El asesinato del segundo Jefe de las FARC, compañero Raúl Reyes en tierras ecuatorianas con un arma inteligente teledirigida de origen norteamericano, luego de la liberación de 4 rehenes en poder de las FARC, pone totalmente al descubierto toda la intríngulis del imperialista Plan Colombia y su principal agente en la región, el gobierno genocida del Presidente Uribe: destruir a las FARC y desestabilizar los procesos revolucionarios en la América del Sur.
Ni EE.UU. ni su gobierno títere colombiano tienen verdadero interés en llegar a arreglo alguno, han torpedeado con cualquier pretexto todas las intenciones de arreglo del conflicto colombiano y especialmente las acciones de las FARC encaminadas al intercambio de prisioneros, la liberación unilateral de rehenes por parte de la guerrilla colombiana y los movimientos mediadores del Presidente Chávez y otras figuras en la región.
La acción extraterritorial en suelo ecuatoriano, como antes lo fue en territorio venezolano con el secuestro del compañero Granda, muestra el desenfado del imperialismo en utilizar cualquier territorio del norte de la América del Sur y violar cualquier soberanía en función de sus planes contrarrevolucionarios, incluso y precisamente, buscando la internacionalización del conflicto para afectar todo el proceso revolucionario que se desarrolla en el área.
La reciente campaña mediática internacional unilateralmente dirigida contra la guerrilla colombiana, escudada en la condena por los secuestros, en medio de sus movimientos para la liberación de rehenes, tenía el claro objetivo de desacreditar al movimiento revolucionario y dejar una estela de humo sobre sus acciones humanitarias, con vistas a justificar otros tipos de acciones criminales y construir una sombrilla de inmunidad contra los crímenes del régimen colombiano, como éste contra Raúl Reyes.
Las armas nunca fueron los primeros medios usados por los revolucionarios para luchar por sus objetivos, pero a ellas han tenido queacudir los movimientos políticos de izquierda cuando no han quedado otras alternativas frente a regímenes dictatoriales y sanguinarios, que han cerrado las vías democráticas a la participación política de sus opositores. El uso de las armas y métodos conexos, demandan también una ética en el movimiento revolucionario, cuya violación siempre es usada por sus enemigos. El cuidado de los prisioneros y secuestrados, el respeto a lavida e integridad de los mismos, siempre ha sido objeto de preocupación de los líderes de las guerrillas y especialmente de las FARC, como bien han reconocido algunos de los liberados, aunque desde luego, en las difíciles condiciones de campamento,
Errores ocasionalesinvoluntarios y eventuales acciones desmedidas –aisladas- de algunos de sus miembros,carentes de toda justificación, siempre han estado presentes en el batallar de los movimientos revolucionarios armados, sin que ello signifique que constituyan políticas expresas. Tales hechos, que deben ser debidamente sancionados, son más probables mientras mayor es la extensión y agudización de la lucha.
El secuestro de personajes con fines políticos, siempre fue un medio de los movimientos revolucionarios para llamar la atención pública nacional e internacional sobre sus luchas sociales contra regímenes tiránicos, mientras la retención de prisioneros militares ha tenido como fin intercambiarlos por revolucionarios en poder de los gobiernos reaccionarios. Sin embargo las guerrillas debieran considerar las diferencias entre hacer prisioneros militares para intercambiar por revolucionarios presos y retener rehenes civiles y políticos con otros propósitos.
En Cuba, ¿quien no recuerda el secuestro del astro argentino de carreras de automóvil, Juan Manuel Fangioen 1957 para llamar la atención internacional sobre la lucha que libraba el pueblo cubano, o el secuestro de 29 marines y marineros de la base naval norteamericana en Guantánamo por las guerrillas al mando del Comandante Raúl Castro para protestar por el apoyo militar del gobierno yanqui al régimen sanguinario de Fulgencio Batista?
La lucha guerrillera en Colombia es anterior incluso, a la lucha de los guerrilleros cubanos encabezados por Fidel Castro. Las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, son el movimiento guerrillero de origen campesino más antiguo de América, que lleva enfrentando regimenes burgueses y sanguinarios por casi tres cuartos de siglo. Las guerrillas colombianas que se han asentado de forma relativamente estable en extensos territorios selváticos y desarrolla incluso una guerra de posiciones, tiene proyectado su programa político basado en el socialismo participativo y democrático, el cual practica de forma organizada en los territorios bajo su control.
Por las características y el terreno escogido para sus combates, las FARC han tenido que adaptar sus acciones no sólo a las condiciones topográficas de las regiones, sino también a las sociopolíticas. Sus inevitables contactos con los campesinos productores de coca, han sido reiteradamente utilizados por la reacción nacional y el imperialismo norteamericano para vincular la guerrilla al narcotráfico colombiano, cuando todo el mundo sabe queel régimen pro imperialista de Uribe, apoyado y sostenido por la ayuda militar norteamericana, sí que es un producto natural del narcotráfico, pero para EE.UU. el problema en Colombia no es Uribe ni la cocaína, sino la guerrilla.
La coca, ya lo ha defendido el Presidente boliviano Evo Morales en las propias Naciones Unidas, no es cocaína, sino una planta de uso tradicional milenario para las culturas indígenas con valores medicinales, alimenticios y espirituales de uso necesario en el altiplano andino. En forma de infusión, la hoja de coca es un regulador natural de la presión arterial, a varios miles de metros de altura sobre el nivel del mar, sin necesidad de medicamentos y sin ningún efecto secundario; mascada y ensalivada suministra calorías, minerales y otras sustancias naturales necesarias al organismo humano.
El Plan Colombia, sus bases militares y de entrenamiento, presentados como un programa contra el narcotráfico, encubre en verdad la campaña militar estratégica estadounidense contra el movimiento insurgente en Colombia y contra el ascenso del movimiento revolucionario y proto-socialista en toda la región andina y especialmenteen Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, verdadera causa de las “preocupaciones norteamericanas por la región”.
La reciente liberación de dos mujeres rehenes de las FARC, previa puesta a buen recaudo del niño Enmanuel, hijo de una de las cautivas y un guerrillero, ha sido sin dudas una operación de propaganda revolucionaria exitosa de la guerrilla y una muestra de su disposición real a trabajar hacia un verdadero diálogo nacional para la solución de los conflictos en Colombia, tanto de parte de las FARC, como del gobierno bolivariano del Presidente Hugo Chávez. La vocación de diálogo de las FARC y su disposición a avanzar en el canje de prisioneros, fue recientemente renovada con la liberación de 4 congresistas. La respuesta del imperialismo y del gobierno de Uribe ha sido el asesinato del compañero Raúl Reyes, usando armas de última generación tecnológica como hace Israel en Palestina: nueva forma de terrorismo desde la tecnología. Los gobiernos latinoamericanos deberían iniciar una campaña en la onU para su prohibición por sucarácter aparentemente selectivo, verdaderamente masivo, genocida e indiscriminado.
La violencia en Colombia tiene una vieja y larga historia de sangre. La abstención de todos los involucrados en la lucha a realizar acciones violentas fuera de los marcos de la guerra, es una condición imprescindible para el eventual establecimiento de un diálogo nacional, que “desde fuera del agua” puede parecer muy simple, pero que conlleva una enorme dosis de tolerancia, prudencia y preparación para los revolucionarios colombianos que deben medir muy bien cuándo sus movimientos en ese terreno pueden servir realmente a fines pacíficos y cuándo ser utilizados como acciones oportunistas, netamente propagandísticas, del régimen de turno o como en este caso para propinar golpes militares a las guerrillas.
La sociedad colombiana, lleva muchos años bajo el régimen de violencia. Sus causas son muy anteriores al movimiento guerrillero y al auge del narcotráfico, y están relacionadas con el control de las tierras por los grupos de terratenientes y la oligarquía a expensas de la expulsión de campesinos e indígenas asentados en tierras ancestrales. El narcotráfico vino a complicar aún más la situación, con el aumento de la demanda de tierras por parte de los oligarcas vinculados al negocio de la droga. En Colombia hay 4 millones de desplazados, despojados de más de 7 millones de hectáreas de tierras por los paramilitares, para beneficio del narcotráfico y las transnacionales; hay 15 mil detenidos y desaparecidos; y 2574 dirigentes sindicales han sido asesinados al igual que otros de 5 mil miembros de la Unión Patriótica.
Es allí donde hay que buscar las raíces de la violencia en Colombia, y es en esos orígenes donde hay que resolver los problemas de su tipo. Por otro lado quien convirtió a Colombia en emporio del narcotráfico, no fueron sus naturales productoresmilenarios de la hoja de coca, sino la demanda de cocaína y sus altos precios en el mercado norteamericano y su sistema capitalista que convierte en mercancía todo lo que toca. Cese esa demanda, cese el carácter mercantil de los subproductos de la hoja de coca y cesará la producción y tráfico de cocaína, cuyos principales beneficiarios están en EE.UU. y en el gobierno colombiano y sus protegidos.
El pueblo colombiano desea vivir en paz, pero los enemigos de la paz no están en las guerrillassino en los que desean mantener el régimen que protege los intereses del imperialismo en la región y se alimentan del narcotráfico, como ha demostrado este crimen salvaje.
La situación potencialmente explosiva en las fronteras colombo-venezolana y colombo-ecuatoriana, unida al armamentismo del gobierno colombiano, atiza los viejos ánimos belicistas entre las naciones al norte del Cono Su Americano, lo que solo sirve a quienes tratan dedesestabilizar al gobierno de Chávez, al de Correa y aniquilar las fuerzas guerrilleras en Colombia. En consecuencia, el mantenimiento de la paz entre estos países responde a los intereses de todos los pueblos. Pero la paz no puede ser a costa de la violación de la soberanía de Venezuela y de Ecuador, ni del asesinato impune de los líderes de las guerrillas colombianas.
El gobierno bolivariano del Presidente Chávez ha llamado a reconocer carácter beligerante a las guerrillas colombianas. El nuevo terrorismo desde el uso de la tecnología de última generación, demanda de los gobiernos y pueblos hermanos de América Latina la más firme condena al imperialismo y al gobierno de Colombia, el desarrollo de un fuerte movimiento de solidaridad con los revolucionarios colombianos y el reconocimiento de las guerrillas como fuerza beligerantes en el conflicto colombiano.
A la Internacional contrarrevolucionaria del imperialismo, opongamos la unidad latinoamericana, de todas las fuerzas, fuera y dentro de los gobiernos de la región, en torno al respaldoal movimiento revolucionario colombiano.
La Habana, 3 de marzo de 2008.
Nota: Al momento de publicar este artículo los gobiernos de Ecuador y Venezuela ya habían dado firmes respuestas diplomáticas y habían movilizado tropas para sus fronteras con Colombia.