La ambición capitalista convierte al hombre en demonio |
Los hechos confirman de manera contundente que asistimos a una época en extremo difícil, donde la lógica perversa del capitalismo ha minado cualquier vestigio de humanismo y amenaza con extirpar de raíz la esencia misma del ser humano. Por desgracia, en este mundo globalizado y loco pareciera que esta ganando la batalla el egoísmo, la ambición desmedida y las ansias de ostentación ilimitadas. En el marco de este consumismo desbordado, buena parte de los seres humanos han ido degradando en forma progresiva, degenerando en sujetos abyectos, viles, superficiales e inescrupulosos, capaces de cualquier cosa por satisfacer una gula material insaciable.
Desde tiempos inmemoriales hemos sabido por distintas fuentes de la eterna batalla entre el bien y el mal. De acuerdo con la cultura o la cosmogonía de cada pueblo se han realizado infinidad de interpretaciones a esta especie de épica cuasi eterna e intrínsecamente humana.
En la mayoría de los casos y épocas, gustamos de asirnos a una visión esperanzadora en la cual no sabemos ni cómo, ni cuándo, pero nos tranquiliza creer que siempre se impondrán las fuerzas del bien. No obstante, sin ánimos de parecer apocalíptico, en estos tiempos que corren da la impresión de que el mal gana terreno cada vez con más firmeza.
A diario vemos síntomas inequívocos, palpables y concretos que deberían llamarnos a reflexión. Un padre en Austria secuestra y encierra a su propia hija durante 24 años consecutivos y le engendra 7 hijos. Una mujer transexual se injerta un pene y en el camino de “hacerse hombre” termina preñad@. Unos hijos del segundo matrimonio le piden al padre la herencia en vida, para desterrar al medio-hermano del grupo familiar, porque lo consideran un "familiar bastardo". Una tía echa a sus sobrinos a la calle, para echar mano de los bienes de la abuela enferma y resolver con las rentas de la anciana sus propias necesidades. Estos dos últimos casos son quizás inocentes al lado de otras atrocidades que se producen a diario a lo interno de los grupos familiares. Sin embargo, tanto los dos primeros casos como los dos últimos tienen un origen común: La familia como institución esta cada vez más debilitada y herida de muerte. El lema desde hace rato consiste en ver como haces tú para resolverte, sin importar que en esa loca carrera de arribismo por ser “alguien” o “hacerse un nombre”, haya que echar por la borda la madre, apuñalar a los hermanos o incluso a los propios hijos.
En escala macro es esa exactamente la misma lógica del sesecionismo y el principio autonómico mal entendido que esgrimen los energúmenos de la ultraderecha boliviana, para deshacerse de la “carga” que representa una mayoría indígena y descamisada. En el fondo la lógica es muy sencilla: “si tu hermano de sangre o de tierra se enferma o padece ¡Extermínalo! pues ése ser con necesidades no tiene capacidad de raciocinio y tampoco merece la vida. En definitiva, para el capitalismo los pobres y menesterosos no pueden ser competitivos y terminan siendo un estorbo que eliminar ¿Para qué tenderle la mano a un compatriota? ¿Para qué luchar por una sociedad más justa y menos llena de mierda? ¿Para qué? si ya somos capaces de apuñalarnos intrafamiliarmente. Cuando Yongo (Yon "Nariz de hierro" Goicochea, Insigne líder juvenil opositor venezolano) va a Bolivia a balbucear sandeces y a sobarse el lomo con sus pares del altiplano, a objeto de avalar la barbarie que se quiere cometer en ese país ¿En qué pensará? ¿Será capaz de pensar? No cabe ninguna duda la autonomía y la secesión constituyen la esencia pura del capitalismo.