Dos discursos prácticamente intercambiables. Dos voces que se alzan proclamando a los cuatro vientos la dignidad humana. La semana pasada Pere Casaldàliga entrevistado por Mònica Terribas en el canal TV3 de Televisió de Catalunya, y hoy el discurso de Hugo Chávez ante la Asamblea de las Naciones Unidas en la edición de Red Voltaire que acabo de recibir por correo.
No puedo evitar preguntarme ¿qué hace falta para que la humanidad despierte? ¿Cómo puede ser que unos razonamientos eticopolíticos tan claros puedan ser desoídos por nadie? Y sin embargo la mayor parte de la población de los países que se dicen civilizados los ignoran. La población, eso es lo grave, que los gobiernos ya sabemos que van a lo suyo. ¿Qué maldito opio le han dado ahora al pueblo? ¿Y quién se lo ha dado ahora que los curas ya no pintan nada?
Casaldàliga, Hugo Chávez y quien esto escribe, y a buen seguro también la mayor parte de quienes lo leen creen, creemos en la capacidad de los seres humanos para sobrevivir como especie, y aun más, para evolucionar hacia unos estados de perfección mucho más elevados que los que ahora ostentamos. Pero hay que ser realista y hay que aceptar también que en lo más profundo de la naturaleza humana pervive un germen de destrucción que va a ser muy difícil erradicar, y ese germen está siendo explotado por los paladines del capitalismo.
No vamos a ser ingenuos. Está claro que no es porque hay vino que hay borrachos, sino que hay vino porque hay borrachos. La «Ley seca» tenía que acabar con los borrachos, pero lo que en realidad hizo fue estimular el contrabando y darles vida a los gangsters. El ateísmo tenía que acabar con el opio del pueblo, pero el pueblo ha buscado otras adormideras. El bienestar material nacido de los avances de la técnica tenía que garantizar una vida digna para todo el mundo, pero la realidad nos muestra que el confort no ha mejorado en nada la calidad humana de las poblaciones que lo gozan. Quien no tiene un Dios se lo inventa, me dijo una vez una monja y creo que tenía razón. Un Dios o varios dioses y aun ídolos sangrientos, y con frecuencia uno y otros a la vez, porque lo propio de la naturaleza humana es vivir de rodillas adorando. Todo parece más fácil que vivir con conciencia esa condición humana que nos dignifica.
Si profesase creencias religiosas tal vez acabaría aceptando el mito del Paraíso y creyendo en el «pecado original», esa especie de maldición divina que nos hace vivir errantes, deambular por la tierra como parias del alma proscritos del Reino de los Cielos. Pero no, porque eso sería rendirse a la animalidad y a la barbarie. El ser humano tiene en lo más hondo de su naturaleza, junto con ese instinto animal que lo degrada, la facultad de usar su mente en favor de su desarrollo personal en tanto que especie, no tan sólo como individuo integrante de un sistema que lo esclaviza. Y es deber moral para quienes así lo vemos poner todo nuestro esfuerzo para compensar la labor nefasta de quienes, rendidos a los imperativos del sistema, se ponen de su parte y colaboran con él a la destrucción sistemática y necia de su propia especie y del espacio material que ésta ocupa.
Creo firmemente en la naturaleza humana y en su capacidad de evolución. Creo que todo ser humano es redimible por medio del Amor. Creo que lo único que hace falta es que quienes así lo creemos seamos en nuestro entorno fermento de esa fe. Demagogos y estafadores de todo orden no tienen nada a hacer en poblaciones conscientes y con el alma viva y despierta. «No demos nosotros descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar la humanidad». «El gran desafío: humanizar la Humanidad».
¡Que nadie se rinda! ¡Que nadie ceje! ¡Cada cual a su trinchera!
Pepcastelló
Discurso del Presidente Hugo Chávez Frías en la Sexagésima Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas
http://www.voltairenet.org/article128112.html
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