No es cierto que los pueblos tengan los gobiernos que merecen. Los pueblos los hacen quienes los rigen, al igual que las familias. No son los hijos quienes dan el nivel humano de una familia sino la calidad humana del padre y de la madre y de los demás miembros adultos cuando los hay. Son los de arriba quienes orientan y crean el ambiente adecuado para que los hijos crezcan con la mente bien configurada, con capacidad para pensar y discernir, con valores humanos en el corazón. No podemos esperar que de unos padres irresponsables y egoístas que tratan a sus hijos con desamor salga una prole ejemplar por sus virtudes, su empatía, su solidaridad, su capacidad de comprender a los demás, su disposición y buen ánimo para echar una mano cuando haga falta... No, no es posible esto, porque sin duda alguna el amor se engendra con amor, la honestidad con honestidad, el espíritu de trabajo y sacrificio con el ejemplo constante de los mayores, y la capacidad de pensar y de reflexionar con la forma de abordar los conflictos que se ha mamado en el hogar. Y es bien sabido que de padres maltratadores y represores salen hijos de idéntico talante. Salvo contadas excepciones, la chusma engendra chusma. Hasta el refrán lo dice: «de tal palo, tal astilla».
¿Que podemos esperar, pues, de un pueblo que generación tras generación ha estado mayoritariamente gobernado por desalmados sátrapas, por gentes sin el menor atisbo de moral, por oportunistas sin escrúpulos, por cínicos embusteros que mienten reiteradamente sin la menor vergüenza, por políticos que basan el triunfo en la habilidad para embaucar y confundir? ¿Qué esperaríamos de unos hijos que creciesen en un hogar regido por unos padres que respondiesen a estas características?
No hace falta ser un lince ni pensar mucho para darse cuenta de que otra cosa no ofrecen los gobiernos de turno a sus gobernados sino llenarles el vientre, hincharles la mente de vanidad y consumismo, distraerles con todo género de circo, y molerlos a palos cuando se manifiestan o no pasan por el aro.
Normas cada vez más arbitrarias impuestas con el pretexto de protegernos que no son sino formas alambicadas de capar al pueblo, de someter a la ciudadanía a la voluntad de quienes gobiernan y de sus subalternos. Normas que reducen cada vez más la iniciativa personal en beneficio de la obediencia. Represión y castigo en vez de una acción pedagógica encaminada a hacer personas responsables. Instrucción escasa y utilitarista, en vez de educación. Y para rematarlo, la “Ley del Embudo” como norma suprema.
Esto es lo que he visto desde que tengo uso de razón. Y lo sigo viendo. Y que no me venga nadie con monsergas, que no sé yo de gobierno ni partido que muestre por estos pagos otras opciones. ¿Qué se puede esperar de un pueblo gobernado de este modo? Salvo honrosas y excepcionales minorías, gente vacía, sin alma y sin conciencia.
Cuando en algún momento a lo largo de la historia han surgido personas con verdadera talla humana, con dignidad, con sentido del deber, con afán de construir un mundo más humano y más justo, los pueblos por ellas gobernados han avanzado en cultura y humanidad. Pero esto ha sido tan sólo en períodos muy breves, pues lo que fundaron esos espíritus verdaderamente humanos fue heredado cuando no usurpado por títeres sin cerebro ni conciencia que en un santiamén redujeron a escombros cuanto con ilusión y esfuerzo había sido construido.
Hoy los gobiernos disponen de medios y de tecnología que les permite llevar a cabo con eficacia la sumisión del pueblo y su manejo. Televisores con pantallas cada vez más grandes, programas cada vez más imbécilmente seductores y consumismo a chorro para idiotizarnos. Cámaras y sistemas de vigilancia cada vez más eficaces y cuerpos de policía cada vez más numerosos y desalmados para implantar la tolerancia cero a cualquier intento de rebelión y a toda violencia que no sea la ejercida por el Estado. El “Mundo feliz” de Aldux Husley y “El final de la violencia” de Wim Wenders conjugados en presente, puestos ya al día en nuestra realidad gracias a los avances de la tecnología. Pero en la mente de quienes nos gobiernan, sean del color que sean, no hay más que una sola idea: someter al pueblo y explotarlo.
Para ser sincero debo decir que, salvo en los medios, cada vez veo menos diferencia entre los tiempos de la dictadura que me tocó vivir y los que ahora corren.
Pepcastelló
Pepcastelló|12-01-2008 20:58
 
A ti te parece idealista mi artículo y muy realista la frase de Lenin, pero a mí no. Lo idealista es pensar que el pueblo se hace a sí mismo, y que por más malnacidos que haya lavándole el cerebro va a mantener un nivel de pensamiento y de cohesión suficiente como para ejercer acciones liberadoras.
Lo diría Lenin, pero abre los ojos y mira a tu alrededor. Y recuérdalo cuando mires la tele, o el velocímetro de tu coche para no pasarte, no sea que te salte el radar.
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R.|12-01-2008 21:04
Cómo se puede hacer un comentario como el anterior y quedarse uno tan ancho. Qué ha dicho esa criatura, cómo puede afirmar que debería suceder igual que en Yugoslavia.
Lo peor de la izquierda es su alto grado de ignorancia, su repetitivo discurso a falta de uno propio, meditado y personal.
Es muy interesante, por otro lado, la visión que el autor de esta reflexión ofrece acerca del pueblo y el poder. Sin duda, hay mucho de cierto en ella, pero sería una ingenuidad si se exculpara al pueblo de toda responsabilidad. ¿Cómo puede ganar Bush las elecciones; cómo pudo ganarlas Sarkozy; cómo pudo Berlusconi?
El problema es que el pueblo ha dejado de existir; hoy en día, para no andar errados, es más correcto hablar de consumidores. Aún no hemos asimilado que ésta es la era de la globalización económica, de la muerte de las ideologías, del final de la historia.
En fin, mi tesis consiste en que el pueblo, en sentido clásico, ha muerto. Dios, sin embargo, ha resucitado. No sé cuál de los dos acontecimientos merece más congoja.
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al anónimo
Pepcastelló|13-01-2008 01:01
¿En qué te basas para decir que Dios ha resucitado?
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R.|13-01-2008 20:02
Podríamos estar hablando de la idea de dios hasta el infinito, desde todos los puntos de vista, no sólo el religioso. Ése es el más aburrido para mí. En este caso, he hecho esa afirmación porque dios siempre resucita en épocas de crisis de pensamiento, de vacío espiritual, de pesimismo y de gran desconfianza hacia nosotros mismos.
Esa gran impostura del 11-S fue el detonante. Aparte de la incalificable injusticia en que el mundo se precipita desde entonces, aquella fecha marca también el comienzo de una insuperable desesperanza en el ser humano. Dios resucita en las almas de las gentes para aliviar en buena parte el dolor de existir; pero también porque estos períodos inciertos de la historia siempre han sido aprovechados por las instituciones religiosas de cualquier tipo para engrosar su número de clientes y reafirmar el poder que poseen en una mentalidad general formada bajo el mandato de sus preceptos. Su negocio, su dios cotiza al alza en épocas donde cunde el miedo: nunca ha existido una época más apta para la implantación de un imperio del terror.
En resumen, dios, como idea y como herramienta del poder, ha resucitado porque el ser humano no se soporta a sí mismo y porque las distintas iglesias aprovechan nuestras debilidades y nuestros miedos para recrear con brío sus imponentes dioses. El miedo: dios existe otra vez para quitárnoslo y para dárnoslo. Y los profesionales de la fe conocen perfectamente que una población asustada es mansa, fácil de gobernar y de engañar.
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en diálogo con anónimo
Pepcastelló|13-01-2008 21:48
Yo esto que dices no lo entendería por la resurrección de dios, porque este dios al cual te refieres no ha muerto nunca. Ya se han encargado de mantenerlo vivo los profesionales de la religión y los políticos a ellos asociados. Reaparece (que no resucita) cada vez que les hace falta, como en las procesiones aparecían los cristos crucificados y demás imágenes religiosas para pedir la lluvia o el cese de una epidemia.
Pero hay que poner las cosas en su sitio y en su justa medida para no confundirnos ni confundir. Este dios procesionario utilizado por los embaucadores profesionales solamente es válido para una pequeña parte de la población que ha mantenido viva la imagen del Dios cristiano medieval. Otra parte de la población creyente ha hecho evolucionar esa idea de Dios, y le da otra utilidad. Yo personalmente estoy contra los primeros. Pero aunque no profeso ideas religiosas de ningún orden, respeto a quienes intentan encontrar en esa abstracción mental que denominan Dios el motivo de su vida. Y me vienen a la memoria nombres como Casaldàliga, Oscar Romero, Angelelli, Ellacuría… Y los de otras personas que me sé y conozco.
Pienso que quienes profesan creencias religiosas merecen tanto respeto como merecemos quienes no creemos en seres sobrenaturales, y sí en los valores que nos caracterizan como seres humanos. En mi opinión, quienes aseguran estar en posesión de la verdad son seres peligrosos y posibles enemigos de la convivencia. De esto a justificar holocaustos no hay más que un paso.
Quiero dejar bien claro que los embaucadores que manipulan la mente de las pobres gentes para manejarlas a su antojo no me merecen respeto alguno sino el más absoluto desprecio. Y tanto si esta manipulación se hace mediante creencias religiosas como profanas. Ideologías como el neoliberalismo reinante son tan peligrosas o más que los fanatismos religiosos, porque en última instancia, a estos se los puede reducir a la esfera privada, algo que no es posible hacer con el neoliberalismo.
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R.|14-01-2008 18:01
Este tema se presta a infinitas réplicas. Quiero dejar claro que no ataco al creyente sencillo, al crédulo necesitado de asideros ni a persona alguna que cultive la espiritualidad. Una de mis grandes aficiones es la mística, ya sea la occidental, tan escasa en manifestaciones, pero de bella profundidad; ya sea la oriental, pues he hallado en el sufismo (por ejemplo) alguna respuesta a la eterna y compleja pregunta de intentar llegar a saber quién soy o, al menos, llegar a conocerme mejor. Mi inquina siempre irá dirigida hacia las instituciones y autoridades  eclesiásticas, sean del signo que sean, al peligroso monoteísmo.
No me refería a un dios concreto, sino a la pura idea, a la divinidad destructiva que aniquiló al paganismo: una manera de religiosidad ancestral, una filosofía de la existencia en la que el ser humano no era superior a ningún otro elemento de la Naturaleza, sino parte de ella. Todavía este paganismo es practicado por las pocas y mal llamadas sociedades primitivas que aún logran sobrevivir en el planeta.
El poder fabrica dioses a su imagen y semejanza, y en estos momentos, como en época de cruzadas, esta idea adquiere dimensiones monstruosas: un dios guerrero, despiadado, injusto, viva imagen del neoliberalismo económico al que te refieres. No se puede hablar de dios sin vincularlo al hombre, pues es el hombre quien crea a los dioses a su imagen y semejanza, y en esta época, como dije, ha resucitado el monstruoso dios de las cruzadas.
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Kissel
A|14-01-2008 20:44
Aunque lo dijera Lenin (no lo creo) los pueblos no tienen los gobiernos que se merecen, sino los que dan las coyunturas y la correlación de las fuerzas políticas y sindicales. 
¿Se merece el estado obrero espahnol la socialdemocracia y los traidores sindicales? Nó, pero se sufren sus medidas arbitrarias por la coyuntura de la transición post-franquista  y el miedo al guerracivilismo sembrado por el dictador.
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a Kissel
Pepcastelló|15-01-2008 12:37
Veo que nos vamos entendiendo. No se merecen los trabajadores de este país ni los gobiernos ni los sindicatos que tienen, pues unos y otros no son sino fuerzas de contención que tiene por misión someter y explotar al pueblo. Pero con ser esto muy grave, no me parece que sea lo peor que nos puede ocurrir. Lo peor es que este estado de   cosas aniquila la conciencia y el espíritu de lucha de la mayor parte de la clase oprimida. Y si a esta realidad aplastante le añades el permanente lavado de cerebro que se produce a través de los medios, el panorama resulta ya bastante desesperanzador. Pero bueno, seguiremos en la brecha y haremos lo que podremos.
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Al comentarista anónimo (un nik facilitaría el diálogo)
Pepcastelló|15-01-2008 12:54
Estoy completamente de acuerdo en que la mente humana genera los dioses que precisa en cada momento. Y como bien apuntas, ahora tenemos una religión de ídolos sanguinarios a los cuales adoramos: confort, dinero, prestigio personal, poder…
La civilización occidental ha perdido el rumbo por completo, y a ello han colaborado activamente cuantos han vivido y viven todavía de engañar al pueblo, entre ellos la ICR, algo grave en extremo porque se supone que tenía por misión predicar la Buena Nueva evangélica. Y como consecuencia de ese engaño institucionalizado y del abandono espiritual en que se ha visto sumida la mayor parte de la población, el neoliberalismo ha entrado a saco y ha triunfado. Hoy no tiene ya sentido de la honestidad casi nadie, y quienes todavía lo tienen lo viven como “el patito feo”.
Pero bueno, ya que estamos metidos en espiritualidades y me hablas de sufismo, me permito recomendarte que le eches un vistazo a esta página.
Es un placer conversar contigo. Hasta otra.
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R.|15-01-2008 17:59
Te agradezco mucho que me hayas facilitado el enlace de esa página: en un primer vistazo he encontrado varios artículos que me van a interesar. Creo que quienes no nos adherimos a ninguna doctrina vamos a estar de acuerdo siempre en lo esencial.
Por cierto, R. significa Rosa, que no es un apodo, sino mi nombre. Aunque un nombre cualquiera en la Red no deja de mantenernos en el anonimato. Mil gracias por tu amabilidad. También me ha encantado esta breve charla.
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a Rosa
Pep|16-01-2008 15:15
Pues si te interesó esa página, tal vez te interese también este trabajo 
http://www.servicioskoinonia.org/relat/352.htm
Tengo más material de este orden, ya me dirás si te interesa.
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