascismo pasa a ser un enemigo secundario--, y refuerza su bagaje teórico durante su estancia en julio del 39 en Moscú. Poco después en una conferencia “contra la guerra imperialista” y “por a liberación social y nacional --el orden no es casual-- de Cataluña”, Comorera hace por primera vez un amplio citario de Lenin y Stalin sobre la cuestión nacional, y desarrolla un esquema que luego profundizaré en un texto llamado El problema de las nacionalidades en España, escrito en 1942.

            A la manera estalinista se pregunta primero qué es una nación y una vez establecido el modelo lo analiza en base a España. Su respuesta es que España no es una nación sino un “Estado imperialista multinacional” compuesto por cuatro naciones: la castellana o española, la catalana, la vasca y la gallega, las llamadas nacionalidades históricas. Pero mientras que para Stalin la cuestión nacional es inherente a la revolución burguesa, Comorera lo desplaza “en lo esencial” hacia los campesinos, ya que son los pilares más estables de todas las nacionalidades, tanto de Las que someten como de las que son sometidas en el orden histórico, Comorera señala como ”cada paso adelante, en el sentido nacional” de Cataluña, ha coincidido con movilizaciones y crisis a escala de Estado, con hechos de lucha social, y que se concentran durante la II República hasta el levantamiento de 1936, Ni una cosa ni otra le Lleva a avanzar en reflexiones de interés sobre el lugar de la cuestión agraria en el Estado español ni sobre la necesidad de coordinación entre la lucha nacional y el internacionalismo. La teoría en el caso de Comorera tiene como objetivo ilustrar Las diferentes adecuaciones tácticas de su partido; no hay ninguna reflexión estratégica de fondo. Esta debilidad es sintomática hasta 1949; lo que viene después seré una fuga hacía adelante, propia de un republicano desesperado. Responde al menos a dos razones importantes, primero a la debilidad del PSUC en el período ya que sus núcleos de resistencia en el interior apenas si existen y su espacio dentro del aparato comunista es de subordinación 1i deja de ser significativo que la dirección del PCE comprometa en primer plano a Comorera en todas las medidas de uniformación que enladrillan el camino de su propia depuración. Segundo, a una debilidad teórica que se manifiesta mucho más claramente cuando la terminología marxista no se corresponde con ninguna realidad concreta --Comorera, como todo el exilio, no trata nunca de situarse ante el verdadero abismo de la derrota--, ni ilustra ninguna acción practica partidaria porque la casi totalidad del partido se encuentra en el exterior...

          No se puede por lo tanto conferir la categoría de una reflexión teórica seria a los planteamientos de este período que algunos especialistas tratan como base real de sus discrepancias con el aparato del PCE. Comorera trata, eso sí, de desarrollar su antiguo esquema sobre la “vía democrática” que ha sido el hilo de su vida militante. Conviene recordar que sus diferencias con el PSOE no se daban sobre el carácter “menchevique” de la revolución española sino sobre el papel que en esta revolución debería de ocupar el hecho diferencial catalán. Cuando tiene lugar la crisis de la mitad de los años treinta, Comorera radicaliza su lenguaje, pero en realidad no ha puesto en cuestión la naturaleza del cambio que tenía que darse en Cataluña. La diferencia entre la USC y el PSUC es que mientras el primero se limitaba a ser “el toque socialista” de la Esquerra, la mayor implantación del segundo le permitía forzar más sus contenidos social--económicos”, algo muy distinto al socialismo. Comorera será el más interesado en cortar las relaciones con los grupos que darán lugar a la creación del POUM --después del PCC, naturalmente--, el que determina el corte en la “unificación marxista”. Socialdemócrata radicalizado considera que el VII Congreso de la  Internacional Comunista confirma su esquema político etapista, y la URSS le otorga una referencia y un prestigio del que antes carecía. De ahí que durante los momentos cumbres de la guerra civil --mayo del 37-- sus antiguos compañeros con Serra

            Ve un futuro con trazos favorables a las masas populares, todo como parte de “una perspectiva histórica enorme”, dentro de la cual estas masas “dirigidas” por el proletariado “podrán tomar el poder político de la nación y marchar adelante en el proceso de su reconstrucción democráticamente”. Prevé la formación de gobiernos de coalición entre obreros y sectores campesinos y pequeños burgueses, con la ambigüedad característica propia de la época frente populista que hacia representante de estos sectores a partidos como el radical francés. En un primer tiempo estos gobiernos serán de coexistencia social, pero preparan un próximo día en los que una realidad gloriosa y fecunda, constituida, no por los monopolistas, sino por los pueblos liberados del monopolismo, los que ejercerán libremente su soberanía”. Ni en los casos de las “democracias populares” ni en los de gobiernos de “Unión Nacional” como se conocieron en Italia y r-rancia, se concretará esta previsión, una previsión “idealista” que representa una variante del esquema etapista de un socialdemócrata asimilado al estalinismo.

          Durante esta época, Comorera ha tratado de salvaguardar algunos elementos de autonomía del PSUC a través de su equipo desde dentro, o sea actuando como un baluarte de la ortodoxia dentro del PCE al tiempo que trataba de que le dejaran hacer en el grupo catalán. Su nombre va por lo tanto unido a todos los casos de destrucción y descalificación de los “disidentes” que en muchos casos ni siquiera sabían que lo eran. Cuando comenzó la ola antititoista, Comorera hizo lo propio. Pero los tiempos se hicieron más difíciles con la “guerra tría”; el PCE quedó diezmado por diversos fracasos y fue prohibido en Francia. Entonces el partido se fortalecería depurándose y la consigna era aprender a distinguir los enemigos que se disfrazaban de amigos., .como Comorera, último baluarte de la degeneración nacionalista que representaba querer mantener dos partidos en una única nacionalidad. Este crimen coincidía en tiempo y en forma con el titoismo, y Comorera tuvo que conocer sobre sí mismo la misma maquinaria que él mismo había aplicado a sus adversarios. Se había equivocado, ¿pero no es natural equivocarse?, podía estar equivocado, pero ¿no fue un dirigente en otro tiempo respetado?. Como un Nin cualquiera Comorera era el error y su pasado era el antecedente de la traición...Se refugió en la clandestinidad desahuciado, todas las puerta, la de la URSS, la de Togliatti, Thorez, se le habían cerrado. Desde la prensa del PSUC fue denunciado como espía y enemigo, y su regreso fue interpretado como una maniobra de camuflaje, eso contribuyó a que la dictadura encontrare a su amigo y pesó los últimos años de su vida en la cárcel, repudiado por su propia hija y por sus camaradas. El PCE no tenía el aparato coercitivo de los Estados de los países del Este, pero en ausencia de un movimiento socia vivo y activo, su aparato funcionaba con las reglas del fanatismo, la corrupción y la impunidad.

        Ahora se le quiere rehacer de nuevo, pero la dirección es opuesta a la de 1936 y a la de la postguerra.

        Comorera emergió como el líder indiscutido de esta formación, a pesar de que había sido el componente más opuesto a su adhesión al Komintern y luego el que más énfasis puso en su obediencia catalana, lo que culminó en el reconocimiento del PSUC como “sección catalana” de La Internacional y no del PCE. Esta fue la única ocasión en la historia del Komintern en el que bajo un mismo Estado coexistían dos secciones nacionales, algo contradictorio con sus propios estatutos. De formación y convicción socialdemócrata, Comorera hizo un “matrimonio de conveniencia” que le permitía contar con un partido en ascenso capaz de asegurarle una base política institucional muy superior a la USC y desde el VII Congreso de la Internacional Comunista entendió que había una convergencia en las estrategias de la II y la III Internacional. Su diferencia con el PSUE que nunca quiso reconocer el hecho diferencial catalán quedaba reafirmada en un partido que buscaría su espacio corno aliado en ascenso de la Esquerra frente al movimiento revolucionario surgido en julio de 1936.

        En los dos primeros años de la guerra civil la coincidencia de criterios fue prácticamente absoluta. Comorera anteponía legalidad del Front de Esquerras en Cataluña al movimiento revolucionario animado por la CNT-FAI y en menor medida por el POUM, y con esta orientación actuó en la Generalitat, siendo el más consecuente, hasta el extremo de situarse a la derecha de Companys-Tarradellas, más propensos a un consenso con la revolución y a una modificación gradual de la correlación de fuerzas a través de las instituciones en las que los anarcosindicalistas mostraban su bisoñez. Comorera contribuyó poderosamente a crear el “climax” de “progrom” contra el POUM consiguiendo que el PSUC apareciera como un modelo a seguir en este sentido para Togliatti. También fue el más convencido partidario de imponer una política que posibilitare la ayuda de Las potencias occidentales a Cataluña, y con ambos pies --anticolectivizaciones y primero que todo la coincidencia con Francia e Inglaterra-- su partido creación en la periferia del movimiento obrero y reconstruyó una UGT catalana a su imagen y semejanza. Esta actuación ha sido considerada como modélica por historiadores.

 
 
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