Esto tiene más influencia de la que parece en las dimisiones y en las luchas internas del socialismo real.
  Quitando en Cataluña donde barre el PSOE, y Aragón, donde el PSOE saca dos escaños al PP, y en Sevilla donde le dobla, en el resto de las circunscripciones todo son empates o ventajas del PP. Pese a todo son un millón de votos más a favor del PSOE respecto al PP en el conjunto "nacional".
  En efecto, son casi justos un millón de votos de diferencia: 11 por 10. Sin embargo, ¡maldición!... Después de dos legislaturas a cargo del partido del fascio renovado; después de dos legislaturas plagadas de mentiras y de despotismo; después de haber metido al país en una guerra contra el clamor de un 90% de la población; después de haber manipulado la catástrofe aérea del Yack; después de tergiversaciones sin límite; después de una corrupción generalizada para adueñarse del poder y enladrillarlo todo; después del más deplorable estilo propio de países sólo en vías de desarrollo moral; después de rumiar rencor incontenido a lo largo de toda esta anterior legislatura; después de un vergonzoso no saber encajar la derrota el 11 de marzo de 2004; después de pisotearlo literalmente todo: la paz, la nobleza que obliga a quien asume la gobernación... Después de todo eso, esta gente que parece miembro de una banda de moscas cojoneras, de pejigueras, de mendaces, de alborotadores y de cafres, consigue ¡10 millones! de votos. Diez millones que son del mismo fuste que los 43 millones que votaron a Bush después de dos invasiones genocidas y ladronas, después de incontables crímenes de guerra y de un sinfín de trapacerías...
  ¿Qué lectura puede darse a semejante aberración? ¿Está este país habitado por diez millones de analfabetos políticos, de amorfos y de descerebrados? ¿o simplemente coexisten con nosotros diez millones de listos como el hambre? Lo que sí veo es que este rincón que sigue en su sitio en la Historia, permanecerá partido en dos por los siglos de los siglos; seguirá polarizado entre una mitad juiciosa y otra caterva de débiles mentales. Siguen los mismos dos bandos de la guerra civil maquillados. No hay cambios. Las trincheras permanecen estancadas. La España profunda, incólume, ahí sigue.
  Pero es que, por si fuera poca la trampa para blindar el dominio de la plutocracia, esa ley electoral perversa a la que al principio hago referencia (o no tan perversa porque quienes la introdujeron con la Constitución sabían muy bien lo que hacían para perpetuar el predominio de patricios, pudientes con casa abierta y clases medias) va minando, poco a poco, todo vestigio de biodiversidad ideológica para situarnos dentro de muy poco en un bipartidismo irreversible que sólo puede tener sentido en el imperio. Lo tiene allí, porque allí sólo se gestiona la dominación sin adjetivos. La política interior, en Estados Unidos, no cuenta para nada o es irrelevante en la medida que no cuentan las grandes minorías de negros, de hispanos y de otras etnias marginales. Sólo allí cocinan la política doméstica los blancos, anglosajones y protestantes: los wasp.
  ¿Pero y aquí? En quinientos mil kilómetros cuadrados poblados por decenas de sensibilidades de norte a sur, de este a oeste ¿qué correspondencia hay entre la realidad antropológica y la realidad política, cuando los castellanos detestan a catalanes, a vascos, a gallegos, a andaluces y a todo aquél, en fin, que no se deje sodomizar por ellos?
  Cuando los que mandan, opinan y gobiernan de hecho, contenidos a duras penas por los moderados, no hacen más que perseguir a todo aquél que no se una a ellos ¿qué clase de unidad, qué concordia, qué respeto, qué entendimientos puede haber cuando ellos no quieren ni saben convivir con lo diferente a ellos a menos que sea bajo su batuta o su látigo?
  Lo repito. La Ley Orgánica 5/1985 del Régimen Electoral General que recoge en su capítulo III las perversas normas que rigen el recuento de votos y su posterior asignación de escaños, ya se encarga de anular a la izquierda anticapitalista. Esa ley es un desastre. Y esta legislatura debiera ser la definitiva para su derogación. Mientras persista, esto seguirá siendo un foco de inestabilidad. En ningún otro de Europa, salvo los Estados emergentes, existe una atmósfera tan irrespirable donde, además, los purpurados talibanes brillan como un partido político en toda regla ideado para atizar el odio que por un lado infunden al país y por otro lado atraen contra ellos. De ellos hay que esperar lo peor de esta legislatura...
  !Menuda diferencia entre el electorado francés que se ha dado cuenta de la ralea del más votado en las generales, Sarkozy! Menuda diferencia, pues acaba de castigarle duramente en las municipales.
  Por otro lado, aquí, resulta increíble y hasta sospechoso que la defenestración virtual del centrista Gallardón no haya restado votos a su partido. ¿Qué significa esto? Pues, a mi juicio, que los inmovilistas son tan inertes como lo inmaterial y todo lo descerebrado. Pero también que a buen seguro han hecho incontables trampas quizá lícitas pero inmorales, llevando a su huerto a millones de ancianos asistidos y de oligofrénicos sin voluntad. De otro modo esta disparatada desproporción de votos, pese a perder el PP, no tiene explicación.
  ¿Y ahora qué? Ahora dos preguntas que permanecerán flotando a lo largo de la presente legislatura. ¿Hubo ayer otra trama para influir en las urnas que no llegó a explotar por causas ajenas a la voluntad de los conspiradores, independientemente del crimen de Mondragón? ¿Pasará decididamente a primera línea de combate, para seguir haciendo de este país una cochiquera y una marmita sin más válvula de escape que la nacional apostasía, el infumable Rouco Varela que a la izquierda nos la pela?
  A todo esto, Fernández Liria y Alba Rico, dos eximios filósofos se habrán quedado entusiasmados con los efectos causados por su campaña a favor de la abstención...