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Ayer y hoy de Lenin: 4. La otra mitad…

Evidentemente, Nadeshda Krupskaya no fue una gigante del pensamiento y de la acción. Pero sin ella, Lenin no habría podido hacer gran parte de las cosas que hizo.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 17-8-2008 | 728 lecturas | 5 comentarios
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          Evidentemente, Nadeshda Krupskaya no fue una gigante del pensamiento y de la acción. Pero sin ella, Lenin no habría podido hacer gran parte de las cosas que hizo. Por otra parte, Nadeshda también realizó las suyas.

          Se suele olvidar que Nadeshda Krupskaya dedicó la mayor parte de su vida a trabajar junto a Lenin, y después de su muerte, se dedicó  a rememorar su obra.

            Desde que se conocieron y enamoraron en 1894, apenas si se separaron. En el exilio, en la lucha política, en la elaboración teórica, en las actividades revolucionarias, etc, Nadeshda hizo su propia aportación --en cosas tan sencilla como preocuparse en qué comer, y  en otras cuestiones igualmente prosaicas--, al tiempo que complementó a Lenin con una fidelidad que rayaba la adoración (1). Pero aunque pasó toda su vida con Lenin, nunca se llamó "Ieninista" y de ahí que fuese una de las primeras voces en oponerse contra la manipulación de este concepto en manos de los que no eran capaces de hablar en nombre propio. Nadeshda por ejemplo, escribió poco después de la muerte de su compañero: "Pienso que carece de objeto clamar aquí que esto o aquello es el verdadero leninismo. He vuelto a leer hace pocos días los primeros capítulos de El Estado y la Revo­lución. Escribía: `Ha habido casos en la historia en los que las enseñanzas de los grandes revolucionarios han sido adulteradas tras su muerte. Han sido convertidos en iconos inofensivos, pero al honrar su nombre se ha achatado también la punta revolucionaria de su doctrina. En mi opinión, esta cita llena de amargura nos obliga a no esconder talo cual concepción personal con la etiqueta del leni­nismo" (2), pero también considero que todas estas cuestiones deben de ser examinadas en su verdadera esencia...".

Nacida en San Petersburgo en 1869, sus padres eran de origen noble, pero habiéndose quedado huérfanos desde muy pe¬queños carecían de fortuna. El fue militar y ella institutriz,  y también hicieron su labor contra el zarismo; ella creció en un semillero de ideas revolucionarias. Por su casa pasaron gente de todas las tendencias oposicionistas. no habla jamás de su padre, ni hace ninguna referencia al mismo, era hija de un oficial del Ejército ruso y pertenecía a la aristocracia. También su padre fue un revolucionario y tomó par¬te en favor de los polacos durante la sublevación del año 1863. Fue expulsado del ejército y más tarde rehabilitado, pero murió tuberculoso en 1883, cuando contaba 55 años de edad y su hija Nadeshda tenía solamente 13 años.
Nadeshda pudo estudiar para maestra con muchas dificultades y desde muy joven entró en un círculo marxista ilegal y organizó la propaganda so¬cialista entre los obreros a través de las escuelas nocturnas de alfabetización. Tomó parte, en la creación de la Unión de Lucha para la Liberación de la Clase Obrera, allí fue donde conoció a Vlmimir Illich, el principal animador del grupo junto con Martov y Petro¬sov. Detenida con ocasión de las huelgas de 1896 pasó seis meses en prisión y fue después deportada por tres meses. En esta época ya Lenin le escribía cartas de amor. Poco después se casaron en Siberia por a Iglesia, porque esta era la única forma posible de hacerlo.

          Se trasladó al extranjero allá por 1901   y siguió desde entonces cada uno de los pasos de Lenin como su más firme colaboradora. Todos los tes­timonios la recuerdan como una mujer acogedora y valiente, preo­cupada por evitar a Lenin toda preocupación doméstica y económica, trabajadora incansable que lleva la correspondencia con el in­terior, organiza los contactos, traduce textos y sirve a Lenin en sus actividades de publicista. Siempre en segundo plano, su papel resulta en ocasiones indispensable. Como secretaria de la ­primera Iskra era la que mantenía los hilos con la militancia clandestina y esto la convertiría en una pieza clave en la organización de la fracción bolchevique después del cisma de 1903, y sobre todo, tras el reflujo que sigue a la revolución de 1905-06, cuando la desmoralización y la represión dejaron al grupo bolchevique desmantelado. Nadeshda permaneció en Rusia entre 1905 y 1908, siendo  procesada en ausencia por tres motivos, todos ellos "subversi­vos" por supuesto.

              Regresó con Lenin a Rusia en el famoso "vagón blindado'" y milita en el proceso revolucionario en el campo de la enseñanza, desta­cando su intervención en el barrio rojo de Vyborg. Secretaria del CC, elegida para la dirección de la Duma, se ocupará tras la revolu­ción de Octubre de la instrucción como miembro del comisariado de este sector. También participa en la organización de mujeres --aunque sus ideas al respecto no son más avanzadas que las de Lenin--, o sea las propias que imperaban entonces en la Internacional Socialista cuya máxima representante femenina, Clara Zetkin, fue una amiga que mantuvo una intensa correspondencia con Lenin, así como de las juventudes y de los pioneros. Vive con Lenin en el Kremlin como una modesta familia obrera que a veces no tienen nada que llevarse a la boca; no gozan de ninguna ventaja material. Rehuyen los homenajes y las exal­taciones, por modestia y porque están convencidos de que se trata de una deformación política (3). En su autobiografía escrita en aquellos oscuros años, Nadeshda concluye con toda sencillez: "Consagré toda mi vida, a partir de 1894, a ayudar a Vladimir Illich Lenin en su trabajo, en la medida de mis posibilidades". Sin embargo, a pesar de esta actitud de total subordinación, no hay en Nadeshda ninguna ofuscación personal o partidista, ningún reclamo personal, se trata sencillamente por su parte de un servicio a la revolución.

          En este libro memorable, titulado Mi vida con Lenin (4), no se encuentra ni una sola línea en, la que el papel de Lenin sea exorbitado o que sus adversarios sean mirados con malos ojos. No hay ninguna voluntad de "arreglo" para cualquier historia oficial, ni siquiera se le ocurre. Tampoco hay enjuiciamiento crítico hacia Lenin, pero esto es más fruto de una identificación plena que de otra cosa. Con su dominio de la pluma --una pluma que indudablemente ha aprendido a escribir con sencillez en la línea de los maestros de la literatura rusa--, Nadeshda des­cribe con emoción las vicisitudes de su vida que solo se entiende al  lado de Lenin y en el cuadro del bolchevismo ruso. El libro nos ofrece sin embargo una imagen relativa e incompleta, no en vano está escrito y publicado en 1934 en la URSS, en plena época estalinista, cuando hacía ya tiempo que no tenía vida propia, y se limitaba a cumplir con los imperativos de Stalin. Sin embargo, su historia es tal como se escribía antes de que empezaran todas las falsificaciones.

            Cuanta como llagaba a recurrir, “para asegurar nuestra subsistencia, a trabajos y expedien­tes diversos, tales como hacer copias, dar lecciones, alquilar habitaciones. Hice en el instituto Obolensky mis estudios, que terminé con la medalla de oro. Fui entonces, durante algún tiempo, adepta de la corriente tolstoiana. Desde 1891 hasta 1896 enseñé en una escuela dominical y di cursos noc­turnos a los obreros del barrio de Névskaya Zastava. Fue en esa época cuando me hice marxista. Organicé la propaganda entre los obreros y par­ticipé en la creación de la Unión de lucha por la liberación de la clase obrera. Detenida en el tiempo de las huelgas de 1896, pasé seis meses en prisión y fui después deportada por tres meses en el pueblo de Shúshenskoe,  región de Minusinsk. En esta época me casé con V.I. Ulianov, con el cual había trabajado en la unión de lucha en San Petersburgo. Pasé mi último año de deportación en Ufá, donde proseguí también mi actividad clandes­tina. Las autoridades me autorizaron en 1901 a salir al extranjero.

            Llegada a Munich en la primavera de 1901, fui primero secretaria de Iskra, luego miembro de la Liga de los socialdemócratas rusos en el extran­jero y, por último, tras el III Congreso del partido, secretaria de la parte del CC que entonces se encontraba en el extranjero y del órgano central. Volví a Rusia a fines de 1905, donde milité todo el tiempo como secretaria del CC. Desde principios de 1908 salí de nuevo para el extranjero. Ausente, fui procesada por tres motivos, según el artículo 102. En el extranjero conti­nué mis actividades de secretaria de las organizaciones bolcheviques. Estu­diaba al mismo tiempo literatura pedagógica y la organización de la ense­ñanza en los países extranjeros. Escribí artículos en Svobódnoe vospitanie, y trabajé en el libro Educación pública y democracia obrera.

            De regreso a Rusia, trabajé primeramente en el secretariado del CC, pe­ro pronto fui elegida para la dirección de la Duma del sector de Vyborg en Petrogrado, donde me ocupé de la instrucción pública y tomé parte en el movimiento revolucionario. Tras la Revolución de Octubre fui miembro del comisariato del pueblo para la instrucción, donde dirigí al principio el tra­bajo extraescolar antes de ser presidenta de la sección de ciencias políticas del GSG. Al mismo tiempo participé en la organización de la federación de mujeres, de la del Komsomol y de los pioneros, Escribí en revistas y periódicos. Consagré toda mi vida, a partir de 1894, a ayudar a Vladimir Illich en su trabajo, en la medida de mis posibilidades”

          En sus páginas se dan lagunas muy importantes ya que, entre otras cosas, no dice nada de los años dramáticos que van desde 1921 a 1923 y que resultan decisivos tanto para Lenin como para el futuro de la revolución. Semi­destruido por la enfermedad, Lenin no puede actuar. Se siente culpable ante el pueblo del curso tomado por el partido, de su burocratización. De la actitud de muchos cuadros del partido y en particular de Stalin ante el curso de la joven revolución, y concretamente frente a problemas generales como el de Georgia o cotidianos como el de la opresión de la mujer. Una ofensa de Stalin a Nadeshda,  puso las relaciones entre el futuro dictador y Lenin al borde de la ruptura total. Ella pues, había sido una testigo de excepción del "último combate de Lenin", y ulteriormen­te formaría parte de la Oposición de Izquierda, en defensa de la democracia en el partido y en la Internacional Comunista.

              En 1924, Nadeshda insistió vehementemente para que el Testamento de Lenin fuera divul­gado y criticó su iconización: "No permitáis que vuestro luto por IIlich adopte formas de reve­rencias externas hacia su persona", y añadió: "No construyáis monumentos, no deis su nombre a los palacios, no celebréis ceremonia alguna en su memoria.¡El daba tan poca importancia a todo ello, le pesaba tanto! Recordad la pobreza (...) que aún subsiste en el país. Si queréis honrar la memoria de Vla­dimir lllich, construid guarderías, jardines de infancia, viviendas, escuelas, bibliotecas, centros médicos, hospitales, asilos para mutilados, pero, sobre todo, pongamos en práctica sus principios".

            A la muerte de Lenin, Nadeshda permane­ció como el foco que reunía en torno suyo a los viejos revoluciona­rios del exilio que comenzaron a sufrir en Rusia el exilio interior impuesto por la dictadura de Stalin. Cuando se iniciaron los gran­des procesos para la liquidación de esta vieja guardia, una de las primeras en desaparecer, sí bien parece ser que fue cierto lo del suicidio, fue la mujer de Stalin que había sido secretaria de Lenin y pertenecía a aquella pequeña y estricta corte que rodeó a la viu­da de Lenin. La última en morir fue Nadeshda Krupskaya, en 1939, un día después de que cumpliera los 70 años de edad. Se rumoreó, por aquellos mismos que frecuentaban su casa y mantenían con ella el fuego sagrado de los viejos recuerdos, que había sido enve­nenada por Stalin. Si así fuera, hubiera sido la última figura de la revolución que cerraba el ciclo de las depuraciones estalinianas. Ya no quedaba nada del pasado.

        Si alguien conocía bien a Stalin era, tal vez, Nadeshda Krupskaya. Ella sabe todo lo que ha podido hacer junto a su mari­do por la revolución, pero huele perfectamente todo lo que hay de dictador en Stalin. Sabe que sí muere Lenin y se queda Stalin que­dará todo lo que ellos representan en la oscuridad y la revolución se desvirtuará. Hay un episodio poco conocido que demuestra quién era Lenin y quién era Stalin, y Nadeshda Krupskaya fue la Ariadna que condujo los hilos del desenlace, dando lugar a una situación en la que Lenin quería hacer estallar una “bomba” bajo los pies del secretario general, pero le falló la vida. .

          Quizás el caso más significativo es que el que se sitúa en julio de 1917, el día 7 de dicho mes. Los Lenin ya están en Rusia con todos los revolucionarios. Las cosas no van demasiado bien, no están claras; los bolcheviques pueden ser desbaratados de un momento a otro. Y he aquí cómo reacciona Lenin y cómo lo cuenta su mujer: "El día 7, María Ilyi­nishna (la hermana de Lenin} y yo fuimos a visitar a Illich a casa de Alliluev (el futuro suegro de Stalin}. Illich sufría un momento de flaqueza; estaba convencido de que debía entregarse a las autori­dades y comparecer ante el tribunal, y aunque María Ilyinishna le objetó violentamente, me dijo: "Gregor y yo hemos decidido entregarnos, ve y díselo a Kámenev". Kámenev se hallaba en otro piso muy cerca de allí. Me preparé en seguida para irme. "Dígannos adiós", dijo Vladimir Illich abrazándome, "no nos volvere­mos a ver". Fui a ver a Kámenev y le entregué el mensaje de Ilich. Hacia el anochecer, el camarada Stalin y otros le instaron para que no se entregara y al final consiguieron convencerle; de esta forma le salvaron la vida".

            Repitamos: sí Lenin no hubiera tenido por mujer a Nadeshda Krupskaya no hubiera llegado el 1917 a Rusia, y es indiscutible también que Stalin le saca del derrumbamiento. Pero, ¿qué hace allí Stalin, figura menos que secundaria en aquel momento?. Es amigo de los Alliluev y les está tomando las medidas a Lenin y a su mujer. Seguramente Stalin adivina que entre los dos la revolucionaria es ella. Cierto que obedece ciegamente a su marido, pero cuando ella no puede convencerle siempre va en busca de la persona que pueda hacerle cambiar de idea e impo­nerle los certeros criterios de la Krupskaya. ¿Quién ha llamado a Stalin aquel día, 7 de julio de 1917, junto a Lenin para convencer­le de que no se entregue? Cuando faltan los documentos, se impo­ne la deducción y tal vez sobren razones para sospechar que la mujer de Lenin fue la que lo hizo.               

            En una ocasión, Clare Consuelo Sheridan le preguntó a Lenin por qué todas sus secretarias eran mujeres. éste le contestó secamente que los hombres estaban en la guerra. Pero no era ésta la razón. Estaba habituado a ello a través de su mujer y de otras mujeres que hicieron con ella revolución y encontraba en ellas ternura, admira­ción y fidelidad. Su primera secretaria, Lydia Fotieva, fue, además de secretaria, su enfermera y confidente. Es una persona imprescindible para comprender a Lenin Junto a ella trabajaban Nadiezhda Alleluieva, la mujer de Stalin, y María Ignatievna Glyasser, las cuales anotaban, especialmente la primera, todos los estados de ánimo del gran señor del Kremlin y de la revolución. Lydia Fotieva escribía en su Diario impresiones como esta: "Me parece verle bien y alegre, sólo algo más pálido que antes. Habla despacio gesticulando con la mano izquierda mientras mueve los dedos de la derecha. No lleva compresa en la cabeza". Es el año en que Lenin, gravemente enfermo, necesitaba a su lado comprensión y amor. Sólo una mujer podía expresar este cariño que Lenin necesitaba tanto para poder vivir

              En 1923, diciembre, la Krupskaya lleva a cabo otra maniobra. Com­prende lo que será la sucesión de Lenin en manos de Stalin y, tal vez, es ella la que realiza la aproximación entre Lenin y Trotsky. El 21 de diciembre de 1923 le escribe ella esta carta a Trotsky: "León Davidovitch, hoy el profesor Foerster ha permitido que Vla­dimir Ilich dictase una carta, y Vladimir me ha dictado lo que sigue para usted: "Camarada Trotsky. Parece que hemos conse­guido tomar la posición sin un solo disparo, mediante una sencilla maniobra. Le propongo que no nos detengamos y continuemos el ataque... N. Lenin". Vladimir Ilich pide también que comunique usted por teléfono su respuesta. N. Krupskaya Ulianova". (5)

          La "sencilla maniobra" era impedir que el poder pasara a Stalin, arrebatarle los cargos directivos que Lenin había puesto en sus manos. Pero Stalin se entera. ¿Quién filtró la carta, tan secre­ta? ¿Fue Nadeshda Alliluevna, secretaria de Lenin que, más tarde, sería la mujer de Stalin? Podemos afirmar que así fue. Lo cierto es que Stalin sí sabía quién había sido el autor de la maniobra y llamó por teléfono a la Krupskaya para insultarla en términos tan brutales que se sintió indefensa y sorprendida por los resortes del espionaje de Stalin. Sin atreverse a decírselo a su marido, comprendió que debía recurrir a los viejos revoluciona­rios para defenderse y le escribió a Kámenev -siempre el recurso de Kámenev- esta impresionante carta:

        "Leo Borovich: A causa de una breve carta que escribí según las palabras que me dictaba Vladimir Ilich, con permiso de los médicos, Stalin se permitió ayer un rudo estallido dirigido con­tra mí. No empecé ayer a pertenecer al partido. Durante todos estos treinta años, jamás escuché de un camarada una palabra grosera. Los asuntos del partido y de Ilich no me son menos caros de lo que puedan serlo a Stalin. En los momentos actuales necesito el autodominio al máximo. De lo que se pueda y de lo que no se pue­da hablar con Ilich lo sé mejor que ningún médico, porque sé qué es lo que le pone nervioso y, lo que no le pone; en todo caso, lo sé mejor que Stalin. Me dirijo a usted y a Gregory (Zinóviev), como camaradas mucho más íntimos de Vladimir Ilich y les ruego que ­me protejan de toda grosera intromisión en mi vida privada y de invectivas y amenazas soeces. No abrigo ninguna duda respecto a cuál será la decisión unánime de la Comisión de Control, con la que Stalin considera adecuado amenazarme; sin embargo, no ten­go energías ni tiempo que perder en esta estúpida querella. Soy un ser viviente, y tengo los nervios excitados hasta el máximo. N . Krupskaya

            Aunque se unió en 1925-26 a la oposición conjunta dirigida por Trotsky y Zinóviev, Krupskaya cedió al temor de ver hundirse la obra de Lenin, de ver su partido desgarrado por luchas intestinas y capituló ante Stalin por fidelidad al mito de la disciplina, de la que estaba saturada. Fue entonces relegada al papel ingrato y puramente figurativo de viuda de Lenin, viendo cómo se le atribuían puestos honoríficos .secundarios: En 1927, la eligieron miembro en el comité central y en 1929 fue nombrada comisaría adjunta para Ins­trucción Pública de la URSS. Se consagró a las investigaciones pedagógi­cas que siempre la  apasionaron, a la redacción de su libro sobre Lenin, y a la edición de las obras de éste (6). Antaño se había quejado a Lenin de las brutalidades de Stalin y supo entonces que sus temores eran compartidos; .sin embargo Stalin logró obtener su sanción moral, que se tradujo en las declaraciones que hizo a favor de éste. Fue la testigo impotente de la liquidación de toda la vieja guardia bolchevique, de sus amigos en esos años difíciles de la fundación del bolchevismo en el exilio. Murió en 1939.

--(1) Nadeshda sentía un verdadero fervor hacia la causa socialista, ejemplo de ello nos lo da ella misma, tras escribir sobre su en­cuentro con Laura Lafargue: “Estuve muy excitada, pues la que se encontraba ante mí era la hija de Marx”. (Recuerdos de Lenin p. 186).

--(2) En aquella época era usual añadir el término a cualquier obra, así Stalin presentaba sus libros como "fundamentos", "cuestiones", etc., del leninis­mo y en un primer momento algo similar, aunque en mucho menor grado, hicieron Kámenev, Zinóviev y Bujarin.

--(3} Hay un buen número de anécdotas que confirman esta modestia de Lenin. Durante 1917, cuando un eserista de iz­quierda comenzó en el soviet de Petrogrado a hacer una exalta­ción suya, su comentario fue: ¡Vaya, ya vuelven con las calum­nias!. John Red explicó en uno de sus trabajos, como él y otros inten­taron sacarle en hombros en el tercer Congreso de la IC y el en­fado con que respondió Lenin. En otra ocasión empleó toda su influencia para impedir la publi­cación de un articulo en Corres­pondencia Internacional, por considerarlo excesivamente ha­lagador.

--(4) Existen dos ediciones comple­mentarias de esta obra, Mi vida con Lenin (Madrágora, Barcelona, 1976) que llega hasta 1917 y Recuerdo de Lenin (Fontamara, idem), que sólo alcanza hasta 1907, pero que contiene varios apéndices de artículos de Krupskaya sobre Le­nin.  Este libro está pidiendo una reedición a gritos.

--(5) Esta carta de la Krupskaya sólo fue dada a conocer por Jruschev en el ya célebre XX Congreso del Partido, tras la muerte de Stalin. Además de la importancia de la carta, Jruschev conocía su verdadera dimensión histórica y lo que había significado en el pensamiento y sentimiento de Stalin.

--(6) Reflejo de este trabajo será el libro La educación comunista que está complementad por numerosos artículos sobre Lenin, de hecho en el subtítulo se cita uno de ellos, Lenin y la juventud.  La última edición aquí fue en Editorial Nuestra Cultura (Madrid, 1978, ISBN.: 84-7465-009-7), y corrió a cargo de Jaume Carbonell Sebarroja, y la portada cuenta con un dibujo de El Cubri.  
 
 
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Comentarios (5)

#1

casimiro|17-08-2008 22:18

Un artículo interesante, como todos los de P g-a. Y ayuda a entender un poco más la personalidad de esta mujer, porque aunque sus recuerdos sobre el marido no es que huelan a incienso historicista tampoco es que se explaye mucho en consideraciones digamos que íntimas con las que ahondar en su psicología. Por cierto que hace dos años, cuando estuve en Moscú, en la acrópolis a los pies de la muralla del Kremlin pensé con tristeza (y sentimentalidad pequeño-burguesa) que cuando tarde o temprano trasladen los restos de Lenin del mausoleo a otro sitio, seguramente a San Petersburgo junto a su hermana tal como era su voluntad... lo mismo dejan a la que fue su compañera sola (de nuevo) en compañía de Stalin, Suslov y compañía.  La vida es que da asco

P.D: iba a trascribir una cita de Tolstoi pero mejor me abstengo de hacerlo.

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#4

Casimiro|18-08-2008 11:56

El del comentario 3 tiene toda la razón: no hay ninguna realidad "trotska" en todo el mundo. Desde Soria hasta Beigin pasando por San Petersburgo todo es capitalismo y explotación, algunas veces porque hay países que no han conocido otra cosa, otras porque habiendo conocido algo diferente esto fue corrompido desde muy pronto hasta la médula por ese fenómeno llamado burocratismo o stalinismo, que tantos partidarios tiene por estos foros. Insisto, tiene toda la razón: no hay ninguna realidad "trotska". Lo único que veo mal es ese confundir los términos, entiéndase "teoría" (política, filosófica, de praxis...) con relato de "hechos" históricos. Entiendo que para un partidario del stalinismo, esto es de la ocultación histórica, todo en la vida puede reducirse a matar "fascistas" de lunes a domingo (término extensible a todo no adorador del padrecito de los pueblos) EXCEPTO... cuando asoma por ahí algún artículo que nos recuerda la Realidad (ni stalinista ni "trotska", realidad a secas) momento en que eligen para dejar la política y el debate y adoctrinar sobre la conveniencia de encender barbacoas.

Pero no hay que dejarse engañar; cuando la Realidad, cuando la Historia en toda su evidencia apuntala en artículos como estos lo que huele a chamuscado no son las barbacoas sino los adoradores de Stalin, sin más argumentos que la desfiguración del diccionario.

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#5

PCE-(FRACCION HOYGAN)|18-08-2008 12:36

EL CAMARADA M,AXIMINO TIENEN RASON CUANDO MEDIO MUNDO SE MUERE DE JAMBRE LAS BARACAOAS SON REVOLCIOSNARIAS I HAY QUE TENER AMIGOS PARA PODER DNEUNISARSLOS POR TRAIDORES LA COMITE SENTRAL

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#6

PCE-(FRACCION HOYGAN)|18-08-2008 12:37

COBNTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO COME MUCHO EN LAS BARABNACAOAS

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#7

18-08-2008 13:26

http://www.euskalherriasozialista.net/index.php?option=com_content&task=view&id=40&Itemid=33

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